Concurso de microrrelatos de Menéame
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Romanticismo a 40 grados

Dicen que el musgo sienta bien a los recintos abandonados, y que los pintores, especialmente los románticos, adoran esas ruinas verdosas impregnadas de niebla.

Y con esa esperanza vine hoy a este recinto nuestro de los relatos, pero no hay musgo que resista los cuarenta grados, ni niebla, ni siquiera tema de la semana.

Poco romanticismo se ha pintado representando un solazo de parrilla, gente sudorosa, y perros con la lengua fuera. Imaginaos a Drácula, acojonado en lo más hondo de su tumba. Imaginaos a Frankenstein, huyendo al desierto de Argelia en vez de a las brumas y los hielos del Norte. Nada cuadra, nada encaja en esos escenarios de calor.

Salvo el Infierno, claro. Pero esa ya sería otra historia.

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Licencia de recreación histórica #FuturoImperfecto III

A comienzos del milenio, algunos padres anarquistas esterilizaron a sus hijas para impedir que el sistema capitalista siguiera explotándolas para generar mano de obra o, como ellos decían, nuevos esclavos.

La decisión se extendió. Sin la carga de la crianza, la humanidad prosperó. La ciencia avanzó, las máquinas trabajaron, la población descendió y el mundo entró en una larga estabilidad.

Sin futuro biológico, muchos hombres perdieron deseo y ambición. Se volvieron irrelevantes. Las mujeres ocuparon el poder político, económico y militar. La reproducción pasó a incubadoras artificiales donde la eugenesia descartó casi todos los embriones masculinos.

Cuando los varones empezaron a escasear, fueron declarados patrimonio biológico y confinados en reservas.

Hoy esas reservas son cotos privados.

Algunas usuarias entran con rifles.

Las licencias más caras, sin embargo, permiten experimentar cómo era la reproducción en el Antropoceno.

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-–— Suscripción —–-

Llegó a casa rendido, tras toda una jornada de trabajo. Pulsó el botón de llamada del ascensor, se abrió la puerta y pulsó el botón de su piso:

-Lo siento, su suscripción para el uso del ascensor ha caducado. Renuévela para seguir disfrutando del servicio.

No hay problema, eso es fácil de solucionar desde el móvil:

-Siento comunicarle que su suscripción para acceder a internet vía móvil ha caducado. Llame a su ISP para renovarla.

¡Mierda! No se había acordado de renovarla ayer, que ya le avisó, pero estaba casi dormido. Es igual, una llamada y solucionado…

-Lamento informarle que su suscripción para el servicio de llamadas está pendiente de ser renovada. Contacte con su proveedor para proceder a su renovación.

No estampó el móvil contra el suelo porque había pagado suscripción por un año completo, y no cubría daños.

Bueno, mañana lo solucionaría. Además, 15 pisos tampoco son tantos…

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La sombra de Platón

La fábula del viejo Platón nos dice que unos prisioneros vivían en una cueva subterránea donde sus amos, a modo de teatro de sombras chinescas, hacían deslizarse diversas siluetas, simulando la realidad de su mundo. Un día, el elegido descubrió el engaño y decidió actuar. Tras una ardua escalada —pues toda victoria sobre las sombras requiere transitar el camino del héroe— pudo contemplar la realidad con sus propios ojos.

Lo que el maldito griego no nos contó es que, una vez regresó con sus compañeros, estos lo humillaron. Allí fuera era pleno estío y en la cueva se estaba fetén. Además, podía creerse muy listo, pero ya se habían dado cuenta del engaño hacía tiempo; decidieron continuar con la farsa porque sus captores les trataban bien.

Salustio, romano y más práctico, ya nos explicó que el hombre no busca la libertad, sino un amo justo. Y fresquito en verano.

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Una mañana como otra cualquiera

Sebastián Horza se había levantado esa mañana como cualquier otro día, pero casi por casualidad se dio cuenta de que no tenía sombra, miró y remiró varias veces buscando como un perrillo su cola hasta que se convenció de que no tenía sombra. Nunca la había echado en falta hasta que la perdió. Se tocó los brazos, las piernas, la cara, todo parecía seguir en su sitio pero su cuerpo no bloqueaba la luz. Decidió ir a Urgencias.

