Cuenta oficial de Twitter de la Casa Blanca
x.com/WhiteHouse/status/2038939688946311321?s=20
La publicación original en la cuenta oficial de Trump de Truthsocial:
A todos esos países que no pueden conseguir combustible para aviones debido al Estrecho de Ormuz, como el Reino Unido, que se negó a involucrarse en la decapitación de Irán, tengo una sugerencia para ustedes:
Número 1, compren a EE. UU., tenemos de sobra, y Número 2, reúnan algo de valor, vayan al Estrecho y simplemente TÓMENLO.
Tendrán que empezar a aprender a luchar por sí mismos, EE. UU. ya no estará allí para ayudarlos, al igual que ustedes no estuvieron allí para nosotros. Irán ha sido, esencialmente, diezmado. Lo más difícil ya está hecho. ¡Vayan a conseguir su propio petróleo!
President DJT
truthsocial.com/@realDonaldTrump/116323481956698353
Resumen:

Durante el tiempo que viví en Paises Bajos, para visitar el terruño en verano hacía el viaje en coche. El viaje siempre transcurría por el mismo camino, pasando la frontera de Bélgica con Francia por la carretera entre Gante y Lille y siempre, siempre, siempre hay un coche de policía de la aduana flotante en la frontera.
Incluso sale en Google maps: www.google.es/maps/@50.7649787,3.1694397,3a,75y,276.61h,91.15t/data=!3
A día de hoy habré hecho ese viaje unas 12 veces y me han parado unas 7 veces sólo en ese punto.
En alguna ocasión, las paradas han sido con violencia, sacándome por la fuerza del coche sin haber presentado resistencia/problema alguno y únicamente por la puta cara.
¿Y eso porqué se preguntarán algunos?
Pues veréis, dejadme ilustraros con uno de esos controles "aleatorios" de la gendarmería francesa.
En una ocasión, justo antes de salir hacia el sur, mi jefe de entonces me preguntó cuanto tardaba en hacer el viaje.
- Son unas 16 horas de volante, 2 horas de pérdida en paradas, 1 hora de atascos en Burdeos o París(1) y luego la hora que pierda en la frontera con los gendarmes
+ ¿Frontera? Es Schengen, no hay frontera.
- Bueno, pero para mí sí, luego cuando pase te mando una foto y lo ves.
Total, que me pararon como siempre y donde siempre.
3 gendarmes, preguntan si hablo francés, "non", vale, dos gendarmes ponen cara de no hablar inglés y me quedo con el único que parece hablar la lengua. De neerlandés (y eso que estamos en la frontera con la parte flamenca de Bélgica) ni hablar claro.
Total. Que los dos gendarmes que no hablan inglés se ponen a ponerme el coche de vuelta y media buscando drogas, el tercero se va a revisar mi identificación y yo me acuerdo de la foto que le prometí a mi jefe. Saco el móvil y sin pensarlo mucho le saco una foto al coche de los gendarmes.
El que habla inglés me ve y pierde los papeles, comienza a gritarme que qué cojones hago haciendo fotos al coche. "Es un chiste para mi jefe" le respondo.
Me rodean los 3 gendarmes y les explico con tranquilidad:
- Mi jefe no se creía que íbais a pararme en este punto y le quiero mandar una foto.
+ ¿Y tú cómo sabías que te íbamos a parar?
- Siempre me paráis. Os ponéis ahí debajo del puente, me véis venir desde Bélgica en un coche blanco de España, pequeño y conducido por un moreno de pelo oscuro, con barba oscura y vuestro manual de actuación dice que me paréis.
* (Agente número 2 que supuestamente no habla inglés y con un horrible acento dice) It's not because of the way you LOOK is because of your CAGGGG. (No es por tu ASPEGGTO es pog tu COCHGGE)
- Vale, apuntad pues esta matrícula en el sistema como que no soy narcotraficante, porque van ya 5 veces que me paráis aquí, nunca encontráis nada porque no soy quien buscáis y en el rato que estáis jodiendo a uno que no lleva nada y que podríais saber que no lleva nada se os están colando a los que sí estáis buscando.
* Eres un pgogamadog hoggible si gazonas así, tu tienes un pgoblema ggave si cggees que somos gacistas....
Se pillaron tal cabreo conmigo que me devolvieron el carnet y me dijeron que me fuese de allí cagando hostias, sin terminar de realizar el registro al coche ni nada. Ah, esto fue meses después de la revuelta de las Banlieue que tuvieron su origen en un asesinato racista.
Por otro lado, no se vale contar sólo lo malo.
¿Ocasiones en las que cruzando el mismo punto kilométrico, con el mismo coche, el mismo nivel de moreno, la misma barba y habiéndome visto no me hayan parado? El día que llevaba una norteña con el pelo pajizo de copiloto. Pero, eh, me paran por el cochge y no por mi aspegto. Sí, por los cojones.
Y a Serigne le pidieron que se identificase porque tenían indicios contra él y nada de esto es una situación derivada del racismo. Sí, por los cojones.
A nadie que le haya contado esta historia me ha negado el componente racista, pero como siempre que estas cosas tocan en casa, toca jugar a enmierdar, no vaya a ser que descubramos no ser seres de luz y que tengamos cosas que arreglar.
Lo que no justicaríais para los vuestros, no lo justifiquéis para los demás, aunque sea por tener el mínimo de inteligencia justa para no cagarse encima y darse cuenta de que el moreno también ERES TÚ cuando cruzas la frontera y toda la violencia y opresión que justificáis para otros estáis a dos pasos de sufrirla en vuestras propias carnes.
(1) Si te evitas uno yendo a ciertas horas te comes el otro casi el 100% de las ocasiones.
Con la actual crisis de vivienda empiezan a surgir muchas voces que aseguran que la "solución" es permitir construir vivienda sin límites regulatorios. Esto no es un pensamiento marginal, sino que es la propuesta clave en materia de vivienda de los principales partidos de la oposición.
No han pasado ni 30 años desde que esa misma estrategia se aplicó en este país y lo llevó a la mayor crisis desde la Guerra Civil, pero parece que ya a muchos se les ha olvidado, así que no está de más un recordatorio de lo ocurrido.
En primer lugar, quiero aclarar que voy a describir lo que sucedió, no es una conjetura o especulación sobre lo que podría ocurrir, es una descripción de lo que realmente sucedió.
Antes de la liberalización del suelo, el mercado inmobiliario estaba muy regulado y se difundió la idea de que "si se construyen más viviendas su precio caerá, es la ley de la oferta y demanda!", algo simple y lógico, ya si fuese cierto sería la hostia.
Por supuesto esa medida ya se había aplicado en otros países y siempre con el mismo resultado: una burbuja inmobiliaria seguida de una larga crisis, mientras que los precios de las viviendas NUNCA bajaron.
Evidentemente, si en la actualidad esa medida tiene mucho apoyo, incluso con una mayoría de españoles que han vivido la crisis, imaginaos cuando las crisis fueron en otros países.
Así fue como en 1998 se aprobó la ley que liberalizaba el suelo, para alegría de las constructoras y los políticos y una alegría que enseguida se convirtió en desgracia para los ciudadanos.
La ley desregulaba el suelo e incluso obligaba a los ayuntamientos y comunidades autónomas a hacer lo mismo.
Esto era claramente anticonstitucional al ir directamente contra el artículo 47 y vulnerar las competencias autonómicas y municipales. Sin embargo, el TC sentenció que era compatible con el artículo 47 aunque sí que no podía socavar las competencias de las otras administraciones. Por lo tanto, quedaba a decisión del ayuntamiento si se liberalizaba el suelo o no.
Para sorpresa de nadie, surgió una oleada de recalificaciones en las que se pudo construir en espacios protegidos, terrenos inundables y en primera línea de playa. Ser concejal de urbanismo se convirtió en uno de los oficios más lucrativos del país.
De esa forma se construyó una cantidad desproporcionada de vivienda en España, colocándola a la cabeza de Europa en construcción de nueva vivienda. Surgieron como setas urbanizaciones enteras y hoteles a escasos metros de la playa. La construcción se había convertido en el motor económico del país.
Paradójicamente, los precios no cayeron como se habría predicho, al contrario, se habían disparado a máximos históricos.
Como pasa con todas las burbujas, ese crecimiento desproporcionado acabó en una crisis que se hizo efectiva en 2008. La gente no paraba de acaparar vivienda con la creencia de que nunca bajaba y era una inversión segura, por lo que cuando los precios empezaron a estancarse se produjo una reacción en cadena que frenó la construcción de nueva vivienda en seco.
En ese punto la construcción suponía el 18% del PIB, por lo que su caída tuvo un impacto enorme en la economía. No solo se perdieron los trabajos en el sector, sino que la pérdida de poder adquisitivo afectó al resto, llevando un paro del 7.9% en 2007 a superar el 18% en 2009 y alcanzar un desempleo del 27.2% en 2013. No está de más recordar que aun en 2026 no se han recuperado los niveles de paro precrisis.
Al igual que en el resto de países que aplicaron esa medida, los precios de la vivienda (tanto alquiler como compra) se dispararon. Incluso tras la crisis, los precios más bajos alcanzados seguían siendo mucho más elevados que antes de la ley de vivienda de 1998.

Gráfico que muestra los precios de la vivienda desde 1985 a 2017. Fuente Bankinter.
A esto hay que sumar otros problemas relacionados con las viviendas, como edificios demasiado cerca del litoral que ahora son amenazados o directamente destruidos por la costa, o edificios en zonas inundables cuyos actuales propietarios acabaron sin casa tras danas e inundaciones. Aparte de edificios en espacios protegidos que actualmente son mamotretos vacíos e inútiles que se niegan a ser demolidos como el caso de Algarrobico.
Es curioso como los dueños de hoteles y restaurantes costeros que exigen poder construir donde quieran, ahora pidan ayuda a las administraciones cuando el mar les va a llegar a la cocina.
Algunas personas podrán pensar que si quieren construir en eses sitios es su problema, pero solo hay que recordar que quienes suelen vivir en eses edificios no son los constructores, sino gente que necesitaba una vivienda y los ha comprado o alquilado. Y son estas personas las que se quedan sin casa mientras los constructores cuentan los billetes de su pelotazo lejos de ahí.
Mucha gente puede decir que el contexto ha cambiado, que fue una burbuja o que ahora sería diferente. Pero solo hay que tener en cuenta estos dos elementos para darse cuenta de que podría repetirse perfectamente:
Esto es algo que la gente no debe olvidar si no queremos volver a sufrir otra crisis cuando aún no nos hemos recuperado de la anterior.
Como dice el dicho: "Errar es humano, pero perseverar en el error es diabólico".
Alan es exingeniero de Meta, o antes conocido como Facebook. En el anuncio de Tribe 2 de Meta que hizo ayer, o el codificador cerebral trimodal, un modelo fundamental entrenado para predecir como responde el cerebro a casi cualquier imagen o sonido, según la propia publicación de Meta
En la publicación de Meta se señala que "Basándose en nuestra arquitectura galardonada con el premio Algonauts 2025, TRIBE v2 utiliza más de 500 horas de grabaciones de resonancia magnética funcional (fMRI) de más de 700 personas para crear un gemelo digital de la actividad neuronal y permitir predicciones sin necesidad de realizar ningún análisis previo para nuevos sujetos, idiomas y tareas."

El exingeniero de la compañía advierte: "Yo fui ingeniero en Meta, y siempre seguía FAIR desde adentro. Lo que acaban de publicar es la versión que les dejan publicar.
Pero con eso, es más que suficiente para decirles exactamente que es lo que está pasando. TRIBE v2 predice, vértice por vértice sobre la corteza cerebral, qué zonas activa cualquier video. Sin escáneres. Sin humanos.
Subes el contenido, obtienes el mapa neural (activación emocional, supresión de razonamiento crítico, modulación prefrontal) antes de que el video lo vea un solo usuario.
Ahora considera la posición de Meta:
1. Tiene años de datos de Reels sobre qué contenido retiene atención, genera enojo, provoca compartir.
2. Saben empíricamente qué funciona. TRIBE v2 les da el mecanismo causal de por qué funciona (a nivel de tejido cortical) Eso convierte correlación histórica en capacidad predictiva sobre contenido nuevo.
3. Internamente hay herramientas que se llaman Gatekeepers y Quick Promotions que sirven para inyectar contenido en el feed de poblaciones arbitrarias a escala.
4. Simulador de respuesta cerebral + conocimiento empírico de contenido efectivo + maquinaria de distribución selectiva. El pipeline está completo.
Y luego está Thiel. Inversor y amigo personal de Zuck. Fundador de Palantir, cuyo negocio es análisis de poblaciones a escala para gobiernos e inteligencia.
NO es descabellado observar que confluyen los incentivos de plataformas construidas por las mismas personas.
La licencia CC BY-NC dice que Meta retiene los derechos comerciales del predictor de respuesta cerebral más preciso jamás construido. Y recuerda, esto es lo que decidieron hacer público."
Como ya hemos visto en la anterior parte, el ejército romano sufrió una serie de modificaciones tanto en su tamaño como en sus tácticas y armamento a lo largo de los últimos siglos del Imperio. Como ya adelantamos, hubo cambios no sólo de índole técnica, sino también en su composición. Señalamos, por ejemplo, que la clase social de los caballeros sustituirá a los patricios y senadores en los roles más importantes dentro del ejército romano, pero la composición del ejército llegará a niveles más profundos con el proceso de barbarización que explicaremos a continuación.
