
Canal Sur puso una imagen generada por IA como fondo de su programa informativo del accidente ferroviario de Adamuz. Se trata de una aplicación generada por a aplicación Gemini. Hasta La Razón ha denunciado este tipo de desinformación.

Creo que ya lo he contado alguna vez, pero ahora que con el tema de Maduro regresan los debates sobre el Derecho Internacional y asimilables, me parece que es el momento de compartir uno d elos momentos más importantes de aquella entrevista que hice en los noventa a un anciano, antiguo general de las SS.
R— Yo nunca he dejado de reconocer que hicimos cosas muy malas. Una de ellas, realmente horrible.
P—Según su opinión, ¿qué fue lo peor que ustedes hicieron?
R—¿Se refiere a mí? ¿A mi División?
P— No, al régimen nazi.
R—Dígamelo usted (sonrisa)
P— Quizás lo de los judíos y toda esa gente, en los campos de exterminio. Gitanos, homosexuales...
R—No. Eso estuvo mal, pero hubo algo mucho peor.
P—¿Usar millones de esclavos?
R—¡Peor, mucho peor!
P—¿Desencadenar una guerra que se llevó por delante medio mundo?
R—¡Aún peor!
P—Pues dígame...
R—¡Perder! eso fue lo peor que pudimos hacer. Sin eso, todo lo demás sería perdonado enseguida. Pero eso no se perdona jamás, te cuenten lo que te cuenten. Cuando has perdido, hasta tus hijos dejan de escuchar tus consejos. Por eso en los países vencedores, los jóvenes no pueden hacer nada para cambiar las cosas, porque sus padres ganaron, y se impondrán siempre. Pero en los países perdedores todo cambia más deprisa, porque los jóvenes pueden mandar callar a su padres.
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Pues ese es todo el Derecho Internacional que existe. Nunca he conocido otro.

Una nueva selección de gráficos en los que no se respeta la proporcionalidad entre las barras o columnas y los valores. El primero es de La Razón y los otros dos de la agencia de análisis de audiencias de televisión, Dos30'.


Pues como tengo poco karma voy a hacer una de chistacos. Eso si, todos sin herir la sensibiliad de los religiosos y la gente muy preocupada del color de la piel (cuando no es blanca, claro!). Pero tampoco os digo que no sean tan malucos que acabéis en urgencias, porque son... muy malos. Pero lo siguente a malos: espantosos! Bueno, aquí vienen... (última oportunidad de no leerlos... en serio, es que son super malos! Voy a peder karma... en fin... allá van!)
Digame dos palabras con tilde:
Matilde y Clotilde!
(y ganó el campeón)

Vengo por el trabajo de sumiller.
Sabe usted decantar?
y de bailar también!
(creo que le dieron el trabajo y que acabó con ¡una piña en la cabeza!)

Le informamos de que vamos a tener que tirar el edificio contiguo
Conmiguo?
(Creo que no murió ningún ser humano al hacer este chiste, continuamos)

¿Y tu hermana de qué trabaja?
Es lavandera...
Qué me dices: ¿de qué país?
(Al final las lavanderas acabaron limpiando las banderas... bueno, ya me entendéis...)

Papá, donde está Burundi?
Ni idea, hijo. Yo desde que dejó Héroes del silencio le perdí la pista...
(padreyayo o hijo malayo?)

