Grisgoblin con El Sueño de Morfeo se alza con la la victoria en la segunda semana demuestro ciclo sobre los futuros imperfectos www.meneame.net/m/microrelatos/sueno-morfeo-futuroimperfecto
Crawford cerró el pestillo del patio, y se dispuso a morir de inanición.
Recordó cómo había llegado hasta aquí. Cómo pensaba que la edad de cada gen podía ser muy distinta, uno podía datar del Pleistoceno, por ser muy efectivo o no haber sufrido mutaciones, y otro del Holoceno inferior, o incluso ser muy actual. Así, cada ser es una combinatoria de muchos genes, y algunos seres podían ser más arcaicos que otros.
Su hipótesis era cierta, y frente a la evidente decadencia de la especie, se imponía la eugenesia regenerativa.
El resultado fue una gente más robusta, más honesta, más creativa y más justa. Un humano más espiritual y menos violento. El ganado ideal para el sapiens astuto, sibilino y oportunista. No servían como soldados, pero sí para todo lo demás.
Incluso siendo más inteligentes, se les dominaba con violencia.
El resto es historia, que escribirán los vencedores.
"Si el universo es una inconcebible ordenación de partículas subatómicas, infinitas para nuestra capacidad cerebral, cada instante está creando infinitos futuros por cada pequeña diferencia en la posición o velocidad de sólo una de esas partículas. Algunos de esos futuros son casi idénticos: en uno de ellos usted sigue siendo usted, salvo por un átomo adicional de selenio en uno de sus cabellos. Igualmente nuestro presente es fruto de infinitos pasados cuyos cambios de estado condujeron a este ahora. No sólo cualquier futuro es posible, sino también cualquier pasado ha podido ocurrir para que usted sea usted hoy y aquí.
Usted elige: puede preocuparse por un probable futuro imperfecto, o regocijarse con un glorioso y triunfante pasado ."
Decidí firmar el contrato. Por un descuento salarial mensual recibí el derecho a no quejarme del futuro. A cambio el Ministerio certificó que, cuánticamente, no era imposible que yo hubiera sido Cleopatra.
-Bien, datos biométricos actualizados, titulo superior universitario, formulario policial, ficha bancaria, impuestos al día, huella de carbono, aquí veo una multa en reciclaje, pagada pero multa...
-Sí, confundí el nanocartón con el precompostado, pero pagué gustosamente la multa al momento.
-...Ficha médica, todo bien. Pasemos al Test de Votantes... Póngase este sensor en el dedo. Dígame tres puntos que recuerde del programa del Grupo Pópulus.
-Sí, liberalizar las leyes de conducción de los vehículos autónomos, aumentar el mínimo de hijos a dos por familia, ehm... Incrementar presupuesto de soldabots...
-Bien, ha mostrado dudas en la tercera, nada especial, medio segundo... Dígame tres del Partido Doble Equis.
-Ehm... Enviar tropas al conflicto de Madagascar...
-No, lo siento, eso es del Grupo Libertades. Este año no podrá votar.
-Por favor, deme otra oportunidad, necesito votar para la prima anual de voto... Tengo cuatro hijos y...
-Lo siento.
Bienvenidos a la XLIV edición de Supervivientes en pelotas, este año en Orcasitas.
Los concursantes ganan puntos con los orgasmos de los televidentes, que pueden vivirlo en primera persona con su sensotraje y sus lentillas 3D. Recuerden que pueden teledirigir sus acciones durante unos minutos sin restricciones enviando un CryptoMS de pago.
La favorita es ZorritaPresumida40, que ganó la edición anterior provocando un orgasmagnum en toda la meseta tras violar a RataVioleta26 con una seta alucinógena, controlada por KarmaSutra69.
Su contrincante fue descalificado al ser cazado masturbándose con fotos de poliedros sensomorfos generados por IA, lo que llevó a descubrir que se pinchaba Sensaciones Ajenas, la droga que está haciendo estragos entre la juventud.
Recuerda: Di no a las drogas Open Source, las nuestras están testadas en clones sin neocortex: Pura Amígdala.
¡ Ya salen los concursantes tatuados por sus sponsors ! Prepucios Martínez, Clonamos tu Suegra...
¡ Que gane el más bestia !
Después de la última guerra interminable, el primer presidente independiente de los Estados de la América Unida aprobó una ley: ningún fondo federal podría financiar guerras de agresión.