Justo cuando iba a salir hacia la calle se miró de refilón en el espejo de la entrada. Se detuvo en seco y dio un par de pasos atrás. Se quedó mirando esa lámina reflectante con marco dorado, un espejo vacío que sólo mostraba el cuadrito de la pared de enfrente. Sebastián tampoco se reflejaba en el espejo.

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Los años perdidos

Ministerio de Economía, año 2080.

—Alarica, búsqueme por favor los datos más fiables sobre ingresos fiscales por energía del año 2026 —pidió el ministro a su secretaria virtual.

—Imposible. Han sido editados.

El ministro golpeó su escritorio. Todos los días igual. Llevaba dos meses en el cargo y no había conseguido ni un solo dato original.

—Bueno, pues los de producción agrícola. Crereales y frutas, principalmente.

—Editados.

—El censo de los años treinta de este siglo —quiso probar.

—Absolutamente todo está editado. Cada vez que se produce un cambio de Gobierno se editan todos los datos del siglo, desde 2004 hasta aquí. Si quiere, puedo ofrecerle alguna cosa de cuando se conservaban en papel.

—No me sirven. Necesito datos de hace treinta o cuarenta años, no de cien. ¿Qué me sugiere?

—Nada señor Ministro. El pasado es completamente impredecible.

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Sección hogar

El becario entró en la Redacción buscando con la mirada a su mentor.

-Puntual, documentación revisada y con el libro de estilo del periódico –dijo el joven con varios folios en la mano y un “pendrive”.

-A ver, déjame echarle un ojo antes... –tras leer el titular se lo quedó mirando con cara de circunstancias-. ¿Sabes que el artículo era para la sección de Política, no?

-Sí, claro.

-¿Qué contenido te pedí? –preguntó arrellanándose en su silla.

-Lo tengo aquí, de su puño y letra: Sección política. Casas Aisladas –dijo entregándole la nota garabateada en un trozo de papel.

-Esto es una “o”, la letra “o” de casos, casos, no casas, casos aislados –dijo sin dar crédito a la escena.

La cara del becario se volvió roja, pálida y luego roja otra vez. Y con un hilo de voz preguntó.

-¿Podría ir en la sección hogar?

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Nanorelato: Calcetín

Se separaron en la casa de ella.

Quedó bajo su cama, testigo mudo de gemidos ajenos.

En el cajón ya no extraña. Prefiere la soledad a hundirse en el sudor prestado.

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Los mejores veranos de nuestra vida (Valdesuei)

Mis vacaciones perfectas eran sobre dos ruedas. Unas veces recorriendo los caminos del pueblo en busca de aventuras; otras, huyendo del cinturón de don Ignacio, el hortelano, cuando nos descubría devorando sus sandías. Eran el delicioso sabor de tortilla recién cocinada, del helado almendrado en la piscina y la rebanada de pan con aceite de oliva que mi abuela nos preparaba todos los días para merendar.

Cuando enfermó y tenía tratamiento en la ciudad, nos la dejaba en la alacena junto a una nota: “Pan y oro para mis tesoros”. —Siempre tuvo una vis cómica—.

El día de su funeral, busqué refugió en la alacena para llorar tranquilo. Allí contemplé varias cazuelas de pan con aceite, junto con una nota: “Oro y pan duro para el futuro”. —Siempre tuvo esa vis cómica—.

Lágrimas y risas se entremezclaron confusamente mientras merendaba, en aquel último verano de mi niñez.

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Así sea.

Su hijo y su marido estaban en la habitación.

Ella, acostada en la cama y conectada por múltiples cable y tubos a diferentes máquinas, les observaba con la mirada tranquila y con todo el amor de una vida.

La mano de su hijo temblaba sobre los interruptores que apagarían las máquinas y la vida de su madre.

“Dijiste que lo harías tú, eso hablamos”, le animo dulcemente y con una sonrisa la madre.

Él, aparto la mano de la máquina.

“No puedo, mamá, no puedo” dijo abrazado a ella, mientras las lágrimas arrasaban su cara.

El médico presente en la habitación dio un paso adelante y fue detenido suavemente por el brazo del marido.

