Hace unos días asistí en primera persona a la confidencia de un conocido que presumía de conocer el auténtico e infalible remedio para los constipados, gripes y otros malestares similares.
Este personaje, de sesenta y muchos años —una edad importante—, la verdad es que aparenta muchos menos. Se jubiló oficialmente hace unos meses (era autónomo), aunque sigue trabajando; se mantiene muy activo y, si te dice que tiene 58 años, pues nadie podría discutirlo.
Es un señor que se podría encuadrar en un perfil bastante reconocible en estos tiempos y que a muchos nos puede resultar familiar. Permítaseme hacer una breve lista de algunas de sus particularidades:
Hace unos días tuve la suerte de que me revelase el verdadero secreto para evitar gripes y constipados. Lo que escribo a continuación, juro por lo más sagrado, salió de su boca tal cual:
Su mujer trabaja en la limpieza de un gran hospital. Cada vez que nota que se va a poner malo, le pide a su mujer que le traiga amoxicilina, pero no en pastillas: de la de inyectar. La pone en un vaso, añade un poco de agua y se la bebe.
Y mano de santo. Al día siguiente se siente como nuevo, oiga.
Después de intentar explicar qué es un antibiótico, para qué sirve y para qué no sirve, cómo se usa… tiré la toalla.
De toda esta historia no sé qué es lo peor: la peligrosa ignorancia, sacar medicinas de un hospital de forma ilegal y que nadie las eche en falta, el uso absurdo de los antibióticos, la estulticia del susodicho…
Supongo que las probabilidades de que el mundo se acabe por una simple infección aumentan cada día que pasa.
Qué pena.
Las lentejas, pequeñas pero poderosas, son uno de los alimentos más antiguos cultivados por el ser humano. Más allá de su clásica preparación en guiso, existe un fascinante universo de variedades, cada una con su personalidad única en sabor, textura y usos culinarios. Conocer sus diferencias es la clave para transformar cualquier plato.
En resumen, las lentejas son un tesoro culinario. Desde la humilde y robusta Pardina hasta la exótica y cremosa Roja, elegir el tipo correcto abre un abanico de posibilidades que va mucho más allá del plato de cuchara tradicional. ¡Explora, experimenta y descubre tu favorita!

Estaba yo haciendo el vago y se me olvidó que había que hacer comida. Así que con el tiempo echao encima y despensa bajo mínimos salió esto.
Es importante para esto tener un historiu de hierro fundido con tapa. En su defecto una sartén de hierro fundido y tapar con papel albal. O ya, a una malísima, una sartén normal y un chisimin para el horno con tapa.

Picas 4 dientes de ajo, sin volverte loco, es decir no hace falta que queden trocinos milimetricos.
50 gramos de mantequilla, echas el ajo cuando se empiece a derretir la mantequilla, más las aromáticas.
Yo en este caso puse: Romero, dos hojas de laurel, pimienta y azafrán.

Cuando el ajín esté a punto de dorarse, echas un poquitín de vino blanco y cuando evapore metes les patatines (lo más pequeñas que encuentres y más menos del mismo tamaño) y medio vaso de agua y sal.
Tapar y al horno.

Yo lo tuve 20 mins a 250 grados.
Lo puse en la chapa de la cocina con un chin de agua más para dejar la salsina un pelín más liquida y darle una vueltina para que cogieran todo el punch.

Un poco de parmesano y salmón ahumado y a comer.
Como apunte particular. Prefiero usar las aromáticas que se puedan lo más frescas posible, el laurel mejor seco.
Y otro apunte, para muchas cosas hago a ojo. Es decir no se en gramos cuanto Romero, ni azafrán, ni sal, ni casi nada. Hay que tener confianza en una misma y después de muchos años cocinando vas viendo.
menéame