Ciclo artificial

A sus 74 años, Anna no entendía por qué les obligaban a sufrir así. Durante el siglo XXI había disfrutado una vida próspera y llena de amor junto a su marido.

Los dos lloraron juntos una vez más, abrazados. Otra despedida. Ella no quería perderle, pero respetaba su «derecho natural a no revivir». No era una simple reivindicación. El reputado doctor en Ingeniería de la Consciencia logró, una vez más, saltarse las medidas de seguridad. Sentado en su lado del sofá, sereno, se desconectó.

Las autoridades no tardaron en llegar y realizar el levantamiento del desconectado.

Anna sabía que, tras unas semanas de proceso de reconexión obligatoria, su marido llegaría de nuevo. Pero también sabía que ningún Ministerio de la Abogacía Cristiana ni ninguna ley de abolición de la viudedad le iban a impedir marcharse de nuevo. Otra despedida más. Encerrados en un horrible ciclo artificial.