A principios del siglo XX el Real Hospital Infantil de Melbourne había dado instrucciones a sus médicos de no ingresar a niñas y niños que llegasen con casos agudos de gastroenteritis porque no había ningún tratamiento disponible que les fuese a ayudar. Así que cuando llegaban, se les enviaba de vuelta a casa con una perspectiva sombría. Muchos de ellos morían a causa de esta enfermedad y los médicos no sabían qué la causaba.
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De hecho, ella misma ayudó a desarrollar otra vacuna, pensada para ser aplicada a los recién nacidos, “el único momento en el que miles de niños en países en desarrollo están cerca de un hospital”. En su opinión, el rotavirus siempre va a estar presente, pero es posible evitar que mate a miles de niños en el mundo.
Bendita ciencia y benditas vacunas que salvan tantas vidas.
Gracias