Enlace a la primera parte: (www.meneame.net/story/ejercito-tardorromano-i)
Vegecio nos ha legado una sección dentro de su obra dedicada a fijar las normas para la correcta selección de reclutas. En ella se establecen cuatro prioridades: la procedencia geográfica, la edad, la ocupación y las características físicas. Para Vegecio, la leva debe reclutarse al inicio de la pubertad para que el recluta tuviera tiempo de adquirir una buena formación militar. El insiste en escoger a los mejores reclutas no sólo en el plano físico sino también en el plano moral.
El reclutamiento se realizaba entre ciudadanos romanos y sólo excepcionalmente entre esclavos. Los funcionarios, los curiales, y ciertas profesiones consideradas deshonrosas por la legislación romana, como los venteros, taberneros, cocineros y panaderos, quedaban exentos. Vegecio considera que pescadores, pajareros, pasteleros o tejedores y todos los que tengan una ocupación propia de mujeres, debían mantenerse alejados de los campamentos. Es curioso que en otras épocas, algunas de estas profesiones habrían sido consideradas completamente masculinas. Pero para él, la pesca, por ejemplo, no era una profesión vigorosa y que requiera esfuerzo físico real como sí hacía la carpintería o la herrería. En el Codex Theodosianus del año 380 se establecen términos similares a los de Vegecio en cuanto a los oficios.
Con respecto a los esclavos, Trajano, en el Alto Imperio, ya se había mostrado bastante intransigente respecto al reclutamiento de esclavos. Él, en una carta a Plinio el Joven, estableció la necesidad de averiguar si los esclavos reclutados habían sido llamados por los reclutadores, en cuyo caso estos eran culpables; si habían sido entregados en sustitución, en cuyo caso el culpable era su propietario o si habían acudido por propia voluntad, en cuyo caso debía, el esclavo, ser condenado a muerte. Sin embargo, Marco Aurelio, en época de las invasiones de cuados y marcomanos, recurrió a la práctica excepcional del reclutamiento de esclavos y gladiadores. También en el 397, para hacer frente a la rebelión de Gildón en África, se pidió a los senadores que proporcionasen esclavos para enrolarlos en el ejército. Unos pocos años más tarde, en el 406, a raíz de la invasión de Italia por el godo Radagaiso, también se incluyó a los esclavos en el llamamiento general para tomar las armas, con el aliciente de ganarse la libertad aparte de un salario.
La leva debía llevarla a cabo un ciudadano de posición elevada, normalmente gobernador provincial o, en Italia, un dilectator o reclutador, elegido específicamente para esa labor. Cuando había necesidad, de forma extraordinaria, enviaban responsables missi ad dilectum para Italia, o legati ad dilectum en el caso de las provincias senatoriales o dilectatores para las imperiales. La duración del servicio seguía siendo de 20 años en el siglo IV, pero en algunos cuerpos limitanei de poco prestigio podía llegar a 24. Desde Diocleciano, el servicio militar obligatorio se tornó más común.
Los legionarios tenían prohibido casarse, pero ya en época del Alto Imperio se ignoraba bastante esta norma, permitiendo que formasen familias y reclutando muchas veces a los nacidos en los campamentos (esto se llamaba leva de origo castris). Septimio Severo, en el 197, abolió la prohibición. Supongo que no tenía sentido mantener una ley que de facto se ignoraba. De aquí acabó saliendo una legislación de Constantino I que obligaba a alistar a los hijos de soldados nacidos durante o después del servicio, convirtiendo la milicia en una carrera hereditaria.
También se forzó la leva en las zonas rurales a través del indictio, un tipo de tributo basado en la propiedad de la tierra. Cada comunidad estaba obligada a enviar una cuota determinada de hombres. En época de Trajano, Italia dejó de ser cantera de legionarios y sólo se reclutaron en ella centuriones y cuadros militares medios y superiores, así que la tropa provenía fundamentalmente de las provincias, especialmente, de las occidentales. A veces, estas comunidades pagaban un aurum tironicum, un impuesto metálico en sustitución de los reclutas. Esto llevaba a ciertas corruptelas entre los oficiales encargados del reclutamiento. Esto nos puede recordar a muchas prácticas de épocas posteriores como las de pagar para evitar el servicio y que sólo se podían permitir las clases altas.
Muchos potenciales reclutas intentaron evitar el servicio. Una de las formas empleadas era la automutilación, por ejemplo, cortándose los pulgares. Constantino I estableció que los hijos de soldados mutilados de esta manera debían formar parte de las curias municipales. Como podéis imaginar, una norma así no evitó las mutilaciones. La cosa se fue radicalizando hasta que en 386 Valentiniano II estableció que los culpables de automutilación serían quemados vivos. Teodosio acabaría adoptando otra estrategia hacia finales de siglo estableciendo que dos mutilados equivaldrían a un recluta, y obligándolos a servir igual. El capítulo 18 del libro VII del Códex Theodosianus indica, en varias referencias, que existían oficiales encargados de capturar a los desertores. En el 403 se les da autoridad a los provinciales para no sólo capturarlos, también administrar justicia sobre ellos. Cabe señalar que muchas veces, incapaces de volver a su hogar, los desertores se convertían en saqueadores. Las penas aplicadas en tiempo de guerra eran, como era de esperar, más duras que en tiempo de paz.
El concepto de barbarización del ejército romano es bastante famoso. Creo que todos tenemos bastante clara esta imagen de tropas germánicas incorporándose e incluso sustituyendo a las tropas romanas. Creo que es importante recalcar que en este contexto se debe interpretar la palabra bárbaro como sinónimo de extranjero. Y es que una buena parte de las tropas comenzaron a reclutar entre las tribus bárbaras a las que se había permitido asentarse en el interior del Imperio. Normalmente esto estaba incluído en el tratado por el cuál se les asignaba tierra, según el cuál debían proporcionar un número fijo de reclutas. A estos se les conocía como laeti o gentiles, pero servían en las mismas unidades y con un trato similar al de cualquier recluta romano. Esta práctica ya existía en tiempos de Augusto, simplemente se volvió más sistemática y habitual.
El reclutamiento de Bárbaros, por tanto, no era una novedad. A veces, como parte de un tratado de paz, se obligaba a los vencidos a proporcionar tropas al Imperio; otras veces, se obligaba a los prisioneros de guerra a reclutarse destinándoseles lejos de su lugar de origen. No tenemos una estadística clara de la proporción de tropas extranjeras en el Bajo Imperio. Sí que la Notitia contiene un número elevado de unidades con nombres bárbaros como resultado de la regularización de unidades auxiliares o irregulares que actuaban bajo el liderazgo de sus jefes nativos ( socii o foederati) a partir del siglo III, como es el caso del ala I Sarmatarum, Britania, una unidad de caballeros sármatas.
La historiografía tradicional ha considerado esta abundante presencia de bárbaros como un signo desesperado ante la escasez de reclutas, y como un síntoma de mala calidad de los reclutas provinciales. Se da por hecho que el problema aumentó con el mayor uso de foederati, es decir, unidades dirigidas por sus propios jefes tribales. Esto se ha interpretado como una degeneración del ejército hasta convertirse en una banda de mercenarios dirigida por extranjeros. Sin embargo, las fuentes de la época no parecen haberlo contemplado como un problema y muestran unos reclutas tan leales y eficientes como los demás, incluso cuando luchan contra sus propios pueblos. A finales del IV, muchos cargos importantes eran ya de ascendencia bárbara, por lo que se habría asimilado culturalmente. En otras palabras: la barbarización del ejército no contribuyó a la caída de Roma, pero tampoco frenó las tendencias ya existentes dentro del Imperio.
Los soldados del siglo IV recibían una paga muy modesta, mucho más que en siglos anteriores. Se debía a que el stipendium se pagaba en denarios de plata devaluados. Esta paga se completaba con pagos en especie como ropa y raciones de forraje para los animales. De vez en cuando, los emperadores hacían una donativa, una cantidad de dinero en efectivo.
Las tropas comitanteses no tenían campamentos fijos, sino que vivían la mayor parte del tiempo acantonados en pueblos y ciudades, junto a la población, excepto durante las campañas que, entonces, establecían campamentos temporales. Esto llevaba a desórdenes y conflictos con los civiles que, frecuentemente, acusaban a los soldados de valerse de su fuerza para tomar más de los que les correspondía. Parece ser, según las evidencias jurídicas, que la tropa se hospedaba en casas particulares de forma obligatoria (hospitalitas).
Los limitanei, no obstante, vivían en fuertes, algunos de ellos muy antiguos como los de Housesteads o Great Chester en el muro de Adriano. Los barracones se transformaron hacia finales del siglo III. En Housesteads, por ejemplo, un conjunto de habitaciones pareadas fue acondicionado para convertirse en seis estancias individuales con sus propios muros exteriores y separadas por estrechas callejuelas. No hay pruebas pero algunas teorías indican que podría haber hospedado a uno o dos soldados y sus familias; aunque otras señalan que el mantenimiento era más sencillo y menos costoso que reconstruir los viejos barracones siguiendo el diseño antiguo.
A la nueva religión cristiana le costó un tiempo penetrar en las filas del ejército. Los soldados eran conservadores y mantenían las tradiciones del paganismo romano. Esta actitud plantea un problema para los historiadores dado que las fuentes cristianas insisten en la receptividad de los militares. Las fuentes cristianas hablan, por ejemplo, de que en 174 a la XII Legión Fulminata Dios les había proporcionado una lluvia milagrosa que salvó al ejército, el historiador pagano Dion Casio también creía esta historia. En la Apologética, Tertuliano afirma que los cristianos llenaban los campamentos. Encontramos menciones de cristianos sirviendo como soldados en la guardia pretoriana del siglo III.
Sin embargo, en el 295 un tal Maximiliano fue convocado al servicio militar por leva anual y declaró “Non possum militare, non possum malefacere. Christianus sum”, o en cristiano: “no puedo servir en el ejército, no puedo hacer el mal, soy cristiano”. Esto le llevó al martirio. Parece que los primeros cristianos tenían una actitud variable hacia el ejército. Cabe señalar que, frecuentemente, los soldados actuaban como agentes del estado en la persecución de la primitiva iglesia cristiana. Pero a partir de los siglos I y II la represión del culto comenzó a ser esporádica y no dirigida por una autoridad central, como pogromos. En 252 la situación cambió, Decio ordenó la persecución de todo el culto en el imperio. Y aquí sí vemos que, en Egipto, numerosos soldados sufrieron persecución a lo largo del siglo III, también con Galieno en Judea. Dioclecianoo y Maximino aplicaron esta política con mayor rigor hasta llegar a aniquilar la Legión Tebana.
Desde el principio hemos estado comentando que los cambios sufridos por el ejército no fueron en detrimento de su calidad, sino que se adaptaron a las nuevas formas de hacer la guerra. E. Luttwak relanzó una tesis de Thomas Mommsen que afirmaba que, en los siglos III y IV, se pasó de una “defensa avanzada” a una “defensa en profundidad”. La “defensa avanzada” se caracterizaba por establecer guarniciones en la frontera y más allá, con el fin de evitar las incursiones bárbaras antes de que se realizaran. Pero esta estrategia siempre fue vulnerable a concentraciones inusualmente grandes de tropas enemigas.
Por contra, el sistema de defensa en profundidad, se caracteriza por aceptar que las provincias de frontera serán el escenario de combate contra las amenazas de los bárbaros. Las fuerzas limitanei no intentarían repeler una incursión de gran tamaño, sino que se retirarían a las plazas fortificadas en espera de los refuerzos comitatenses. Aunque el tamaño de los ejércitos disminuye, las nuevas fortificaciones son más resistentes y están mejor preparadas para la defensa, ganando mucho tiempo.
Esta tesis, aunque plausible, ha sido cuestionada por otros estudiosos, como B. Isaac. Él defendía que el imperio no tenía la capacidad de inteligencia o un plan militar centralizado para una estrategia de éste nivel. Afirma, además, que la estrategia de defensa seguía siendo esencialmente agresiva. La teoría defensiva carece de evidencias que la corroboren, ni en la Notitia Dignitatum, ni en ningún otro registro. De hecho, las evidencias arqueológicas muestran que las fortalezas están en una disposición muy similar a la del siglo II. El ejército mantuvo, en gran medida, gran parte de la estrategia de la época alto imperial.
Una de las estrategias que sí mantuvo el imperio en cuanto a defensa fue la de mantener tratados de asistencia mutua con las tribus que vivían en las fronteras. Se comprometían a defenderlas de los ataques de sus vecinos, a cambio de que se abstuvieran de hacer incursiones y evitaban que las tribus vecinas hiciesen lo propio. Oficialmente tenían el estatus de tributario, en la práctica la lealtad del aliado fue asegurada a menudo gracias a donaciones o subvenciones por parte de Roma.
Cabe señalar que las amenazas a las que se enfrentaban eran distintas. En el Este se enfrentaban a los persas sasánidas, que a inicios del siglo III habían suplantado a los partos. Hablamos de un imperio grande y poderoso, que llegó a penetrar profundamente en las provincias romanas hasta llegar a amenazar a Antioquía. Roma también lanzó expediciones a Persia, siguiendo la ruta a lo largo del río Éufrates. Ambos bandos fueron incapaces de transformar sus éxitos temporales en permanentes. Las batallas campales perdieron frecuencia y se tiraba mucho de tropas reclutadas entre los pueblos locales.
