
Algunos pensarán que tengo fijación con El Economista, pero la realidad es que me lo ponen muy fácil, ya que apenas hay día en que no metan la pata. En el gráfico de la parte superior han rotulado que los valores son miles de millones de euros, cuando en realidad son miles de euros, un error en un factor de un millón.


En la parte de este gráfico correspondiente a los impuestos indirectos, los datos están todos mal rotulados. El mayor dato corresponde al IVA, el segundo mayor a los impuestos especiales, siendo el más pequeño, el resto.

El secretario de guerra de EE.UU Pete Heghseth posteaba en redes "Back to the Stone Age", vuelta a la edad de piedra. En clara referencia a la guerra actual que tras los ataques masivos de Irán ayer y el espectáculo constante de Trump mintiendo sobre acuerdos y rendiciones deja entrever quién va ganando y perdiendo con esta clara amenaza. 
Ante esta amenaza Irán no se ha callado, la embajada de Irán en Sudáfrica contestaba: "¿Edad de Piedra? En una época en la que vosotros todavía andabais en cuevas buscando fuego, nosotros estábamos grabando los derechos humanos en el Cilindro de Ciro. Sobrevivimos a la tormenta de Alejandro y a las invasiones mongolas, y permanecimos aquí; porque Irán no es solo un país, es una civilización."
En lo que es otra respuesta en redes sociales, dónde el despliegue iraní ha sido también notorio, vídeos, respuestas apoyadas por bastante gente en contra de la guerra.

El Mundo ha publicado su tradicional artículo de Semana Santa sobre el coste de las torrijas, pero deberían haberse esmerado un poco mas, porque es imposible que si el coste en 2025 era menor que en 2026, se pudieran hacer menos en 2025 con 10 euros. Para 2026 el cálculo es correcto, ya que 10/3,95=2,53 (3,95 es el precio de 10 torrijas); pero en 2025 sería 10/3,73=2,68, luego serían 26,8 torrijas con 10 euros, en vez de las 19,3 del gráfico.
Hace unos días, poco antes de que comenzara la Semana Santa de Sevilla, un amigo me escribió para preguntarme si quería que me avisara cuando fuese a salir durante la semana. Le dije que no tenía muchas ganas, que no me gustaba la Semana Santa y que si salía era para hacer otros planes. Pasado un par de días me volvió a escribir y me terminó confesando que no tenía muchas ganas de salir pero que si no salía "decepcionaba", porque su entorno esperaba verlo, como todos los años, viendo procesiones.
Como se ve, tuve que recordarle por enésima vez que no me gustaba la Semana Santa. También me llamó un familiar hace poco y le dije que tenía trabajo varios días de la semana para decir "anda, te vaja perdé toas la prozesioneee". Simplemente me reí, me aburre tener que recordar que no, que no me gusta la Semana Santa, que la aborrezco...
Tengo más de una razón para ello. El otro día salí de mi casa, en pleno centro de Sevilla, para comprar un mísero y triste bote de tomate para hacer pasta. Eran las 20:30, me dirigí al chino a 100 metros de mi casa, no pudo volver hasta las 00:00 de la noche. Inmediatamente se formó un tapón de personas frente a mi casa. Como otros años, podría haber intentado atravesar esa muchedumbre intentado dar o recibir el menor número de codazos posible. Pero ya no, me rindo, paso de pelearme con tapones de personas en Semana Santa como hacía otros años. Del mismo modo que ya no hago apuestas por intentar no cruzarme con ninguna procesión durante la semana. Me resigno.
Cuando me piden hablar de la Semana Santa les digo a los que son de fuera que "se lo recomiendo pero sólo una vez". ¿Estoy seguro de lo que estoy diciendo? Luego no faltan los comentarios de personas que te dicen que NO eres sevillano porque no te gusta la Semana Santa ni sabes bailar sevillanas. ¿Es una obligación?
Es muy fácil achacar un problema a la presión social, pero creo que gran parte de los feligreses están enredados en su propio "peer pressure", el que sienten que su entorno ejerce sobre ellos y el que ellos, por aprendizaje social, ejercen sobre otros.
Pero, no voy a hablar de ello. Voy a hablar de otra cosa, más simple. ¿Estamos seguros de que nos gusta la Semana Santa? Por que no faltará quien diga que lo vive como evento cultural o artístico y/o el que carga este ritual de misticismo y que llora cuando ve a la misma Virgen de todos los años ser procesionada frente a sus ojos entre toda la parafernalia de la que viene siendo rodeada. Pero en el fondo, no deja de ser esto consecuencia de lo mismo por lo que apoyas a la selección española durante el Mundial, celebras las victorias de Nadal o te emocionas cuando sale ( salía) España a cantar en Eurovisión y recibí 12 puntos (alguna vez)... es un sentimiento de pertenencia y el sentimiento de pertenencia es aprendido, irracional... es puro simbolismo.
No sé si alguna vez habéis estado en la Semana Santa. Habitualmente tendemos a idealizar lo que no conocemos. Si cumples con todos los hábitos del evento vivirás lo siguiente:
Eso es la Semana Santa de Sevilla. Y no es un día, son siete. Y así todos los años, para ver lo mismo, una y otra y otra y otra vez.
No sé qué porcentaje de las personas que viven esto realmente saben, en su subconsciente, que eso no les gusta. Esto puede ser como quien no quiere reconocer que no le gusta la gente del sexo contrario o como quien no quiere reconocer que no le gusta el fútbol o etc... cuando formas parte de un grupo, no quieres decepcionar al grupo. "Salir del armario" y reconocer que no te gusta la Semana Santa puede ser muy difícil en algunas familias hispalenses. Pero tú, que eres de fuera, y que lo único que sabes de la Semana Santa es el montaje televisivo que te muestran con exclusivamente los momentos álgidos y "bonitos" del evento te advierto, eso es sólo una realidad de la Semana Santa, el resto es todo lo otro que comento.
Y yo por suerte puedo afirmar que sí, la Semana Santa es aburrida.

