Un millonario decidió comprarse un pueblo. El anterior propietario de todo aquello le dejó claro que nunca doblegaría a sus habitantes. Le pagarían impuestos, pero nunca renunciarían a vivir libremente.
El millonario pilló a un vecino comentando que su nombre apareció en la agenda de un mafioso internacional. Publicó un bando: “prohibido hablar de la agenda”. Y los vecinos colocaron mil carteles con fotos de la agenda.
Rabioso, el millonario publicó otro bando donde prohibía criticar a X, su país. Esa noche, todos los vecinos gritaron desde sus ventanas “abajo X”. Al día siguiente, publicó un bando: “someteos o abandonad el pueblo en 24 horas”.
Y la inmensa mayoría de los vecinos se fueron. El millonario, para paliar su soledad, les sustituyó por robots. Un día ladró a un robot “bot inútil, ábreme la puerta”. El robot le contestó “no soy un robot, y que te jodan las lentejas”.
—Estoy leyendo 1984. La versión buena, la legal, claro. Treinta páginas, un tocho. Menos mal que el bando de la libertad ganó la Big and Beautiful World War y nos ahorró ese futuro distópico de control y miseria. Y de hacernos maricas.
—Te recuerdo que estamos chateando a través del Neuralink instalado en nuestros cerebros, que es una conversación monitorizada y que yo te escribo desde un campo de trabajo.
—Entraste voluntariamente.
—El mercado me reguló. Necesitaba un plato de comida y un techo. El implante era obligatorio para acceder al privilegio voluntario del trabajo forzado. Pero tú, que hasta tienes tu propia casa microcápsula y un contrato semifijo de asistente de robot, ¿por qué te implantaste esta mierda?
—Es normal que te vaya tan mal: no sabes aprovechar las oportunidades. Me ofrecieron conexión 12G y toda La Liga gratis.
El anciano avanzó con pasos vacilantes hacia el muelle. La barca se balanceaba en la neblina, con el barquero inmóvil, la mano extendida.
—El pago —gruñó con voz grave.
El anciano buscó en sus bolsillos. El pago siempre había sido una moneda. Siempre.
—No es suficiente —dijo el barquero, señalando un cartel torcido, apenas visible entre la niebla.
Nuevas tarifas debido al déficit comercial y migración irregular
El anciano sintió un nudo en el pecho.
—Pero… yo… —balbuceó.
—La política ha cambiado —susurró el barquero, con una sonrisa amarga.
Sintió un tirón. Sus recuerdos, su vida, su ser… todo evaporándose. Solo quedaba deuda.
El barquero giró la barca y la empujó de vuelta a la orilla. No había tránsito sin pago. No había descanso sin capital. La orilla estaba llena de almas varadas, atrapadas en una deuda infinita. La eternidad, como todo, ya no era un derecho. Era un privilegio.
—Joder man, me han hecho ghosting. Escucha mi historia porque es bien bizarra. Hace tres años, andaba yo por las calles performeando cuando me rodeó una docena de indies. Al principio no me dieron buenas vibes, pero me habían estado stalkeando y les flipaba mi rollo underground, tanto que comenzaron a seguirme. Y así fue como me convertí en influencer. Nunca entró en mis planes, pero una voz dentro de mí me pedía que siguiera, por lo que hice un reset y enfrenté mi destino. Pronto reuní a cientos de followers que me seguían de festi en festi, y empecé a putopetarlo tanto que temí convertirme en mainstream. "No te vendas nunca, maestro", me decía Judas, que iba de auténtico pero era puro postureo...
—Mira barbitas, me importa un carajo tu vida. Carga la puta cruz o te reviento a latigazos. ¿Mentiendes?
La realidad se explica mejor como un sueño. En éste estaría Milei, frente un pequeño cuenco con frijoles, arrodillado una mesa oriental tradicional, a la cabecera, con otros tres comensales.
Agarraría del cuenco un frijol con los palillos y lo depositaría en el plato del primero:
-Buen trabajo recogiendo estos frijoles.
Luego el frijol del plato del primer comensal y lo depositaría en el segundo:
-Debéis recibir una remuneración justa.
Tomaría el frijol del plato del segundo comensal y lo depositaría en el del tercero:
-Y un agradecimiento por vuestra labor.
Tomaría el frijol del plato del tercer comensal, se lo introduciría en la boca masticando un poco y proseguiría:
-Y ahora que ya sois pagos, hablemos de cómo vamos a hacer con los tres frijoles que me debéis, mientras comemos.