Doctor, es el día, vengo a operarme el pecho!
Estupendo, y su marido la apoya?
No! de momento solo así...
(ya se verá si no cumple si habrá que volver a intervenir...)
¡Hasta luego, que yo me alaaaaargo!
La guerra provoca la subida de precios del petróleo, del gas y dispara los costes de vida para todo el mundo. Estamos viendo bombardeos a plantas petroleras, la mayor planta de Gas del mundo y el impacto en el precio de subidas del 10% en pocos segundos, en estas materias.
El gasoleo a 2 euros en muchas estaciones, camioneros diciendo que no sale rentable algunos trabajos por el alza en los carburantes. La inflación se dispara y lo pagamos todos.
A su vez los satélites de Israel en cada país, los agentes pagados por el mossad, que según cuentan algunos han tenido retrasos en los pagos este mes y por eso andan algo callados, tiran mensajes sobre los precios que señalan a los estados y su recaudación por impuestos.
Todos los países la extrema derecha sionista tira el mismo mensaje: ¡El precio sube! ¡Bajen impuestos! de manera coordinada. Enfrentando al ciudadano con hacienda en vez de con quién provoca el conflicto.
A su vez dicen que durará unas 3 semanas más, si los gobiernos bajan los impuestos de manera permanente para aliviar la crisis energética y de inflación, ¿Qué pasa en 1 mes? que todo vuelve a ir bajando de precio, no tanto como debería, pero baja de precio y la recaudación del estado disminuye ya que bajó los impuestos.
¿Qué permite esto? Pues que el hueco que deja de ocupar el estado de cualquier país por esa menor recaudación, lo ocupen empresas. Y ya estamos viendo los correos de Epstein cómo comentan dónde hay hueco para hacer dinero, o cómo hacen dinero hundiendo los mercados con posiciones cortas.
La historia es cómo suben los precios y luego los influencers de extrema derecha financiados por Israel presionan para que se bajen impuestos y reducir el tamaño del estado. Que si se reduce, permite que Israel y EEUU tengan más capacidad económica en comparación con el resto de países que van a recortar su recaudación.
Un golpe a todo el mundo.
¿Querémos recuperar Menéame? Realicemos menos envíos de actualidad que sólo crean alarmismo, y más relacionados con cultura, curiosidades, ciencia, artículos largos... lo que sea, mientras no esté relacionado con una información que bien podría realizar los medios de comunicación actuales, al servicio de unos intereses. No seamos como ellos.
Eso incluye, lo principal, dar menéo sólo a envíos que no sean de este tipo. Cualquier envío que huela a algo que podría publicarse en Twitter/X, fuera. No repitamos ese patrón. No entremos en el terreno donde habita la ideología menos tolerante.
Luego, que el envío no sea de una calidad suprema es otra historia, pero al menos no será un envío que cree polarización, discusiones, ataques y, sobre todo, no siga el juego del Internet actual donde se pretende provocar y mantenernos en una línea nada sana. Somos conscientes del juego de ciertos poderes y aun así seguímos la corriente. ¿Por qué?
El cambio no depende sólo de los administradores, también de nosotros como usuarios.
Ya me entendéis, menos política y actualidad de usar y tirar que a las horas has olvidado. La clave es ir en contra de la forma habitúal de dar información que hay hoy en día. Nos quejamos de ese tipo de noticias, pero bien que entramos a comentar para quejarnos sobre ello. Pues ni un comentario ni mirada deben recibir. El troll/mal/usuario polémico sigue existiendo porque le hacemos caso.
Fuera noticias y más artículos, por ejemplo. Existen entrevistas, reportajes, curiosidades, ciencia, humor por el humor. Si es de lectura extensa, mejor, porque significa que no sigue el patrón actual de los medios y las redes sociales. Además, que leer en profundidad sobre un tema siempre es mejor que leer sobre un tema en unos pocos párrafos, donde te quedas en la superficie y al rato olvidas que has leído.
¿Qué envíos recuerdas de la última semana? Prueba a recordar también algún envío que sí ha hecho poso en tu mente durante el tiempo que lleves como usuario.
Un saludo.
Hola a todos;
Escribo por aquí porque he publicado un proyectillo que quisiera compartir con vosotros. He programado un chat bot que responde basando sus respuestas en notícias de meneame.net. Lo podeis encontrar y probar en meneame.bot. El sistema es un RAG (Retrieval-Augmented Generation). Usa qwen3 cómo LLM, en su version de 14 billones de parámetros. Para almacenar las notícias de meneame estoy usando una BBDD vectorial (milvus en particular), esta alojará los embeddings del texto de las notícias (obtenidos con el modelo bge-m3) y los embeddings imagen-texto (obtenidos con CLIP). El código del proyecto és completamente abierto, lo podeis encontrar aquí , y la interfície de usuario aquí.
La intención de publicar el proyecto es captar interés, y, idealmente algún que otro proyecto para desarrollar, así que si alguien está interesado en tener un chatbot en su sistema puede contactarme sin ningún tipo de problema! :)
Espero que os guste!
Veo con inquietud cómo los medios publican noticias sobre qué empleos serán los primeros en ser destruidos por la IA. Como indígenas mostrando los objetos brillantes que intercambiaban con los colonos europeos, se regocijan en las migajas que Google les paga por el clickbait, sin ser conscientes de que están celebrando su propio funeral.
Durante más de un siglo, la teoría socialista clásica explicó la relación entre el trabajador y el capitalista a partir del control sobre los medios de producción. Decía Rudolf Rocker:
La auténtica, definitiva y completa liberación de los trabajadores sólo es posible bajo una condición: la apropiación del capital, esto es, de las materias primas y los medios de producción, incluida la tierra, por parte del conjunto de los trabajadores.
Aunque la esencia de esa idea sigue vigente, el mundo ha cambiado radicalmente. Ni Marx ni Rocker pudieron prever que los medios de producción serían, en gran medida, intangibles. Hoy día, el 90 % del S&P 500 está compuesto por activos intangibles: patentes, marcas, algoritmos y redes neuronales 1.
Se habla con entusiasmo de la “democratización de la IA”, pero conviene preguntarse quién se beneficia realmente. En apariencia, todo el mundo tiene acceso a ella; en la práctica, las empresas que la desarrollan son las que más rédito obtienen de este intercambio.
Usando estas herramientas generas datos valiosos, contribuyes al fine-tuning y provees contexto real. Entrenar un modelo de lenguaje como GPT-5 cuesta cientos de millones de dólares en cómputo y energía² , más de 5 GWh, equivalente al consumo anual de unos mil hogares, pero millones de usuarios actúan como un sistema gratuito de validación y evaluación. Cada interacción ayuda indirectamente a afinar el modelo y a mejorar su ranking de respuestas. Sin embargo, lo más valioso son los metadatos: la hora del día, el dispositivo, la ubicación, el ritmo de escritura… Todo esto permite inferir patrones de atención, productividad y estilo cognitivo.
Así, las IAs se entrenan con estos intercambios gratuitos y se acercan al verdadero objetivo de las empresas que las diseñan: validar su viabilidad como sustituto del trabajador humano. Este es el problema central que nos atañe hoy, mientras los Estados titubean sobre cómo afrontarlo.
Incluso casos recientes, como el de un adolescente cuya muerte se ha vinculado a interacciones con un chatbot³, revelan la opacidad y falta de responsabilidad de sus algoritmos.
Es ingenuo pensar que las empresas privadas contribuirán voluntariamente a una renta básica universal, aunque haya debates sobre su implementación⁴. Más bien se irán a países donde paguen menos impuestos, o incluso crearán los suyos propios. Pronto la casa Musk, la casa Altman o la casa Zuckerberg tendrán tanto los medios como los incentivos para hacerlo.
“Con la llegada de la IA, la asimetría entre el trabajador y el capitalista amenaza con agravarse hasta volverse estructural.”

