Los maquinistas de tren han llamado a la huelga y es como la primera revolución postsanchista, una revolución proletaria y carbonífera, como aquéllas que eran más por la vida que por el trabajo, cuando los obreros morían dentro del carbón como dentro de un volcán. A Óscar Puente, tan emocional, la huelga le parece sólo fruto del “estado de ánimo” de los maquinistas, adjudicándoles una especie de viudez histérica en vez de la lógica preocupación por su vida, por su futuro y por la situación herrumbrosa y cochambrosa del ferrocarril en España...