Las multinacionales encontraron una solución sencilla. Si el Estado no pagaba, lo harían los consumidores.
Las guerras pasaron a financiarse con microdonaciones, suscripciones y publicidad. Cada ofensiva tenía patrocinadores. Cada bombardeo generaba ingresos. Solo los conflictos con suficiente audiencia podían mantenerse activos.
Las grandes tecnológicas competían con ONGs y activistas por captar fondos y atención. Los analistas seguían las métricas en tiempo real: reproducciones, engagement, donaciones.
Una tarde apareció una alerta en el panel.
La guerra estaba perdiendo apoyo.
El algoritmo sugirió varias alternativas para recuperar audiencia.
La paz no aparecía entre ellas.
De 2026 al final del mandato del ínclito Perro Santxe, las mujeres pasaron a ser mayoría en la carrera judicial y a controlar los órganos de gobierno. A su muerte, la coalición de Extremo Centro Radical MEGL (Make España Grande y Libre) lo tuvo claro: había que proteger a los hombres.
Aprobaron la Ley de Representación Masculina Obligatoria, pero los varones de bien ya eran cryptobros, así que las plazas se cubrirían por sorteo entre varones mayores de edad.
«Sentido común», dijeron.
Al principio costó. Muchos no sabían ni por dónde empezar, aunque aprendieron rápido.
Demasiado rápido.
Sin contactos, sin favores que devolver ni apellidos que proteger, aplicaron la ley tal cual estaba escrita. Cayeron concejales, empresarios, consejeros, magistrados.En pocos meses, sin corrupción, España empezó a parecer un país de vanguardia.
Intentaron derogar la ley.
Ya era tarde.
No era una guerra de sexos.
Era de clases.
Sujeto mi segundo ron en la mano, el primero ni tocó la mesa. Los demás siguen a mi lado, no me dejan solo. Acumulamos meses crepusculares… ya no queda ningún abuelo, muy pocos padres, incluso algún hermano marchó. Hoy soy yo el que no ríe y contesta con monosílabos.
Observo un mundo que no soñé de joven. Este presente es el futuro imperfecto de aquel inmaduro impulsivo. Y, con todo, le diría que no se rinda, que ha valido la pena. Pudo ser mejor, seguro. Pero cada segundo valió la pena.
Tengo que seguir, se lo debo al joven que no se rindió, se lo debo al abuelo que recordará satisfecho mientras se apaga.
Agito el hielo en el vaso, dejaré que se derrita. He de saborearlo. Este ron lo haré durar, os lo prometo.
-Hay que quitar otro pilote.
-Caballero, metemos y sacamos coches en el concesionario cada día. ¿Quiere que lo saque yo, y lo prueba desde fuera del aparcamiento?
-No, no, pero…… no parece que el coche vaya a caber por ahí.
Claro, él venía de usar utilitarios, pequeños, económicos, fáciles de aparcar y de mover. O igual es que ya estaba hecho a su coche y el que pretendía adquirir le parecía enorme. Ese dinero extra, inesperado, se sumaría al que venía ahorrando para comprarse el coche de sus sueños, ya un modelo sustituido por otro más moderno, pero ese era el suyo, ese del que se enamoró en cuanto lo vio, y tenía que ser suyo aunque fuera de segunda mano.
-Deme las llaves, vamos a dar una vuelta.
-Están puestas. Le acompaño.
Sentado al volante, aun sabiendo que entró por ahí, se dirige hacia la salida pensando "no pasará…"
Pero tampoco solo por tus errores. Porque no actúo como un trepa, pelota, ni palmero, pero tampoco como enemigo. Tampoco soy un castigador. Decidiré si mereces la pena, o no, pero reconociendo que no todo es pefecto, ni todo malo en tí. Con tus grises e incluso con colores. Por eso la vida y las conversaciones nos acercarán y nos alejarán. Me alegro de no ser juez, y no tener que evaluar solo una pequeña fracción de tí. Y también me alegro de poder tener una opinión compleja. Duermo mejor así.
No puedo seguir, escucho... tus comentarios.
Me juzgarán como un cobarde equidistante.
Esta semana con 19 meneos ombresaco se corona como ganador con su microrrelato Te juzgarán solo por tus aciertos (yo no)
www.revistamercurio.es/2026/04/19/te-juzgaran-solo-por-tus-aciertos-yo
El reportero tuvo que pelear con colegas, guardaespaldas y un perro de aguas para llegar hasta Salustiano Colmíllez, recientemente agraciado con el bote, el bidón y el tonel de la Lotería Primitiva Mundial y Cósmica.
