Lo que el historiador vendió en Davos como el nacimiento de una conciencia sintética hostil es en realidad algo mucho más banal y ridículo. Harari confundió el reflejo de un espejo de feria con un monstruo real. Y esa confusión, esa insoportable levedad con la que se tratan temas técnicos complejos ante la élite mundial, es mucho más peligrosa que cualquier algoritmo.
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Vendehumos y autoayuda.
Podría haberse informado un poco de lo que hablaba, porque menudo ridículo de discurso hizo. Y no sólo lo dice el autor de éste artículo, lo dice prácticamente todo el mundo que medio sabe sobre IA y lo ha escuchado.
Que esta tecnología tiene muchos peligros que hay que considerar antes de seguir desarrollándola sin más es algo que no lo dice solamente Harari sino que también lo dicen auténticas eminencias en el campo como Geoffrey Hinton y Yoshua Bengio.
Follett a demás parece buena persona. Hararie en cambio es israelí.
Mientras la prensa mundial se deshacía en elogios con Sapiens, antropólogos como Christopher Hallpike, de la Universidad McMaster, no encontraban en el libro ninguna contribución al conocimiento. “Cuando los hechos son correctos no son nuevos, y cuando vuela con sus propias alas suele equivocarse, a veces gravemente”, escribió el antropólogo al revisar el libro.
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Con Harari le pasó lo mismo.