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Mi ex y la violación que no fue: sobre creer o no creer

Lo que voy a contar aquí es algo que de mi círculo cercano sólo sabe mi pareja actual, además de las personas que me dijeron lo ocurrido realmente. Viene al hilo de “a las mujeres hay que creerlas siempre”. Como digo en este comentario, soy biempensante y quiero creer que se refiere a las actuaciones policiales previas a la investigación.

Así que, incluso en este caso, y de haber denunciado mi ex, la policía debió haberla creído en un inicio y darle apoyo (como hice yo) y luego, al haber visto la verdad, el órgano instructor incoar un procedimiento de denuncia falsa.

Así que no quiero que mi experiencia personal sea una excusa para neomachistas ni incels. Este suceso no me ha hecho cambiar mi perspectiva con respecto a las mujeres. Lo normal para muchos, para camuflar el dolor, sería parapetarse detrás del “todas putas”. Y eso sería cobarde. Y peor: sería simplista. E imperdonable: sería injusto.

Es una experiencia personal, que no supone en ningún caso evidencia estadística. No pretende blanquear las violaciones reales, sino al contrario. La historia es un poco larga, y va aquí:

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Yo era un abogado muy joven que tenía su primer trabajo. Por aquel entonces, curraba en un despacho de abogados tradicional especializado en temas mercantiles, aunque hacía apoyo en algunos procedimientos penales y de herencias. Mi novia por aquel entonces era una estudiante de Derecho que resultaba ser mi primera relación seria. Estaba enormemente enamorado.

Echando la vista atrás, me sorprende haber sido tan feliz en esa relación. Era tan celosa que corté cualquier tipo de relación con amigas y era tan mentirosa que llegó a inventarse que un amigo suyo estaba en coma para justificar que se le olvidó venir a buscarme al trabajo.

A mi ex (llamémosla María) le gustaba salir de fiesta. Ello explicaba su mal discurrir académico, porque era una persona muy inteligente. Miércoles y jueves se iba de farra hasta la madrugada y tendía a despertarse a las dos o a las tres de la tarde. Le pedía que me mandase un mensaje cuando hubiese llegado para quedarme tranquilo por su seguridad; tenía un historial un tanto extraño de desapariciones curiosas.

Recuerdo muy bien ese día porque asistía a un juicio de menores a Cangas, y para ir lo más rápido y económico es atajar la ría en una lancha, lo que nunca había hecho. Eran las diez de la mañana y recibí el consabido mensaje suyo; pero en vez del “¡Llegué!” me entró un “Me he quedado a dormir en casa de una amiga. Ha pasado algo terrible”.

Obviamente me saltaron las alarmas, así que la llamé repetidamente. Me colgaba una tras otra hasta enviarme otro mensaje: “No soy capaz de hablar de ello. Me han violado”. Literal; dicho mensaje lo tengo grabado en la retina.

Ahora bien: cuando leí esto mi coche estaba en el otro extremo de la ría, y dudaba que el juez me aceptase posponerlo, así que decidí entrar, hacerlo rápido y bien y salir cagando hostias.

El juicio, como es normal, me salió de pena. Me resultaba imposible concentrarme. En varias ocasiones fallé con mis preguntas, hice reiteraciones y cuestiones capciosas y el mismo juez tuvo que darme varios toques de atención. Lo atribuyeron a mi edad e inexperiencia.

Creo que hice el trayecto en velocidad récord. Dejé el coche subido a la acera del centro de la ciudad. Timbré al portal de la casa de la amiga y ahí me la encontré: acurrucada en la cama, con ropa vieja. La viva imagen de la tristeza y la desesperación. Lo que se me partió el alma no tiene palabras.

Una cosa que te explican es cómo enfocar los interrogatorios en casos de violación. Otro que nadie te cuenta es cómo tratar con tu pareja ese tema. Así que me quedé petrificado, incapaz de decidir qué era lo más adecuado: ¿la abrazaba, me acercaba, me mantenía separado, le quitaba hierro, me mostraba furioso, triste, me guardaba los sentimientos para tranquilizarla?

El resto del día (porque no fui a trabajar) me lo pasé acurrucado a su lado sin apenas decir nada. En ese momento lo que creía de presunción de inocencia y juicio justo eran basura: quería encontrar a ese tipo y arrancarle los huevos. Quería que sufriese.

Al cabo de unas horas me contó la historia. Salía de un local cuando se le acercó un tipo. Latino y con un sello de oro enorme en la mano izquierda. Sus amigas iban delante, así que no vieron que él la empujaba contra un garaje metido dentro de un edificio, le pegaba en el estómago y le introducía los dedos. Me dio más detalles que prefiero ni pensar.