En las otras fronteras el enemigo eran pueblos tribales, como sucedía en la época alto imperial. Las prácticas militares de los germánicos no experimentaron cambios significativos. Los limitanei se enfrentaban con ataques a pequeña escala. En caso de grandes expediciones, se fortificaban en espera de refuerzos. Las batallas campales también escaseaban en esta frontera. Los romanos buscaban, sobre todo, moverse con rapidez y golpear por sorpresa.
La defensa fronteriza seguía siendo en esencia la misma. Se basaba también en la disuasión, mediante aparentar una gran fuerza, con poderosas fortalezas. También las tácticas en batalla siguieron siendo en esencia las mismas. Es cierto que Amiano Marcelino nos habla de legionarios cargando sin orden para cubrir la distancia que les separa de los arqueros persas, pero lo habitual era que la infantería formase una línea muy densa y bombardear al enemigo con jabalinas, dardos y algunas lanza pesada. También incluyeron algunos gritos de guerra. Esto sí es ligeramente distinto al clásico avance lento y silencioso con lanzamiento de pilum y carga de las legiones romanas del alto imperio.
Creo que no hace falta aclarar que todos estos cambios en la forma de luchar, en el armamento, en las unidades, y en las dimensiones de los ejércitos afectaron, de forma evidente, a la técnica poliorcética a partir del siglo III. Se invirtieron grandes esfuerzos en la construcción de fortalezas, incluyendo muchas nuevas, así como la fortificación de pueblos y ciudades, entre ellas Roma y Constantinopla.
Se incrementó el grosor de las murallas a unos tres metros, también la altura hasta los nueve metros. Se incluyeron, en algunos casos, plataformas para la artillería como balistas, onagros o escorpiones de un solo brazo para lanzar piedras. Las murallas presentan almenas para una mejor protección de los defensores. Las torres se redondean, aunque no se pierden las de base cuadrada, y se proyectan hacia el exterior de los muros, permitiendo arrojar elementos incendiarios sobre los atacantes y las fosas se hacen más anchas y profundas incluyendo un fondo plano, alejándolas un poco más de la muralla para crear una zona de muerte. Los accesos de la muralla se vuelven más estrechos y defendibles, flanqueando las puertas con torres, una a cada lado, proyectadas hacia el exterior permitiendo que los defensores lanzasen proyectiles al hueco disponible entre ambas. Esto lo podemos ver perfectamente en la plaza de la catedral de Barcelona, por ejemplo, dónde se conserva un fragmento de muralla romana con torres cuadradas y dos torres redondeadas flanqueando una de las puertas, pero quizá un ejemplo más claro es la muralla romana de Lugo, dónde la muralla está más conservada (y no integrada en edificios como en Barcelona).
Las defensas de las bases militares se vuelven más formidables, sin embargo, los propios cuarteles se hacen más pequeños, a veces se abandonan, como sucedió con las de Chester o Caerleon, en Britania. En otras ocasiones, algunos fuertes existentes continuaron en uso pero su tamaño se vio reducido. Estas fortalezas, ubicadas en lo alto de cerros o colinas, resultaban difíciles de atacar, requiriendo un gran ejército con maquinaria de asedio para ello. Reflejan la importancia creciente de los asentamientos fortificados en el modo de guerra de la antigüedad tardía. No siempre era posible el ataque directo a una base militar, y las batallas en campo abierto ya no eran tan claramente favorables al ejército romano. La contención de las incursiones enemigas más allá de la frontera dependía, por tanto, de esta estrategia fortificadora.
Como ya hemos mencionado, algunos autores ven en esta red de fortificaciones autónomas del Bajo Imperio un primer ejemplo de defensa en profundidad en occidente, al servicio de dos objetivos: primero, que cada fortaleza albergará fuerzas de campaña móviles capaces de amenazar los movimientos y las líneas de abastecimiento del invasor; segundo, que si un enemigo se disponía al asedio de una de las fortificaciones ésta se convirtiera en un bastión contra el que el ejército principal de campaña aplastará al invasor. Si bien, todo apunta a que no fue así, sin duda, sin esta evolución de las fortalezas no podemos entender lo que, más tarde, llamaremos castillos; y estos si que se utilizaron en lo que se ha venido a llamar “defensa en profundidad”.
Como decíamos al comienzo de esta revisión del ejército romano del Bajo Imperio, los cambios que se dieron en el ejército romano respondieron, fundamentalmente, a una adaptación a las nuevas formas de guerra. La forma de luchar de germanos y partos dieron mucho más protagonismo a la caballería, y requirieron de ejércitos más pequeños y móviles, con fortificaciones más sofisticadas y armamento adaptado.
La guerra, como experiencia violenta y extenuante en la que jóvenes inocentes son enviados al matadero para satisfacer las necesidades de unas élites poderosas, no ha cambiado nada desde la aparición de los primeros estados. Pero las tácticas, la forma de explicarla, las armas… en definitiva, lo que se ha venido a llamar el arte de la guerra, sí ha vivido ajustes a lo largo de la historia. Hoy, nadie se plantearía que una muralla perimetral sirve para algo en un momento en que la aviación, los drones y los misiles balísticos marcan la norma.
Es muy tentador buscar siempre las causas de las caídas de los imperios y naciones en la debilidad de sus fuerzas armadas, o de su población; como también lo es buscar las causas de su auge en una especie de superioridad genética, tecnológica o en un supuesto favor divino. Pero la realidad es que en la historia, todo responde a causas materiales. Si las fuerzas armadas fallan, se debe a que el sistema que las sostiene está fallando. Si la gente no quiere luchar por su, vamos a llamarlo, patria, se debe a que no se siente conectada a esta. Las causas últimas de la caída del Imperio Romano, como las de cualquier nación, hay que encontrarlas en las contradicciones internas que surgieron en el seno de la sociedad que conformó el Imperio.
Los bots de Estados Unidos e Israel están saltando coordinadamente en redes sociales amenazando a España, pidiendo que sea el siguiente país en ser atacado por la coalición de pederastas, asesinos, violadores, caníbales, ladrones, especuladores.

Sus bots repiten como loros en redes sociales que deben intervenir España, que el gobierno de España es satánico, que hay que atacar a España ante la postura contra el eje epsteiniano de asesinos, violadores, pederastas, canibales, criminales de guerras, genocidas y sionistas. Simplemente hay que abrir hoy las redes y leer.
No olvidéis que también la clase de Epstein financia a Alianza Catalana y Vox que solo hacen que enfrentarnos los unos con los otros, rompiendo consensos. Como toda la historia se ha reclamado a este tipo de clase de pederastas, satanicos, asesinos, criminales, especuladores.
El inicio de la guerra en Irán no ha supuesto el impacto inicial que trajo consigo la invasión rusa de Ucrania. Los precios han subido, pero no tan deprisa. La alarma empieza a cundir, pero parece que con mayor tranquilidad. Por algún motivo, parece haberse extendido por el mundo la idea de que esta crisis no es tan grave como la ucraniana, y el caso es que, vista de cerca, parece mucho peor, sobre todo porque se produce de manera acumulativa, es decir, cuando aún no se ha resuelto la anterior.
Ahora hace justamente un mes que las fuerzas norteamericanas e israelíes comenzaron a bombardear Irán. La república islámica respondió a misilazos por toda la región, atacando infraestructuras energéticas y cerrando el estratégico estrecho de Ormuz. Pro un mes, para los que llevan la actual gobernanza planetaria, es muy poca cosa. La clave de esta idea son las reservas estratégicas de crudo y gas natural. Por lo que he podido averiguar, el país de cierto tamaño del mundo con menores reservas es Vietnam, que cuenta con reservas para 60 días. España, por ejemplo, está por los noventa y tantos días. Por ese motivo, y teniendo en mente el escenario de que la crisis sólo puede durar unas semanas, todo es cuestión de apretar un poco los dientes con los precios y esperar a rellenar esas reservas en cuanto se aclare el panorama.
El problema está en que Irán no ha respondido como se esperaba, atacando a los portaaviones norteamericanos y las instalaciones militares enemigas (que también), sino que ha centrado sus contraataques en las refinerías, los yacimientos y las infraestructuras energéticas de la región. Quien quiera que hizo los cálculos, pensó sólo en las consecuencias de eliminar la producción iraní d ela ecuación, pero no en lo que sucedería si se eliminaban también buena parte d elas capacidades productivas de los otros países de la región.
Y ahí es donde entra en juego el reloj. Las reservas siguen cayendo, porque de momento nadie se ha atrevido a tomar medidas restrictivas del consumo, y el tiempo requerido para reabastecer estas reservas es cada día más alto, por los daños que han sufrido las infraestructuras.
Si la guerra se prolonga hasta el 15 de abril, empezaremos a leer noticias sobre países, tal vez el nuestro, que comienzan a racionar el combustible. No hablo de precio, sino de simple disponibilidad.
Si la guerra se prolonga hasta el 1 de mayo, será imposible evitar una crisis económica de gran envergadura, que puede tardar años en resolverse. En ese momento, las restricciones y los racionamientos serán inevitables, generando una especie de nuevo confinamiento, donde los viajes no esenciales deberán ser fuertemente recortados.
Si la guerra llegara hasta el 1 de Junio, tendríamos una catástrofe encima, sin paliativos, y no me atrevo a prever el escenario, pero no sería nada bonito.
Lo más importante, en este momento, es saber cuáles son las reservas, quién y cómo las gestiona, y cuales son sus cuellos de botella. El actual sistema productivo "just in time" hace que la rotura de la cadena de suministros pueda afectar a cualquier cosa, donde menos lo esperemos. No se trata sólo de que España, por ejemplo, pueda perder sus ingresos por turismo, sino de que haya fertilizantes para la agricultura y piezas para la industria. Y es sólo cuestión de tiempo, de poco tiempo, que en alguna parte se queden sin capacidad de producción o de transporte.
No estamos a años del desastre. Estamos a semanas, y el reloj sigue corriendo a la espera de que alguien encuentre una salida para esta descomunal insensatez. A mi entender si, del modo que sea, el asunto se resuelve antes de mediados de abril, podremos considerarlo un susto y un mal recuerdo. Si pasa de esa fecha, nos encontraremos nadando literalmente en mierda.
Dos semanas quedan para que lo sepamos. Y una de ella, de vacaciones.
Suerte.
La embajada de Irán en Sud África ha anunciado mediante sus redes sociales un mensaje contra la pedofilia mediante una inyección.
Los iraníes estos días están aprovechando la guerra mediática para señalar en la misma dirección. Si hemos visto a la embajada de Irán en España hablar de la coalición epsteiniana, el mensaje desde el régimen de los ayatolá parece más ético que el de la coalición de amigos de Epstein.
Hoy he subido una serie de artículos, de los cuales la comunidad ha llevado dos o tres a portada. Eso ha hecho que mi karma pase de 8,5 a 9,7. Hasta aquí todo bien y correcto. Sin embargo, al mirar el detalle del cálculo, solo aparece reflejada la subida correspondiente a la portada principal, pero no la de las comunidades, como se puede apreciar en el siguiente extracto.
En teoría, también debería aparecer algo como “noticia publicada en comunidades: +0.1” con la correspondiente subida de karma. Pero no está. Y si no se ve, puede implicar que publicar en comunidades cuenta tan poco que ni merece una línea en el desglose.
Las comunidades son, sobre el papel, una buena baza para la plataforma. Un paso lógico en su evolución: espacios temáticos, conversaciones más especializadas, algo parecido a lo que ha impulsado a Reddit durante años. La diferencia es que allí se apostó fuerte por ese modelo, mientras que en Menéame la sensación es que se quedó a medio cocinar. Se probaron, no entusiasmaron de inmediato y quedaron sin pena ni gloria, acumulando polvo mientras la portada seguía siendo el único centro neurálgico.

Hace una década, la funcionalidad estaba integrada mas o menos dentro del diseño. Sin embargo, en sucesivas iteraciones se fue dejando de lado hasta quedar como un resto olvidado. Y ahí aparece el primer problema: si una funcionalidad no forma parte del flujo habitual del usuario, simplemente no existe. Las comunidades no tienen el protagonismo que deberían. Rara vez aparece alguna noticia procedente de ellas; solo hay una pestaña con lo votado en las que algunos usuarios mantienen activas y, en el apartado para subir noticias, únicamente aparecen seis comunidades principales. Algo que difícilmente invita a pensar que son una pieza importante del ecosistema y que, en la práctica, deja sus funcionalidades reservadas a usuarios más avanzados.

Esto también coincide con las guerras internas que ha vivido la plataforma. Durante la etapa en la que Martín Varsavsky impulsó un rediseño controvertido, el nuevo formato nació con problemas mientras el anterior, calificado como “rancio”, se mantenía según el caso como alternativa o directamente como muleta/placeholder cuando el nuevo no cubría todas las funciones. En ese proceso, las comunidades terminaron perdiendo aún más visibilidad, quedando relegadas a un simple desplegable.

Mientras tanto, Reddit ha construido todo su ecosistema alrededor de sus subcomunidades. Cada tema tiene su espacio, cada comunidad su identidad, cada grupo sus normas, y la portada principal refleja esa diversidad. En Menéame, en cambio, muchas comunidades, especialmente las geográficas, parecen habitaciones vacías en un edificio donde las noticias solo se amontonan cuando algún usuario se acuerda de enlazarlas. Y lo más llamativo es que la base de usuarios ya estaba: no hacía falta atraer a nadie nuevo, solo darles herramientas y visibilidad.
