Con la invasión estadounidense en Venezuela hemos podido leer multitud de cuentas en redes sociales asociadas o relacionadas con Vox pidiendo a Trump que tumbe al presidente de España.
"Trump por favor, haz lo mismo con Pedro Sanchez" se lee en multitud de redes sociales, "Ojalá España la próxima". Todo español que, desde la comodidad de su teclado, pide públicamente a Donald Trump o a cualquier potencia extranjera una invasión militar para derrocar al Gobierno legítimo de España está cometiendo un delito grave.

Es apología de la violencia, incitación a un golpe de Estado y promoción de la rebelión o sedición. El Código Penal es clarísimo al respecto:
Pedir una intervención armada extranjera contra nuestro propio país no es opinión política; es traición a la soberanía nacional y un ataque directo a la democracia. Pero como siempre lo grave en este país será hacer chistes sobre Goku vive la lucha sigue y que Carrero Blanco es el primer astronauta español de la historia. Eso sí es peligroso, lo de incitar a la sedición, cuando son los fascistas y patriotas entonces no pasa nada.
Las ideas impopulares, según se ha visto, pueden ser silenciadas y los hechos desagradables ocultarse sin necesidad de ninguna prohibición oficial. Cualquiera que haya vivido largo tiempo en un país extranjero podrá contar casos de noticias sensacionalistas que ocupaban titulares y acaparaban espacios incluso excesivos para sus méritos. Pues bien, estas mismas noticias son eludidas por la prensa británica, no porque el gobierno las prohíba, sino porque existe un acuerdo general y tácito sobre ciertos hechos que “no deben” mencionarse. Esto es fácil de entender mientras la prensa británica siga tal como está: muy centralizada y de propiedad, en su mayor parte, de unos pocos hombres adinerados que tienen muchos motivos para no ser demasiado honestos al tratar ciertos temas importantes. Pero esta misma clase de censura velada actúa también sobre los libros y las publicaciones en general, así como sobre el cine, el teatro y la radio. Su origen está claro: en un momento dado se crea una ortodoxia, una serie de ideas que son asumidas por las personas biempensantes y aceptadas sin discusión alguna. No es que se prohiba concretamente decir “esto” o “aquello”, es que “no está bien” decir ciertas cosas, del mismo modo que en la época victoriana no se aludía a los pantalones en presencia de una señorita. Y cualquiera que ose desafiar aquella ortodoxia se encontrará silenciado con sorprendente eficacia. De ahí que casi nunca se haga caso a una opinión realmente independiente ni en la prensa popular ni en las publicaciones minoritarias e intelectuales.
La Casa Blanca, residencia oficial del Presidente de los EEUU, el que es, probablemente, la persona más poderosa del planeta, "tuiteando" como si fuese un chaval de 15 años.
x.com/WhiteHouse/status/2007557671705293009

No comment.
Si no vives debajo de una piedra, te habrás enterado de la injerencia americana que ha culminado con los huesos de Maduro camino de EE. UU, y esto es una tremenda ironía.
El bolivarianismo toma su nombre de Simón Bolívar, aka «El Libertador». Si alguna vez paseas por Venezuela o Colombia, te das cuenta pronto de que no hay pueblo ni distrito sin una plaza o una estatua en su nombre.
La gracia del asunto es que Bolívar fue un agente inglés, usado por el Imperio británico para destruir el Imperio español de ultramar y Bolivar, a su vez, uso a Inglaterra para contentar sus deseos de gloria y riquezas. Más de 6000 combatientes británicos lucharon a su lado: las conocidas Legiones Británicas, Inglaterra financió la independencia, una injerencia más.
Karl Marx escribió un artículo biográfico sobre "El libertador" llamado Bolivar y Ponte en el que lo ponía a caldo; lo acusaba, entre otras cosas, de querer instaurar una dictadura: «Se proclamó Dictador y Libertador de las Provincias Occidentales de Venezuela». En una carta a su compadre Hegel lo calificó como el «canalla más cobarde, brutal y miserable».
Pues bien, unos siglos después, los descendientes de Bolívar son pagados con la misma moneda por los descendientes del imperio británico, culminando, por tanto, una fina ironía. Para que luego digan que la historia no se repite.