Reto a cualquiera de los que me lee a mantener la calma ante esa situación como yo lo hice. Aún hoy no me explico cómo. O quizá sí, pero lo veremos más adelante.

En el momento se me pasaron por la cabeza preguntas fugacísimas, como, por ejemplo, cómo era posible que sus amigas no se percatasen de su desaparición repentina; cómo es que, por mucho que ella fuese detrás, yendo en el mismo grupo nadie viese nada; cómo es que no chilló; cómo es que no tenía lesiones después de varios golpes en el abdomen.

Me dieron asco esas preguntas, lo atribuí a deformación profesional y las aparté de mi mente. Culpándome por dudar de algo que le había pasado a la persona que más quería en el mundo. Así que la abracé y no dije nada.

María se negaba a ir a la policía a denunciar nada. Eso no me resultó chocante. Es desgraciadamente frecuente en la víctima sentir culpa y vergüenza. No insistí. Lo que me resultó muy, muy chocante, fue que quisiese hacerlo conmigo.

No tengo formación específica en psicología de delitos sexuales, pero me resultaba muy extraño que después de pasar por algo tan jodido ella tuviese ganas reales de sexo y, de hecho… estaba cachonda. Según me explicó, quería borrar esa experiencia sexual traumática por otra experiencia sexual bonita.

La pregunta fugaz que se me pasó por la cabeza fue igualmente desechada. Yo era un hombre, no tenía ni idea de qué extraños mecanismos suceden después de algo tan traumático. Por algún milagro conseguí tener sexo con ella (otras de las cosas más complicadas que he tenido que hacer) y la acompañé a su casa.

Y nada cambió. Nada en ella. Ni a bien ni a mal. Al día siguiente era la misma. Como digo, mi inexperiencia sobre traumas sexuales me impedía juzgar dicha conducta, así que jamás dudé de ella. Bien puede ser, pensé, un mecanismo psicológico de represión de trauma. Así que no saqué el tema.

Pero me moví, y como. Tenía una vieja conocida a cargo de un centro asistencial a mujeres, que me dio recomendaciones de psicólogos especializados, dónde y cómo comprar spray de pimienta, cómo hablar con ella y una serie de medidas que adopté ipso facto. Todas ellas acababan inevitablemente en broncas de María: ¿Quién me creía que era?

Yo las aceptaba, claro. Es verdad, pensé. Tal vez sea más fuerte de lo que pienso.

Y un día, caminando por la calle, vi a un tipo. Latino. Con un enorme sello dorado en la mano izquierda. Caminaba al lado de una chica rubia, delgada y bajita, como María. Inmediatamente pensé en abordarlo. Luego me dije que tenía que asegurarme de que era él antes de tomar medidas. Así que los seguí.

Grabé un vídeo desde detrás de ellos y se lo envié a María. Entraron en un Burger King; yo entré detrás y, haciendo como que hacía una llamada, lo grabé de frente con la cámara del móvil. Se lo envié a María también esperando a que me respondiese y, en su caso, me confirmase. No sabía qué haría si era cierto, pero eso ya se me ocurriría.

No podía irme hasta que mi ex me confirmase o no que era él, así que de nuevo volví a faltar al trabajo, me pedí una Cocacola y me senté en una mesa de al lado, haciendo como que leía la tablet y sin quitarle ojo de encima. Durante una hora memoricé cada rasgo suyo, cada expresión y hasta su voz. Se levantaron y yo me levanté. Fueron a un parque. Los seguí. María seguía sin responderme.

Finalmente me dijo que no, no era él. En parte aliviado y en parte decepcionado, envié un mail con una disculpa a mi jefe y me volví a casa. Y aquí terminó el primer acto de esta trama.

Al cabo de un año, lo dejé con María por causas que no vienen al caso. Me cambié de ciudad, de trabajo, de círculo social. Hice mi vida con otra pareja.

Y hace poco, muy poco, me encontré a una amiga de María. Era la que tenía el piso aquella tarde de hace años. Me saludó efusivamente y tomamos un café. Me habló de María, y me dijo que era normal después de lo que había pasado. Al principio no la entendí y lo dejé pasar, aunque luego pregunté. Y ahí vino lo que me destrozó.

Esa noche no habían violado a María. Esa noche María se había acostado con un latino con un sello de oro en el dedo en casa de dicha amiga. Al terminar, se sintió mal por haberme puesto los cuernos y dijo que me diría que la habían violado. Esa amiga tenía todo. Tenía whatsapps de ella después de lo ocurrido donde le decía a María que tenía que contarme la verdad, y ella diciendo que no podía después de haberme dicho lo de la violación. Tenía una foto de todos tomando unas cervezas, ya de mañana, en la salita de su piso. Tenía una foto de María besándose con él. Y sí: era el tipo al que yo, hacía años, había seguido como un espía de la guerra fría. Todas esas cosas me las envió y las sigo teniendo guardadas en una copia de seguridad en mi móvil, como un recordatorio de algo que no sé muy bien explicar.