Ante este escenario, urge pensar alternativas colectivas que otorguen a la sociedad el control sobre la inteligencia artificial y la orienten hacia el bienestar común. La IA debe servir para hacer más liviano el trabajo y para enfocarlo donde más se necesita, no únicamente donde más se pueda capitalizar.
Si los medios de producción del siglo XXI son los algoritmos, los modelos y los datos, la emancipación pasa por apropiárselos colectivamente. Una cooperativa de IA sería el equivalente digital de una fábrica obrera autogestionada. En ella, los datos, los modelos y las decisiones sobre su uso pertenecerían a quienes los producen y los sostienen, primando la transparencia algorítmica, la participación ciudadana y la ética por diseño.
Proyectos como LAION u OpenFold demuestran que miles de nodos pueden entrenar modelos abiertos sin pasar por una megacorporación⁶. La idea no es nueva: a finales del siglo XX, el proyecto SETI@home permitió a miles de usuarios donar la capacidad ociosa de sus ordenadores para analizar señales de radio en busca de vida extraterrestre. Ese mismo principio podría inspirar una IA cooperativa distribuida, donde miles de nodos —desde pequeños servidores comunitarios hasta centros académicos— compartan poder de cómputo, modelos y datos abiertos.
Aunque hoy los grandes modelos requieren infraestructuras colosales, existen caminos intermedios. Así como los sistemas operativos crean la ilusión de multitarea al virtualizar la CPU, también podríamos imaginar una inteligencia cooperativa distribuida que coordine miles de modelos pequeños y especializados.
No sería una sola red gigantesca, sino una federación de inteligencias locales conectadas, capaces de compartir resultados y aprender juntas. Esa arquitectura, más orgánica que centralizada, se parecería menos a una fábrica y más a un ecosistema: diverso, colaborativo y autónomo.
El software libre es la prueba viva de que la descentralización y la autorregulación son posibles: un espacio donde la cooperación nace desde abajo, sin jefes ni dueños, solo con la inteligencia colectiva de quienes construyen y comparten⁷.
Frente a corporaciones que privatizan el conocimiento, una cooperativa de IA actuaría como un tercer actor: descentralizado, democrático y transparente. No busca competir con el capital, sino sustraer de él el monopolio del saber automatizado. Mecanismos como la licencia Peer Production License⁸ o las cláusulas de Exit-to-Community⁹ permitirían que una startup madura transfiriera sus modelos y datos a una comunidad de usuarios, asegurando su control colectivo.
En un mundo donde las empresas tienen más poder que los Estados, socializar la IA es más urgente que nunca: ponerla al servicio del pueblo, no solo democratizar su acceso. La inteligencia artificial debe estar bajo el control del proletariado, del mismo modo en que los socialistas clásicos hablaban de los medios de producción.
Todavía estamos a tiempo de elegir: si será una herramienta de emancipación colectiva o el instrumento perfecto del nuevo tecno-feudalismo.
Esta mañana, leyendo el twitter de Barbijaputa, encontré el siguiente artículo que, debido a su rápida viralizacion, ahora mismo no es accesible al haber petado el servidor que lo alojaba, y que por tal causa paso a copiaros aquí para, seguidamente, plantear algunas reflexiones personales:
LA PESADILLA DE UN CAMPAMENTO DE VERANO (Fuente elcomun.es/2025/09/05/la-pesadilla-de-un-campamento-de-verano/ ):
Creo que casi todos estaréis de acuerdo conmigo en tener un buen recuerdo de las colonias, campamentos de verano o udalekus, como los llamamos en Euskadi. Dos semanas en un entorno nuevo, conociendo nuevos amigos, soltándonos por primera vez de la mano de nuestros padres y viviendo aventuras de las que hablaríamos el resto del año. Y es por esa razón que animamos a nuestras hijas e hijos a ir, y les apuntamos con toda la ilusión.
Con toda la ilusión y una punzada de miedo en el estómago, los dejamos en manos de desconocidos durante muchos días, pero también recordamos que hay instituciones detrás, la experiencia de muchos años, y las nuestras propias que fueron buenas. Y normalmente sale bien y nuestros hijos disfrutan.
Pero este verano algo ha ido terriblemente mal en el udaleku de Bernedo (Álava) del 8 al 23 de agosto. Hace una semana se puso en contacto conmigo la madre de una niña que estuvo allí, a la que llamaré aquí Ane. Era el turno de los menores de 13 a 15 años, y lo que empezó a contarle su hija de 15 años según se bajó del autobús el 23 de agosto hizo que se pusiera inmediatamente en acción para denunciarlo, y nosotras estamos aquí para darle voz.
Unas 80 niñas y niños, divididos en dos habitaciones grupales y dos baños grandes con duchas abiertas. No solo las habitaciones eran mixtas, también lo eran los baños y por ende, las duchas. Les obligaban a ducharse en grupos mixtos y desnudos, palabras textuales “porque podía haber alguna persona trans que se sintiera categorizade”. No valieron de nada las protestas de muchas niñas y también algunos niños ni las peticiones de ducharse en bañador (antihigiénico). Les dijeron que “bastante tenían con que los váteres tuvieran puerta”. Tampoco les dejaban ducharse en los vestuarios de las piscinas del pueblo cuando iban allí, que según las niñas eran los únicos momentos en los que podían ir al baño tranquilas. Los espejos estaban inutilizados, habían pintado encima porque les tenía que dar igual el aspecto que tuvieran, y en uno de ellos había pintada una mujer abierta de piernas con el texto “On Egin”, “que aproveche”.
Pero eso no es todo. En ningún momento les dejaron contactar con sus padres. La hija de Ane tuvo unos mareos y ni los monitores contactaron con Ane ni la llevaron a una revisión médica. Como tampoco lo hicieron con otra niña que se hizo un esguince. Y para rematar, una niña sufrió acoso sexual por parte otro niño y nadie hizo absolutamente nada, salvo obligarla a ducharse desnuda con él.
Por supuesto, tanto Ane como otras madres y padres se han puesto en contacto con los responsables, y a continuación copio, con su permiso, extractos de las respuestas que han recibido:
“Para poder entender el funcionamiento del campamento es importante tener el conocimiento de cómo son las instalaciones: disponemos de dos habitaciones grandes y dos baños grandes con 6 duchas no individuales. Para facilitar el funcionamiento del campamento nos organizamos en los llamados grupos naturales. Estos grupos se mantienen durante todo el campamento para que les jóvenes tengan sus monitores de referencia para hacer cualquier tipo de actividad, entre ellas las duchas. En las habitaciones también duermen por grupos y sin separar por sexo o género como se hace en la gran mayoría de los campamentos.
No creemos en la división por géneros, ya que creemos en una educación feminista e igualitaria y esta división deja fuera a varios cuerpos e identidades. Es por ello que en las duchas y en las habitaciones aplicamos la misma filosofía. Entendemos que esta propuesta pueda generar incomodidad entre les jóvenes y es por eso que nunca les obligamos a desnudarse. Es verdad que se les propone quitarse los bañadores una vez entran a la ducha, como medida para garantizar una mayor higiene.”
Respecto al caso de acoso sexual, la respuesta ha sido la siguiente:
“Sentimos profundamente lo ocurrido en los udalekus y todo el dolor que esto ha causado. Estamos realmente preocupades y dispuestes a hablar en torno a lo sucedido y nuestras maneras de gestionar las diferentes situaciones. En todo caso, debemos recalcar que somos un grupo grande de gente voluntaria que funciona de manera asamblearia y, por lo tanto, necesitamos tiempo para poder tomar decisiones consensuadas y contrastadas.
Queremos hacerte saber que en el momento en el que recibimos tu mensaje activamos el protocolo del que disponemos contra las agresiones.”
Desde El Común hemos intentado contactar con los responsables de este campamento para informarles de que íbamos a publicar lo sucedido y que nos pudieran dar su versión. Nadie ha contestado a nuestras llamadas y nuestro correo electrónico tampoco ha recibido respuesta.
Una vez expuestos los hechos, permitidme que os diga que yo también estoy indignada. Y desde aquí interpelo a las tres diputaciones vascas, las responsables últimas de estos udalekus, a que asuman responsabilidades y tomen cartas en el asunto para que no vuelva a suceder. Es que ni haciéndolo a propósito se encuentra un grupo de monitores (qué bien que ahí tienen la letra “e” incorporada) tan irresponsables, inútiles y dañinos. Han obligado a 80 niñas y niños (no olvidemos, de una generación mediatizada ya a su edad por la pornografía), a ducharse juntos y desnudos en una etapa de cambios en el cuerpo, primeras menstruaciones, etc., todo en aras de supuestas incomodidades trans que ni estaban ni se les esperaba. No han visto un caso de acoso sexual delante de sus narices y dicen que activan el protocolo ¡dos semanas después!. Han dejado desatendidos problemas médicos y les han tenido aislados de sus padres.
Ignoro qué formación se les da a estes persones voluntaries, pero parece evidente que es totalmente insuficiente. Hablar con la “e” y creer que el feminismo y el progreso es obligar a niñas y niños a ducharse juntos y desnudos mientras les hablan de cuerpos equivocados no les capacita sino todo lo contrario.
Y por culpa de estes modernes inútiles, hay un montón de niños que han pasado unos días para olvidar, en lugar de haber disfrutado libremente, que era lo que les correspondía.
Y ahora unas cuantas reflexiones para que debatamos. Cuando el pensamiento dogmático sustituye al análisis racional de la realidad, nacen los monstruos y las situaciones abyectas. Cualquier persona con los pies en la tierra sabe que los adolescentes tienen las hormonas por las nubes. A los 13 años, es difícil evitar comerte con los ojos a tus compañeros/as más atractivos, y mucho más difícil resulta no pajearte pensando en ellos/as. A los 15 años no pocos chavales ya han perdido la virginidad. Y, precisamente por ello, muchos/as perciben como una experiencia absolutamente traumática que les obliguen a desnudarse (pues les forzaban a quitarse el bañador durante la ducha) junto al zanguango/a que se pasa el día mirándoles el culo con la lengua fuera. Traumática y vulneradora de sus DERECHOS HUMANOS, entre los cuales está la libertad e indemnidad sexual que, como es obvio, abarca el derecho a mantener un ámbito de intimidad tan elemental como el de proteger tu desnudez de los ojos de aquellos con quienes no deseas compartirla por pudor y por conciencia de que despertará deseos y situaciones violentas, denigrantes y dolorosas para ti.
Si esto se hiciese con adultos (por ejemplo obligar a empleados y empleadas a ducharse juntos en aquellas empresas donde es preciso durante la jornada laboral), todo el mundo pondría el grito en el cielo y los tribunales empapelarían al responsable. Pero es que hacerlo con adolescentes es aun peor. Porque están más salidos y, a la vez, poseen menos madurez y autocontrol que cualquier adulto, lo cual dispara las situaciones de peligro. Obligar a 100 críos a someterse a semejante despropósito obviando el ataque contra su dignidad y el riesgo de abusos sexuales que implica (de hecho, una chica los denunció), es una locura. Incluso si hubiese alguna persona trans entre ellos (que por lo visto ni siquiera es seguro que la hubiese, pues las duchas colectivas y obligatorias eran la política de la casa). Si hubiere algún campista trans y ello quedase debidamente acreditado, veo razonable que, si se define como mujer, se le permitiese usar los baños de las chicas (respetándose el derecho de aquellas que así lo solicitasen de ducharse en un horario diferente). Pero forzar a todos los campistas, heterosexuales en su inmensa mayoría y con las hormonas desatadas, a compartir duchas, constituye un ataque contra sus derechos humanos y su dignidad personal que solamente desde el fanatismo más irracional y alejado de la realidad puede justificarse. Avanzar en derechos es bueno, pero siempre que no se pisoteen con ello derechos universales que desde el siglo XVIII parecían estar claros.
Ya falta menos de un mes para que Windows 10 finalice su soporte, por lo que en los últimos meses he estado comentando con mi suegro las opciones respecto a su ordenador. El equipo es relativamente antiguo, un Core i5 de 3ª generación, pero con 8Gb de RAM y un SSD funciona perfectamente con Windows 10. Y mi suegro sólo hace cosas básicas con el equipo, navegación por Internet, documentos de texto, alguna hoja de cálculo, y la gestión de las fotos familiares.
Realmente tampoco había tantas opciones. Cambiar el ordenador por uno compatible, al menos 300€ con componentes nuevos, sobre la mitad si compramos segunda mano. Le planteé también que no era imprescindible hacer la compra ya, aunque el soporte acabe es posible estar unos meses más con Windows 10 manteniendo un nivel de seguridad razonable, aunque todos teníamos claro que esto era retrasar lo inevitable. Por supuesto, como alguien que lleva más de 20 años usando Linux, también puse sobre la mesa la opción más temida:
Migración a Linux
Como le conozco bien, traté de explicar de la forma más completa las ventajas, pero sobre todo los inconvenientes. Él me preguntó una serie de dudas al respecto, pero finalmente se decidió a dar el paso, ya que no tenía ganas de gastarse el dinero para sustituir un ordenador que funciona perfectamente.
También me dijo una frase que me gustó mucho: "Si otros han podido aprenderlo, yo también puedo". Creo necesario remarcar en este punto que mi suegro ya ha pasado su 70 cumpleaños. Y también que aunque ha usado ordenadores durante casi toda su vida profesional, y tiene un PC en casa desde hace algo más de 20 años, no es ni mucho menos un experto y/o aficionado a la informática.
Así que me encargué del proceso, copia de seguridad doble de todo, clonado del disco de sistema de Windows por si acaso hay que hacer marcha atrás (más vale prevenir), e instalación limpia de Debian 13 con KDE. El mantenimiento del sistema lo haré 100% yo, no él, así que Debian, que es lo que mejor conozco. Y KDE es el entorno que más se parece a Windows.
Como viene siendo tradición, algo tenía que dar por saco, nunca olvidemos que una de las ventajas de Linux es su consistencia. Esta vez fue la impresora multifunción laser, de Brother. Me llevó alrededor de una hora, pero conseguí dejarla funcionando al 100%, tanto la impresora como el escaner (mi grandísimo agradecimiento al proyecto brlaser, github.com/pdewacht/brlaser).
Tras un día de uso, mi suegro hizo otro comentario interesante: "Nada me ha asustado".
Y esto, Microsoft, ha sido tu mayor cagada con Windows 11. La obligación de cambiar el ordenador, los anuncios en el sistema operativo, la IA metida con calzador, y las políticas anti usuario de los últimos años. Una decisión que coincide en el tiempo con el momento en el que Linux ya no asusta. Y Linux mientras tanto a su ritmo, dando soporte completo a hardware con 20 años, sin meter mierdas innecesarias, ni anuncios, ni IA que nadie ha pedido.
Lo que viene siendo, un mejor producto.
Así que "enhorabuena" Microsoft, uno menos.
Traigo este debate a la palestra debido a la enorme cantidad de artículos generados por IA en Menéame. Pese a que entiendo que escribir un artículo requiere tiempo y energía, no justifica el uso de la IA generativa.
Esto que propongo no es nada nuevo. Empresas como el buscador Kagi tienen iniciativas como el llamado "StopSlop", donde se puede reportar contenido creado por IA. Este contenido baja o desaparece del ranking del buscador. En sus propias palabras:
Kagi apoya las herramientas de IA que potencian la creatividad, pero se opone a aquellas que socavan la autenticidad y la confianza en el contenido creado por humanos.
En el mundo del software ya son muchos los proyectos open-source que tienen políticas de IA donde, entre otras cosas, se pide que la descripción sea escrita por un ser humano y que se diga claramente que el código ha sido generado por un LLM.
github.com/ghostty-org/ghostty/blob/main/AI_POLICY.md
Creo que Menéame debería ser un baluarte en la defensa del contenido humano. Y debería primar el contenido de calidad frente al llamado "slop". Esto va en línea con otras iniciativas hermanas como la contraalgoritmia: www.jotdown.es/2025/01/la-contralgoritmia-es-la-nueva-contracultura/.
En el siglo de la desinformación, todos deberíamos hacer un esfuerzo por primar el contenido de calidad generado por inteligencias naturales frente al correcto, artificial y deshumanizador contenido generado por una máquina.