Esta norma ha generado sorpresa en algunos usuarios y conviene explicarla con calma para evitar malentendidos. No está pensada para el uso normal de Menéame ni para quienes participan de buena fe, comentan, votan o simplemente leen. Quien utiliza la plataforma de manera habitual puede estar tranquilo, porque esta medida no va dirigida a él ni le afecta en su experiencia cotidiana.
La norma apunta a un perfil muy concreto y minoritario: usuarios que convierten su relación con la plataforma en un conflicto permanente, que usan comentarios, notas o artículos para hostigar a la administración, a otros usuarios o al propio proyecto, y que alimentan de forma constante un clima de desgaste, sospecha y confrontación, lo que podríamos llamar el «metamenéame» entendido como ruido tóxico y no como crítica legítima. En esos casos, si alguien quiere dedicar tiempo y energía a ese tipo de dinámica, lo razonable es que lo haga desde una posición de compromiso real con el proyecto, es decir, como suscriptor.
La lógica es sencilla. La crítica es legítima y necesaria, pero la intimidación, el acoso o la presión constante no forman parte del contrato implícito de una comunidad abierta. Quien no encaja en ese patrón no tiene nada de qué preocuparse. Quien sí lo hace, sabe perfectamente que esta norma va dirigida a él y ya ha sido advertido. Son muy pocos casos, pero suficientemente persistentes como para que haya sido necesario poner un límite claro.
Esta medida no busca recaudar, castigar ni silenciar opiniones incómodas, sino proteger el funcionamiento diario de la plataforma y a las personas que la sostienen. Si alguien quiere mantener una relación conflictiva y absorbente con Menéame, deberá hacerlo desde una suscripción que implique asumir también responsabilidades. Y si no, siempre tiene la opción de marcharse. No hay más misterio ni doble lectura.
Respuesta corta: NO. —Finlandia, Suecia y Noruega tienen, en general, menor incidencia de catarros y gripes comunes que España, especialmente en población activa, y no porque “haya menos virus”, sino por cómo viven, trabajan y se mueven.
La clave no es el clima (que de hecho es peor), sino la estructura social y territorial.
Es intuitivo pensar:
“Hace más frío → más resfriados”
Pero epidemiológicamente es falso o incompleto.
Los virus respiratorios se transmiten sobre todo por:
En eso, España sale peor parada que el norte de Europa.
Aunque haya transporte público, no va tan saturado, hay más espacio personal y mejor ventilación
En Finlandia, Suecia y Noruega: el teletrabajo no es una concesión, es parte estructural del mercado laboral especialmente en trabajos cualificados, y como resultado, tenemos menos desplazamientos diarios, menos cadenas de contagio, menos “ir enfermo a la oficina”.
En España: presencialismo cultural, miedo al control, leyes mal diseñadas, lo que implica gente enferma viajando igual.
No existe un “Madrid de 6–7 millones drenando medio país”. Tienen varios polos medianos, empleo distribuido y administraciones descentralizadas de verdad. Eso reduce migraciones diarias masivas, megaflujos pendulares y contagios en cascada.
Y es que, a diferencia de España, la capital dominante ≠ trabajos concentrados físicamente. Helsinki, Estocolmo y Oslo concentran instituciones, empresas grandes, PIB y poder político. Pero no concentran a los trabajadores de la misma manera que Madrid o Barcelona.
La diferencia está en cómo se organiza el trabajo, no solo en dónde están las sedes.
📌 La centralidad es jurídica y económica, no residencial.
En España, la centralidad es física, si el trabajo está en Madrid, tú tienes que estar en Madrid.
No es “deslocalización”, es diseño deliberado.
En los países nórdicos, el empleo está centralizado en empresas, no en personas. En España, el empleo está centralizado en personas. Eso cambia todo: vivienda, transporte, salud, natalidad, contagios, despoblación.
Eso multiplica contagios, aunque el sistema sanitario sea bueno.
La arquitectura también contagia (o protege).
No. Se resfrían igual que cualquier humano. Pero menos veces al año, con menor propagación en cadena, con menos picos masivos.
En España es muy típico “todo el departamento cae en 2 semanas”, Eso en el norte es mucho menos frecuente.
¿Es por que también son más fríos en el trato?