Casualmente, no se lo he dicho a nadie, quitando a mi pareja actual un día que bebí de más. Soy yo el avergonzado. Pero gracias al cielo, no he cambiado. Las mujeres no son buenas ni malas, son personas. Y las personas son buenas, y son malas, y muchas veces ambas al mismo tiempo. Esto podría autojustificarme en una actitud de pasar por mentira toda denuncia de violación. O hacerme demasiado escéptico con respecto a ellas.

Sin embargo, sigo creyendo lo mismo. Si María hubiese denunciado, la policía debería haberla creído e investigar a fondo.

Y, una vez demostrada la verdad, caer sobre María con todo el peso de la ley. Porque el hecho de que María fuese una mala persona no justifica el desprecio a aquellas chicas que tuvieron que sufrir en sus carnes lo que María inventó. Y María no sólo me jodió a mí o pudo haber jodido a ese chaval: sus actuaciones son un insulto a las víctimas verdaderas, que no merecen que una ley diseñada para protegerlas sea instrumental de personas sin escrúpulos.

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Sobre los límites de la "legitimidad democrática" y el derecho a poner de rodillas a un Gobierno

Hace unos años escribí este artículo sobre el derecho a ejercer la desobediencia civil en los Estados formalmente democráticos www.rtfd.es/numero15/02-15.pdf A diferencia de otros textos que me he visto obligado a escribir sólo para conseguir la acreditación de la ANECA, disfruté mucho elaborando el artículo. Y es que el tema resulta apasionante ¿Pueden los ciudadanos movilizarse en las calles desobedeciendo activamente las leyes para forzar el cambio de criterio de las autoridades políticas que ellos mismos han elegido?

En España parece ciencia ficción, pero en Francia han conseguido una importante subida del salario mínimo y el bloqueo de la subida de carburantes mediante manifestaciones verdaderamente épicas (la imagen de las masas ocupando la zona del Arco del Triunfo es de las que dejan sin palabras). Han colocado a Macron de rodillas, le han obligado a cambiar de criterio bajo la amenaza de poner el país patas arriba. Pero ¿tenían derecho a hacerlo? Yo pienso que sí.

El filósofo del Derecho Luigi Ferrajoli dice que en todo sistema democrático hay una "esfera de lo indecidible", que ningún gobernante puede atacar por muchos votos que tenga. Esa esfera la constituyen los Derechos Humanos, que son "precondiciones lógicas de la democracia", ya que la participación política libre y en igualdad de condiciones, requiere no sólo el acto formal de votar cada 4 años, sino el pleno respeto de los derechos sociales y políticos de los ciudadanos, así como de sus libertades individuales. Si se me niega una educación de calidad, o se me coloca en una situación de sufrimiento derivada de la exclusión social que me anula como individuo, estaré incapacitado en la práctica para participar políticamente. A este respecto, John Rawls dice que el sistema democrático es incompatible con aquellas situaciones de explotación o marginación social que "socavan el autorrespeto" del individuo y le excluyen de la comunidad.

De esta forma, no puede haber una auténtica democracia sin respeto a la dignidad de toda persona. Aparte, esa dignidad es la propiedad más valiosa de cada individuo (nace y muere con ella), y ninguna mayoría tiene derecho a negársela. Si el 80% de la población decide que el 20% restante sea su esclavo, esa decisión será inválida. Por tanto, ninguna decisión política que atente de forma clara y frontal contra los Derechos Humanos, será legítima, independientemente de que las autoridades que la tomen hayan sido elegidas en un proceso formalmente democrático.

A ello hay que sumar que, en sistemas como el español, el político es libre de incumplir todos y cada uno de los puntos de su programa electoral una vez nombrado, y el ciudadano no puede hacer nada para evitarlo, pues la participación política que reconoce la Constitución se ciñe a un voto cada 4 años, sin posibilidad de referendums a instancia ciudadana ni revocaciones del mandato de los representantes que no cumplen. Por tanto, el representante político puede haber sido elegido en una votación, pero estar haciendo todo lo contrario de lo que sus electores desean (e incluso de lo que les prometió en el programa electoral), lo cual le priva de cualquier legitimidad.

