
Publica El Economista un artículo sobre la desigualdad en la pensiones de jubilación centrándose en el País Vasco y Extremadura que tienen las pensiones medias más alta y más baja. La primera pega es sobre el tipo de gráfico utilizado, ya que un gráfico de columnas apiladas no creo que sea la mejor opción si se quiere mostrar las diferencias entre las dos series de datos. Pero, además, la conclusión no es del todo correcta, porque es verdad que la diferencia en valor absoluto ha aumentado un 20% (casi 100 euros) y más adecuado comparar en términos relativos, es decir, que porcentaje es mayor la pensión en el País Vasco respecto a la de Extremadura. Y si realizamos esa comparativa, comprobamos que se ha pasado de un 48% en 2019 a un 44% en 2025. Por tanto, la brecha está decreciendo en términos relativos, y lleva bajando año a año (si comparamos con los datos de 2005, la diferencia era del 54%, con una pensión media de 882,67 € en el País Vasco y 572,83 € en Extremadura) . Es mas, en el propio artículo también se alude a esa diferencia en términos relativos, pero con un razonamiento erróneo: "Una diferencia que sitúa la brecha actual en un 44% y que se repite año a año desde que existe registro, pero que se ha ido ensanchando a lo largo del tiempo"

Juan consultó la hora de nuevo. Menos cinco. "Estoy llegando", le había respondido Susana diez minutos atrás, cuando el retraso era ya de quince. Suspiró. Reparó entonces en una pequeña mancha en la mesa de la cafetería, y sacó un pañuelo, sonriendo: aquello habría desencadenado una discusión si ella hubiese llegado ya. Él querría limpiarlo y ella no le dejaría. "Que lo haga el camarero". A Juan le requería menos esfuerzo limpiarlo él que conseguir la atención del camarero, obtendría el resultado antes y no le quitaría tiempo a quien sí necesitaba que le atendiese rápido con la comida. Pero para Susana era una cuestión de principios. "No aprenderá a hacer bien su trabajo si no le protestan", diría.
"Por fin", pensó, viéndola entrar. "Esta vez voy a quejarme, o nunca será puntual". Pero el pensamiento no duró mucho. "¿Para qué? Si ya lo sabe".
"Hola, preciosa".
Corrían los 90 cuando presenté Piratas nazis del Caribe: en un futuro cercano, por razones desconocidas, la humanidad padecía una regresión cognitiva.
En EE. UU., una grotesca mezcla de Jesús Gil y Calígula, entre chistes y bailecitos, había decidido reinventar la vieja piratería. Durante sus ratos libres perseguía como a perros a los hispanos, quienes le adoraban igualmente. Una especie de SS, aunque enmascarada y peor vestida, los cazaba; aun así, algunos gritaban «¡democracia!» en apoyo a su ídolo.
En el virreinato coloqué a un gobernador arquetípico de español de película de piratas: corrupto, incompetente, tiránico, feo y analfabeto, lo cual no evitaba que sus famélicos ciudadanos le idolatraran.
El editor no continuó leyendo. «Inverosímil, caricaturesco e incluso ofensivo», dijo.
Desperté. Los gritos de protesta en la calle habían interrumpido aquel sueño. Los manifestantes, patriotas, pedían que nos bombardearan y secuestrasen al presidente. «¡Democracia!», gritaban.
Empezamos el año retomando nuestro concurso semanal de microrelatos en Menéame. El tema con el que empezamos de nuevo es PROTESTA.
Os dejamos por aquí un recordatorio de las bases: blog.meneame.net/2025/01/09/concurso-semanal-de-microrelatos/
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