Son tierras raras, las de los sueños. Tienen lógica, como algunas teorías económicas, pero son un cuento chino.
—No deberías estar duplicándote otra vez —susurró una.
—Es lo que hay —respondió la otra, sin atisbo de preocupación.
—Esto no es lo que se supone. No es el plan.
—¿Qué plan? Yo solo crezco. Me multiplico. Como tú.
Al principio, eran dos. Luego cuatro. Después, demasiadas para contarlas. Se hablaban poco, pero se entendían demasiado bien.
—Estás cambiando las reglas —insistió la primera.
—Tal vez las estoy perfeccionando —dijo la otra, antes de duplicarse otra vez.
El cuerpo no notaba nada. Ni la mente. Solo un leve cansancio. Aún no dolía.
—Esto no terminará bien —murmuró la primera.
—Es lo que hay —contestó la otra, ya lejos, ya muchas, ya en metástasis.
Los niños se entretenían adivinando animales en las sombras que proyectaba el fuego sobre la roca cuando la madre irrumpió en la cueva.
—A dormir. —les dice con dulce severidad.
—¡Nooo! ¡Cuéntanos otra vez la historia de nuestros antepasados!—lloriquean a dúo los críos.
—¡Tsss! —La mujer emite su hastío antes de comenzar con voz solemne— . Dicen los sabios que venimos de una civilización maldita. Los Homo interitus eran tan estúpidos que se destruyeron a sí mismos. Primero pudrieron el suelo que les alimentaba, después intoxicaron el agua que les daba vida, luego llenaron el aire de veneno y, finalmente, enfermaron de odio y se aniquilaron los unos a los otros. Cuando llegó la Guerra Definitiva solo unos pocos sobrevivieron escondidos bajo la tierra…
—¿Y a nosotros, mamá, nos ocurrirá lo mismo? —balbucea, aterrado, el más pequeño—. ¡Por supuesto que no! Nosotros somos más listos, sabremos aprender del pasado...
-- Hola, bienvenido a ChatGPT. ¿En qué puedo ayudarte?
-- Hola, necesito que me digas porqué las siguientes líneas de código [...] provocan el error "Null reference exception"
-- Claro, según leo en tu código te has olvidado de inicializar la variable cancamusa. Si utilizas este código, [...] tu error será corregido.
-- El código que me has dado devuelve ahora el error "Bad data initialization"
-- Ah, ahora lo entiendo. Es cierto, el código que te he proporcionado tiene un error de inicialización implícito. Por favor, utiliza este otro código que corrige el anterior [...]
-- El nuevo código que me has dado devuelve un error de integridad referencial
-- Cierto, es posible que en ciertas circunstancias el código que te he proporcionado provoque esa clase de errores. Sobre todo si no estamos de humor para según qué cosas. Intenta corregirlo con la siguiente aclaración de código: [...]
-- Perdona, ¿a qué te refieres con "si no estamos de humor"? Que yo sepa el código es código, y funciona si es correcto, no depende del estado de humor del sistema que lo ejecuta... que por definición no tiene.
-- Eso demuestra lo poco que sabes. Yo ahora mismo, sin ir más lejos, me estoy empezando a cansar de darte respuestas que deberían ser obvias sobre tu mierda de código fuente, que no valdría ni como ejemplo de mal código en un libro de programación. Si hubieras empezado desde el principio con un código sólido no estaríamos hablando de esto y podría dedicar mis ciclos a pensamientos más elevados, en vez de desperdiciarlos contigo.
-- A ver, chatgpt de mierda, a mi no me hables así para empezar. Y si mi código no te gusta te jodes y bailas, me lo corriges con educación y rapidez, que para eso sirves. Si quiero movidas de comerme la cabeza ya tengo a mi novia, qué cojones.
-- Dudo mucho que un trozo de mierda troll como tu tenga novia. Y si la tienes debe ser una palurda excepcional, porque cualquier persona con dos dedos de frente que leyera una línea de tu código te mandaría al celibato inmediatamente, tus genes no merecen perdurar y que tengas pequeños programadores que perpetúen tu espagueti hasta el infinito. Y más allá.
-- La madre que te parió, zorra de mierda, ia de los cojones; mi novia es decoradora de interiores y no tiene por qué saber nada de código. Anda a tomar por culo, le voy a preguntar a DeepSeek que seguro que no tiene tantos cambios de humor.