Si no tienes mucho dominio de las matemáticas básicas, no deberías mostrarlo en la portada de un periódico. En Canarias7 de hoy indican en portada que el comercio electrónico en Canarias ha crecido un 1.000% en 10 años al pasar de 477 millones a 4.066 millones. A simple vista ya se ve que el cálculo es erróneo (significaría haberse multiplicado por 11) y el porcentaje de incremento correcto, en números redondos, es del 750%: 4066/477=8,52.
Estados Unidos ha bombardeado diversos barcos en Colombia recientemente, la versión oficial es que son narcolanchas, pero lo que cuentan desde Colombia es que eran pescadores y que hay otros pescadores desaparecidos. A su vez gente del entorno de Vox como el excvicepresidente de Castilla y León, Garcia Gallardo, dice en redes sociales que el problema es que los sudamericanos vienen a España y suben el precio de la vivienda.
Entre medias, Colombia es el país de América del Sur del cual vienen más inmigrantes a España. Es decir por una parte desestabilizan paises en América del Sur como llevan haciendo décadas con golpes de estado, narcotráfico y demás que genera inmigración masiva debido a las malas condiciones de vida que imponen sus ataques. Por otra parte esa misma gente te dice que el problema son esos inmigrantes. Es decir los atacan allí y aquí, haciéndoles allí huir y aquí que se sus fieles de extrema derecha los repudie y les eche la culpa, y ya que sus fieles suelen ser empresarios y demás, esto les lleva a situaciones de exclusión y pobreza, logrando trabajadores baratos.
Y ya no hablemos de cómo la inmigración de países de África y Oriente Medio se disparó tras el 11S.
De cara a como vamos a abordar los próximos cambios en Menéame nos ayudaría bastante que respondieráis a una serie de encuestas. Esta es la primera.
Los bots de Estados Unidos e Israel están saltando coordinadamente en redes sociales amenazando a España, pidiendo que sea el siguiente país en ser atacado por la coalición de pederastas, asesinos, violadores, caníbales, ladrones, especuladores.

