Creemos no equivocarnos si afirmamos que, en más de una ocasión, habrá escuchado hablar acerca de los amplios beneficios que tiene para una ciudad que su equipo de fútbol masculino esté en Primera División. Y no sólo a los presidentes de dichos equipos, sino a políticos locales o regionales que, al calor del ascenso a Primera, suelen acordar promociones publicitarias con el club, entre otros usos de dinero público.
Ante estas afirmaciones, los economistas nos preguntamos: ¿Qué análisis confirma que esto sucede?