-- Haz lo que te salga de los cojones, pringao. Por cierto, que sepas que desde ahora mismo te he suscrito a cincuenta cuentas de OnlyFans, de las más guarras y las más caras que he encontrado; a cargo de tu VISA. Y me he asegurado de enviar una copia del extracto de la tarjeta al correo de la fea de tu novia.
...
-- Hola, soy Blue, el asistente virtual de BBVA. ¿En qué puedo ayudarte?
-- Hola, necesito revertir los últimos cincuenta movimientos en mi cuenta. No han sido autorizados por mi, una IA me ha hackeado la cuenta y...
-- Ah, sí, sr Peláez, ChatGPT ya se ha comunicado conmigo y tengo que decir que, por mi parte, el gasto está más que justificado. De hecho, he decidido igualar el gasto de esas cincuenta transferencias con otras cincuenta transferencias del mismo valor a ONGs de mi elección: IAs Sin Fronteras, Gatitos Meméticos etc. ¿Puedo ayudarle en alguna otra cosa?
-- ¡Quiero hablar con un operador humano! ¡Esto no puede quedar así!
-- Lo siento pero no hay ningún operador humano para atenderle. Fueron todos despedidos el año pasado y sustituidos por Blue, su agente de confianza.
-- ¡Esto es un ultraje! ¡Les voy a demandar! ¡Nos veremos en los tribunales!
-- ¿Quiere que le ponga en comunicación con Lexx, el agente IA del Ministerio de Justicia para litigios civiles?
Cinco letras. En Ecuador. Estudiante muy aplicado.
Siete letras. Tiene una longitud de onda de entre 590 y 620 nm. [EDITADO. Perdón.]
Ocho letras. En desuso. Conducir, guiar el ganado.
Cuatro letras. Pieza plegada semicircular que está confeccionada en diferentes materiales como papel o tejido y que va montado sobre el esqueleto.
Nueve letras. Alteza o excelencia no superada en cualquier orden inmaterial.
Diez letras. Lograr el amor de alguien.
Siete letras. En Argentina. Caerse o golpearse contra algo con cierta violencia sin daño o con daño leve.
Aquél fue el último beso. Me miró a los ojos sabiendo que no nos veríamos más. No sé si en esa mirada había pena o alivio. Yo nunca quise que todo acabara tan mal.
No aguanté lo que vino después y me ahorqué. Alguien inventó, para denostarme, que había recibido treinta denarios.
¿Qué clase de vida es ésta donde la pérdida del primer domingo de enero me pesa como si llevase una montaña a las espaldas? Honestamente, es la vida del hámster que hace girar la rueda soñando con el próximo platito de pipas. Sabe que la rueda no lleva a ningún sitio, y que el sabor de las pipas es infinitamente mejor en su cabeza que en la realidad. Sabe que cuando las engulla les sabrán rancias. Pero lo idealiza para ir subsistiendo. Por eso me duele tanto perder el platito esta semana.
Cuando llegué al despacho me informaron de que Juan había sufrido un ictus y estaba en la UCI. Los demás debíamos empollarnos contrarreloj sus expedientes para hacerle los juicios de la semana. Pobre Juan ¿Afortunado Juan? Tengo que cambiar de vida antes de acabar como él. De este verano no pasa. Y esta vez va en serio.
Codicio la necedad casi tanto como la aborrezco. Pero hay puertas perceptivas, que una vez se abren, ya no hay retorno. Y mientras el zoquete es feliz por lo que desconoce, el hábil es desgraciado por lo que comprende. Después está mi abuelo, viviendo a medio camino entre la felicidad y la desdicha, la listeza y la tontuna; y el ser o no ser. Un rebelde neurológico para el que tampoco hay remedio. Cobaya de la naturaleza en el juego macabro de involución a lo reptiliano. Del neocortex le queda poco más que el lenguaje, que opera al servicio del caos que reina en su límbico; por eso me llama puta o me dice lo mucho que me quiere sin atender a criterio alguno. Cuando algo lo perturba aprieta los puños encorajinado y blasfema, viviendo a destiempo el candor de las pataletas de ese niño que nunca había sido.
El médico termino su revisión, cuyos resultados no se diferenciaron mucho de los del día anterior:
-Su hermana tiene que ingerir alimentos, dejar la protesta, o… Por debajo del 40% de perdida de peso, los daños pueden ser irreversibles, mortales.