Ella lo miró. Cincuenta años juntos daban para muchas cosas, entre ellas hablar sin hablar.

“Hay que hacerlo, así debe ser”, le dijo ella con todo el amor que daba ese medio siglo.

“Así sea. Siempre te has salido con la tuya”, le respondió él con una sonrisa mientras una solitaria lágrima comenzaba a rodar por su mejilla.

Se abrazó a su mujer y a su hijo en silencio mientras pulsaba los interruptores.

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El misterio de los mister

Se acercó un enlister

A alistar a los hipster

Pero vino un magister

Acompañado de su assister

Y los metió en un cloister

Donde los atendió una sister

Les vendió a todos un blister

Que había contenido klister

Y se hizo una blacklister

Un chantaje a los mister

Que habían sido hipster

"Preferimos, hermana sister,

que nos clave un leister,

o que nos lleve un twister

antes que un falso blister de klister.

Le diremos a nuestro barrister

Que la lleve ante el minister."

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Big Bang

Solo existía el punto primigenio. Explotó en millones de otros puntos. Disparados, los puntos trazaron las primeras líneas, como lluvia.

Comprimiendo línea sobre línea el tiempo y la presión crearon las primeras superficies. Luego, las formas tridimensionales, tus curvas, el espacio, la luz, tu sonrisa, el viento, las sombras. Sombras en tu ombligo; pero también sobre el terreno, dibujadas por el sobrevuelo de los aviones y sus bombas.

Mi dios me dijo que me olvidara de ti y del amor. Que repartiera ira por las tierras de las gentes. Una ira primigenia que también explota en millones de otras iras. Se disparan, trazan guerras irresolubles, contaminan con hambre los suelos y deforman el futuro.

¿Quién me iba a decir que un misil me haría recordar de nuevo la paz? Aquí, inmóvil, en la cama del hospital, sin ti. Deshaciéndose mis formas, superficies y líneas; a la espera del punto final.

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Victoria catastrófica

Los únicos cadáveres frescos eran los de los niños. Demasiado pequeños para el implante, muchos habían muerto abrazados a los cuerpos de sus padres. 

Neuralink era ya universal. El chip en el cerebro, internet en la conciencia. Silicio y carne, conectividad total. El inevitable virus destruyó en un milisegundo aquella red hecha de bits y neuronas. 

Los niños de los capitalistas quedaron huérfanos pero, en el Norte, el Amado Líder nos mantuvo vivos involuntariamente, pues tal herramienta de libertad era impensable. 

Cuando crucé el alambre de espino, descubrí que había desertado a un mundo vacío, que el régimen tenía el planeta a su disposición pero nos lo ocultaba porque, sin un enemigo exterior, ya no tenía razón de ser.

El Jefe Supremo ha vencido y está aterrado.

Yo también he triunfado, pues por fin soy libre, pero los perros asilvestrados ya huelen el terror del último hombre vivo en Seúl. 

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Propuestas de tema. Semana 7-13 de julio

Sin pedir permiso a nadie, creo este artículo siguiendo la idea que @daphoene tiene en este comentario 8:

meneame.net/m/microrelatos/vacui-dies/c08#c-8

La idea sería sugerir aquí un tema por comentario. Supongo que es buena idea limitar a una idea por usuario, para que nos lo pensemos más y sean de más "calidad". El que más votos positivos tenga el domingo 6 a las 23:59, será el tema de la semana del 7 al 13 de julio. El próximo viernes/sábado se puede abrir otro artículo como este.

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El mito de la envidia eterna (#FuturoImperfecto 2)

Un día lo comprendí. Vivimos en una jaula de conceptos. Solamente trazamos conexiones entre abstracciones ya conocidas, jugando con los símbolos en un vacío insondable. No hay nada más allá. Que un árbol caiga en el bosque no asusta a las mariposas australes, porque son sólo palabras.

La solución del acertijo podría ser otra, y no la sombra de las llamas sobre la roca.

Observo un manto ultravioleta de praderas invertebradas, y no puedo sino pensar si en realidad serán azules, o rosadas, marrones o irisadas.

No soy más que un esclavo de mis sentidos, y de los arquetipos que se desprenden de lo que éstos me permiten conocer.

