Las consecuencias de la guerra son una cuestión de tic-tac

El inicio de la guerra en Irán no ha supuesto el impacto inicial que trajo consigo la invasión rusa de Ucrania. Los precios han subido, pero no tan deprisa. La alarma empieza a cundir, pero parece que con mayor tranquilidad. Por algún motivo, parece haberse extendido por el mundo la idea de que esta crisis no es tan grave como la ucraniana, y el caso es que, vista de cerca, parece mucho peor, sobre todo porque se produce de manera acumulativa, es decir, cuando aún no se ha resuelto la anterior.

Ahora hace justamente un mes que las fuerzas norteamericanas e israelíes comenzaron a bombardear Irán. La república islámica respondió a misilazos por toda la región, atacando infraestructuras energéticas y cerrando el estratégico estrecho de Ormuz. Pro un mes, para los que llevan la actual gobernanza planetaria, es muy poca cosa. La clave de esta idea son las reservas estratégicas de crudo y gas natural. Por lo que he podido averiguar, el país de cierto tamaño del mundo con menores reservas es Vietnam, que cuenta con reservas para 60 días. España, por ejemplo, está por los noventa y tantos días. Por ese motivo, y teniendo en mente el escenario de que la crisis sólo puede durar unas semanas, todo es cuestión de apretar un poco los dientes con los precios y esperar a rellenar esas reservas en cuanto se aclare el panorama.

El problema está en que Irán no ha respondido como se esperaba, atacando a los portaaviones norteamericanos y las instalaciones militares enemigas (que también), sino que ha centrado sus contraataques en las refinerías, los yacimientos y las infraestructuras energéticas de la región. Quien quiera que hizo los cálculos, pensó sólo en las consecuencias de eliminar la producción iraní d ela ecuación, pero no en lo que sucedería si se eliminaban también buena parte d elas capacidades productivas de los otros países de la región.

Y ahí es donde entra en juego el reloj. Las reservas siguen cayendo, porque de momento nadie se ha atrevido a tomar medidas restrictivas del consumo, y el tiempo requerido para reabastecer estas reservas es cada día más alto, por los daños que han sufrido las infraestructuras.

Si la guerra se prolonga hasta el 15 de abril, empezaremos a leer noticias sobre países, tal vez el nuestro, que comienzan a racionar el combustible. No hablo de precio, sino de simple disponibilidad.

Si la guerra se prolonga hasta el 1 de mayo, será imposible evitar una crisis económica de gran envergadura, que puede tardar años en resolverse. En ese momento, las restricciones y los racionamientos serán inevitables, generando una especie de nuevo confinamiento, donde los viajes no esenciales deberán ser fuertemente recortados.

Si la guerra llegara hasta el 1 de Junio, tendríamos una catástrofe encima, sin paliativos, y no me atrevo a prever el escenario, pero no sería nada bonito.

Lo más importante, en este momento, es saber cuáles son las reservas, quién y cómo las gestiona, y cuales son sus cuellos de botella. El actual sistema productivo "just in time" hace que la rotura de la cadena de suministros pueda afectar a cualquier cosa, donde menos lo esperemos. No se trata sólo de que España, por ejemplo, pueda perder sus ingresos por turismo, sino de que haya fertilizantes para la agricultura y piezas para la industria. Y es sólo cuestión de tiempo, de poco tiempo, que en alguna parte se queden sin capacidad de producción o de transporte.

No estamos a años del desastre. Estamos a semanas, y el reloj sigue corriendo a la espera de que alguien encuentre una salida para esta descomunal insensatez. A mi entender si, del modo que sea, el asunto se resuelve antes de mediados de abril, podremos considerarlo un susto y un mal recuerdo. Si pasa de esa fecha, nos encontraremos nadando literalmente en mierda.

Dos semanas quedan para que lo sepamos. Y una de ella, de vacaciones.

Suerte.