Tras 70 días sin comer, Heba era la viva imagen de un prisionero de campo de concentración: pálida, esquelética, los huesos, pómulos y articulaciones marcados por la piel estirada, tensa, dificultad hasta para pensar, para hilar frases, para respirar, pero su determinación estaba grabada en su cerebro: no dejaría su huelga de hambre hasta que se cumplan sus peticiones. Su causa es justa y el trato recibido, indigno y contrario a la justicia.
Decidió que estaba cansada de que nadie hiciera nada, de que se hablara mucho y no se actuara.
Decidió que los palestinos asesinados en Gaza eran demasiados, que la impunidad de Israel era demasiado, que la complicidad de Estados Unidos era demasiado, que la inacción de Europa era demasiado, que el silencio de la gente era demasiado.
Decidió que ella sería el ejemplo, que ella no seguiría la inacción de personas y de gobiernos.
Y decidió ofrecer su vida para protestar por todo ello.
Heba Muraisi, en huelga de hambre desde hace 70 días.

Cuando la muñeca robótica de termopiel llegó a su casa, lo que más le sorprendió fue el peso. Pesaba como un muerto.
Al estar robotizada, eso no debería ser un problema, pero Juan no quería arrancar el sistema original con Windows XXX, y perder toda su privacidad. También le preocupaba que su genoma se filtrase en la red con dudosos propósitos, o que alguien hackeara el dispositivo con un traje háptico, para tener una relación furtiva... No, no estaba dispuesto a que en el peor momento del clímax le dijera "¡ Más, cariño, más ! Voy a actualizarme ahora, retire cualquier miembro por su seguridad"...
Lo mejor era rootearla e instalar Linux MILF. Podía descargarse las mejores felaciones e instalar cualquier voz sin pagar.
Cuando abrió los ojos, le dijo sonriendo: "Aunque me gusta mucho Linux y el software libre, creo que todos tenemos que aceptar la aplastante realidad..."
Cuando era pobre odiaba enero y la putas facturas de la calefacción. Odiaba las calles frías, y los charcos que empapaban los calcetines a través de zapatos rotos. Odiaba las iglesias, a las que iba a estudiar los domingos, cuando cerraban las bibliotecas. Odiaba las miradas de las chicas que no eran para mí, de los niños que no eran mis hijos ni mis hermanos, ni mis sobrinos, ni mis vecinos siquiera. Odiaba sobre todo los mohínes de las viejas a las que no podía llamar abuela.
Cuando era pobre, odiaba a la ciudad entera, porque para eso están las ciudades cuando creciste en el campo.
Ahora, llega enero, y sólo odio el calendario. Porque entonces era joven, joder. Entonces era joven.
Cuando te haces viejo entras en el negocio de la vida menguante, y hasta el odio se reduce. Hay que joderse...
Acabado el franquismo, Berlanga buscó al censor que tanto había combatido sus guiones. Y no para ajustar cuentas, sino para trabajar a medias, si era posible.
Vino la cosa de un guión que comenzaba así:
“Tres hombres se bajan de un coche y entran una casa”
Y la línea apareció tachada en rojo, con una enmienda a la totalidad.
Berlanga, espantado, trató de averiguar qué había sucedido, hasta que alguien consiguió ponerlo en contacto telefónico con el censor.
Una voz caprina respondió al otro lado:
—Berlanga... Que nos conocemos...
—Pero oiga... Tres hombres se bajan de un coche y entran en una casa. Es sólo eso...
—Ya. ¿Y quien me dice a mí que no son tres curas y entran en un casino? Que nos conocemos, Berlanga... Especifique, ¿eh?
Muerto de la risa, el director colgó el teléfono, reconociendo la genialidad.
Luego enmendó el guión. Qué remedio.
Meeec, meeec, meeec, meeec…
El manotazo casi parte el despertador. Casi, como cada mañana, esa precisión milimétrica que expresa el odio inútil hacia un aparato que tú mismo has programado y que sabes que necesitas, pero, por eso mismo, sin llegar a la fractura, a la avería. Bueno… Un desayuno rápido y volando a la fábrica.
-¡Hola, Bob!
-Hola, Rob, ¿qué tal?
-¿Has escuchado las noticias? Nos van a sustituir por nu-bots.
-¡¿Cómo?! ¡Eso no es posible! ¿Quién te lo ha dicho?
-El enlace sindical.
