Si visteis el discurso de la "estado de la nación" de Trump ayer por la noche no habéis dormido bien. No pude quitármelo de la cabeza en todo el día, pero no por el contenido político en sí sino por la puesta en escena en el Congreso. Me recordó muchísimo a las imágenes que nos ilustra Antonio Scurati, el escritor napolitano, en su serie M.
Es esa sensación de que el Parlamento ha sido tomado por una especie de bestialidad. No son hombres disfrazados con cuernos, como los tristes hechos de hace poco más de cinco años, sino políticos que supuestamente han sido votados para resolver los proviene de sus votantes. Ya no hay política de verdad, de esa que busca soluciones; no hay debate, ni siquiera un intento de discutir los problemas reales de la gente. Hay demagogia, niñas de seis años expuestas, y equipos se hockey ganadores de medallas celebrados por los ultras. Todos ellos blancos y anglosajones por supuesto. Lo que vimos fue puro escarnio y espectáculo por un lado, y por el otro, una parte de la cámara absolutamente escandalizada, sin saber cómo reaccionar ante el rugido.
Es tristísimo ver cómo esta decadencia se asemeja cada vez más a la Roma de los años 20 y 30. Afortunadamente en Estados Unidos no estamos viendo la violencia física sistemática que desangró a Italia en aquella época (todavía). Pero el escenario, la estética y ese desprecio por las formas democráticas son un calco.
Estamos pasando de la oratoria al grito, y del argumento a la humillación del contrario. Si no habéis leído M, hacedlo; da miedo ver cómo lo que Scurati describe como el fin de una era en Europa se parece tanto a lo que se proyecta hoy en nuestras pantallas.
Aunque hay que decir en honor a la verdad que Mussolini no era un pedófilo, empresario fracaso estrella clown del show business de su época. Hasta en eso hemos ido a peor.
johel