"La principal causa del antisemitismo en el mundo actual es el hecho de que el Estado de Israel pretenda representar a todos los judíos y esté cometiendo un genocidio en Gaza, en nombre de todos los judíos."
"Israel lleva la estrella de David en sus tanques y aviones mientras mata a mujeres y niños en Gaza; está avivando el antisemitismo constantemente".
Mark Etkind, hijo de un superviviente del Holocausto (video en inglés):
No entiendo qué necesidad hay de sufrir con un café. Son muchos los que se preguntan por qué las cafeterías acostumbran a servir el café hirviendo pero ningún artículo serio trata este tema. Puedes encontrarte varios artículos de puristas del café que te dirán que el café se sirve caliente, amargo, fuerte y espeso; otros van más allá y se atreven a dar un cifra: el café se sirve entre los 49 y los 60 grados y el agua se hierve a 90 grados; y otros, más sensatos te recordarán que las bebidas muy calientes producen verdaderos problemas para la salud que los puristas no tienen en cuenta: aumenta el riesgo de reflujo gastroesofágico, ERGE y esófago de Barrett, puede producir lesiones térmicas en la mucosa y predisponen a cáncer epidermoide de esófago.
El café es una excelente bebida, sólo pueden hablarse cosas buenas del café. Se puede consumir con seguridad hasta 200mg de cafeína al día (1 taza de café espresso o café con leche habitual tiene 80mg de cafeína) e incluso hay estudios que demuestran que ese dintel puede aumentarse hasta los 400mg siendo letales dosis de 5g o superiores. El café acelera el metabolismo, la actividad física y con ello disminuye el riesgo cardiovascular, tiene antioxidantes y más recientemente se ha demostrado que disminuye el riesgo de desarrollo de enfermedad de Parkinson y otras relacionadas. Por tanto, que vaya en contra de uno de los purismos del café no signifique que lo esté echando por tierra, ¡Faltaría más! Soy un defensor del café.
Pero por favor, servidme el café frío.
Sí, soy de los raros. Pido café con leche fría y las reacciones de los camareros son:
- ¿Cómo? (como si le hubiese pedido un plato típico de Papúa Nueva Guinea)
- ¡Un café con leche! (se te ha olvidado lo de fría)
- ¿Un café con leche tibia? (no, te he dicho fría)
- ¿Un café con leche fría o tibia? (la última vez que usé el adjetivo "tibia" fue en mi erasmus de 2013)
En definitiva, no nos podemos tomar el café muchos cuando nos los sirven a esas habituales temperaturas infernales. He pensado en muchas hipótesis:
- El café je aje ajín (tradición)
- El café se sirve caliente para que se atempere mientras te tomas la tostada.
- El café se sirve caliente porque la gente en realidad es masoquista, le gusta quemarse, el dolor y decir lo típico de "ay me espero un poco" (¡Pues claro! Como siempre ¿Es que no aprendes?).
Así mientras termino de escribir esta irrelevancia se habrá atemperado a una temperatura compatible con la vida el café con leche "fría" que acababa de pedir. Era esto o liarla en el bar.
En el programa del 30 de abril de 2026 de 'La hora de La 1', la periodista Silvia Intxaurrondo lanzó una reflexión que invita a replantear el modelo de desarrollo territorial español: en lugar de seguir concentrando inversiones y población en Madrid y Barcelona, ¿no sería más eficiente descentralizar hacia otras regiones?
El minuto 56:30 del 'La hora de La 1' del 30 de abril dejó sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿por qué seguimos concentrando todo en Madrid y Barcelona en lugar de descentralizar? La respuesta del plató fue, directamente, ninguna.
Concretamente Silvia Intxaurrondo interviene el debate con esta magistral intervención: "Con lo que planteas tu del alcalde de Madrid, ¿no?, ¿y por qué no descentralizamos? Es decir, en vez de traer más gente en condiciones de estar mas apretujadillos, ¿por qué no sacamos instituciones que sólo están en Madrid o en Barcelona a otros lugares despoblados?, ¿no?, Y además así se reparte, quiere decir, que el debate puede ser otro, ¿y si repartiesemos por toda España en vez de estar todos apiñados en el mismo lugar y decir ¿cuántos más cabemos? Repartamos un poco, también puede ser el debate"
Minuto 56:30 aproximadamente:
www.rtve.es/play/videos/la-hora-de-la-1/30-04-26/17048116/
Silvia Intxaurrondo lanzó el anzuelo con claridad. Frente al problema estructural de la España vaciada y la presión insostenible sobre las dos grandes urbes, planteó una alternativa lógica: llevar administraciones, inversiones y oportunidades a otras zonas menos pobladas. Desconcentrar, en lugar de seguir densificando dos puntos del mapa hasta reventarlos.
El argumento no es nuevo, pero en un programa de máxima audiencia y con supuesta vocación de análisis profundo, la periodista abría una puerta a repensar el modelo territorial. La pregunta era: si el problema de Madrid y Barcelona es que todo el mundo quiere vivir allí porque allí está todo, ¿por qué no movemos "el todo" hacia ellos?
Lo que ocurrió después es, probablemente, lo más revelador del debate. Ningún tertuliano recogió el guante. Ni uno. El tema de la descentralización —que afecta a vivienda, empleo, desarrollo regional, sostenibilidad y calidad de vida— se evaporó en el aire, como si hablar de reubicar sedes ministeriales, agencias estatales o incentivos fiscales para empresas fuera una entelequia o, peor aún, un tema menor.
En cuestión de segundos, la conversación derivó hacia el terreno de siempre: el "erre que erre" de los alquileres, los precios desbocados y la falta de VPO. Temas reales, sin duda, pero ya trillados hasta el aburrimiento. Mientras se discutía si tocar o no la ley de vivienda o si las comunidades de propietarios son malvadas, la idea de fondo —descentralizar para no necesitar tanta VPO en Madrid— quedó sepultada.
Intxaurrondo no insistió. El formato no se lo permite, o quizás sintió el desierto a su alrededor. Y el debate perdió la única chispa de originalidad que había tenido en semanas. Porque plantear que la solución a la masificación no es construir más en los mismos sitios, sino construir oportunidades en otros lugares, es poner el dedo en una llaga que nadie quiere tocar.
Descentralizar implica mover poder económico y político. Significa que algún ministerio salga de Madrid, que una agencia europea se instale en Teruel o que un gran centro logístico elija León antes que el Corredor del Henares. Y eso, sencillamente, no interesa ni a los grandes grupos inmobiliarios ni a las autonomías que viven del centralismo de facto.
El resultado fue un debate cojo: se habló de los síntomas (precios altos, falta de vivienda) pero no de la causa estructural (sobredemanda provocada por una hiperconcentración absurda). Y mientras los tertulianos reciclaban sus monólogos sobre alquiler vacacional y okupación, la propuesta de Intxaurrondo quedaba reducida a un "minuto de oro" que nadie supo aprovechar.
Al final, la sensación es agridulce: el problema se nombró, pero nadie quiso discutirlo. Y España seguirá echando horas de vuelo a un debate territorial del que todos hablan pero nadie aborda de verdad.
menéame