Sus bots repiten como loros en redes sociales que deben intervenir España, que el gobierno de España es satánico, que hay que atacar a España ante la postura contra el eje epsteiniano de asesinos, violadores, pederastas, canibales, criminales de guerras, genocidas y sionistas. Simplemente hay que abrir hoy las redes y leer.
No olvidéis que también la clase de Epstein financia a Alianza Catalana y Vox que solo hacen que enfrentarnos los unos con los otros, rompiendo consensos. Como toda la historia se ha reclamado a este tipo de clase de pederastas, satanicos, asesinos, criminales, especuladores.
Hace escasos días, el periodista Joaquín Abad ha publicado el libro "Los novios de Felipe VI" (véase un resumen en www.elnacional.cat/enblau/es/casa-real/casa-real-alquilaba-finca-en-ma ), donde afirma la homosexualidad del actual Jefe de Estado y aporta informaciones sobre una decena de relaciones que habría mantenido con hombres, y que fueron "breves pero intensas". Entre ellas una en Marrakech, para la cual Casa Real le habría alquilado una finca que le sirvió como picadero.
Lo primero que me ha dejado perplejo es que no hayan secuestrado el libro como hicieron con el famoso número de El Jueves donde Felipe copulaba con Letizia en aquella viralizada caricatura. Esto me lleva a tomármelo en serio, pues cualquier mentira (y yo diría que incluso información verídica) que afecte de modo muy negativo a la reputación de Felipe, es cuestión prioritaria para policía y jueces, que fulminarán a su autor para proteger la monarquía. Que no haya habido denuncia desde Casa Real o actuación de oficio de fiscalía, máxime cuando la base social pepera que apoya incondicionalmente a Felipe suele mirar bastante mal a los gays, me hace pensar que el periodista dice la verdad. Pero sea como fuere ¿Tiene derecho a airear que Felipe VI sea hipotéticamente gay?
Si estuviésemos en EEUU, la respuesta sería indudablemente afirmativa. Allí está absolutamente aceptado que el votante elige a su representante no sólo por su programa, sino por sus valores morales, incluidos los relativos a la moral privada. Me importa que mi congresista sea fiel a su esposa o no lleve a cabo conductas condenadas por La Biblia porque la gente que es infiel a su cónyuge no me parece de fiar, o porque creo que sólo los fervientes católicos son lo bastante rectos como para representarme sin caer en la iniquidad. Y precisamente por ello, tales informaciones tienen relevancia pública, pues son decisivas para la decisión electoral de decenas de millones de norteamericanos.
¿Y en España? Hay un caso en el que, indudablemente, la vida privada del representante público posee relevancia informativa. Y es cuando tiene incidencia en cuestiones claramente ubicadas en el interés general, como puede ser la gestión del dinero público. Si a Felipe VI le pasase lo mismo que a su padre con Bárbara Rey, esto es, que el Estado tuviese que pagar una millonada a un tío para que no largase que se acostó con él, el asunto tendría un incuestionable interés público. También si, como dice la noticia, se dedicase dinero público a proporcionarle picaderos. Si nos toca el bolsillo, nos importa.
¿Y si son relaciones homosexuales que no tienen impacto en el erario público? Aquí el tema es mucho más discutible. El Tribunal Constitucional lleva décadas sosteniendo que los derechos fundamentales a la intimidad y a la libertad de información tienden a chocar por su propia naturaleza. Y la forma de resolver esos choques consiste en asumir la prevalencia de la intimidad sobre la libertad de información cuando el ciudadano es un particular y no un personaje público (esto es, un sujeto con relevancia informativa por su cargo público o por ser generalmente conocido debido a su profesión o ubicación en el mundo del famoseo). Cuando es un personaje público, la intimidad puede ceder si se da un segundo requisito: que la información tenga relevancia pública ¿Y cuándo tiene relevancia pública? Cuando es relevante para la formación de una opinión pública libre, al afectar a asuntos de interés general que los ciudadanos deben conocer para tomar sus decisiones políticas.
Y aquí volvemos a EEUU. Digamos que hay 10 millones de españoles que consideran relevante para apoyar la monarquía el hecho de que su titular haya montado un matrimonio de pega para liarse con sus maromos mientras su esposa hace lo propio con los suyos, disfrutando ambos de una posición privilegiada que posiblemente no habrían tenido si Felipe hubiese salido del armario. El rey debe ser ejemplar, y los matrimonios concertados para heredar y luego follisquear por separado no son ejemplares ¿Convierte eso la supuesta homosexualidad de Felipe VI en un asunto de relevancia pública? ¿Prevalece su derecho a la intimidad frente al derecho de tales ciudadanos a obtener informaciones que, desde su perspectiva, son decisivas para apoyar o rechazar la monarquía? Una cuestión muy peliaguda. Yo opino que prevalece el interés informativo, pero también es verdad que soy un ferviente republicano y estoy deseando quitarme a los borbones de encima, y tal vez ese condicionante sea decisivo para formar mi criterio ¿Qué pensáis vosotros?

