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Universidad, negocio, aprobados milagrosos y donaciones millonarias: el caso UCAM

Descubrí la Universidad Católica de Murcia (UCAM) cuando, estando en primero de Derecho, diversos compañeros míos que obtuvieron resultados desastrosos en los exámenes decidieron abandonar la universidad pública e irse a la UCAM. Todos tenían el denominador común de poder pagar las astronómicas matrículas que allí se piden para ingresar (podéis consultarlas aquí www.ucam.edu/admision/matricula ).

Cuando les pregunté por qué se iban, me respondieron que merecía la pena pagar aquel pastón porque allí se aprobaba con gran rapidez y poco esfuerzo. Años después, cuando uno de ellos me enseñó los apuntes de Derecho Procesal que manejaban, comprobé que sus palabras eran ciertas y sentí vergüenza ajena: aquello, por su exiguo tamaño y su falta de sustancia, era más propio de bachillerato que de una carrera universitaria.

Os preguntaréis de qué sirve obtener un título sin tener ni idea sobre la disciplina. Una gran parte de quienes abandonan la universidad pública porque hay que estudiar y se van a la UCAM, cuentan con el apoyo de familias lo suficientemente influyentes como para enchufarles en la Administración pública o grandes empresas donde su ignorancia no será un problema.

Si planteas estos extremos a algún responsable de la UCAM, te dirá que sus carreras están avaladas por la ANECA y las autoridades estatales competentes. El problema es que esas autoridades controlan los programas que les remiten en papel, pero no la impartición real de los temarios que supuestamente integran el programa. Y, si en la UCAM hubiese una directriz para que, en la práctica, dichos temarios se redujesen a la mínima expresión a fin de tener contentos a los alumnos-pagadores, tales autoridades no podrían comprobarlo.

Indudablemente, la UCAM es un negocio floreciente. Precisamente por lo que os he contado, está generando unos beneficios inmensos. Incluso muchas familias humildes ahorran para meter a sus hijos allí porque piensan que es mejor pagar una primera matrícula carísima que arriesgarse al suspenso y consiguiente pago de segundas y terceras matrículas. No obstante, la avidez de dinero a veces provoca escándalos adicionales, como las acusaciones de estafa que estos guardias civiles hicieron a la institución lacronicadelpajarito.com/region/decenas-guardias-civiles-acusan-a-ucam o este otro www.murciaconfidencial.com/2006/08/piedra-de-escndalo-y-presunto-fraud

El jefe supremo de la UCAM (Jose Luis Mendoza) tiene tanto poder que, hace años, mantuvo un duro enfrentamiento con el obispo de Murcia por el control de la institución...y le ganó, provocando su exilio forzoso www.laverdad.es/murcia/v/20130903/region/valedor-ucam-aparto-obispo-20 ¿La razón? Mendoza ha donado incontables millones de euros al Vaticano lacronicadelpajarito.com/sociedad/papa-ordena-investigar-donaciones-mi

Y es que, a pesar de su inmenso poder económico, el pasado de Mendoza es oscuro, y dirige su negocio al más puro estilo feudal www.murciaconfidencial.com/2006/12/mendoza-ucam-y-unos-ttulos-de.html Eso sí, siempre tiene ratos libres para pontificar www.laverdad.es/murcia/ciudad-murcia/201511/11/mendoza-matrimonio-homo

La razón por la que os suelto todo este rollo es que hoy se ha publicado un ranking de calidad universitaria, y las universidades murcianas han quedado a la cola www.laverdad.es/murcia/informe-senala-universidades-20180222194244-nt. Pero OJO, las cifras son engañosas. Se ha hecho una media de las universidades con sede en Murcia, y hemos quedado en lo más bajo...por culpa de la UCAM. Mientras que la pública tiene un buen nivel, la UCAM está hundida en investigación, tesis doctorales y demás índices de calidad. Y, al hacerse un promedio, arrastra a la pública hacia los abismos.

Se puede ganar mucho dinero haciendo negocios con matrículas y aprobados. Se puede usar ese dinero para acaparar poder e influencia. Pero la calidad y el trabajo científico requieren una dedicación y un amor por la ciencia que no interesan a los mercaderes, y que sólo pueden darse en universidades con vocación de serlo. Nunca en chiringuitos que aprovechan los vicios de nuestro sistema para expandirse.

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Mi abuelo no es un complemento para tu mueble vendido a precio de oro.

Ha tenido que pasar tiempo para que pueda escribir sobre ello con más serenidad y tranquilidad. Pero no, mi abuelo no es ningún adorno para un caro mueble de madera.

Recuerdo aquella tarde en casa de los yayos. Como diría mi abuela “no estábamos para hostias". Se había muerto el yayo y necesitábamos y queríamos sentir dolor.

Por eso, cuando llegó el hombre de la funeraria dando el pésame menos sincero y más de protocolo que podría haber escuchado jamás (cosa entendible, es un trabajo donde se deben guardar distancias emocionales) ya empecé a ver por dónde iba la cosa: sacó un libro impreso a todo color. Joder, qué calidad de impresión. Un papel daba gusto tocarlo y hasta mirarlo.

¿Y qué era? Un catálogo de IKEA, pero sin muebles. Con muchos, muchísimos ataúdes. De todos los colores y gustos. Voy a un italiano y no sé qué comer, voy a saber escoger un ataúd.

Que si con madera de este árbol, o del otro. Que si adornos de mármol o crucifijos. Todos por un módico precio al que le podrían hacer un 2x1: Por poco se llevan a mi abuela del susto al ver los precios.

 Pasamos a la sección necro-téxtil:

¿Y al abuelo, qué le ponemos? No sé qué coño ponerme yo un miércoles voy a saber cómo vestir a mi abuelo en su último día. Realmente a todos nos daba bastante igual. El abuelo se ha ido y todo lo que había que hacer por él lo hicimos o lo tendríamos que haber hecho en vida.

 Y luego a la necro-jardinería: ¿Unas flores? 300 euros. Un par de músicas de un archivo MP3 enlatado? 200 euros.

Muy excelente todo. Ahí me enteré que morirse es para ricos.

Y encima, aún hay que aguantar la gente que se rasga las vestiduras por no darle lo mejor al muerto, por no poder o querer gastarse semejante barbaridad en cosas tan materiales y superfluas.

Las funerarias lo saben y se aprovechan. ¿Qué mejor homenaje capitalista que la última oportunidad de dejarse un dineral en la despedida de un ser querido? ¿Serás capaz de no hacerlo, insensible?

Señores, lo que no hayan dado en vida de un ser querido no lo intenten dar en muerte.

Para mi entierro no quiero flores, ni vestimentas. No quiero ni que me veáis. Quiero que me recordéis vivo, que me deis todo el amor que me tengáis que dar ahora. Y si os vais a gastar 300 euros en unas míseras flores, pues me invitáis a un buen restaurante y disfruto de vosotros y la comida en vida.

 Pero sobre todo, ojalá que cuando llegue mi hora, el morirse no sea un sucio y asqueroso negocio.

PD: Dedicado a Raúl, el niño cuyo cadáver pasó 20 horas en el sofá de su casa, por no poder pagar su família a la funeraria y a ti yayo, que sé que tampoco estarías para tonterías ese día.

 

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