Quizá una suavidad desconocida será inasible a mi pensamiento, desconocida y desconocible, porque ni siquiera la puedo comprender.

El solipsismo de una red de contrapesos irreales lastrados por un estímulo inicial que viene de ninguna parte.

No hay nada más allá.

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La reliquia

Año 2125.

La cola daba la vuelta a la manzana, rodeando el templo, compuesta por gentes venidas de allende los mares, personas transpirenaicas, transalpinas, transatlánticas, transmediterráneas, transidas de cansancio por tanta espera.

Y es que la noticia del fenómeno había llegado a todos los rincones del planeta. Y la palabra "fenómeno" no le hacía justicia: casi se podría considerar un milagro. De hecho, la Iglesia había iniciado ya el proceso de beatificación.

No había más que ver la expresión de los que ya lo habían visto, de aquellos que salían del recinto por la puerta lateral: asombro, estupefacción, repugnancia, incredulidad…

Le pregunté a uno de los que habían salido qué había visto:

-Está ahí, en perfecto estado de conservación, sujetando todavía el último fajo de billetes de la última comisión: el brazo incorrupto del San Cristobal el Corrupto.

El templo estaba situado, no podía ser de otra manera, en Montoro.

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Euro-visión

Jerónimo era vidente. Todo empezó cuando tenía apenas seis años y soñó que su padre rompía el retrovisor del coche saliendo del aparcamiento del centro comercial. Cuando esa tarde sucedió, no pudo hacer nada para impedirlo, pero un escalofrío le recordó que su sueño era real.

Con el tiempo, había aprendido redirigir sus visiones: bastaba con pensar intensamente en algo justo antes de irse a dormir para soñar con ello. Le había resultado muy útil, primero con la lotería y luego con la inversión en bolsa. No se consideraba una mala persona y no veía por qué iba a ser inmoral aprovechar su don. Lo que nunca había sido capaz de ver era por qué, cada noche, aparecía una moneda de euro bajo su almohada.

El ratoncito Pérez era vidente.

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Consecuencias inespiradas

Diario de bitácora. 7 de junio de 2026.

Nuestro barco llegó finalmente a las costas de Groenlandia. Habíamos previsto que obstaculizaran de algún modo nuestra trascendental misión, pero jamás imaginamos que fuera de forma tan directa, brutal y torpe.

La US Navy nos ha abordado. Alegan que se trata de una zona de conflicto y no se permiten civiles. Después de humillarnos de todas las formas que han considerado convenientes, nos han obligado a desistir, entre grandes risotadas. 

Estos servidores de Satán no ven que fortalecen nuestra causa. Su violencia es nuestra victoria. Ahora es más claro que nunca cómo conspiran para esconder que la Tierra es plana. Han llegado a teatralizar un supuesto conflicto para evitar que fotografiemos el Gran Muro Helado, que contiene las aguas de los mares. 

Pero con la ayuda de Dios, y la torpeza de nuestros adversarios, cada vez somos más quienes vemos La Verdad.

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Metamorfósil

Se encaprichó de la chica con el pelo de Amélie que siempre veía sola en el gastro-bar donde hacían catas de cerveza artesanal, el que sustituyó a la tasca de toda la vida. Con su aspecto de “normie” poco podía hacer. “Renovarse o sufrirlo en soledad”, pensó.

Lo primero que hizo fue dejarse barba, pero a los cuatro días parecía que se había estado morreando con un tapiz, así que se afeitó.

Le pagó una morterada a un peluquero bigotudo y con tatuajes, pero al día siguiente parecía más un soldado alemán peinado por la onda expansiva de un proyectil que un entusiasta del cine de Kaurismäki.

Se compró monturas nuevas para las gafas, pero la pasta castigaba sus orejas de soplillo.

Rescató de una caja la Rolleiflex del abuelo, pero no sabía abrir la tapa para meter el carrete.

Decidió echarle valor y tirar de labia, así que se puso una camiseta vieja y unos vaqueros, y se fue en busca de Amélie.

Allí la encontró. Pidió dos cervezas de arándanos y entró a matar. A ella le gustó su camiseta de Matutano, pero le aburrió su parloteo.

—¿Todo esto se lo has preguntado a ChatGPT para impresionarme?—le interrumpió Amélie.

