Epstein en 2018: "Trump es psicótico, no dudaría en provocar un ataque contra EE.UU. para 'defender' el país. Si caigo, me llevo a todos." Esto mientras hablaba con contactos sobre Siria, Rusia y la Casa Blanca.



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Tengo la desgracia de trabajar con redes sociales. Es una de mis responsabilidades en un puesto multitareas. No es la parte más importante de mi trabajo, pero sí uno de los engranajes esenciales de la monstruosa máquina de la información, que en estos tiempos se desempeña como mono con escopeta ante un entorno que la IA está redibujando. Lo diré sin rodeos: pinta mal para los que peinamos canas pero aún no apuntamos en el calendario la fecha de la colonoscopia anual.
El paulatino declive de las redes basadas en texto se revela en cada informe mensual. TikTok e Instagram tienen el poder de atracción de un agujero negro. Podríamos recorrer la galaxia si transformásemos en energía todas las horas que la humanidad ha perdido en la tragaperras de los reels. Esclavos del algoritmo, que sabe bien que tira más un buen trasero que leerse un artículo entero, los usuarios, consumidores o seguidores, y algún que otro lector, están abandonando en masa los medios que mal les han querido para asomarse al pozo del entretenimiento corto, rápido y repetitivo.
Y en esas estamos. Nos piden que dediquemos más esfuerzos a la "creación de contenido", bonito eufemismo para hablar del reempaquetado, recalentado, refinado y ultraprocesado de la información para su filtrado rápido en el cerebro de los otros, donde no quedará nada, solo un sedimento de dopamina cada vez menos gratificante. Nos piden que contribuyamos a masacrar la capacidad de concentración de los usuarios en nombre del informe mensual.
La información sosegada aburre. El discurso moderado aburre. Los cuerpos normales aburren. Un plano de más de dos segundos aburre. Si no eres histriónico, no eres nadie. Si no gesticulas mucho, nadie te escucha. Y todo está saturado en el mercado de la mediocridad. ¿Es ese vídeo real o está creado con IA generativa? "Espera, que voy a comprobarlo en Google". Pero solo aparecen enlaces al mismo vídeo en otras plataformas y en la página de algún medio de comunicación que cita como fuente la misma red social en la que tú lo has visto. Es el ciclo de la "mierdificación" (perdón por el tecnicismo).
Lo que peor llevo, como amante del cine, es la relación de aspecto 9:16. Eso, y la velocidad a la que un joven experto en la materia nos recomendó acelerar los vídeos y cambiar de plano. Adiós a saborear un trávelin. Arriba la repetición, la cantidad de reproducciones del mismo bucle de 15 o 30 segundos con una voz artificial y un tema convertido en meme como banda sonora. Hay que ocupar toda la pantalla del móvil, de arriba a abajo, con lo importante en el centro. Con el experto bromeábamos al decir que en un futuro próximo las pantallas de cine serían verticales.
Solos nos reímos los viejos.

A principios del siglo XVIII, si un viajero se hubiera detenido en una taberna a 45 kilómetros al este de la Puerta del Sol, es muy probable que no hubiera entendido ni una palabra de lo que decían los parroquianos. No estaba en las montañas de Navarra, sino en pleno páramo castellano. Se encontraba en Nuevo Baztán, el rincón de Madrid donde el euskera fue, durante décadas, la lengua de la innovación y el progreso.
El responsable de este fenómeno fue Juan de Goyeneche, un influyente político y empresario nacido en Arizcun (Navarra). Goyeneche no se limitó a construir un pueblo; trasladó un ecosistema humano completo.
Para poner en marcha sus ambiciosas fábricas de vidrio, paños y sombreros, no confió en la mano de obra local, poco acostumbrada a la disciplina industrial. En su lugar, lanzó una "oferta de empleo" masiva en su tierra natal. Cientos de familias del Valle del Baztán bajaron a Madrid, trayendo consigo sus herramientas, sus costumbres y, por supuesto, su lengua.
En el Madrid de los primeros Borbones, la "Hora de Navarra" (como la definió el historiador Caro Baroja) dominaba la corte. Para esta élite de banqueros y administradores, el euskera funcionaba como un vínculo de lealtad absoluta.
Nuevo Baztán fue un experimento cosmopolita sin precedentes. Mientras en las casas y plazas se escuchaba euskera, en los hornos de vidrio se oía francés (traído por maestros de Reims) y en los despachos de administración el castellano era la norma para tratar con la Corona.
Era un Madrid bilingüe y productivo, donde el euskera no era una lengua de resistencia, sino una lengua de emprendimiento.
¿Por qué dejó de hablarse? La respuesta es puramente demográfica. Nuevo Baztán nunca llegó a ser la gran metrópolis que Goyeneche soñó. Tras su muerte en 1735, las fábricas empezaron a cerrar por la falta de combustible y la competencia de las Reales Fábricas.
Sin el flujo constante de nuevos trabajadores navarros, la comunidad original se fue diluyendo. Los hijos de aquellos pioneros, integrados en la vida de la capital y casados con gente de los pueblos vecinos (Olmeda, Villar del Olmo), adoptaron el castellano como lengua única. En apenas tres generaciones, el euskera se extinguió en el páramo, dejando como único testigo el nombre del pueblo.

