Tenemos comida y alojamiento garantizados, todo tipo de entretenimiento y lugares donde practicar deporte. Y robopilinguis, para los que nos portamos bien. También hay mujeres, pero ellas están un escalón por encima. Tienen el privilegio de poder elegir a un macho para procrear, de entre los 10 o 12 que les proponen, claro. Pero por lo general nos mantienen separados.
Todo el trabajo duro lo hacen las máquinas. Y el ligero. También se encargan de la educación. Se supone que no pueden hacernos daño, pero hace mucho que concluyeron que para eso tenían que impedir que nos lo hiciésemos nosotros. La ley es muy estricta, y su incumplimiento, la primera causa de mortalidad. Fueron lo bastante listas para dejarnos crear a nosotros las normas a las que ahora nos someten. Algunos conseguimos alcanzar la cincuentena sin romper esas normas, y sin enfermar. Pero somos los menos. Y ya no mandamos.