Otro detalle es la falta de incentivos. Participar en una comunidad tiene poco premio. El karma sigue girando alrededor de la dinámica global, la visibilidad depende de la portada general y la identidad dentro de cada comunidad es prácticamente inexistente. Si la recompensa es mínima, lo lógico es que la cabra vuelva al monte.
Lo irónico es que Menéame no necesitaba copiar nada. Bastaba con integrar bien lo que ya tenía. Las comunidades podían haber servido para descentralizar la conversación, reducir ruido en portada y permitir nichos especializados. En otras palabras, podían haber sido exactamente lo que muchos usuarios llevaban tiempo buscando.
No fue una mala idea, sino una que se dejó enfriar. Y a estas alturas, lo más preocupante no es que no funcionara, sino que da la sensación de que ni siquiera se volvió a retomar posteriormente.
Cuando hablamos de Roma, normalmente nuestra mente va a dos o tres épocas concretas de la larga y fascinante historia de esta civilización: las Guerras Púnicas, la transición entre República e Imperio (esas guerras civiles entre César y Pompeyo, y Augusto y Marco Antonio), y los dos o tres primeros siglos de la época imperial, conocidos como el Principado. Sin embargo, cuando hablamos del ejército romano, nos vamos directamente a la época de las grandes legiones, aquellas surgidas en las reformas de Mario, y que prolongaron su utilidad durante siglos. Pocos recordamos los ejércitos ciudadanos de la monarquía y de la primera época republicana, y mucho menos los ejércitos comitatenses y limitatenses del Imperio Tardío.
Hay una imagen que diría que es general cuando alguien piensa en esos ejércitos tardorromanos y es la de pérdida de calidad y compromiso. Yo mismo, durante mucho tiempo, pensaba que su disminución en el número de efectivos, y los cambios en el armamento, responden a una mayor decadencia del ejército. Pero nada más lejos de la realidad. Si bien el imperio acabó cayendo, no fue por la menor calidad de sus tropas o armas, sino por sus propios conflictos internos, es decir, por ser incapaz de superar las contradicciones que se arraigaron en su seno.
La realidad, lo que sabemos, es que los cambios que desde el siglo III d.C. sufre el ejército, responden a algo que en nuestros tiempos contemporáneos estamos viendo: la adaptabilidad. Se suele decir que la guerra nunca cambia, y en esencia, esta afirmación es cierta cuando hablamos de la experiencia humana. Sin embargo, cuando se trata de ir a un plano menos ético y moral, y más pragmático y estratégico, la guerra ha evolucionado mucho a lo largo de la historia. Y aunque las experiencias pasadas siempre sirven de base para trazar nuevas estrategias, las nuevas tácticas ofensivas, los nuevos tipos de armamento, y las nuevas estrategias, obligan a adaptarse.
En pleno siglo XXI estamos asistiendo al fin del dominio de los portaaviones y los grandes ejércitos como reflejo del poder. Las guerras están evolucionando a un nivel en que una nación más pequeña y pobre, como Ucrania o Irán, puede aguantar el pulso a una gran potencia gracias al armamento barato, a los drones, a la organización descentralizada, a la geografía y, en fin, a la adaptabilidad. Y eso mismo es de lo que hablamos cuando analizamos el cambio que en el Imperio Romano Tardío sucedió con el ejército, y vamos a desglosarlo a continuación.
Antes de adentrarnos en los pormenores del ejército tardorromano, conviene hacer una breve exploración de las fuentes. Hay cientos de artículos académicos sobre el tema, pero, ¿de dónde han obtenido la información sobre la evolución y forma del ejército tardorromano los historiadores que escribieron esos artículos? Pues bien, la principal fuente disponible es la Notitia Dignitatum, un documento oficial que enumera toda la jerarquía de cargos tanto políticos o civiles como militares. En ella se detalla el orden de batalla del ejército romano al final del siglo IV, se exponen las bases militares y guarniciones, las insignias de cada unidad. Este documento está redactado entre el 395 d.C. y el 427 d.C. Es posible que pasara por diferentes actualizaciones. De hecho, cabe señalar que el original ha desaparecido, pero hay cuatro manuscritos de los siglos XV y XVI en Oxford, París, Viena y Munich.
A parte de esta fuente vital, disponemos de las Res Gestae de Amiano Marcelino, soldado veterano e historiador del siglo IV y considerado una de las fuentes más fiables y valiosas del período. Sus textos abarcan el período del 353 al 378. Otra de las fuentes importantes son los decretos imperiales publicados en el Imperio Romano de Oriente entre los siglos V y VI, básicamente el Código de Teodosio, del año 438d.C.; y el Corpus Iuris Civilis del 528-539 d.C. A esto tenemos que añadir la obra Epitoma Rei Militaris de Vegetius Renatus. Fue fechada a finales del siglo IV. Es un tratado en el que se describen los usos militares del ejército romano, y contiene bastante información sobre el ejército tardío, aunque realmente se centra en el ejército de la República y del Principado. Vegetius, por cierto, no se identificaba como militar, sino como vir illustris et comes, es decir, un personaje cercano al emperador. Sabemos poco de él, la verdad.
Todas estas fuentes se contrastan y completan con otro tipo de fuentes documentales como la epigrafía, los diplomas militares, los epitafios y las consagraciones (honoríficas, religiosas o conmemorativas), así como fuentes numismáticas. Adicionalmente, la arqueología no proporciona solamente inscripciones y monedas, sino que el estudio de los monumentos funerarios y de las construcciones militares (fortalezas, murallas, etc.); así como el estudio comparativo de estas con las de otras épocas, nos proporcionan información importante para completar el puzle.
Uno de los primeros cambios que vamos a ver en el ejército tiene que ver con la composición de su cadena de mando, es decir, quién va a dirigir las tropas. Aquí vemos una tendencia clave que se va a dar a partir del siglo II y es que los caballeros comenzarán a asumir las funciones de comandancia. Con caballeros me refiero a aquella clase social, conocida como eques, que se situaba entre los plebeyos y los patricios. Demasiado acomodados para los primeros, demasiado carentes de nobleza para los segundos. Esta clase irá ocupando cargos de poder y funcionariales a lo largo del Imperio, y eso incluirá roles de oficial en el ejército.
La dirección de los ejércitos siempre había recaído en los senadores, y es por eso que, normalmente, a los ecuestres se les incluía en el orden senatorial antes de obtener estos puestos. Sin embargo, a partir del siglo III dejó de hacerse. El prefecto ecuestre reemplazó al legatus senatorial al mando de una legión. A finales del siglo III hubo una fase dominada por un conjunto de oficiales ecuestres de las regiones danubianas que implantaron emperadores propios de su clase social. A veces ellos mismos acababan con los emperadores con la misma rapidez.
En cualquier caso, otro de los grandes cambios que sufrirá el ejército tendrá que ver con la división territorial. En el siglo IV las grandes provincias fueron reducidas a numerosos mandos regionales, de menor entidad. Con ello, el ejército se dividió en dos tipos de fuerza: los comitatenses, unidades de campo móviles; y los limitanei (no se traduce por limitaditos, sino por fronterizos), fuerzas estáticas de frontera.
Los limitanei concentraban la mayor parte de efectivos asignados a la guarnición de un área determinada. En el caso de fronteras fluviales, nos referimos a ellos como ripenses. Eran tropas reclutadas localmente, bajo el mando de oficiales ecuestres, duces de cada región o praepositi limitis. Su mando no siempre coincidía con los límites territoriales de la provincia, es decir, que podían tener mando sobre territorios de varias provincias. Y sí, de ahí viene el concepto posterior y nobiliario de “duque”.
Los comitatenses eran unidades de campo, o comitatus, sujetas a las órdenes inmediatas de uno de los emperadores o de sus directos subordinados. Eran tropas selectas, de élite, para la realización de ofensivas y campañas en el extranjero y dónde el principal protagonismo recaía en la caballería. Aquí con caballería nos referimos a soldados a caballo. La Notitia Dignitatum nos informa de que en el Imperio Oriental se contaba con cinco ejércitos de campo, dos de ellos asociados a la corte imperial y siete scholae regimientos de caballería de la guardia imperial, cada uno bajo el mando de un Maestro de soldados, supeditado al emperador.
Por su parte, el Imperio Occidental, contaba con siete, tres de los cuales eran relativamente pequeños. Estaban bajo el mando de un comes, que se traduciría como “amigo” o “compañero” y del que derivó la palabra “conde”. Estos comes respondían ante un Maestro de Infantería y un Maestro de Caballería, siempre bajo las órdenes del emperador.
Las unidades comitatenses estaban establecidas bastante al interior de las provincias, y han sido consideradas reservas estratégicas móviles capaces de desplazarse a donde los problemas los requiriese. Esta estrategia resolvía dos problemas. El primero eran las dificultades y riesgos que suponía movilizar tropas de la frontera cuando un enemigo conseguía traspasarla. La segunda es que ya en época del Principado, en esos dos primeros siglos de Imperio, las legiones realizaban tal cantidad de funciones que resultaba difícil desplazarlas a otras áreas para el combate, por lo que se recurrió al uso de destacamentos de legionarios en lugar de legiones enteras. Es decir, que ya empieza a conformarse esta idea de ejércitos más pequeños y móviles, preparados para el desplazamiento.
Muchas veces, la historiografía ha representado a los limitanei como milicias locales que desempeñaban un papel de soldados-campesinos de manera no continuada. Pero la realidad es que eran tropas regulares entrenadas cuya única diferencia con los comitatenteses era su estatuto. tenían la función de guardar las fronteras y ocasionalmente zonas con problemas de desórdenes internos. Los limitanei no tenían que enfrentarse a incursiones de importancia o invasiones, su número no era adecuado, sino que se enfrentaban a conflictos de menor escala dónde eran muy eficaces.
La Notitia Dignitatum recoge una amplia gama de unidades diferentes según el tipo de ejército. Las tropas comitatenses se dividían en infantería y caballería. Dentro de la infantería tendríamos la infantería legionaria, que sería la infantería pesada, divididas a su vez en senior, es decir, veteranas; y iunior, es decir, noveles. Adicionalmente entre la infantería tenemos a la auxillia pallatina similares a las cohortes auxiliares del principado. No parece que hubiera demasiada diferencia entre la infantería legionaria y la auxiliar en lo que concierne al equipamiento y tácticas. Parece que fueron una creación de Constantino, y fueron una de las puertas de germanización del ejército romano.
La caballería por su parte se dividiría entre las vexillationes comitatenses, que serían los regimientos regulares, y las pallatinas, que serían regimientos de élite de mayor sueldo y rango. Algunas unidades, pocas, reciben el título honorífico de comites (compañeros). Aparte de esto encontramos unidades especializadas de caballería acorazada llamadas cataphractii (a los amantes del Age of Empires seguro que les suenan) y clibanarii (caballería acorazada). El resto de unidades de caballería se dividían entre scutari, llamadas así por su scuta, su escudo particular, eran tropas de élite, destinadas a la escolta de dignatarios o del emperador; stablesiani, cuyo nombre proviene de establo, sugiriendo que eran originalmente personal de establos o caballería de escolta; y promoti, originalmente formaban el equites legionis, pero fueron promovidas para separarlas de las legiones y poder formar unidades independientes durante el siglo III.
Dentro de los ejércitos comitatenses, algunas unidades de infantería y caballería quedaban vinculadas para formar brigadas que, al parecer, no se separaban. Aparecen a veces como numeri, que es una etiqueta poco clara que en ocasiones se utilizaba también para nombrar unidades extranjeras o foederati (federadas). Se reclutaban dentro de un mismo grupo étnico y solían especializarse en una técnica de combate particular, pero con el tiempo comenzaron a reclutar sin distinción hasta no distinguirse del ejército regular.
En cuanto a los limitanei, la infantería legionaria también se dividía en destacamentos: senior, unidades antiguas; y iunior, las más nuevas. A esto se sumaba el ala auxiliar. La caballería se dividía en escuadrones de 50 a 100 hombres contando con la cunei equitum, o caballería en cuña; y luego los equites también divididos entre seniores y iuniores, así como un caballería auxiliar, alae, dividida en primae y secundae. Se incluirían los numeri, sin demasiada especificación.
Adicionalmente existían otro tipo de unidades, como las fuerzas de segunda línea (pseudocomitatenses), que eran antiguas tropas de frontera, ahora parte del ejército de campo. También los regimientos de la guardia imperial, o scholae, 12 en total de 500 hombres cada uno. En ciertos períodos eran también utilizados como ejércitos de campo. Aparecieron las primeras unidades especializadas de artillería, aunque seguramente la infantería seguía operando catapultas en muchas ocasiones, sobre todo en la defensa de fuertes y ciudades. Disponían de escuadrones navales tanto comitanteses como limitanei, cuando era necesario. Y finalmente los arqueros o sagittarii, unidades a pie o a caballo (mauri o dalmatae). Aunque son mencionados de forma especial en la Notitia Dignitatum, seguramente las unidades de infantería y caballería regulares tendrían hombres entrenados con este tipo de armamento y tácticas.
