Escasos empleos en el sector privado, plazas de maestros limitadas y laboratorios de investigación mal equipados en sus países de origen es lo que ha hecho que la mayor parte de los científicos jóvenes de América Latina permanezcan en EEUU, incluso en detrimento de sus propios países. Un salario de $130,000 o más en una firma biotecnológica estadounidense y la posibilidad de laborar junto a una enorme cantidad de científicos es a menudo una oferta muy difícil de rechazar.
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