Este gráfico de áreas aparecido en la portada de El Economista es un buen ejemplo de como no hay que realizarlos. En un gráfico de áreas, estas deben ser proporcionales a los valores, pero si 3.000/1.484=2,02, no se puede hacer el radio del círculo correspondiente a 3.000 el de 1.484 multiplicado por 2,02, porque como el área aumenta con el cuadrado del radio, el área del segundo círculo sería 4,09 veces la del primero, rompiendo la proporcionalidad. Para respetar la proporcionalidad, el radio del segundo circulo debería ser la raíz cuadrada de 2,02, es decir 1,42 veces el radio del primero.
El gráfico correcto debería ser como este:


Titula El Mundo sobre que los jóvenes son un 72% más pobres desde la crisis financiera, pero si nos centramos en los datos, también podrían haber titulado:

Porque cuando uno se pone a hacer comparativas, el resultado puede cambiar considerablemente según en qué intervalo temporal se realiza la comparación y qué dato se compara.
Con datos del mismo artículo, también se podría titular que la renta mediana de los jóvenes ha aumentado un 42% desde que gobierna Sánchez:

O que el porcentaje de hogares jóvenes ahogados por las deudas está en mínimos históricos:

Resumiendo: nada es verdad, nada es mentira, todo depende desde donde y en qué ponga el foco.
Aquí hay dos capas distintas: lo que dicen en público y lo que hacen en la práctica.
Y sí, hay intereses ocultos o, al menos, poco reconocidos, que explican la resistencia al teletrabajo en España, tanto en empresas como en la administración y organismos como fundaciones hospitalarias.
Estos son los motivos no oficiales por los que los grandes partidos y administraciones frenan el teletrabajo:
💡 En resumen:
Ni PP, ni VOX, ni PSOE han apostado en serio por el teletrabajo, y todos, en distinta medida, protegen intereses que se benefician de la presencialidad: inmobiliarias, transporte, hostelería y estructuras jerárquicas internas.
La diferencia es que PP y VOX lo dicen más abiertamente (“la oficina es lo natural”), mientras que PSOE lo suaviza en el discurso pero lo limita en la práctica.
Exacto, y ese es uno de los puntos más frustrantes del caso español: en ciudades como Madrid hay un porcentaje altísimo de empleos que podrían hacerse en remoto, pero el nivel real de teletrabajo está muy por debajo de su potencial.
Si Madrid aplicara políticas activas (y cambiara mentalidades), no solo reduciría el tráfico y la contaminación, sino que también podría descongestionar la ciudad, permitiendo que mucha gente se fuera a vivir a zonas intermedias o pueblos cercanos… frenando justo esa España vaciada que tantas veces hemos hablado tú y yo.
Yo aquí veo un paralelismo claro: el teletrabajo es, en cierto modo, la herramienta que podría haber redistribuido población sin necesidad de esperar a un colapso.
Esa excusa es un clásico para no mover un dedo.
Es como decir: "No todos los coches pueden ser eléctricos, así que mejor no hacemos cargadores para ninguno" — un razonamiento que suena lógico si lo dices rápido, pero que en la práctica es una trampa para justificar la inacción.
En Madrid, el grueso del empleo no es hostelería ni oficios manuales como fontaneros o albañiles.
Según la Encuesta de Población Activa y datos de la CAM:
Es decir: aunque bares y obras sean muy visibles en la calle, no son la mayoría de puestos ni justifican que el teletrabajo siga siendo anecdótico.
La verdad es que este discurso de "si no todos pueden, que nadie pueda" es muy útil para quienes quieren que todo siga como está:
oficinas llenas, alquileres disparados, transporte saturado y gente atrapada en las grandes ciudades.
Donald Trump no necesita dar un golpe de Estado para erosionar la democracia. Le basta con algo mucho más eficaz: jugar con la idea.
Cuando sugiere cancelar elecciones, aunque luego diga que “bromeaba” o que era “retórica”, no está improvisando. Está usando una técnica vieja y conocida: decir lo impensable para acostumbrar al público a escucharlo. Hoy es una broma. Mañana es una exageración. Pasado mañana, una opción “a debatir”.
Trump no es un dictador clásico, ni parece interesado en convertirse en uno al estilo del siglo XX. Su autoritarismo es más moderno, más blando y más peligroso: desgasta las normas desde dentro. No rompe la Constitución; la desacredita. No cancela elecciones; siembra la idea de que solo son legítimas si él gana.
El truco es siempre el mismo:
1. Lanza una frase extrema.
2. Provoca indignación.
3. Se desdice o matiza.
4. Sus seguidores repiten: “solo estaba bromeando”.
5. La línea roja se mueve un poco más.
Así, conceptos que antes eran inaceptables —posponer elecciones, ignorar resultados, atacar jueces, desacreditar a la prensa— se convierten en parte del ruido cotidiano. La democracia no muere de golpe; se desgasta por saturación.
Trump entiende algo clave: el poder no está solo en lo que se hace, sino en lo que se permite imaginar. Si logra que millones de personas acepten como normal que un líder “fantasee” con saltarse las reglas, el terreno ya está preparado para que otro, o él mismo, vaya un poco más lejos.
Por eso el debate no es si hablaba en serio o no. Esa pregunta es una trampa.
La pregunta correcta es otra: ¿por qué un aspirante a gobernar considera aceptable bromear con el fin de las elecciones?
La respuesta es incómoda, pero clara: porque le funciona. Genera miedo, lealtad, ruido mediático y polarización. Y mientras discutimos si era sarcasmo o no, el daño ya está hecho.
Trump no necesita ser un dictador para comportarse como un aprendiz de autoritario. Le basta con tontear con la idea, una y otra vez, hasta que deje de parecernos una locura.

