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Los ojos no son el espejo del alma, pero sí de tu miedo ancestral a las arañas. Aunque lo niegues
Un curioso experimento ha demostrado cómo reaccionamos ante la presencia de arañas. Especialmente, si tienen determinados rasgos y en situaciones concretas.
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Pero un día, correteando por el campo, me encontré cara a cara con una telaraña con una "enorme" araña atigrada justo a la altura de los ojos, a menos de un palmo y me quedé asustado/fascinado y me quedé un rato mirandola... a partir de entonces en vez de huir me dedicaba a mirarlas, y me desapareció el miedo.
Hoy en día, cuando me encuentro una araña y está mi pareja cerca (sino simplemente la ignoro), suelo coger un papel, colocarselo debajo y soltarla en el balcón... (menos las que saltán, que no se pueden "pillar" y me las tengo que cargar, a las pobres).
Es coña. Yo lo hago con un bol grande que tengo o una fiambrera grande.
Supongo que pasa como con el gusto. Uno nace con un desagrado instintivo por lo amargo y lo agrio (porque en la maturaleza amargo=veneno y agrio=contaminado con bacterias) pero con el tiempo vamos aprendiendo a tolerarlo y hasta disfrutarlo. Con el picante lo mismo.
Hasta hace un par de meses cuando un vecino me enseñó las fotos de la picadura de la araña que le llevo al hospital.
Parece que en mi zona hay arañas violinistas (hay variedades europeas menos peligrosas que las famosas suramericanas, cosa que desconocía) y a las dos semanas encontré una en la habitación.
Ahora lo primero es capturarla y mirar si es de las chungas o no antes de sacarla de casa o devolverla a su rincón.