Un detalle aparentemente menor en los chorros de Cygnus X-1 permitió a los astrónomos resolver una limitación histórica. La clave del estudio apareció en un detalle aparentemente secundario, los chorros de Cygnus X-1 no viajan en línea recta. El intenso viento estelar expulsado por la supergigante azul golpea continuamente esas corrientes de plasma y las desvía ligeramente. Ese pequeño “doblez” permitió a los investigadores convertir el sistema en una especie de laboratorio natural para calcular cuánta energía transportan realmente los chorros.
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