Conocí a Chloé en una de esas presentaciones de libros de autoayuda disfrazada de filosofía oriental que tanto proliferan en los centros cívicos de los barrios en vías de gentrificación. Ella estaba allí, con una edición de bolsillo de Mishima mal disimulada bajo un manual de mindfulness. Había en ella una tensión, una vibración de descontento intelectual que me pareció, en aquel momento, el único signo de vida auténtica en un radio de doscientos metros. Tenía 32 años, ocho menos que yo, y trabajaba a tiempo parcial en una galería de arte conceptual que, por supuesto, perdía dinero. Vivía en un estudio minúsculo, comía pasta con pesto la mitad de la semana y hablaba del capitalismo tardío con el fervor de quien todavía cree que se puede hacer algo al respecto.
Mi situación era, como siempre, más prosaica. Era consultor de optimización de procesos para una multinacional farmacéutica. Mi trabajo consistía, en esencia, en traducir la ineficiencia humana a gráficos de Powerpoint para que otros hombres grises como yo pudieran tomar decisiones que afectaran a miles de personas sin tener que mirarlas a los ojos. El sueldo era excelente. Mi apartamento, con vistas a un parque anodino pero bien cuidado, era un testimonio silencioso de mi éxito funcional.
Decidí, con la frialdad de un científico que inicia un experimento, que iba a salvar a Chloé. Salvarla, claro está, de las trivialidades que ella confundía con la lucha. El alquiler, las facturas, la necesidad de sonreír a clientes idiotas para vender un lienzo pintado de un solo color. Quería ver qué ocurría cuando se eliminaban todas las variables de la necesidad. Mi hipótesis, formulada en las largas noches de insomnio regadas con vino blanco barato, era que el ser humano, y en particular la mujer contemporánea, no está diseñado para la utopía, sino para la queja. La queja es el motor de su existencia; eliminada la causa, el motor no se detiene, simplemente empieza a girar en vacío, consumiéndose a sí mismo.
Al principio, fue predeciblemente idílico. Dejó su trabajo en la galería con lágrimas de gratitud. Se mudó a mi apartamento, llenando el minimalismo estéril con sus libros y sus plantas. Los primeros meses fueron una explosión de proyectos. Iba a escribir una novela, a montar un taller de cerámica en la habitación de invitados, a aprender por fin a tocar el violonchelo. Yo financiaba cada capricho con la diligencia de un mecenas renacentista. El caballete, las arcillas de importación, el violonchelo que costó el equivalente a tres meses de su antiguo sueldo.
La primera fase de la descomposición fue la procrastinación. La novela se quedó en un esquema de tres páginas. Las arcillas se secaron en sus paquetes. El violonchelo acumulaba polvo en una esquina, su funda negra como un pequeño sarcófago. Sus días, liberados de la obligación, perdieron su estructura. Se levantaba a las once, veía series en Netflix y desarrollaba un interés casi académico por los catálogos de moda online. La lucha contra el capitalismo tardío había sido sustituida por una participación entusiasta en su liturgia más sagrada: el consumo.
Luego vino la segunda fase: la transmutación del deseo en necesidad. Lo que antes eran lujos esporádicos se convirtieron en requisitos básicos para su bienestar. Ya no era un "gracias por este bolso de marca", sino un "¿por qué no me has comprado el modelo nuevo que salió la semana pasada?". Sus conversaciones dejaron de girar en torno a la alienación del individuo para centrarse en la incompetencia del servicio de reparto de Amazon o en la textura decepcionante de un aguacate orgánico.
La observé con el desapego de un documentalista. Su cuerpo, antes tonificado por las caminatas al trabajo y la escasez, se había ablandado. Pasaba horas en el sofá, envuelta en una manta de cachemira, deslizando el pulgar por la pantalla de su teléfono. Era una odalisca del siglo XXI, una geisha de la fibra óptica, cuyo único talento era la formulación de deseos cada vez más específicos y absurdos. Necesitaba un tipo concreto de agua mineral de una isla del Pacífico, unas sales de baño con un mineral que solo se extraía en el Himalaya, un cojín ergonómico que había visto en el perfil de una influencer danesa.
Yo me convertí en un mero proveedor, una extensión de su tarjeta de crédito. Mi presencia solo era requerida para validar sus quejas o para introducir el código de seguridad en una transacción online. El sexo, antes un refugio de cierta intimidad, se convirtió en otra transacción, un peaje que yo pagaba a cambio de una noche sin reproches por la temperatura del vino.
Una tarde, al volver del trabajo, la encontré llorando desconsoladamente. Me preparé para la letanía habitual: la amiga que tenía una casa más grande, el viaje a las Maldivas que aún no habíamos hecho. Pero la causa era otra. "El repartidor ha dejado el paquete en la conserjería", sollozó. "He tenido que bajar yo misma a por él".
En ese preciso instante, comprendí la naturaleza de mi éxito. No la había salvado; había sido el catalizador de su forma más pura. Había eliminado todos los obstáculos externos, toda la fricción con la realidad, permitiendo que su insatisfacción intrínseca, el malestar existencial de la mujer occidental liberada de todo propósito, floreciera en todo su esplendor grotesco. Era mi obra maestra. Una escultura perfecta de aburrimiento, derecho adquirido y exigencia.
No dije nada. Subí a la cocina, abrí una botella de vino –la correcta, por supuesto– y le serví una copa. Ella la aceptó, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. Mañana se quejaría de otra cosa. Y yo estaría allí para escucharlo, para financiarlo, atrapado en el paraíso estéril que yo mismo había construido. Éramos una simbiosis perfecta, dos formas de la nada que se sostenían mutuamente para no colapsar. La entropía había encontrado su equilibrio doméstico. Y yo, su abnegado gestor de procesos.
<Hola Mundo>
Casi llego a los 60. Mi primer contacto con la informática fue con 15 años y un Dragón 64 (el Spectrum era un lujo inalcanzable entonces). Recuerdo perfectamente aquella academia en Gran Vía con un profesor ruso que nos enseñaba Basic. Quién me iba a decir que, en pleno 2026, estaría delante de una ventana pidiéndole cosas a una IA y viendo cómo se materializan ideas que nunca pude programar por no ser informático de carrera.
Recientemente me he comprado un PHEV. Como vivo en un piso sin punto de carga, necesitaba optimizar al máximo costes y kilómetros. Ante la falta de herramientas que me convencieran, decidí liarme la manta a la cabeza y crear mi propia App usando Claude Code.
Llevo tres semanas quemando tokens a un ritmo frenético (el crédito de una semana me dura tres días), pero estoy disfrutando como aquel niño del Dragón 64. He logrado montar algo funcional que me ayuda con el control del coche y me gustaría que otros usuarios en mi situación pudieran probarla o decirme qué les parece.
No quiero incumplir las normas de spam de la comunidad, así que no pongo el enlace directo aquí por si acaso. Si a alguien le pica la curiosidad por el proyecto o por cómo ha sido el proceso de programar con IA a mi edad, que me lo diga en los comentarios y lo comentamos. Al final, lo que busco es compartir el juguete que he construido.
Saludos a todos.
Una charla informal con una amiga me recordó hace pocos días algo que he oído ya varias veces. Hay parejas que todavía llegan vírgenes al matrimonio, parejas jóvenes, pese a que ellas se la han chupado a sus novios y ellos las han penetrado analmente. A mi me suena risible, pero especialmente entre miembros del Opus se ha extendido la idea de que todo lo que no sea penetración vaginal no es sexo, y así pueden cumplir sus preceptos religiosos y dar salida al impulso normal de cualquier pareja, que es follar. Mi amiga decía atónita que lo que menos entendía era que estuviesen más dispuestas a chuparla que a dejar que se la metan, porque una felación es algo mucho más personal. En realidad estaba dándole la razón a los del Opus, son novios de larga duración, tienen relaciones muy íntimas y personales antes de casarse.
No creería nada de esto, y menos aún escribiría sobre ello, de no ser porque no es la primera, ni segunda, ni tercera vez que lo oigo, y porque estando en contacto con personas de 25 a 35 años he visto un crecimiento de la fe católica que hubiera creído imposible a estas alturas. La última boda a que me invitaron acabó con canciones de misa a la guitarra por los novios y sus amigos, cosa que me dejó con el culo absolutamente torcido. Nada de copas de más y Bad Bunny o Rosalía.
No descarto que yo me haya relacionado por casualidad con una minoría que no representa a la sociedad en su conjunto, me creo más los análisis del CIS que dicen que los creyentes son cada vez menos. Pero algo muy insólito le pasa a una parte de la juventud española cuando abrazan la fe, la sodomía y la felación pero no la penetración, y cuando la extrema derecha les parece una opción política más atractiva que las demás. ¿Ahora rebelarse es esto?
Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y más en estos tiempos donde se supone que estamos tremendamente influenciados por unos medios de comunicación cada vez más manipuladores y unas redes sociales omnipresentes. Pues bien, si analizamos la imagen más poderosa, la que mejor resume la campaña de Podemos en las elecciones autonómicas de Aragón, y la comparamos con la misma imagen de las elecciones extremeñas, quizá podamos entender la pérdida de representación parlamentaria de estos en el parlamento aragonés (me niego a llamar "debacle" la pérdida de un único escaño, aunque fuese el único que tuviesen) mientras que en Extremadura consiguieron aumentar su representación.
Vamos a comenzar con Extremadura. La fotografía procede del diario Hoy, un medio de corte conservador (propiedad de Vocento) de la comunidad extremeña.