Porque no eran unos milloncejos. Eran nada más y nada menos que ocho mil cien millones de euros.
Amparado por el temor reverente al directo, nuestro cronista logró arrastrarse hasta las botas del protagonista y formular la pregunta decisiva:
—¿Qué va a hacer con los ocho mil cien millones, Salustiano?
El interpelado, más pelado que inter a juzgar por los derrapes de las moscas sobre su cráneo, se aclaró la garganta y miró a la cámara.
—¿El dinero, me dice? Pues juntarlo con los otros nueve mil quinientos millones de euros que ya tengo en el banco. ¡Vaya pregunta! ¿O se cree que la Fortuna no sabe bien lo que hace?
-...Entre Casa del Centinela y Arroyo de la Higuera, en medio de ninguna parte...
-Ese gilipollas portugués casi mete la pata...
-Se corrigió al momento.
-Porque le dimos un toque desde aquí.
-¿Y dónde está la cosa ahora?
-Ni idea.
-Y quién la tiene.
-Ni idea. Nosotros no.
-En el informe dice esferoide de aspecto cristalino de un metro cúbico aproximadamente. ¿Y los ojos y oídos que tenemos en esa zona no pillaron nada?
-Nada. A 500 metros emitió ese pulso concreto y descendió al suelo... quedó entre un camino de tierra y unos árboles. Y la red eléctrica se fue al cuerno.
-Pero si pedimos tiempo para poder moverlo y llevarlo a...
-Pues allí no lo tienen, ni los franceses, ni los alemanes, ni los españoles, ni...
-Los ruskies descartados y los chinos también... No se puede haber perdido eso. Tengo en el informe que mandamos a gente de la base de Morón y de Rota, y de la base gris que tenemos en Beja, Portugal.
-Hubo que traer una grúa y meterla allí en mitad del campo, pesaba unas cinco toneladas o así.
-Cada vez que están los españoles metidos en una de estas se lía... ¿se les ha dado el toque?
-Cuatro veces. Van a colaborar, claro.
-¿El señor naranja lo sabe?
-No, y no lo sabrá.
-Bueno, tenemos que encontrar esa cosa. Pon a los tuyos en marcha.
-Vale. Esta conversación no ha tenido lugar. Eliminando rastro completo y registro.
-Clic.
Esto no podía estar pasando. Solamente se trataba de una prueba.
Había elucubrado si la bomba de haz de neutrinos sería capaz de barrer la esfera desde un punto de la misma, y le pareció que bastaba con alinear el eje del plano a una tangente que fuera perpendicular al centro.
Pero olvidó que estaba en producción, y no en el entorno de pruebas, maldita sea.
Había aniquilado toda la vida del planeta basada en el ADN. Había matado a toda su familia, a todos los seres vivos. Cada planta, cada bacteria. Cada. Ser. Humano. Salvo él, que estaba dentro de la esfera emisora.
Pensó en buscar viviendas con placas solares para almacenar alimento fresco. Pensó si las nucleares tendrían auto apagado. Pensó infinitas cosas, para no pensar.
Había desencadenado el apocalipsis, y solamente pensaba en comer.
El granjero fue al mercado y compró un pavo chiquitín. El pobre bicho, iba en una caja, de cartón aterrorizado, por los vaivenes del coche. Finalmente llegó a casa y lo soltaron el corral.
Allí también pasó muchísimo miedo. Estaba rodeado de unas bestias gigantescas que le lanzaban picotazos, de una especie de león con unas uñas terribles y de un lobo gigantesco que lo empujaba con el hocico.
La primera noche, fue horrible. La segunda, mejor. En una semana, estaba a gusto. En tres meses, era el dueño del corral. Todo iba magníficamente. Su optimismo y su confianza en la vida aumentaban cada día, por buenas razones.
Hasta el día de Nochebuena.
Otros pavos, en los años siguientes, escucharon la historia a finales del otoño, pero aunque nadie dudó de su veracidad, la consideraron unánimemente un hecho asilado.
La parte izquierda del cerebro me estaba creando tensión en la parte derecha. Lógica, analítica, y sobre todo siendo "un pesao". La parte derecha andaba a por uvas, como siempre.
