El contraste entre Arendt y Han no es una simple oposición, sino un diálogo entre dos épocas. Mientras que Arendt temía la inacción por considerarla fuente de conformismo y peligro moral, Han la ve como el último refugio frente a la tiranía de la hiperactividad. En un mundo donde se confunde el valor personal con la productividad, la contemplación se convierte, para Han, en una forma de liberación. “El sujeto contemporáneo —dice— no descansa ni siquiera cuando descansa”, porque su descanso está programado, cuantificado y puesto al servicio del
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