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Cómo Trump tontea con el autoritarismo

Cómo Trump tontea con el autoritarismo

Donald Trump no necesita dar un golpe de Estado para erosionar la democracia. Le basta con algo mucho más eficaz: jugar con la idea.

Cuando sugiere cancelar elecciones, aunque luego diga que “bromeaba” o que era “retórica”, no está improvisando. Está usando una técnica vieja y conocida: decir lo impensable para acostumbrar al público a escucharlo. Hoy es una broma. Mañana es una exageración. Pasado mañana, una opción “a debatir”.

Trump no es un dictador clásico, ni parece interesado en convertirse en uno al estilo del siglo XX. Su autoritarismo es más moderno, más blando y más peligroso: desgasta las normas desde dentro. No rompe la Constitución; la desacredita. No cancela elecciones; siembra la idea de que solo son legítimas si él gana.

El truco es siempre el mismo:

1. Lanza una frase extrema.

2. Provoca indignación.

3. Se desdice o matiza.

4. Sus seguidores repiten: “solo estaba bromeando”.

5. La línea roja se mueve un poco más.

Así, conceptos que antes eran inaceptables —posponer elecciones, ignorar resultados, atacar jueces, desacreditar a la prensa— se convierten en parte del ruido cotidiano. La democracia no muere de golpe; se desgasta por saturación.

Trump entiende algo clave: el poder no está solo en lo que se hace, sino en lo que se permite imaginar. Si logra que millones de personas acepten como normal que un líder “fantasee” con saltarse las reglas, el terreno ya está preparado para que otro, o él mismo, vaya un poco más lejos.

Por eso el debate no es si hablaba en serio o no. Esa pregunta es una trampa.

La pregunta correcta es otra: ¿por qué un aspirante a gobernar considera aceptable bromear con el fin de las elecciones?

La respuesta es incómoda, pero clara: porque le funciona. Genera miedo, lealtad, ruido mediático y polarización. Y mientras discutimos si era sarcasmo o no, el daño ya está hecho.

Trump no necesita ser un dictador para comportarse como un aprendiz de autoritario. Le basta con tontear con la idea, una y otra vez, hasta que deje de parecernos una locura.

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Este 6 de enero, hagamos un poco de sociología de los reyes magos

Este 6 de enero, hagamos un poco de sociología de los reyes magos

Hacer un poco de sociología de los "reyes magos" es hacer un poco de sociología de la religión misma. De hecho, los "reyes magos" nos ofrecen un elegante botón de muestra de que la religión es una puta pura mentira, no solo en un sentido de "mentira científica", que también, sino además en un sentido de "mentira para manipular".

Si uno se retira lo suficiente a ver el bosque y se pregunta por qué los "reyes magos" aparecen en la biblia, rápidamente repara en la lógica intencionalidad de los líderes religiosos para introducirlos en su cuento. Pregúntatelo tú mismo: ¿por qué un líder religioso supremo, Jesús, se inventaría un cuento de que él es líder por derecho divino, y de que otros líderes políticos supremos de algunos países, los tres reyes magos, van a adorarle a él?

En efecto: es el Vaticano diciéndonos que él es rey de reyes, y los reyes son vasallos suyos.

Y aunque, técnicamente, los reyes magos no existen, pues en Mateo 2:1-12 no se dice que fueran reyes, solo que eran magos, y tampoco se dice que fueran tres, solo que llevaban oro, incienso y mirra, tenemos a:

Salmos 138:4, "Dios mío, ¡grande es tu poder! Te alabarán los reyes de este mundo cuando escuchen tu palabra y sepan todo lo que has hecho."

Salmos 2:10-12, "Ustedes los reyes, pónganse a pensar; déjense enseñar, gobernantes de la tierra. Adoren a Dios con reverencia; y con alegría ríndanle culto. Adoren a Dios, para que no se enoje, pues fácilmente se enfurece, y podría quitarles la vida."

Salmos 68:29, "Dios mío, por causa de tu templo los reyes te traen regalos a la ciudad de Jerusalén."

Daniel 6:25-26, "Entonces el rey Darío escribió un mensaje para todas las naciones y los pueblos de su reino. Ese mensaje decía: «Con mis deseos de paz para todos, ordeno a los habitantes de mi reino que adoren y obedezcan al Dios de Daniel. Su Dios vive para siempre, y su reino nadie puede destruirlo. Su poder será siempre el mismo. "

Los antiguos monarcas europeos, no transigiendo con este cuento de tener que someterse a un "papa", se inventaron su propio cuento, y fue así como nació el "derecho divino" por el que los monarcas europeos también se autoproclamaban y autorreivindicaban como reyes y mesías.

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