Cada vez que romantizamos la cocina de la abuela, cada vez que salta la alarma de que la buena cocina de casa se muere, lo que tenemos en mente es la cocina de los días de fiesta, la cocina excepcional de domingo del pollo con cigalas, el bacalao al pilpil o el conejo con caracoles, no la cocina de la abuela trabajadora. Esa cocina, a no ser que la abuela trabajase de cocinera en una casa pudiente y con servicio, nunca se invocó un martes laborable al mediodía.
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El pescado por ejemplo llegaba con cuentagotas, apenas arenques o enlatados. Y verdura, pues la de temporada pero teniendo en cuenta que no había tiendas cerca.