Al principio de mi carrera, trabajé para una mujer de mal genio quien, según un rumor de la oficina, le había lanzado un zapato a uno de mis predecesores. Desconcertada por sus exabruptos, caminaba de puntillas y tartamudeaba a su alrededor, temiendo el día en que me lanzara un tacón. Entonces un amigo me pasó Coping With Difficult Bosses, de Robert Bramson, publicado en 1992. El consejo sólido y desencantado del libro, propio de quien ya lo ha visto todo, me sacó de la espiral de la rumiación y me devolvió la entereza. Aprendí de Bramson ...