—¿ChatGPT?—contestó él haciéndose el indignado—¡Yo solo consulto la Enciclopedia Encarta! 

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Discurso de graduación

Nuestra misión es que los recursos fluyan desde sus orígenes a donde necesitan ser empleados. A veces, hay que calentar esos recursos, y a veces hay que enfriarlos. A veces hay que almacenarlos en grandes bolsas, y a veces hay que dispersarlos en finas partículas para que alcancen mayor superficie o volumen con un consumo inferior.

Además, por razones de todo tipo, las conducciones se obstruyen o alguien, intencionadamente o no, las estrangula, variando la presión, o generando artificialmente abundancia o escasez. Y ahí debemos intervenir nosotros para eliminar los elementos extraños o rectificar las conducciones y su trazado.

Se os llamará fontaneros ya trabajéis con agua, con capital, información o mano de obra. Es igual. Nuestra misión siempre es la misma. Nuestro trabajo es invariable.

Buena suerte ahí fuera.

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Versión de pobres

En el cuento clásico, el gato con botas le dijo a su dueño que se bañara en el lago, para quitarle la ropa, hacerlo pasar por un noble y que el rey lo invitara a palacio.

Pero el contexto es el que es, y de donde no hay no se puede sacar, y a lo máximo que aspiraban era a colarse por la noche en la piscina comunitaria. Se quitaron los calcetines para bañarse. Y, por supuesto, sin invitación al palacio, solo le pudieron dar al gato los restos fríos de una barbacoa que había en la basura.

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Tabula rasa

Ben revisó su código por última vez, y vio que todo era bueno.

Pasaba todos los tests, y de todos modos era un cambio muy rutinario. Había que actualizar la fuente del sistema porque el guión largo era apenas indistinguible del guión corto, y eso decía la academia que no podía ser.

Al día siguiente los aviones iban lanzados como cohetes, los semáforos tardaban siglos en cambiar de color, y el mundo estaba como enrarecido, encabritado. Especialmente gracioso era ver a ancianas en sillas de ruedas motorizadas a ochenta por hora y el pelo alborotado, como poseídas de forma repentina y ubicua por el espíritu de Sor Citroën.

Sería un caos si no fuera porque la gente estaba muy contenta con su nuevo saldo. Ebúrneo, redondo, sin decimales.

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El fontanero y la anciana

La fuga se presentaba fácil de solucionar, pero el líquido viscoso y brillante desconcertó al fontanero. Parecía uno de esos potingues con los que jugaba su hija cuando tenía 6 años. Le encantaba la purpurina y el «color unicornio».

Usó el cortatubos con precisión y encontró el atasco precursor de la rotura. Había mucho pelo acumulado. No pertenecían a la anciana que le había requerido. Eran negros, largos y brillantes, como los de su exmujer.

Durante la faena, una llave de paso defectuosa le lanzó un chorro a la cara. No tenía sentido, pero parecía agua salada. Recordó la playa de su pueblo natal, que llevaba tantos años sin visitar.

Ya todo perfectamente ejecutado. Era hora de cobrar. Pero, ¡oh!, ¡seguía saliendo líquido!

—No se preocupe —se adelantó la anciana—. En esta casa no fluye agua, sino vida. Constantemente se va perdiendo. Y muta en recuerdos.

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Disforialípticos y desaforados

- Qué podemos hacer, señor presidente, no encuentro una salida.

- El caso es muy sutil, y está hilvanado como una filigrana maquiavélica.

Basándose en mis declaraciones de los últimos ocho años, han ido añadiendo pequeñas enmiendas y validando la aprobación de estatutos sin importancia, que no tienen valor por sí mismos, pero en conjunto consiguen dejarme como un machista a los ojos de la ley, y lo que es peor, en una condición que excede mi aforamiento...

- Los tiempos para revertir cualquiera de ellas exceden todos los plazos.

- Sólo queda una solución, una jugada maestra en la que ellos no han caído: declararme mujer.

- Pero señor presidente, qué va a pensar su esposa, y más después de lo de...

- Los caminos del señor son inescrotables, y además estaré tremenda en el congreso.

- Al candidato opositor le va a dar algo.

- Verás cuando le cante el Happy Birthday...

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