Las mujeres jóvenes abandonan el rural atraídas por oportunidades educativas y laborales en las ciudades que el campo no es capaz de ofrecer en igualdad de condiciones. Influyen factores sociales y culturales como dificultades de conciliación, escasez de servicios públicos, redes sociales más limitadas y una titularidad de explotaciones agrarias tradicionalmente masculina. Sin mujeres jóvenes, se dificulta la formación de familias, se vacían las escuelas y se debilita el tejido social y comunitario. En muchos casos, la masculinización actúa como antesala de la despoblación.