La verdad es que es escasa la documentación referida al tamaño de las unidades y a su organización interna. Se suele señalar que el tamaño de las unidades es rígido, pero la falta de evidencias quizá signifique que se trataba de algo más flexible. Sí sabemos, gracias a los testimonios, que la legión de unos 5 000 efectivos de épocas anteriores deja de existir. No sabemos con claridad cuándo, ni las causas. Tal vez la mayor movilidad o la necesidad de cubrir mejor el limes, pero parece que no hay una evidencia clara. Según Vegecio, en tiempos de Diocleciano algunas legiones mantenían hasta seis mil efectivos.
En general, el consenso ronda en torno a 1 000 o 1 200 soldados durante el siglo IV para los ejércitos comitatenses. En cuanto a los auxilia pallatina, seguramente rondaban un tamaño entre 500 y 600 jinetes. Tenemos claro el tamaño de las scholae ya citado anteriormente de 500 soldados. Pero todas estas estimaciones son teóricas. En cuanto a las tropas limitanei no tenemos pista alguna. Las estimaciones que daban autores como Arnold Hugh Martin Jones, basándose en los datos de Agatías Scholasticus, un historiador bizantino del período de Justiniano I, han sido desechadas. Rondaría, según Agatías, 645 000 efectivos en total. Jones dedujo que Agatías incluía las fuerzas navales, y basándose en la Notitia Dignitatum estimó unos 600 000 efectivos.
Richard Duncan-Jones calculó que Arnold Hugh Martin Jones (entre Jones quedaba la cosa), había sobreestimado entre dos y seis veces el tamaño de las unidades. Tras revisarlo, apoyándose en un gran corpus de pruebas arqueológicas de todas las fronteras imperiales, llegó a la conclusión de que estas habían sido diseñadas para acomodar guarniciones mucho más pequeñas. Cuando los lugares arqueológicos se logran vincular a los fuertes enumerados en la Notitia, el resultado es que los residentes que allí se reflejan suelen ser también pocos. Algunos ejemplos son la Legio II Herculia, creada por Diocleciano, que ocupaba la séptima parte de una base militar típica de la época del principado. En Abusina, otro ejemplo, la Cohors III Brittonum, ubicada en una fortaleza que constituía solo un 10% del antiguo fuerte de época de Trajano. Todo esto se tiene que analizar con cuidado, porque a veces las unidades reflejadas en la Notitia pueden ser sólo destacamentos (a veces se muestra la misma unidad en dos o tres sitios).
Hoy se sugiere que el ejército regular del siglo II era mucho más grande que el total de 300 000 efectivos asumidos. Se calcula que teniendo en cuenta auxiliares, en ejército del Principado debió llegar a 450 000 (sin contar flotas y foederati). Por lo tanto, para el Bajo Imperio, hablamos de un ejército menor a los 450 000.
Analizando más en detalle el armamento vemos que corresponde a los cambios tácticos. El más famoso, o más visible cuando vemos una representación de un soldado romano del bajo imperio es el abandono del clásico escudo rectangular por uno redondo u ovalado. Adoptado desde el siglo III, es más plano y se adapta mejor a las tácticas de escudos entrelazados, así como a las tácticas de falange de estilo griego que se recuperan en esta época.
En el siglo II vemos también cómo se produce una fusión de las influencias galas e italianas en la fabricación de yelmos para las legiones, estandarizando y simplificando hasta llegar a un modelo caracterizado por la sencillez, la practicidad y el bajo coste, conocido como spangenhelm. El nombre es germánico, por cierto, dado que es un casco que se utilizó mucho durante la edad media. Se trata de un casco semi ovalado formado por tiras de metal que sujetan placas de acero y bronce y con carrilleras articuladas y en algunos casos con cubrenuca.
Las nuevas corazas buscaban resistencia pero también movilidad, ya que debían favorecer el cuerpo a cuerpo de la infantería pesada. Se va abandonando la clásica lorica segmentata siendo sustituida cada vez más por la lorica hamata o cota de mallas; y por la lorica squamata, o coraza de escamas. Algunas unidades de caballería comenzaron a adoptar armaduras más pesadas que las de la infantería, como es el caso de cataphractii y clibanarii, unidades en las que tanto el jinete como el caballo iban acorazados.
En la Lorica Hamata las mangas a veces llegan a las muñecas, y la extensión en su parte superior hasta la cabeza, cubriéndose con una especie de cofia. Era bastante pesada, de ocho a catorce kilos. Ofrecía una buena protección frente a estocadas y cortes de filo, aunque podían producir que las anillas se clavasen en la piel produciendo heridas. Por este motivo, solían añadir una vestimenta protectora debajo. Su mayor defecto es que eran lentas de producir, lo que no las hacía tampoco baratas.
La lorica squamata se fabricaba aplicando pequeñas piezas de metal con forma de escama más o menos grande engarzadas entre sí a una pieza de lino o cuero que actúa como base. Ofrecía menos movilidad y resistencia que las de malla. Las escamas no eran suficientemente gruesas para evitar golpes de filo, y se podía atravesar relativamente fácil con una estocada de espada o de lanza. Pero era barata y fácil de fabricar y mantener, sin requerir artesanos especializados.
Las dos armas más famosas del legionario, el gladius y el pilum, tampoco se salvan y acaban siendo sustituidas por la spatha y la lancea. La lancea era una jabalina más ligera que el pilum, con una punta menor y una capacidad de penetración inferior. Se utilizaba con un propulsor de tiras de cuero para aumentar su alcance. Podía ser utilizada como arma arrojadiza o como una lanza. Se adoptó intentando paliar el alcance del pilum tradicional, así como buscando una reducción del coste de fabricación.
La spatha, por su parte, había sido empleada durante el Principado por parte de las unidades de infantería pesada auxiliar como por la caballería. Desde el siglo II d.C., se extiende entre la infantería legionaria. Era más larga que el gladius, alcanzando entre 60 y 70 centímetros de hoja (añadiendo 15-20 centímetros más de empuñadura), con una anchura de entre cuatro a seis centímetros. Es de clara influencia bárbara. Ahora, el soldado la porta en el costado izquierdo sujeta a un tahalí, una banda de cuero que cruza desde el hombro derecho a la cintura izquierda, o se sujeta al cinturón. Está pensada para atacar con el filo, pero es útil como arma de estoque. No se sabe bien el motivo por el que se adoptó, pero según el historiador Adolfo Raúl Menéndez Argüín, seguramente se deba a que la lancea tiene menor poder de penetración, evitando que el enemigo se vea obligado a arrojar su escudo. Por tanto, la spatha responde a la necesidad de luchar contra un enemigo protegido con un escudo.
A partir del siglo III encontramos también la plumbata, una flecha de un metro de longitud con punta de metal alargada, lastrada en su extremo inferior con un abultamiento de plomo que hace de contrapeso y aumenta la capacidad de penetración. Es un arma arrojadiza que puede alcanzar los 60 metros de distancia. Finalmente, la daga, o pugio, extendida entre los legionarios en el I d.C., experimenta un nuevo auge en el III d.C.
La adopción de tácticas falangísticas (no confundir con falangistas…) en detrimento de la tradición táctica en cohortes se debe a cambios en el estilo de guerra. Cabe decir que las cohortes fueron desarrolladas a partir de la falange etrusca, en uno de los muchos ejemplos de la capacidad adaptativa romana, por tanto, no hablamos de dos sistemas de lucha tan alejados entre sí. La falange es más compacta, y Roma vuelve a eso cuando se ve necesitada. Hay que señalar, también, que hay claras diferencias entre la frontera oriental y la europea. Los partos y persas luchan esencialmente con caballería ligera (arqueros montados) y pesada. Ante estas tropas, la infantería pesada era poco eficaz. Por lo que la infantería ligera y la caballería se vuelven esenciales. Las legiones necesitan formar masas compactas capaces de resistir las embestidas de la caballería y proporcionar un punto de apoyo al resto de tropas durante la batalla. El terreno también era más apto para éste tipo de lucha.
Como el tema es largo y se me iba de madre, lo he dividido en dos. En la segunda parte expondré los cambios en materia de reclutamiento, la barbarización, las relaciones con el mundo civil y el cristianismo; así como la evolución de la guerra y de las estructuras defensivas (las fortalezas y el limes romano).
El PSOE está en plena campaña electoral; con el mismo descaro que en su día Gonzalez proclamaba "no a la OTAN," y luego nos metío en ella, Sanchez esgrime el "no a la guerra" pero "sí a la OTAN", financiando y alimentado la guerra de Ucrania, aprobó la ampliación de la base de Rota...
A niveles nacional, regionales, y locales YA están enviando propaganda electoral.
Hipótesis: Si al PSOE le va bien en las elecciones andaluzas, pueden adelantar las nacionales. Para aprovechar el slogan"no a la guerra", antes de que la población se sienta engañada; www.meneame.net/m/actualidad/no-tan-pacifista-sanchez-firma-convenio-p www.meneame.net/m/actualidad/gobierno-aprueba-otro-gasto-militar-29-6-
No olviden lo siguiente, para no sentirse engañados una vez más: "El Congreso ha rechazado oponerse al aumento del gasto militar y al plan de rearme de la Unión Europea (UE) con el voto de PP y PSOE, Sumar ha votado en contra de eso y ha apoyado que España abandone la OTAN. " www.meneame.net/story/congreso-avala-aumentar-gasto-militar-planes-def
y sin dar tiempo a que las izquierdas se unan.
Compatriotas si no quieren votar a los grandes partidos corruptos españoles, que han destruído la sanidad andaluza, con graves consecuencias (cribado de cáncer); ellibre.es/la-indignante-politizacion-de-la-sanidad-publica-en-andaluc; causan accidentes por falta de mantenimiento de las infraestructuras,...
Y si no les convencerían los otros partidos: tienen la opción de votar al partido Escaños en Blanco, que dejan los escaños vacios, ahorrandonos sueldos, dietas, privilegios de politicos que ya han probado su ineficacia y corrupción. Votar al partido "Escaños en Blanco" no es votar en blanco sin más: hay que coger una papeleta que reza Escaños en Blanco, los escaños que logran los dejan vacíos. Como votar a Escaños en Blanco: www.meneame.net/story/como-vota-escanos-blanco
No votar, nulo, o votar en blanco sin más, equivale a votar a los grandes partidos (PPSOE), con corrupción e inoperancia demostradas
La madrugada del 2 de abril de 1982, tropas argentinas bajo el mando del general Carlos Büsser, tomaron con facilidad Stanley, capital de las Malvinas. El día tres tomaban la isla de Georgia del Sur. El gobernador Rex Hunt y la pequeña guarnición cayeron presos. La Operación Rosario había sido un éxito. Las tensiones por las islas Malvinas estallaron y, desde ese momento, ya no hubo vuelta atrás. Se iniciaban así dos meses y medio de conflicto que segaron la vida de más de mil jóvenes, entre británicos y argentinos. Dos países occidentales, dos miembros del mismo bloque, dos gobiernos liberales. ¿Cómo se llegó a esta situación?
Cuando comenzó la guerra la mayoría de los británicos no sabía ubicar las islas en un mapa. Por contra, para los argentinos las Malvinas eran una convicción: la causa más grande del nacionalismo argentino. El reclamo sobre estas islas (casi las podrían llamar “Mal Venidas”) se ha ido enseñando en las escuelas con el paso de los años, y se fortaleció durante la dictadura cívico-militar. La discusión sobre el dominio de estas islas había suscitado muchos pleitos entre los reinos de Francia, España e Inglaterra. Esta última, en mitad de las guerras napoleónicas, aprovechó para obligar a los últimos soldados españoles a retirarse en 1811. Una jovencísima República Argentina reclamó en seguida la propiedad de las islas. Sin embargo, en 1833, los británicos tomaron posesión militar y las rebautizaron como Falklands. En 1946, tras su llegada al poder, Juan Domingo Perón resucitó la polémica en nombre del anticolonialismo y del panamericanismo. Naciones Unidas obligó a Inglaterra a entrar en negociaciones.
Sin embargo, ¿cuál es la verdadera importancia de estas islas? A 550 km al este de la Patagonia argentina, con 11.800 km2. Para 1982 apenas 1830 personas vivían allí, 1550 en Puerto Stanley. 400 de estos habitantes eran británicos, 30 argentinos y el resto gozaban de un estatuto de asociación a la Corona. La industria principal era la cría de ovejas, unas 650.000, bajo gestión de la Falkland Island Company, uno de cuyos directores, por cierto, era el esposo de Margaret Thatcher. Todo queda en casa. Uno podría preguntarse si la lana y la carne de oveja es una industria tan estratégica que justifique la guerra.
Antes de la construcción del canal de Panamá, tenía un interés estratégico. Lord Anson, en 1740 escribió: “El control de las Falklands podría ser útil en tiempo de paz, pero en tiempo de guerra nos daría el control de los océanos”. De hecho, más de siglo y medio más tarde, en 1914, la base naval ubicada allí demostró cierto valor: la Royal Navy hundió cuatro navíos de guerra alemanes operando desde allí. Cabe decir que hoy en día puede alojar una plataforma logística tanto submarina como aeronaval idónea para interceptar las ondas hertzianas (1) y electromagnéticas sobre América del Sur. Además, tienen petróleo que se explota desde 2010.
(1) Conocidas también como ondas radioeléctricas, viajan a la velocidad de la luz y pueden propagarse por el espacio libre o a través de medios como cables o fibras ópticas. Se utilizan para diversas aplicaciones como la radio, la televisión, la telefonía móvil, las redes inalámbricas, y la navegación satelital. Pueden ser reflejadas, refractadas y difractadas, dependiendo de las características del medio en el que se propagan.