Este gráfico de áreas aparecido en la portada de El Economista es un buen ejemplo de como no hay que realizarlos. En un gráfico de áreas, estas deben ser proporcionales a los valores, pero si 3.000/1.484=2,02, no se puede hacer el radio del círculo correspondiente a 3.000 el de 1.484 multiplicado por 2,02, porque como el área aumenta con el cuadrado del radio, el área del segundo círculo sería 4,09 veces la del primero, rompiendo la proporcionalidad. Para respetar la proporcionalidad, el radio del segundo circulo debería ser la raíz cuadrada de 2,02, es decir 1,42 veces el radio del primero.
El gráfico correcto debería ser como este:

JPMorgan ha publicado un mapa, aunque aporto la fuente de Facebook.

Hace unos días escribí un artículo al respecto, que vuelvo a citar:
www.meneame.net/m/Artículos/consecuencias-guerra-son-cuestion-tic-tac
Tras escuchar el discurso de Trump de esta noche, aparte de reafirmarme en mi idea previa de que estamos en manos de un pirado y cuatro genocidas, he llegado al convencimiento de que eso que llaman el Occidente global no tiene capacidad para manetner dos guerras a la vez.
El problema se puede contemplar desde muchos ángulos, desde el petróleo y la energia hasta la simple producción de misiles: no podemos estar en guerra a la vez en los dos escenarios petrolíferos principales y no podemos alimentar, con el complejo militar actual, las necesidades de misiles de ambos escenarios, menos aún con el veto de China la exportación de determinados minerales críticos.
Así las cosas, o se acaba la guerra de Irán en cuestión de días, o se abandona a su suerte a Ucrania, para aliviar el otro frente. Y dadas las circunstancias, parece que se va a a elegir la segunda opción, aunque sólo sea por una mera cuestión de cálculo. ¿Se puede vencer a Irán? Se puede, aunque lleve meses. ¿Se puede vencer a Rusia? No parece que ese objetivo sea factible a corto plazo, y no parece que los ucrnianos vayan a recuperar el territorio perdido la semana que viene. Lo que no se puede es mantener las dos guerras al mismo tiempo, y Europa parece que lo ha comenzado a comprender, cerrando el espacio aéreo a los aviones americanos al tiempo que niega la crítica financiación a Ucrania.
En el escenario actual, parece que vamos camino de un tratado de paz, el que sea, con Rusia, para restablecer el flujo de gas y petróleo, mientras sigue cerrado el estrecho de Ormuz y se reparan las infraestructuras destruidas en una guerra que ni ha acabado ni sabemos cuando lo va a hacer.
Existe, por supuesto, otra opción: seguir cada uno a lo suyo, empecinados en mantener ambos frentes, porque esto o porque lo otro, y lanzarnos al vacío con una piedra atada al cuello. Sabiendo quién nos gobierna, tampoco podemos descartarlo.
menéame