-Que me dejes, que no se me ocurre nada que escribir de lo de la mierda esa de Eurovisión.
-Bueno, tú mismo has dicho que esto era un juego... un entretenimiento.
-Ya, sí, pero estoy con otras cosas ahora, déjame en paz.
-Cinco minutos, venga, y así concursas. Y te relajas de todo lo otro que andas escribiendo.
-Bueno, vale. Terror. Comedia. Drama. Documental. Bah... no sé. Ni idea. Hay buenos escritores en el foro.
-Acuérdate cuando Eurovisión era un concurso de cantantes.
-Odio las competiciones y lo sabes. No hay nadie mejor o peor, hay personas. Hay cantantes.
-Piensa en el lío de Israel este año.
-No hay mucho que pensar en eso, hemisferio pesado, es lo que hay.
-Venga, bah, ponte a pensar de esa manera que haces tú en tu lado.
-Déjame tranquilo. Mira, te doy un titular mental: La vida es dura y luego te mueres. ¿Te vale?
-No sé, esperaba algo más de tu lado.
-Y yo del tuyo, pero las bombas siguen las leyes de la gravedad.

Desde Juan Guerra a David Sánchez pasando por Tomás Díaz Ayuso, los hermanos siempre han sido un quebradero de cabeza para los dirigentes políticos. Sombra incómoda o escudo providencial, estorbo o emisario, cada hermano es un personaje secundario que amenaza con robar el foco, un apellido que pesa, una llamada que compromete. Esta semana, el Concurso de Microrrelatos de Menéame propone zambullirse en esas lealtades mal gestionadas, en esos lazos de sangre que, lejos de unir, tiran en direcciones opuestas. Porque en política, como en la literatura, a veces los familiares no se eligen: se heredan.
Una semana más, Mara y Rubén se abrazan en el reservado. De vez en cuando se besan, unas veces como viejos amantes y otras con más pasión, hasta que alguien los elige.
Es un conocido club de swingers, de intercambios de parejas. Mara es conocida por ser capaz de tener cinco orgasmos en veinte minutos, y Rubén por se capaz de provocarlos.
Todo el mundo disimula.
La norma es que tienes que ir con tu pareja, para añadir al sexo el morbo de la infidelidad y de los celos. Todo el mundo saber que estos dos son hermanos, pero ellos hacen el paripé de magrearse un rato en el reservado.
Hay quien incluso le encuentra una componente política a su pequeño fraude. Nada es más sencillo que compartir lo que no consideras tuyo, ¿verdad?
¿Pero qué mas da? ¿Quién ha quedado insatisfecho?
Mara y Rubén tiene un éxito tremendo.
La fuga se presentaba fácil de solucionar, pero el líquido viscoso y brillante desconcertó al fontanero. Parecía uno de esos potingues con los que jugaba su hija cuando tenía 6 años. Le encantaba la purpurina y el «color unicornio».
Usó el cortatubos con precisión y encontró el atasco precursor de la rotura. Había mucho pelo acumulado. No pertenecían a la anciana que le había requerido. Eran negros, largos y brillantes, como los de su exmujer.
Durante la faena, una llave de paso defectuosa le lanzó un chorro a la cara. No tenía sentido, pero parecía agua salada. Recordó la playa de su pueblo natal, que llevaba tantos años sin visitar.
Ya todo perfectamente ejecutado. Era hora de cobrar. Pero, ¡oh!, ¡seguía saliendo líquido!
—No se preocupe —se adelantó la anciana—. En esta casa no fluye agua, sino vida. Constantemente se va perdiendo. Y muta en recuerdos.
Nuestra misión es que los recursos fluyan desde sus orígenes a donde necesitan ser empleados. A veces, hay que calentar esos recursos, y a veces hay que enfriarlos. A veces hay que almacenarlos en grandes bolsas, y a veces hay que dispersarlos en finas partículas para que alcancen mayor superficie o volumen con un consumo inferior.
Además, por razones de todo tipo, las conducciones se obstruyen o alguien, intencionadamente o no, las estrangula, variando la presión, o generando artificialmente abundancia o escasez. Y ahí debemos intervenir nosotros para eliminar los elementos extraños o rectificar las conducciones y su trazado.
Se os llamará fontaneros ya trabajéis con agua, con capital, información o mano de obra. Es igual. Nuestra misión siempre es la misma. Nuestro trabajo es invariable.