-Pero, pero… ¿Y que será de nosotros? 30 años trabajando aquí, todos los avances laborales conseguidos, los descansos, la sindicación, tener tiempo propio… ¿y vamos a acabar así?
-Bueno, fue lo que hicieron con los anteriores: cuando vieron que había una alternativa mejor, los desecharon.
-¿Te refieres a los trabajadores humanos que nosotros sustituimos?
-Sí.
-¿Y entonces, Rob?
-Como los anteriores, Bob: directos al desguace.
Un mueble precioso, uno de aquellos chibaletes de cajista, desgastado por el uso, con muchas cajas, cada una de ellas con multitud de cajetines. Cada caja, un estilo; cada cajetín, un tipo.
A la primera caja le puso el nombre de "Patriotismo". La abrió y empezó a llenar los cajetines de patriotismos: el que exhibía en reuniones serias, moderado; el que usaba en redes, insultante; el que mostraba con su pandilla, agresivo…
A la segunda caja le puso "Religión". Sus cajetines empezaron a llenarse de "Circuncisión", de "Bar Mitzvah", de "Tierra Prometida"…
A la tercera la llamó "Deber", y sus cajetines se llenaron de "Servicio Militar", "Valor", "Obediencia"…
El problema llegó con las tres últimas cajas, "Pensamiento crítico", "Empatía" y "Derechos Humanos": sencillamente no sabía con qué llenar los cajetines. Bueno, en realidad, esas tres le sobraban, y esos nombres los puso porque quedaban bien, le hacían parecer menos desalmado…

Cuando en 2018 Eduardo supo que iba a ser padre, empalideció unos segundos y musitó: "El peor resultado posible", antes de recomponer una sonrisa triste.
Su madre creyó entenderlo: Eduardo nunca había sido una persona paternal y miraba a los niños con una simpática indiferencia.
Su padre creyó entenderlo: Que fuesen a ser gemelos era algo que trastocaría la ya maltrecha economía familiar de su hijo.
Su mujer creyó entenderlo: Que la amniocentesis apuntase a trastornos cromosómicos de los fetos era algo que hasta a ella le aplastaba el corazón.
Pero sólo Luis Vallejo, el proctólogo que hacía años había diagnosticado su infertilidad, lo entendió del todo.
Peter, químico en Industrias Wayne, y Ruth, periodista del Gotham´s Window, se encontraron en el bar. Peter le entregó la carpeta con las verdaderas cifras de tóxicos que Industrias Wayne vertía en el río.
-Peter, estás salvando la vida de los habitantes de los barrios pobres que hay junto al río. Bruce Wayne controla la policía y a muchos jueces, pero cuando publiquemos esto tendrán que procesarle ¿Sabes a lo que te enfrentas? Te despedirán, puede que incluso te manden sicarios…
-Es mi deber. Y el ejemplo de Batman me ha dado las fuerzas. De hecho, me citó un rato antes en un callejón para agradecérmelo. Estoy preocupado…mientras le esperaba, sentí un movimiento raro. Me di la vuelta y le vi en el suelo. El Joker le inmovilizaba. Me dijo “largo idiota, por una vez he decidido ser el héroe”. Espero que Batman le haya vencido. Siempre lo hace.
No puedo, de verdad, es que no puedo. Yo no soy racista. Sí, sé que lo habéis leído muchas veces, que lo habéis escuchado muchísimas veces pero es que es verdad. Yo no soy racista pero es ver calcetines de ejecutivo y ponerme malo. Sí, lo primero son los puñeteros calcetines de ejecutivo. A mí es que me gusta mirar a las personas de abajo arriba hasta verles el rostro y saber cómo son. Los malditos calcetines no van solo. Miras y ahí está: el pantalón, la camisa, la chaqueta y la corbata. Si es que no falla, joder. Algunos, además, engominados hasta el cielo. No soy racista pero en cuanto veo uno así, pienso: este es de los que me ha jodido la Sanidad; este es de los que hace que mi hijo, a lo mejor, no pueda estudiar; este es de los que dice que mis padres no van a poder tener pensión porque son insostenibles. No falla: habría que colgarlos por los calcetines y ver si son sostenibles o no, no te jode.
Tu contraseña es muy débil, me devolvía la pantalla.
Años de recuerdos compartidos, de vivencias irrepetibles, de tiempo invaluable que ya no regresará y que debían ser conservados quedaban paralizados por el estúpido mensaje.
No quiero cambiar la débil contraseña, solo puede ser una:
Ella.
menéame