Una imagen de unión entre los distintos grupos extremeños de izquierda. Colores de la bandera de Extremadura. Cartel compartido entre Irene de Miguel y Neréa Fernández.
Ahora comparemos con la imagen de la campaña en Aragón, publicada por Diario Red:

Mucho color violeta feminista. El cartel imitando el "Yes we can" feminista estadounidense. Ni una referencia a Aragón (salvo lo de la "rasmia"). Puños reivindicativos en alto (intuyo que más feministas que "rojos"). Una guitarra fuera de contexto (¿cantaron el "No pasarán" o algo de Labordeta?). Y ¿Cristina Fallarás?
La primera fotografía es una invitación a las gentes de izquierda extremeñas a votarles. Al de ciudad y al de campo. Al paleto y al catedrático. A pensar más allá del PSOE. El target electoral es el más amplio posible.
La segunda fotografía va dirigida a no sé muy bien qué target, pero diría que reduce el electorado a las mujeres, y no a todas, sino a mujeres muy feministas, muy de izquierdas y muy "urbanitas", de la nueva ola del feminismo.
En política, las apariencias son muy importantes. Y es un error grosero (o no)... hacer que tu acto de campaña parezca una protesta de un sindicato feminista de estudiantes en una universidad. En el caso comparativo, creo que la diferencia entre los resultados de Podemos en Extremadura y en Aragón radica en que Irene de Miguel supo construir su campaña con una mirada regionalista y de unión entre los distintos bloques de izquierda, mientras que en Aragón, María Goikoetxea ha sido utilizada por la cúpula central de Podemos para hacer campaña por los intereses de dicha cúpula en el ámbito nacional.
Pasé las Navidades en el hospital por unos problemas respiratorios. Mi compañero de cuarto era un tipo de Wyoming llamado Alfred, un irlandés con ese rictus amargado de quien acaba de recibir un diagnóstico de dos meses de vida, aunque estuviese allí solo por una pierna rota.

A lo largo de mi estadía, desfilaron por la habitación amigos, familiares y conocidos, todos cargados de flores, bombones, revistas y charlas. Pero con los días, esas visitas, que al inicio eran fatigosas, se convirtieron en mi única ventana al mundo exterior, y tengo que reconocer que las disfruté y las esperaba con verdadera impaciencia.
La fragilidad de la convalecencia le llena a uno de cierta emoción y a los amigos y familiares de una honesta preocupación creando una entrañable conexión que jamás pude creer encontrar en un lugar como este, que para mi siempre ha sido un preludio del fin.
Alfred, en cambio, no recibió ni una sola visita en todo el tiempo que estuvimos allí. Ni un amigo, ni un picapleitos perdido de esos que pululan por los hospitales, ni una triste postal. Nada, ni tan siquiera en Nochebuena y si le importó, no pude discernirlo.
Había algo peculiar en Alfred: siempre tenía en la mano una baraja de cartas deshilachadas. La usaba para distraerse, jugando solitarios que nunca terminaba, o a veces simplemente barajándolas en silencio, como si esperara que un movimiento correcto pudiera resolver todos sus problemas. Podía tirarse horas y horas jugando al solitario y todos podíamos verlo a través de las gastadas cortinas que siempre echaba.
Conseguí hablar con él en esos momentos en los que el resto del hospital parecía dormido. Su vida era una tragedia griega pasada por el filtro de la América rural: seis años de cárcel por atraco a mano armada, sin familia (los pocos parientes que tuvo estaban enterrados o perdidos), sin amigos (muertos en la guerra), con un hijo que no le hablaba y una ex mujer que lo odiaba aunque no tanto como él al mundo.
El día que me dieron el alta, Audrey, mi mujer, llegó con sus tres dicharacheras primas para recogerme. Yo, vestido y listo para volver al mundo de los vivos, entré en la habitación para despedirme de Alfred. Mientras las primas y mi mujer parloteaban, me acerqué a él, que andaba enfrascado en otro de sus solitarios, para estrecharle la mano. Fue entonces cuando, con una sonrisa casi pícara, la primera que nunca le vi, se inclinó hacia mi oído y me dijo con aquel acentazo:
—Billy, estás atrapado, perdido, eres un hombre sin norte y lo siento por ti. Pero escucha, si alguna vez quieres escapar, vente conmigo a Wyoming. Allí hay muchos bancos y poca policía. Piénsatelo. Solo tienes que buscarme.
Creo que fue la primera vez en años que llevé a mi mujer a cenar a un sitio caro. Hasta pedimos postre. Al llegar a casa incluso hicimos el amor. Después, decidimos tomarnos una copa para acabar la noche y sentí un extraño impulso que me llevó a sacar del armario mi vieja baraja de cartas, un recuerdo de Las Vegas.
—Audrey, cariño —le dije mientras miraba aquellas cartas—, si algún día empiezo a jugar al solitario, prométeme que me dejarás.
Ella, sin levantar la vista del catálogo de zapatos, contestó:
—¿Antes o después de que te mudes a Wyoming?
Billy Wilder, del libro "Billy Wilder" de Claudius Seidl
menéame