Publica el Heraldo de Aragón un gráfico de sectores sobre los municipios por población de la provincia de Zaragoza que es la más de peculiar, ya que si sumamos los porcentajes, no es que no lleguen a 100% o lo pasen, es que ni siquiera llegan a sumar 50%, quedándose en un 45,7%.
Si visteis el discurso de la "estado de la nación" de Trump ayer por la noche no habéis dormido bien. No pude quitármelo de la cabeza en todo el día, pero no por el contenido político en sí sino por la puesta en escena en el Congreso. Me recordó muchísimo a las imágenes que nos ilustra Antonio Scurati, el escritor napolitano, en su serie M.
Es esa sensación de que el Parlamento ha sido tomado por una especie de bestialidad. No son hombres disfrazados con cuernos, como los tristes hechos de hace poco más de cinco años, sino políticos que supuestamente han sido votados para resolver los proviene de sus votantes. Ya no hay política de verdad, de esa que busca soluciones; no hay debate, ni siquiera un intento de discutir los problemas reales de la gente. Hay demagogia, niñas de seis años expuestas, y equipos se hockey ganadores de medallas celebrados por los ultras. Todos ellos blancos y anglosajones por supuesto. Lo que vimos fue puro escarnio y espectáculo por un lado, y por el otro, una parte de la cámara absolutamente escandalizada, sin saber cómo reaccionar ante el rugido.
Es tristísimo ver cómo esta decadencia se asemeja cada vez más a la Roma de los años 20 y 30. Afortunadamente en Estados Unidos no estamos viendo la violencia física sistemática que desangró a Italia en aquella época (todavía). Pero el escenario, la estética y ese desprecio por las formas democráticas son un calco.
Estamos pasando de la oratoria al grito, y del argumento a la humillación del contrario. Si no habéis leído M, hacedlo; da miedo ver cómo lo que Scurati describe como el fin de una era en Europa se parece tanto a lo que se proyecta hoy en nuestras pantallas.
Aunque hay que decir en honor a la verdad que Mussolini no era un pedófilo, empresario fracaso estrella clown del show business de su época. Hasta en eso hemos ido a peor.
Entradilla:
Si llegan recortes, el resultado previsible es peor acceso, más desigualdad y más gasto a medio plazo. Propongo un marco sencillo: que la sanidad privada opere subordinada al interés general y que el beneficio del inversor quede ligado a mejoras verificables en la salud de la población.
Cuando se recorta, normalmente se traslada presión al sistema: aumentan listas de espera, se reducen recursos en primaria y se agravan brechas entre quien puede pagar y quien no. A la vez, crece la tentación de “externalizar” sin controles reales.
La sanidad privada puede existir, pero supeditada al interés general.
Y si participa en servicios que afectan al conjunto, su retribución no debería depender solo de volumen/actividad, sino de resultados.
Planteo vincular parte del beneficio privado a resultados medibles. La idea es simple:
si la salud general mejora de forma verificable, se gana más; si empeora o no mejora, se gana menos.
No es “privada sí o no”. Es alinear incentivos: que ganar dinero dependa de mejorar salud real, no de multiplicar actos médicos o de capturar rentas durante recortes.
Cierre:
Si vamos a pasar por ajustes, prefiero discutir un marco que proteja resultados y equidad. ¿Qué indicadores pondrías tú? ¿Qué controles serían imprescindibles?
Pues sí, oye: después de 45 años de secretismo, la montaña parió un ratón.
¿De verdad han mantenido en secreto estos papeles durante 45 años? ¿Qué demonios nos han aportado que no fuesen cuatro chorradas para las revistas de la víscera húmeda y tres tontadas para forofos muy cafeteros?
Nada.
Tras echarle un vistazo a los documentos desclasificados le queda a uno la impresión de que nos han tomado el pelo, de que han escamoteado lo importante, de que todo lo que vemos ha sido mil veces filtrado y expurgado, y de que lo verdaderamente interesante no estaba por escrito o ha ido desapareciendo en una especie de naufragio de humo y niebla, al estilo de Walther Nebe y su Gestapo, convertida en CIA por la Gracia de Dios.
La conslusión que uno saca es que lo sabía todo el mundo, que todo el mjndo participaba, y que todos los partidos estaban a ver qué tajada le sacaban a la cuestión, empezando, desd eluego, por Fraga y su AP, pasando por todos los medio conservadores y acabando por ciertas fuerzas progresistas que no le hacían ascos al posible rédito político de una revuelta incruenta, al estilo performance decimonónica. Sólo fató que Tejero entrase a caballo, como Pavía, y que dijesen una misa dentro.
En este circo, me temo que los trapecistas son de plantilla y los payasos están entre el público.
Manda carajo.

Indican en El Economista que la sentencia sobre los aranceles de EEUU hará aumentar la deuda en 2,4 millones. Cantidad ridícula que solo pueden ser billones.
Aunque es algo no raro en El Economista, que aquí se quedan muy cortos, pero en otras ocasiones se pasan cinco pueblos, como en esta tabla sobre de datos económicos de Castilla y León, donde han puesto en las exportaciones millones, cuando deberían ser miles de euros.

menéame