En noviembre de 2022 se aprobaron los últimos Presupuestos Generales del Estado. Se dice pronto, ¿eh? Pero es lo que hay. Desde entonces, se vienen prorrogando esas cuentas con algunos parches puntuales, pero sin que haya sido posible aprobar otras.
Esto no es sólo una anomalía democrática, sino que es una forma de hacer recortes sin que se note mucho, razón por la que la derecha, la económica, la de verdad, hace como que grita, pero en el fondo se parte el culo. Si tuviésemos un gobierno que anunciase recortes del 10%, y más si fuese el gobierno de Feijoo, por ejemplo, tendríamos a la mitad del país en ebullición y cincuenta portadas en Menéame sobre lo mucho que matan los recortes. Alguno puede que hubiese creado ya algún eslogan con una cifra de muertos. Y más de un 10% es lo que se ha recortado el gasto público desde los presupuestos de 2022 por la vía de que no exista partida consignada para esto o para lo otro.
Pero como se trata solamente de seguir gobernando, atornillados a la poltrona, sin aprobar o presentar siquiera unos presupuestos, aunque ello sea un deber constitucional, entonces parece que eso no mata, ni empobrece, ni entorpece, ni quita oportunidades. Estos recoirtes parece que no son recortes, ¿verdad?
Cuando no hay presupuestos, no se pueden emprender nuevas inversiones. Cuando no hay presupuestos, no se pueden crear nuevas partidas para nuevas necesidades. Cundo no hay presupuestos, se pueden prorogar algunos gastos, pero cada incremento debe ser aprobado pro una ley aparte, como está sucediendo con Defensa. Por ese motivo España va como un tiro a nivel macroeconómico, se ha reducido nuestro déficit y se ha reducido nuestra deuda: porque sin presupuestos no se puede gastar.
Los recortes de verdad, son esto. La austeridad de verdad, es esto. Se sigue recaudando, y aumenta la recaudación porque no se han deflactado las tablas del IRPF, pero no se puede gastar ni se pueden acometer inversiones. Esto es el puto paraíso de los liberales, y no lo estamos viendo. Por eso en Europa nos felicitan y hacen la vista gorda: porque mientras no haya presupuestos, el gasto se ha encarrilado solo, sin protestas en la calle, sin dramas, y sin muertos.
Así las cosas, con las protestas amordazadas y las cuentas congeladas, nadie va a mover realmente un dedo para que Sánchez convoque elecciones antes de 2027. Se allanará lo posible el camino pra que el btcazo sea mortal cuando estas se convoquen, pero nadie, en el poder real, tiene la menor prisa. ¿Para qué? ¿Para hacer unos recortes impopulares que ya se están haciendo ahora por la vía de los hechos?
Para eso, que siga el que está, desangrándose otro poco, mientras en las autonomías, que es donde se corta el bacalao más suculento (50% del gasto público), está todo en las manos adecuadas.
Y a veces aplaudimos. Parecemos gilipollas.
Estos días la comunidad matemática está revolucionada. El exdirector de ingeniería de Google DeepMind, David Budden, sorprendió a propios y extraños proclamando que había resuelto uno de los problemas del milenio: el de Navier–Stokes, utilizando una inteligencia artificial generativa (un LLM). Lo que parecía una hazaña histórica ha derivado, para muchos, en un caso de psicosis por IA.
Los problemas del milenio son siete problemas matemáticos cuya resolución está premiada con un millón de dólares. A día de hoy, solo uno ha sido resuelto: la conjetura de Poincaré. Su autor, Grigori Perelman, rechazó tanto el premio como el reconocimiento institucional y se retiró de la vida académica.
El problema de Navier–Stokes trata de entender el comportamiento de los fluidos. Las ecuaciones que lo describen se usan habitualmente en simulaciones físicas, por ejemplo en cine o videojuegos. Pero el problema matemático es mucho más profundo: dado un estado inicial del fluido, ¿puede demostrarse que la solución existe para todo tiempo y que no aparecen singularidades (valores infinitos o comportamientos físicamente imposibles)?
David Budden, ahora CEO de una startup llamada PingYou, afirma haber resuelto este problema usando un LLM, y ha llegado incluso a apostar 10.000 dólares a que su demostración es correcta.
x.com/mhutter42/status/2001857421569032444

La prueba presentada por Budden consistía en una formalización del problema y su supuesta solución en Lean, un asistente de pruebas matemáticas que permite verificar demostraciones formales. lean-lang.org
Sin embargo, para demostrar algo en Lean es necesario definir el problema con precisión absoluta. Y aquí surge el punto crítico: no existe todavía una formalización completa y aceptada del problema de Navier–Stokes del milenio. La comunidad matemática detectó rápidamente que la definición usada por Budden no correspondía al problema original, sino a una versión simplificada que ya había sido estudiada y resuelta décadas atrás.
En otras palabras: no se resolvió el problema de Navier–Stokes, sino un problema distinto que se le parecía superficialmente.
Aquí aparece el punto clave: un LLM no razona sobre la intención matemática del problema, sino que opera por reconocimiento estadístico de patrones lingüísticos. Cuando se enfrenta a un problema abierto, tiende a colapsar hacia el problema conocido más cercano, rellenando los huecos con hipótesis.
Algo similar ocurre en programación: un LLM puede generar código que compila y pasa tests, pero si también genera los tests, está dejando fuera precisamente aquello que no sabe comprobar. El famoso unknown unknown.
A pesar de las críticas de la comunidad matemática, Budden ha seguido defendiendo su postura. De hecho, ayer anunció en un estilo pasivo-agresivo que publicará la prueba en cinco entregas “al estilo MCU” (universo marvel).

Aquí el problema es confundir la validación formal de un sistema con la resolución de una pregunta matemática abierta.
En internet se ha especulado con que este caso podría encajar en lo que coloquialmente se denomina psicosis por IA. El término describe situaciones en las que la interacción con sistemas de IA contribuye a:
¿Estamos ante un caso de psicosis por IA?
¿Un sesgo de validación llevado al extremo?
¿O realmente alguien ha resuelto uno de los problemas del milenio?
Por ahora, la comunidad matemática sigue esperando pruebas reales. El desenlace, de momento, sigue abierto.
Que vengo yo de leer esto, y que luego en los comentarios habla la gente de que ya existen otros así en las grandes ciudades, lo que no pongo en duda ni de lejos.
El caso es que varoas veces os he contado ya que he hecho unas cuantas cosas para una señora que tiene una casa rural en la montaña leonesa, en el quinto carajo, y me sé un poco la normativa.
¿Cómo es posible que pidan un tamaño mínimo para las habitaciones donde Satán perdió el botijo y no lo pidan en una ciudad como Madrid? Porque me consta que en la sierra de Madrid se le pide lo mismo a las casas rurales. No lo digo con total certeza, pero creo que son 10 metros cuadrados como mínimo para una habitación individual y 16 metros cuadrados para una doble.
¿Es que la costumbre urbanita de vivir apiñados ha llegado a la legislación, o me he perdido algo? Porque si por estos montes se le ocurre a alguien construir un dormitorio-panteón o meter la cocina, el dormitorio y el retrete en el mismo espacio, lo empapelan los de sanidad y los de turismo hasta el techo...
¿Qué clase de regulación rige a esos hoteles cápsula?
Se agradece cualquier luz que alumbre este despropósito.
menéame