Entradilla:
Si llegan recortes, el resultado previsible es peor acceso, más desigualdad y más gasto a medio plazo. Propongo un marco sencillo: que la sanidad privada opere subordinada al interés general y que el beneficio del inversor quede ligado a mejoras verificables en la salud de la población.
Cuando se recorta, normalmente se traslada presión al sistema: aumentan listas de espera, se reducen recursos en primaria y se agravan brechas entre quien puede pagar y quien no. A la vez, crece la tentación de “externalizar” sin controles reales.
La sanidad privada puede existir, pero supeditada al interés general.
Y si participa en servicios que afectan al conjunto, su retribución no debería depender solo de volumen/actividad, sino de resultados.
Planteo vincular parte del beneficio privado a resultados medibles. La idea es simple:
si la salud general mejora de forma verificable, se gana más; si empeora o no mejora, se gana menos.
No es “privada sí o no”. Es alinear incentivos: que ganar dinero dependa de mejorar salud real, no de multiplicar actos médicos o de capturar rentas durante recortes.
Cierre:
Si vamos a pasar por ajustes, prefiero discutir un marco que proteja resultados y equidad. ¿Qué indicadores pondrías tú? ¿Qué controles serían imprescindibles?
menéame