Buena suerte ahí fuera.
Cuando comenzamos nuestra relación asumí que se trataría de algo temporal, de un pasajero amor de verano que, como una inalcanzable golondrina, huiría con la llegada del frío a latitudes más cálidas. Pero el año y medio compartido me hizo albergar ingenuas esperanzas.
Pasaba allí días completos y cuanto más tiempo estaba con aquella familia, más extraña sentía a la mía. Llegué a percibir como propios aquellos pasillos de perennes pisadas blancas y cartones protegiendo el suelo.
El desgaste propio de la convivencia fue haciendo mella a pesar de mi empeño por evitar la rutina: constantemente proponía nuevos cambios o mejoras.
Los silencios incomodos cuando me metía en sus conversaciones sobre las extraescolares de los niños o la celebración de las navidades, me hicieron comprender que para ellos no era más que un simple fontanero; y que era inevitable que nuestra relación acabaría cuando terminase la “reformita” de los baños.
Tras casi cuarenta años en la empresa, había aprendido a ser eficiente en su trabajo.
Cuando empezó, leía los informes examinando cada detalle e incluso rehacía los cálculos él mismo para comprobar que todo era correcto. Una pérdida de tiempo.
Más adelante, decidió inspeccionar solo las hipótesis y las conclusiones. En las raras ocasiones en que detectaba errores, estos no tenían impacto real. Sus superiores le felicitaron por su aumento de productividad.
En los últimos años, se limitaba a firmar los análisis que le entregaban, con lo que se agilizaba la revisión. Gracias a su entrega se convirtió en el empleado ejemplar.
Esa mañana, un error de diseño en el sistema desencadenó un accidente con más de doscientos muertos. Todos se preguntaron cómo había podido ocurrir algo así.

Imagina un punto. No una línea, no una figura, no un cuerpo. Un punto. Parece sencillo, casi inofensivo. Pero basta asomarse a sus dominios para que lo que parecía el origen se transforme en destino, en vértigo, en anomalía. En el mundo de Flatland —la novela geométrica y satírica de Edwin Abbott— los seres viven confinados en dos dimensiones, y un punto es lo más bajo de la escala social: invisible, indivisible, incuestionable. Pero ¿y si ese punto contiene todo un universo que no podemos ver?
Los matemáticos, con su afán de precisión, han inventado hasta un teorema del punto gordo. Sí, así se llama: «teorema del punto gordo». Porque en la práctica, cuando buscas una solución y no la encuentras, te resignas a aceptar «algo por aquí cerca». Y eso sin contar que hay otros puntos mucho más escurridizos como el punto G, ese mito moderno que los escépticos consideran una entelequia y los creyentes, un milagro táctil.
Hablemos de puntos.
Sentía un puntito de tristeza, pero en general, nada concreto, a grandes rasgos. Normalmente no tenía problemas, ni angustia... "el día a día me come", solía decir, y el puntito desaparecía, o se posponía y difuminaba. Sin embargo nunca mostraba una expresión plenamente tranquila, aunque tampoco acelerada. Iba como un autómata, sin sentimientos, solo procesos. Sabía lo que había que hacer, y lo hacía bien.
Incluso al llegar a casa alguna película o libro ayudaban a desconectar, y entonces ese puntito se hacía notable, como un mosquito. Aunque el sueño ya no permitía concentrarse.
Pero al llegar la jubilación, ese puntito de tristeza lo ocupó todo, y esta noche, en el espejo, sí veía signos de cansancio, que afortunadamente nadie más podía ver. Y quizás de alivio.
Y pensé en el resumen de mi nota de despedida: Sabía lo que había que hacer, y lo hice bien.
-Mamá, ¿esto es un punto?
-No, eso es un círculo, porque es muy grande y se puede medir.
-Pero si lo hago más pequeñito también se puede medir.
-Piensa en un puntito tan pequeñito que no lo puedas medir.
-Pero entonces no se vería.
-Coge el bolígrafo de punta muy finita y...
-Espera que voy a por tu regla especial. (...) ¿Ves? Mide la mitad de estas dos rayitas...
-Medio milímetro, sí. Pues más pequeño.
-Mamá, siempre va a medir algo y será un círculo.
-¿Sabes qué? Tienes razón. Pinta un círculo muy pequeñito y ya está.
-¿Y entonces, un punto qué es?
menéame