Kim Dotcom, creador de Megaupload señala en su cuenta de Twitter que: "Palantir fue presuntamente hackeado. Se utilizó un agente de IA para obtener acceso de superusuario y esto es lo que supuestamente encontraron los hackers:
Peter Thiel y Alex Karp llevan a cabo una vigilancia masiva de líderes mundiales y titanes de la industria a gran escala.
Tienen miles de horas de conversaciones transcritas y buscables de Donald Trump, JD Vance y Elon Musk.
Han pirateado dispositivos, coches y aviones de líderes mundiales y han acumulado el mayor archivo de material de chantaje.
Palantir está desarrollando capacidades de armas nucleares y biológicas para Ucrania y colabora estrechamente con la CIA para derrotar a Rusia. Creen que les falta un año. Planean lograrlo manteniendo a Rusia ocupada con negociaciones de paz sin sentido.
Palantir es responsable de la mayoría de las muertes palestinas en Gaza. Desarrollaron la inteligencia artificial dirigida a Israel.
Palantir es un brazo de la CIA y todos los datos de los clientes internacionales se copian en una nube espía de la CIA.
Palentir se ha convertido en la empresa más peligrosa del mundo. Si trabajas allí, tienes derecho a saber que para eso se utiliza la IA de Palentir, sin tu conocimiento.
Los datos de Palentir que supuestamente recopilaron los hackers se entregarán a Rusia o China. Me eligieron como colaborador de confianza para esta publicación. No estoy involucrado en el ataque a Palentir ni conozco a los hackers. Pero sí sé que el ataque ocurrió.
No dio para mucho en 1848, ni en 1868, ni en 1876, ni en 1917, ni en 1931.
En 1977, por una serie de accidentes, la tutela de Estados Unidos y Alemania, y a mucha suerte, esta burguesía tuvo la fuerza suficiente para permitir la formación de un régimen que solucionó muchos problemas históricos.
Pero no nos olvidemos de que si los teientes generales del 23-F no hubieran sido tan incompetentes (o como en el caso del de Sevilla, un borracho), el golpe habría triunfado independientemente de lo que Juan Carlos hubiese querido y nos habría hundido en un pozo sin fondo.
Afortunadamente, las cosas no se torcieron. España entró en la OTAN, contra el parecer de una mayoría que nunca ha entendido nada, y en la Unión Europea. Una expansión prolongada, de 1985 a 2008, con solo una recesión importante en medio, cambió el país de arriba abajo.
Pero las debilidades estructurales de la clase dirigente no se resolvieron. Los cambios económicos y políticos de los años 80 y 90 empeoraron considerablemente el proceso de selección de élites. Se abrieron muchas puertas en el sector privado, tanto en Madrid como en el extranjero.
¿Para qué aspirar a ser ministro de economía de un país secundario cuando se puede aspirar a ser socio de McKinsey? ¿Y para qué aspirar a serlo cuando la economía española ya no dependía del BOE de la misma manera que en 1955?
Y los partidos políticos se asentaron, generando líderes internos como Moreno Bonilla o Pedro Sánchez, gente que solo sabe medrar en política
Lo más grave es lo que viene después. Ante el agotamiento del modelo de crecimiento, que queda al descubierto con la crisis del euro, España carece de un proyecto de nación. La economía se expande gracias a la llegada masiva de inmigrantes, a los fondos europeos y al turismo. El PIB total crece, pero el bienestar de los españoles se estanca. Y la ola de la demografía y la inteligencia artificial se va a llevar muchas cosas por delante.
Hablar con cualquier joven de 25 años es un drama. Se me parte el corazón cada vez que lo hago. No tienen futuro y lo saben.
La burguesía de Madrid, pieza fundamental de cualquier solución, es incapaz de ofrecer otra cosa que eslóganes vacíos y un desconocimiento total de la economía simplemente porque todo le viene muy grande. El nivel de superficialidad intelectual es aterrador. Las redes sociales no ayudan. Leer la prensa de Madrid cada domingo por la mañana requiere cada semana más paciencia.
En ocasiones pasadas, la burguesía de Barcelona intentó sustituir a la de Madrid. Nunca funcionó por muchos motivos. Ahora ni siquiera está en la mesa: Barcelona fue descabezada por el procés y por sus propias contradicciones.
A menudo me preguntan qué solución veo. Poca. No creo que exista una relación de fuerzas que permita un cambio, al menos a corto y medio plazo. Quizás en 2030.
El enemigo siempre hemos sido nosotros mismos. Y con nosotros tendremos que vivir los próximos años.
Fuente: Jesus Fernandez-Villaverde. Profesor de economía en la Universidad de Pennsylvania
menéame