En parte sí, pero conviene decirlo bien para que no suene a tópico ni caricatura. No es que “sean fríos”, es que mantienen más distancia física y menos contacto innecesario, y eso reduce objetivamente los contagios.
Vamos por partes.
En los países nórdicos es normal no tocar a desconocidos, no darse dos besos, no hablar a 30 cm de la cara y respetar el espacio personal.
Eso no es frialdad emocional, es norma cultural. Desde el punto de vista epidemiológico: menos proximidad física = menos transmisión.
En España son tipicos los besos, abrazos, palmadas, hablar alto y cerca, bares ruidosos lo que implica acercarse más, contacto frecuente incluso con conocidos “lejanos”. Resultado: más microexposiciones diarias y más cadenas de contagio.
En los países nórdicos, es mas frecuente el saludo verbal, distancia personal amplia, menos contacto físico casual y menos presión social por “ser cercano”. Resultado: menos oportunidades de transmisión.
No es el factor principal, pero suma, La distancia interpersonal ayuda, pero no es lo que más pesa.
Los factores dominantes siguen siendo:
La cultura del contacto es un factor amplificador, no el origen.
Imagina dos personas resfriadas:
El virus no “elige países”, elige oportunidades.
La lección no es: “Seamos más fríos”
La lección es: "Menos densidad forzada, menos contacto obligatorio, menos movilidad absurda."
Si en España: se descentralizara el trabajo, se permitiera teletrabajo real, se redujera la necesidad de transporte masivo, el contagio bajaría incluso manteniendo nuestra cultura social.
Por aquí y por medio mundo se han leído infinidad de chistes sobre el hecho de que Trump va a arrinconar a Corina Machado por haberle quitado el Premio Nobel de la Paz. Pero sin descartar esa hipótesis, conociendo al personaje, creo que la razón de que Trump y su gabinete hayan preferido, de momento, a la chavista Delcy, tiene razones más profundas.
En primer lugar, y hay que dejarlo claro, porque la administración norteamericana quiere dejarlo claro, esto envía el mensaje de que la democcracia les importa una mierda, y van a dejar en el poder a quien les de la puñetera gana. Esto aleja los debates, tan queridos por aquí, de qué pasó con las actas, quién es el Presidente legítimo, quién es un golpista y quién debe ocupar el cargo. Les importa un huevo la legitimidad, las actas, la democracia y el derecho que pueda tener no sé quién, y están decididos a dejarlo claro.
En segundo lugar, quieren extraer recursos en abundancia y cuanto antes, y para eso, lo más rápido y lo más eficaz es dejar el poder en manos de las camarillas y las élites que ya lo disfrutan actualmente. Ya lo hicieron en Japón tras firmar la paz en la II Guerra Mundial, donde dejaron al Emperador en su puesto, y hasta pusieron a soldados japoneses a vigilar los arsenales, como muestra de confianza, cosa que muy poca gente sabe. En Alemania también es sabido que juzgaron a cuatro prebostes en Núremberg y dejaron al aparato del Partido Nazi al mando del país, especialmente de la seguridad y las fuerzas armadas. Y lo que hicieron en Alemania y Japón lo van a repetir aquí. Es su manera de actuar y casi siempre funciona.
En tercer lugar, Trump está pensando en hacer un enorme daño poilítico a la izquierda global. Cundo se vea lo vendidos, comemierdas y chaqueteros que eran realmente los bolivarianos, medio mundo se va a partir el ojal señalando a esa izquierda libertaria que hace felaciones al gran hombre a cambio de recursos robados al pueblo, buenos palacetes y un barniz de legitimidad. Imaginaos lo que pasará si llega el caso de que Delcy acepte convertirse en la marioneta de Trump: va a haber risas hasta en Júpiter. Trump no quiere la cabeza de los chavistas, que ya la tiene: ahora quiere su culo, para usarlo como aliviadero personal y bebedero de patos. Y la gente que hablaba de dignidad bolivariana va a tener que hacer verdaderos números de trapecista para sostener su discurso, con el coste que eso implica. Suerte, amigo Zapatero.
Sin petróleo y sin amigos, que se prepare Canel... Con este precedente, a lo mejor le sale un vicepresidente o un ministro dispuesto a asumir la transición de Cuba hacia la democracia.
menéame