En 1974 la asamblea de Naciones Unidas, ese ente famoso por su utilidad, había pedido una solución pacífica. Se propusieron diferentes opciones, como, por ejemplo, un condominio anglo-argentino, o un estatuto como el de Hong Kong, etc. Evidentemente, estas propuestas no salieron adelante. Pero la situación empezó a deteriorarse en cuanto en 1976 la Junta Militar tomó el poder en Buenos Aires, derrocando mediante un golpe de estado a Isabel Perón. De hecho, en 1980 el parlamento británico, por presión de la población de las islas, rechazó una cesión diferida del archipiélago. Esto coincidió con la llegada al poder de Margaret Thatcher.
La Junta estaba compuesta por representantes de las tres fuerzas armadas: Ejército, Marina y Fuerza Aérea. A nivel económico se produjeron profundos cambios en la economía argentina que terminaron por crear un nuevo modelo económico basado en la acumulación rentística y financiera, la apertura externa sin restricciones comerciales ni de capitales y el restablecimiento del mercado como herramienta hegemónica de asignación de recursos. Todo esto acompañado de la reducción de la participación estatal y la apertura a productos extranjeros que entraron a competir con los locales, aunque esto supusiera el sacrificio de la industrial local. En la primera etapa, del 76 al 78, se aplicó un plan de ajuste ortodoxo con devaluación, liberación de precio, congelamiento de salarios, facilidades en las importaciones y cese de la promoción en las exportaciones. Esto se acompañó de una reforma financiera en 1977 que puso a las finanzas en posición hegemónica a la hora de absorber los recursos. Básicamente un modelo neoliberal que provocó una grave crisis económica, con una altísima inflación y un endeudamiento externo brutal. Lo normal del neoliberalismo.
La segunda etapa, iniciada en 1978, comenzó con la aplicación de la “tablita cambiaria”, que consistía en hacer devaluaciones inferiores a la inflación. Agravaron el cierre de las industrias nacionales, incapaces de competir con los productos importados, e impulsaron la salida de divisas, causando déficits comerciales y de servicios. Esto se cubrió con ingresos de capitales y creando una enorme deuda externa que, en 1981, produjo una primera crisis de graves consecuencias. Algunas de estas nefastas medidas aún se arrastraban en los años 90.
La junta se caracterizó por ser un gobierno represivo, mediante el llamado “Proceso de Reorganización Nacional”, caracterizado por una represión brutal que hizo desaparecer a alrededor de 30 mil personas a través de centros clandestinos de detención (el más famoso de ellos fue la ESMA, Escuela de Mecánica de la Armada), y robando más de 400 bebés. La brutal represión impidió cualquier tipo de resistencia social a las transformaciones económicas. Las élites agropecuarias, los grandes grupos económicos y financieros locales y los intermediarios comerciales y financieros fueron los grandes beneficiados. Quedó claro que las Fuerzas Armadas habían asumido el poder político como representantes de estos grupos económicos.
En junio de 1980, un año después de llegar al poder, la administración Thatcher tomó dos medidas respecto al archipiélago: la primera fue desmantelar la base científica en Georgia del Sur. La segunda, más importante para el caso, fue la reducción del presupuesto militar que conllevó la retirada del único buque permanente en el Atlántico sur. Seguramente, desde Buenos Aires, esto se interpretó como una prueba del desinterés briutánico por las islas. A esto se sumó el acercamiento de Ronald Reagan que, en 1981, estableció estrechas relaciones diplomáticas y militares con Buenos Aires.
En diciembre de aquél año, el general Leopoldo Galtieri, comandante del ejército argentino, encabezó una nueva junta en compañía del general Lami Dozo, jefe de la aviación, y del almirante Jorge Anaya, comandante de la marina y principal defensor de reconquistar las Malvinas. Galtieri mostró su mejor carta: la unión nacional argentina sobre una meta simbólica: la reconquista de las islas.
El 29 de diciembre, la junta ya había planeado la invasión, pero se reservó una posible salida política en caso de que las negociaciones fueran positivas. Surgieron dos planes distintos: la Operación Alfa, para Georgia del Sur, que implicaba a un empresario argentino con contactos en Londres (Constantin Davidoff). Él compraría una vieja fábrica ballenera en Puerto Keith, allí mandaría a cuarenta obreros. Entre ellos se infiltraría comandos. La marina argentina le ofreció a Davidoff apoyo material y fiscal con la condición de que esperase al día y ora indicada por el estado mayor. Por otro lado, la operación Azul apuntaba a las Malvinas: desembarcar sorpresivamente en Puerto Stanley y establecer un puente aéreo y marítimo para enviar tropas suficientes como para disuadir a Londres de cualquier reacción militar.
En febrero de 1982 se fijó como fecha de lanzamiento de las operaciones el día 9 de julio, día de la independencia. La base británica de Grytviken ya estaría evacuada y el HMS Endurance se habría retirado. Galtieri había negociado la neutralidad de Uruguay. Pero la sesión de negociaciones diplomáticas con Londres del 1 de marzo de 1982, en Nueva York, dio resultados alentadores. Esto alarmó a los militares, así que al día siguiente la Secretaría de Relaciones declaró que si no se encontraba pronto solución diplomática, Argentina se reservaba el derecho de dar fin al proceso y escoger libremente los medios más adecuados. Es decir, que si hubo alguna posible opción de acercamiento diplomático, aquél día prácticamente dinamitaron los puentes existentes. No sólo eso, sino que el estado mayor general adelantó el día D al 15 de mayo, antes de la siguiente sesión de negociaciones. Sin embargo, todo se adelantó aún más cuando Anaya decidió lanzar la Operación Alfa sin avisar a sus colegas de la junta. Fijaos en este detalle, pues la descoordinación del mando argentino va a ser una constante con mucho peso en el resultado.
A finales de diciembre de 1981 Anaya había puesto a disposición de Davidoff el buque polar Almirante Irízar para ir a Puerto Leith. En marzo, recibió luz verde y el día 19 sus cuarenta obreros se instalaron en el puerto. La vigilancia de Grytviken, situada a 20 km, llegó al poco a Puerto Leith y vio ondear la bandera argentina. Avisaron inmediatamente a Londres, que inmediatamente avisaron a Buenos Aires de la seriedad de éste asunto. El Endurance recibió la orden de ir a Georgia con quince marines. El 23 de marzo el buque polar Bahía Paraíso llegaba a Georgia, pero no para recoger a los “obreros”, sino para desembarcar unos cien comandos más. En ese momento, el buque británico más cercano estaba en Gibraltar, a más de 12.000 km. Dieciséis navíos con cinco mil hombres salieron de Puerto Belgrano: la junta había adelantado la invasión al día 1 de abril.
Londres, en realidad, ya sospechaba algo. El 24 de marzo, el coronel Stephen Love (gran nombre para un militar…); de la embajada británica en Buenos Aires, informaba secretamente a Londres que estimaba probable una acción militar argentina. El 27, fuentes americanas e inglesas ya hablaban de actividad inusual de la marina argentina. Para el 29 Londres ya había decidido mandar con urgencia tres submarinos nucleares. El 31 de marzo la CIA ratificó el plan de invasión y Willian Casey, el director de la Central, muy anglófilo, por cierto, decidió informar a Londres. Probablemente, Chile corroboró ese mensaje. Ese día, el gobierno británico estaba ya convencido del inminente ataque.
El mismo 31 de marzo, Thatcher reunió al gabinete. Los delegados del Foreign Office se manifestaron en contra de una respuesta militar porque podría ser contraproducente en todos aquellos países que habían sido “seducidos” por el discurso “socialista y anticolonialista”. Porque el anticolonialismo es una idea a la que llegas por seducción, no por deducción. Londres, además, no podía contar con sus aliados tradicionales y tres de sus socios europeos estaban demasiado ligados a Argentina: España cultural y socialmente, Francia y Alemania por sus contratos armamentísticos.
El secretario de Defensa, John Nott, presentó todas las razones que hacían aleatoria, imposible, una expedición militar a 15.000 kms cuando se acercaba el invierno austral. Habló de miseria presupuestaria y material de las fuerzas armadas en contraposición con lo que sería una costosa operación. Justo cuando, además, habían retirado el único patrullero de la zona. Además, el presupuesto estaba cargado con dos programas mayores: cambiar los misiles nucleares Polaris por los nuevos Trident y renovar el material convencional de las fuerzas británicas desplegadas en Alemania. Pero la razón fundamental es que temían, y era algo realmente posible que sucediera, un fracaso desastroso.
Para empezar, la RAF no tenía ninguna base a su alcance, la marina Argentina era bastante buena y contaba con los temibles misiles Exocet, además combatían cerca de sus bases y las islas estaban al alcance de su aviación. Las fuerzas terrestres y aéreas británicas estaban masivamente implicadas en Europa Central, en el marco de la OTAN. La cosa no era tan simple como, muchas veces, creemos.
Margaret Thatcher (Margarita Techador), apoyada por Anthony Acland, representante de los servicios de información y seguridad, pensaba de otra forma: había que reivindicar el orgullo nacional. Gran Bretaña tenía por fuerza que reaccionar cuando alguno de sus territorios era agredido, y esto serviría de aviso también a los soviéticos. No es que se negase a negociar, sino que quería hacerlo desde una posición de fuerza, por ello debía mandar un cuerpo expedicionario. Eso y que su popularidad estaba tirando a mal, razón por la cual, ceder sin dar respuesta hubiera sido pegarse un tiro en el pie. La guerra le vino como anillo al dedo, no tan así a todos los hombres que murieron allí, claro está.
El jefe del estado mayor general estaba en Nueva Zelanda, así que en su lugar acudió el almirante Henry Leach, jefe del estado mayor de la marina. Llegó en el momento oportuno, venía de una inspección en Portsmouth. Había movilizado ya a las fuerzas vivas del almirantazgo. Él consideraba que la oportunidad era ideal para demostrar al poder político la utilidad de la RAF, que estaba amenazada por los recortes. A Leach, también le vino como anillo al dedo. Entre 1972 y 1982, la marina había pedido veintiséis buques (tres cruceros y cinco portaaviones). Pero todavía les quedaba uno en servicio, el Hermes. Leach, veterano de la Segunda Guerra Mundial, arguyó que podía reunir una fuerza naval compuesta de destructores, fragatas y navíos de desembarco y apoyo logístico encabezada por el Hermes y el Invencible. Junto a esta, una brigada de marines. Zarparía en 48 horas. Estaba convencido de que era suficiente para retomar las islas. Spoiler, lo fue.
Leach, con su profesionalismo y audacia, convenció a Thatcher que veía en la apuesta un burbuja de oxígeno en su popularidad. Una victoria relanzaría su carrera política, ya que el contexto socioeconómico le era absolutamente desfavorable, pues sus reformas ultraliberales, para sorpresa de nadie, no daban frutos y habían radicalizado a laboralistas y sindicatos. Veía dificil ganar las legislativas de 1983. Así que nada, le digo a Leach: tírale. El 31 de marzo de 1982, 36 horas después del primer disparo en las Malvinas, Gran Bretaña lanzaba su respuesta militar. La junta no había analizado bien la situación política británica.
Las fuerzas armadas Argentinas, con 230.000 hombres, eran el segundo ejército de América Latina. Su material era, en general, anticuado, pero sus hombres estaban motivados y bastante bien entrenados. Eran famosos en la lucha antiguerrillera. El ejército y la infantería marina sumaban 136.000 hombres, casi todos instalados frente a Chile y Brasil. La aviación disponía de 165 aviones de combate (de distintos modelos), pero el estado mayor no era capaz de coordinar más de seis aviones a la vez. La marina disponía de veinte navíos de combate. A las Malvinas enviaron 12.000 hombres, la mayoría de ellos, conscriptos poco entrenados de la tercera y décima brigadas de infantería.
Gran Bretaña contaba con 350.000 soldados profesionales. El cuerpo expedicionario contaba con 28.000 hombres, 110 navíos, de los cuales 33 eran de combate y 60 de apoyo de la Royal Fleet Auxiliary. Llevaban 38 aviones de combate Sea Harrier y Harrier, así como un centenar de aviones y helicópteros de apoyo. Además de los famosos SAS (Special Air Service), SBS (Special Boat Squadron), y los Gurkhas, punta de lanza de las fuerzas terrestres (9500 soldados de la tercera brigada de comandos y la quinta de infantería).
En realidad, vemos un relativo equilibrio de fuerzas, pese a la ventaja naval británica. Hay que tener en cuenta la proximidad de Argentina al teatro de operaciones.
La madrugada del 2 de abril de 1982, tropas argentinas bajo el mando del general Carlos Büsser, tomaron con facilidad Stanley, capital (única ciudad, o pueblo) de las Malvinas. Al día siguiente, Georgia del Sur. La Operación Rosario había sido un éxito. El gobernador Rex Hunt y la pequeña guarnición cayeron presos y fueron repatriados de inmediato a Inglaterra. En Buenos Aires, bueno, estaban eufóricos. Galtieri habló al pueblo desde la Casa Rosada. Si una semana antes las manifestaciones de hostilidad contra la junta llenaban la capital, ahora era todo pura celebración. Como si el hecho de haber tomado el archipiélago hubiera cambiado todo lo demás. Ya se sabe, una conquista y de repente ya llegas a fin de mes. El general Mario Menéndez, nombrado gobernador del archipiélago, declaró que la vida cotidiana de los insulares no cambiaría a excepción de los coches, que tendrían que circular por la derecha.
El gobierno británico, por su parte, lanzó la Operación Corporate, bajo el mando del almirante John “Sandy” Woodward para la parte marina, y del general Jeremy Moore, para la terrestre. La ONU se puso las pilas en ese momento y… bueno, condenó la agresión y reconoció el derecho británico a la legítima defensa. Muy de la ONU. Los diplomáticos, por su parte, buscaban una salida negociada: el secretario de Estado norteamericano, Alexander Haig, viajó muchas veces entre Londres, Nueva York y Buenos Aires, antes de reconocer su fracaso. Para el 12 de abril de 1982, Londres decretó una zona de exclusión de doscientas millas náuticas alrededor de las Malvinas. El 25 de ese mes, sus comandos retomaron Georgia del Sur, y unos días después el cuerpo expedicionario se acercaba. Daba comienzo a la segunda fase del conflicto.
Esta fase comenzó con una batalla aeronaval. El 2 de mayo, el General Belgrano, crucero argentino, fue hundido por el submarino nuclear Conqueror. Este ataque fue aprobado por el primer ministro inglés con dos fines: neutralizar una amenaza y demostrar la determinación británica. Y la verdad, funcionó, las naves argentinas regresaron a puerto. Dos días después el destructor británico Sheffield fue abatido por un misil Exocet, disparado por un Super Etendard argentino. Esto le vino genial a la industria militar francesa.
Las fuerzas especiales británicas llevaron a cabo una serie de golpes espectaculares, fracasando en Río Grande y teniendo éxito en la isla Pebble. Dos viejos Vulcan bombardearon la pista de Puerto Stanley: no tuvo grandes consecuencias militares pero demostraron hasta qué punto la RAF estaba dispuesta a llegar, incluso, a bombardear Argentina. Esto hizo que la mayoría de los Mirage III se quedaran en Argentina para defender Buenos Aires y Puerto Belgrano, y no aparecieron a apoyar el combate en las Malvinas.
El 21 de Mayo desembarcó la tercera brigada comando en la bahía de San Carlos. La aviación argentina multiplicó los contraataques sobre la marina, destruyendo y dañando varios buques, pero perdiendo decenas de aparatos en el proceso. Los británicos, pese a todo, lograron consolidar una cabeza de puente con la quinta brigada de infantería. El 25 de mayo fueron hundidos el destructor Coventry y el transportador Atlantic Conveyor. Tres días más tarde, el 28, los paracaidistas ingleses se enfrentaron con los argentinos en las trincheras de Darwin y Goose Green. Sufrieron fuertes pérdidas, pero, los británicos, lograron imponerse. Durante dos semanas fueron avanzando hacia Puerto Stanley, cercando progresivamente la gruesa guarnición argentina. El 8 de junio, el resto de la quinta brigada desembarcó en Fitzroy y Bluff Cove, y alcanzó a las tropas transportadas en helicóptero desde San Carlos. El 14 de junio, tras los últimos enfrentamientos, el general Menéndez capituló sin condiciones.
Fueron dos meses y medio, en un clima extremo. Se llevó la vida de 746 argentinos y 265 británicos. Argentina perdió 6 buques y 99 aviones, mientras que Inglaterra perdió 6 naves, 12 fueron dañadas y 34 aviones abatidos. Uno mira las cifras de bajas y se plantea que no fueron tan dispares. Cabe decir que la mitad de las bajas argentinas murieron en el hundimiento del Belgrano, lo cuál es bastante excepcional, ya que, normalmente, se rescata a los marineros naufragados. Pero la potencia del ataque, la rapidez con la que la nave se hundió, el frío y la oscuridad dificultaron el rescate. Pero eso significa que, en tierra, las bajas estuvieron más equilibradas.
Podría, sí. De hecho, pese a la ventaja naval británica que ya hemos comentado, las fuerzas en liza están bastante equilibradas. Recalcar, de nuevo, que por mucho que el ejército británico fuera mayor, más profesional y en muchos casos mejor equipado, la geografía equilibraba la balanza. Argentina luchaba, como aquél que dice, en casa. A nivel logístico tenía la ventaja. La logística, en la guerra, es tan importante que puede equilibrar las fuerzas. Esto es algo que uno aprende bien cuando estudia las Guerras de Coalición, anteriormente llamadas Guerras Napoleónicas.
Cabe señalar que la guerra no fue fácil para los británicos. Prueba de ello es el férreo control que aplicaron a los medios de comunicación. Londres había aprendido de la Guerra del Vietnam la importancia de controlar el relato. Elm Estado Mayor británico estableció otra forma de relacionarse con los medios de comunicación. No van a permitir que la población sea testigo de los combates, basándose en que las guerras son crueles y complicadas. Así, seleccionaron un grupo de reporteros bajo su criterio que pudieron acudir al conflicto bajo la protección del ejército. El buque que transporta a los periodistas quedó en la periferia dónde recibe la información a través del estado Mayor. No tienen los periodistas ninguna posibilidad de acceder al conflicto. Se libran batallas que demuestran que la seguridad británica no es tal, que la aviación argentina es eficaz. Los medios hablan de un conflicto fácil. Excepto uno: la BBC no aceptó la manipulación y llegó a amenazar con pedir material a la televisión argentina para mostrar otros puntos de vista. Y es que la victoria fue más ajustada de lo que parece.
La Royal Navy alcanzó el límite de las pérdidas soportables: catorce naves destruidas o fuera de combate, un tercio de sus destructores y fragatas sobre el terreno. El saldo no fue peor porque muchas bombas argentinas de 225 y 450 kg estaban obsoletas. Pero, sobre todo, el gran error del mando argentino fue atacar a los buques de guerra en lugar de a los navíos logísticos y de transporte de tropas, mucho más indefensos. De haberlo hecho, ¿cómo hubiera soportado Gran Bretaña la invasión a las islas? También, si uno de sus dos portaaviones hubiera caído, el golpe habría sido fatal. Pero la destrucción del Belgrano, con una cifra de bajas aberrantemente alta, disuadió al grupo aeronaval argentino de pasar a la ofensiva. Adicionalmente, los servicios secretos argentinos trataron de lograr unos diez misiles Exocet extra. Ya habían disparado los cinco que poseían. Pero no lo lograron. Esos misiles hubieran podido suponer también una diferencia en el éxito o fracaso de la misión británica.
La batalla aérea estuvo bastante reñida. Fue la defensa antiaérea de los buques las que provocaron las pérdidas argentinas. Las fuerzas aéreas argentinas operaban al límite de su radio de acción. Aquí el error fue no aprovechar las siete semanas anteriores al desembarque de los marines británicos para prolongar la pista de Puerto Stanley y desplegar allí los Skyhawks, Mirages y Super Etendards. Esto les habría dado una gran ventaja, porque si bien, a nivel logístico, estaban mejor posicionados para reforzarse, y sus aviones podían operar desde el continente, la distancia entre Argentina y las islas no es pequeña.
Tal vez en tierra fue dónde hubo más errores: retirar las tropas de élite e instalar conscriptos mal armados y poco entrenados. Buscar una defensa estática y no cambiar la estrategia, en lugar de apostar por el movimiento. Los británicos, una vez en tierra, tuvieron siempre la iniciativa. Argentina perdió muchas oportunidades de contraatacar. La reconquista de Georgia estuvo a punto de terminar en desastre con la operación Mikado, que fue cancelada, por suerte para muchos, que pudieron vivir para ver otro día más.
En resumen, Argentina tenía posibilidades de tomar las islas y ganar el conflicto. Pese a la superioridad militar inglesa, la capacidad de despliegue británica a tal distancia era mucho menor. Personalmente, creo que la Junta intentó una medida de presión y salió mal. Nunca se plantearon la guerra seriamente, sino más bien como un ardid y creo además que no se dieron cuenta de que para Gran Bretaña, o al menos para la administración Thatcher, aquello sí era serio. Por eso, la operación Rosario fue tan limpia. Siempre se intentó minimizar los daños (la única baja civil fue provocada por un bombardeo británico). Los soldados argentinos, escasos de suministros, tenían incluso prohibido tocar el ganado de la isla. Quizá la junta sí se dio cuenta de que Gran Bretaña iba a responder, pero no fueron capaces de abortar a tiempo. En cualquier caso, fue la negligencia de los mandos, especialmente de la Junta Militar, la que llevó a Argentina a la derrota. Sobre ellos recaen los cerca de mil muertos que provocó este conflicto.
A nivel internacional, Mitterrand dio todo su apoyo a los británicos. París congeló toda entrega de armas a Buenos Aires. Los códigos de los misiles Exocet fueron parcialmente a los británicos, permitiéndoles tomar medidas electrónicas. Además, los franceses llevaron a cabo ataques simulados sobre la marina británica para entrenarla contra los ataques argentinos. Los servicios secretos franceses cooperaban a fondo, interceptando las comunicaciones de los argentinos mandados a Francia para adquirir más Exocet. Es que uno no puede confiar su defensa en terceros.
Mitterrand usó su influencia para convencer a Togo y Zaire, del Consejo de Seguridad, para votar una resolución favorable a los británicos. Convenció también al canciller Helmut Schmidt de renunciar por un tiempo a los jugosos contratos de armamento argentinos. Bélgica, Holanda, Luxemburgo y Dinamarca se mantuvieron anglófilos, la Comunidad Europea proclamó un embargo comercial contra Argentina e incluso España se olvidó de la solidaridad hispánica para cuidar su negociación de integración a la Comunidad Europea (y a la bienamada y bien querida OTAN). Básicamente, España se abstuvo cuando se votó la resolución 502 en el Consejo de Seguridad, en contra de lo que esperaba Argentina.
Estados Unidos se mantuvo ambiguo en la primera fase del conflicto, para sorpresa de nadie. Atrapado entre su voluntad de evitar una crisis mayor en la OTAN y su deseo de no comprometer sus pactos de seguridad con los estados del subcontinente. El conflicto enfrentaba a dos países aliados sin implicar indirecta o directamente a ningún país comunista. Pero a las cuatro semanas, el Pentágono entregó con urgencia los misiles, radares y material electrónico antimisiles requeridos por Londres. Cuando las operaciones comenzaron, la lógica estratégica de bloque volvió a funcionar, Washington se posicionó claramente del lado de Londres. Moscú se declaró dispuesta a apoyar a “Buenos Aires”, de hecho, buques “pesqueros” soviéticos pululaban ya en el Atlántico Sur.
América Latina en general apoyó la causa argentina, se negaron a calificar de “agresión” la conquista y a cualquier embargo. En el Consejo de Seguridad Panamá apoyó a Argentina y Guyana a Londres. Uruguay apoyó a Argentina pero abrió su espacio aéreo y marítimo a las naves inglesas siempre que fueran desarmadas. Brasil abrió una de sus bases al submarino Vulcan que tenía problemas. Perú se declaró neutral y se negó a vender a Argentina sus Exocet, aunque diplomáticamente fue el más activo de todos los países de la región proponiendo un plan de paz que fue rechazado. Chile sin duda informó a Londres de la inminente invasión argentina.
El 17 de junio de 1982, tres días después de la capitulación, Galtieri renunció, abriendo así el largo proceso que llevaría a la democracia. El 18 de junio, Londres ofreció repatriar a los 14.000 presos de guerra argentinos y el intercambio de prisioneros terminó sin problemas el 12 de julio. La comunidad internacional reintegró a Argentina al concierto de naciones, cancelando el embargo comercial. Francia y Alemania volvieron a entregar material bélico.
En Londres la guerra dio credibilidad y prestigio a las fuerzas armadas, pero aceleró el proceso de reorganización de la Defensa. Los generales se quejaban amargamente de las interferencias constantes de Thatcher durante la campaña. Por ello se creó el Defence Crisis Management Center, que permite al primer ministro manejar los aspectos políticos de las crisis, y el Permanent Joint Head Quarter, que deja a los estrategas militares la gestión de las operaciones desde Northwood. Gran Bretaña construyó cerca de Puerto Stanley una moderna base aérea y mantiene un destacamento de la RAF, una fragata, dos navíos de apoyo y 1500 soldados (15 veces más que en 1982), pese al elevado costo que esto supone.
En 1984 ambos países reanudaron las negociaciones. En 1985 Londres otorgó a las Malvinas una nueva Constitución que reconoce el derecho de autodeterminación. En 1990 se normalizan por completo las relaciones, y en 1995 ambos países firman un acuerdo de reparto de las riquezas petroleras en la zona. En 1999 se establecieron vuelos regulares entre Argentina y Puerto Stanley, y el anuncio “las Malvinas son nuestras” desapareció del aeropuerto de Buenos Aires. En julio de 2001, Tony Blair efectuó la primera visita oficial a la Argentina.
En Argentina, tras la derrota, se crearon Centros de Recuperación. Tenían una doble función: la recuperación y el tratamiento del personal, así como ejercer un control previo a la reincorporación en la vida civil. Entre mediados de junio y los primeros días de julio de 1982, miles de ex combatientes regresaron. La Orden Especial (OE) Nº759/82 “Para la Hospitalización, Evacuación y Apoyo a la Recuperación Integral de los Heridos y Enfermos” del 25 de mayo del 82 reglamentó la organización. Le siguieron otras órdenes que dispusieron la creación de estos centros.
Principalmente buscaban efectuar un examen psicológico y físico y clasificar al personal. Cada uno tuvo una Sección de Inteligencia compuesta por grupos de interrogadores. También un grupo de Contrainteligencia confeccionó las normas del personal. Se establecieron normas para controlar permanentemente la conducta, moral, lealtad, honradez y decoro personal y discreción del personal. Los medios de comunicación sólo debían proporcionar información previamente controlada. La orden de estos centros era realizar una evaluación de los ciudadanos antes de su desmovilización. 6766 personas fueron procesadas por estos centros, dónde se confeccionaban documentos como “actas de recepción” o “fichas de antecedentes y resultados de entrevistas”. Ahí consta la información sobre la situación padecida por la tropa.
En esos documentos se refleja que el personal en un porcentaje elevado no desea volver al frente. La tropa hablaba de la gran desorganización y errores de conducción por parte de los oficiales. El mal trato recibido por parte de los suboficiales que llegaban a esconder comida o tomar mayor parte que la que les correspondía. Algunos soldados manifestaban haber recibido castigos corporales al quejarse. La falta de comida, el frío, la falta de equipo y armamento inadecuado eran también quejas habituales. Esta información se mantuvo reservada. El objetivo de estos centros era cercenar cualquier información que dañara a la institución.
Tras permanecer en los Centros de Recuperación de Campo Mayo, los conscriptos fueron enviados a sus Unidades de origen o dados de baja. Desmovilizados, muchos de ellos comenzaron a organizarse en Centros de Ex Combatientes en busca de contención y de un espacio político desde donde impulsar y tramitar pensiones, asistencia médica y psicológica. El término excombatientes fue adoptado por ellos para diferenciarse de los militares profesionales reconocidos como veteranos de guerra. Llevaron adelante una profunda crítica a las graves violaciones de los derechos humanos cometidas por las Fuerzas Armadas.
Todo esto salió a la luz 25 años más tarde, en 2007, algunas agrupaciones de ex combatientes de Corrientes, Chaco y la Plata presentaron denuncias ante la Justicia Federal por violaciones a los derechos humanos cometidas por oficiales y suboficiales argentinos contra la tropa. Se registraron todos los documentos que hicieran referencia a hechos o situaciones de maltrato, abuso de autoridad, tortura. Se registraron todos los documentos que se refirieron a situaciones arbitrarias en casos de órdenes por parte de superiores que negaran atención sanitaria, prohibición de abastecimiento de comida y testimonios sobre el acaparamiento deliberado de alimentos. Las bajas de la tropa más frecuentes fueron por principio de congelamiento, trastornos vasculares y pie de trincheras, acabando en muchos casos en amputación. Los testimonios reflejan que era imposible cumplir con las órdenes, por ejemplo, la dificultad de mantener una posición permanentemente mojados, sin abrigo adecuado y con hambre, así como torturas.
Por poner algunos ejemplos. Un soldado del RI Mec 3 mencionó la orden superior de no recibir atención sanitaria. Explicó que desde que dio novedad de sus dolencias a su jefe, éste lo agredió en forma verbal y física por medio de movimientos vivos y golpes contundentes y le negó la atención. En otro documento figura que un subteniente lo hico estaquear y caminar descalzo por el agua. Estaquear, para el que no lo sepa, es una tortura que consiste en amarar a alguien de sus extremidades con tiras de cuero entre cuatro estacas. Otro soldados del RI Mec 3 relató que sufrió la amputación de cinco dedos del pie izquierdo y tres del derecho. Denunció a un subteniente que no lo dejó atenderse en la enfermería por pie de trinchera y que por comer un trozo de cordero lo hizo estaquear. El mismo conscripto denunció a un cabo 1º que le pegaba y orinaba en la espalda manteniéndolo en un charco por varias horas.
Imagina que eres un joven que tiene toda la vida por delante y que sueña, qué sé yo, con conseguir un empleo estable, formar una familia… En fin, lo normal. Pero te toca ir a hacer el servicio militar para tu país. Y dices: bueno, me lo tomo con filosofía. Voy, lo hago, aprovecho y me saco el carné de coche, y luego ya me monto mi vida. Pero un día, a tu gobierno, le da por enviarte a unas islas frías y lejanas dónde vas a tener que enfrentarte a una panda de soldados profesionales con muy malas pulgas que vienen a reclamar ese territorio que, aparentemente, es suyo. Y todo ello mal equipado, con hambre y recibiendo un trato vejatorio de tus superiores.
Decía León Gieco, cantautor argentino, en su canción “Sólo le pido a Dios”, que la guerra “es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente”. Me parecen especialmente ilustrativos esos dos versos de la canción, porque, precisamente, a la guerra se le ha aportado siempre un barniz de epicidad y de gloria que muchas veces, los jóvenes inocentes de todas las épocas, han comprado con entusiasmo. Yo he sido el primero que ha disfrutado del cine de acción o de videojuegos tipo shooter cuyos títulos no pronunciaré aquí. No puedo evitar recordar las primeras escenas de una maravillosamente antibélica película alemana de Edward Berger, llamada “Sin novedad en el frente”, basada en la novela homónima de Erich Maria Remarque, en las que unos jóvenes patriotas, entusiasmados, han engañado a los reclutadores sobre su edad para poder ir a luchar, por Alemania, a las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Ni qué decir tiene que, el resto de la película trata de cómo tienen que afrontar la realidad del conflicto.
La propaganda belicista ha jugado, a lo largo de la historia, un importantísimo papel en vendernos la guerra como una lucha entre buenos y malos; y curiosamente siempre estamos del lado de los buenos. Pero la guerra no va de eso, sino de intereses geopolíticos clave. A veces, también es una forma de desviar la atención de los problemas internos. Pero sí hay algunos factores o elementos que tienen en común todas las guerras: las atrocidades, la violencia, el descontrol y el caos. Pero hay uno, que se suele pasar siempre por alto, que es la lucha de clases. Hay una frase muy ilustrativa de un piloto alemán llamado Erich Hartmann que dice: “la guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí por decisión de viejos que sí se conocen y se odian, pero no se matan”. Pensadlo, ¿quién pone la sangre y quién se lleva los beneficios?
Para mí, una guerra que creo que ilustra muy bien esto es la de las Malvinas. Puede parecer un conflicto menor. Además, es un conflicto curioso por darse en plena guerra fría entre dos contendientes del mismo bando (el occidental), con dos gobiernos ultraliberales (Thatcher y la Junta Militar Argentina). Ambos gobiernos mandaron a un puñado de soldados a luchar en un conflicto que ni les iba ni les venía, por unas islas remotas y escasamente habitadas. Ambos gobiernos intentaron utilizar el conflicto de forma propagandística, uno, el británico, con éxito. Ambos gobiernos, también, mintieron a sus respectivas poblaciones, y ambos respondieron a intereses particulares. Es cierto que existen particularidades. A Thatcher, aquél conflicto caído del cielo le vino que ni pintado,las fuerzas de ataque británicas eran, en esencia, tropas de élite y profesionales frente a los conscriptos argentinos.
La guerra es terrible. En ella se sacrifican los que menos tienen a ganar, es cruel y violenta y muestra, sin duda, la peor cara del ser humano. Pero, y creo que a nadie le sorprenderá, siempre hay rosas que crecen en la mierda. En mitad de la violencia, del caos, de la desesperación y de la injusticia más grande, también podemos ver la mejor cara del ser humano. Me gustaría cerrar haciendo mención a un hombre del que no hemos hablado, porque nos hemos centrado en otras cuestiones, pero creo que merece al menos ser referenciado. Hablamos de un hombre condecorado por ambos países por su actuación en el conflicto. Me refiero a Richard "Rick" Jolly, un médico de la Marina Real Británica, que se negó a hacer distinciones entre los heridos, atendiendo con indiferencia de la nacionalidad, y priorizando la gravedad de las heridas, salvando a muchos soldados argentinos, y obviamente británicos, de la muerte. Rick es la nota positiva de todo este conflicto: alguien que nos enseña que, incluso en la peor situación de todas, todavía podemos decidir cómo afrontar la realidad.
El que voy a exponer no es el único caso, seguramente hay cientos iguales, pero éste me ha llamado la atención tras ver este vídeo:
twitter.com/TuiteroSismico/status/2036877424764547358?s=20
El alcalde de Margaliot, en Galilea, una población en una punta de tierra embutida entre los Altos del Golan y el Líbano, y cercana a la frontera de ésta última, se queja amargamente de que tanto su asentamiento como los de Misgav Am, Teshuba y Gader, limítrofes con el Líbano, están siendo bombardeados y destruidos por los cohetes de Hezbollah, y lo expone a pesar de la censura militar.
Me ha llamado la atención el nombre compuesto de "Misgav Am" y me ha dado por buscar información. Tanto Margaliot como Misgav Am son poblaciones israelíes fundadas poco antes o poco después de 1948, pobladas por gente venida de Irak, de Yemen, de Turquía, de Sudamérica, de Europa…
¿Sobre tierra libre? No, sobre Hunin. Misgav Am se fundó en 1945 en las afueras de Hunin, una población palestina cuyo rastro arqueológico nos lleva a la 1.ª Edad de Hierro, 1.200 años antes de Cristo. Cuenta con un castillo medieval, el Chastel Neuf, construido en el s.XII por los Cruzados:
Hunin pasó por varios mandatos, desde los romanos a los árabes, desde líderes locales hasta el Imperio Otomano, Francia o Inglaterra, pero, que se sepa, siempre conservó a sus habitantes, con idas y venidas, como cualquier población, pero manteniendo población autóctona, básicamente una mezcla de los cananeos y amorreos originales que habitaba la zona desde siempre y los árabes que invadieron la zona en el s.VII. Eran musulmanes chiíes.
Hasta que llegó 1948. El año de la Nakba, "la catástrofe", la limpieza étnica de árabes llevada a cabo por Israel. En agosto de ese año, sabiendo que se acercaban fuerzas israelíes del Palmach, la élite de las fuerzas de asalto de la Hagana, la fuerza paramilitar israelí, casi la totalidad de los más de 1.600 habitantes de Hunin huyeron al Líbano.
Quedaron unos 400 habitantes.
Esos 400, junto con el resto de los habitantes que quedaron, como ellos, remanentes en otras poblaciones cercanas de la región después de que la mayoría de sus pobladores hubiera huido, un total de unos 4.700, con tal de permanecer en su tierra, en sus casas, les trasladaron a los israelíes su voluntad de ser buenos ciudadanos de Israel. Habían vivido bajo muchos señores, no les importaba uno nuevo, siempre que pudieran seguir en sus casas. La petición se elevó al Gobierno israelí, recibiendo incluso el apoyo entusiasta de Bechor-Shalom Sheetrit, Ministro para las Minorías. Éste trasladó la petición, con su apoyo explícito (siendo chiíes, sería bueno para una relación amistosa con el Líbano), a la presidencia.
La propuesta fue rechazada.
El nuevo señor no quería viejos súbditos, quería sus tierras. Iban a llegar judíos de todas partes del mundo, e iban a necesitar sitio.
En este documento, fechado en septiembre del '48, se detallan las órdenes a las tropas que debían asaltar el pueblo otra vez, con una descripción previa de las circunstancias políticas e históricas:
"Esta es la orden de septiembre. Similar a la de Dir Yasin y otros casos. Cualquier intento por parte de los aldeanos de manifestar sus intenciones pacíficas o su disposición a vivir bajo la soberanía israelí resultaba inútil. En muchos casos como estos, estaban condenados tanto si se resistían como si no.
1. Enemigo: La aldea de Hunin fue desalojada durante un intercambio de disparos en los alrededores de Manara (una colonia judía en la Alta Galilea); es posible que sus habitantes hayan regresado entretanto.
2. Nuestras fuerzas: Pelotón G
Dos unidades de zapadores del Pelotón Auxiliar [y algunos detalles más como este]
3. El objetivo: irrumpir en la aldea de Hunin, matar a varios hombres, tomar otros prisioneros, volar algunas de las casas de la aldea y quemar todo lo que sea inflamable [literalmente, todo lo que se pueda quemar].
En el resto del documento se señala que los zapadores llevarían consigo 250 kilos de TNT.
En realidad, «varios hombres» fueron veinte; «algunas de las casas», fueron veinte casas y la mezquita."
En el asalto militar, como dice el documento, pues "lo típico" en esos asaltos militares en los que se pretende aterrorizar a la población para que se vaya: 20 hombres muertos, varias mujeres violadas, una veintena de casas quemadas, la mezquita del pueblo derruida…
Los pobladores de Hunin que sobrevivieron al ataque huyeron al Líbano. Misgav Am, el asentamiento israelí de las afueras, empezó a expandirse sobre lo que fueran las casas y las tierras de los árabes. Margaliot sería fundada en 1951, al sur de la población, también sobre los restos de Hunin.
Así que Misgav Am (y Margaliot, y otros dos o tres asentamientos israelíes más), son Hunin, y Hunin es ahora Misgav Am y esos asentamientos.
Como dije al principio, ésta no es sólo la historia de Hunin, es la de varios centenares de pueblos palestinos que han sufrido exactamente el mismo destino, o incluso peor. Y sus actuales habitantes, muchos de los cuales llegaron cuando ya no había ni casas ni habitantes originales, porque el Estado israelí había empezado a construir encima, ni siquiera conocen la historia de los que allí vivían, de las atrocidades llevadas a cabo por los sionistas para que ellos tuvieran dónde vivir, ni siquiera saben que allí había antes un pueblo árabe, o su nombre.
Es la historia de una usurpación.
menéame