Se dirá que es impensable la violación de Derechos Humanos en un sistema como el nuestro, porque los tribunales tienen como misión protegerlos. A ello hay que oponer (aparte de la politización de los altos tribunales en nuestro país, denunciada una y otra vez por el Consejo de Europa) que una parte de los Derechos Humanos no es reivindicable ante los tribunales en España, porque la Constitución así lo dispuso (si se te deniega el derecho a una sanidad pública de calidad o a la vivienda, no podrás acudir al Tribunal Constitucional, pues la Constitución los consagró como derechos "de segunda categoría", no recurribles en amparo).

Por tanto, lo que se hizo en Francia es legítimo, y sería aún más legítimo si cabe hacerlo en España. Las autoridades políticas tienen derecho a tomar las decisiones que consideren oportunas, pero con el límite del respeto a los Derechos Humanos ¿Y cuándo se produce una violación de estos derechos? Aplicando el más elemental sentido común, podemos decir que se violan cuando a una persona con dolores insoportables le dan cita para la Unidad del Dolor en junio del año que viene, habiéndola pedido en octubre (caso de un vecino mío) o, teniendo enfermedades degenerativas, le dan cita con el especialista para dentro de 4 meses, siendo obvio que la ausencia de tratamiento durante ese intervalo provocará un empeoramiento que posiblemente sea irreversible.

Se violan los Derechos Humanos cuando existen trabajadores pobres, que cobran poco más de 700 euros por 40 horas semanales de esfuerzo. Se violan cuando se condena a la pobreza a cientos de miles de ancianos, incapaces de subsistir con pensiones de 400 o 600 euros (habiendo cotizado muchos de ellos 40 años, como sucede con los autónomos que han usado la base mínima de cotización). Se violan los Derechos Humanos cuando se condena a millones de españoles a vivir en grandes urbes cuyo aire es nocivo para los pulmones, pero los gobernantes se niegan a tomar las medidas para que puedan tener una vida saludable (aunque en Madrid ya están empezando a actuar, por suerte). Y todo ello en un contexto donde la riqueza del país permitiría ofrecer una vida totalmente distinta a la gente que padece estas situaciones (la brecha entre ricos y pobres en España es la más alta de Europa occidental) pero los gobiernos se niegan a aplicar medidas redistributivas porque "los ricos se irían" (curiosamente, en los países nórdicos se aplican y ningún rico se va).

Para cambiar todo esto, la desobediencia civil es sin duda un arma legítima. Funcionó en Francia, y aquí también funcionaría si nos atreviéramos. Estamos legitimados para usarla ¿Nos atreveremos?

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Censura de canciones machistas

Toda mi vida he escuchado canciones que hacen apología de las drogas, del alcohol, del tabaco, de la violencia, las palabrotas... pero por alguna razón hay gente que cree que hay que censurar las letras que consideran machistas.

A pesar de todo apenas bebo alcohol, no tomo ninguna droga y nunca he pegado a nadie (desde que no soy un crio) y aunque haya escuchado letras de esas que catalogan como machistas, me considero feminista.

Escucho a gente con ideas del mundo muy diferentes a la mía, incluso de gente que si conociera en persona despreciaría, y como yo todos. Pero por alguna razón hay gente que cree que no hay que escuchar música de gente que consideran machista.

Dos veces he dicho "consideran machista" porque además tanto música como el cine usa la ficción para describir situaciones por lo que el autor ni siquiera tiene porque estar de acuerdo con lo que dice. Además, la música utiliza metáforas, por lo que el autor no tiene por qué pensar literalmente lo que dice. Y es lógico que en la música como en la poesía se utilice para inspirarse el amor romántico, por lo que unas palabras mega endulzadas y dependientes del amor en un momento de inspiración no significan que esa persona piense siempre así.

A veces la música también se usa para exagerar, presumir, vacilar, llamar la atención... Y la música utiliza jerga, expresiones que si no estás en el ambiente probablemente no comprendes, por lo tanto, no puedes catalogar de machistas.

Como muestra un ejemplo de canción que la mayoría de la gente podría catalogar de machista o incluso de hembrista, cuando la mayor parte de la gente ni entenderá lo que pretende transmitir por ejemplo cuando dice "puta". 

Por lo tanto, una canción o un artista puede gustarte o no gustarte, puede que entiendas lo que quiere transmitir o puede que no, puede que transmita un mensaje positivo y puede que no. Pero la música es arte, y como tal no debemos confundirlo con una clase de ética, ni a su autor con un modelo a seguir, así que no censures el arte bajo la excusa del feminismo.

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Especímenes de menéame: los negativizadores estériles

Todos los conocemos. Se ocultan en la portada hasta que ven el letrerito de "noticia errónea o controvertida". Entonces saltan en manada a negativizarla. No les interesa su contenido, ni la virtualidad de la noticia o el artículo para mejorar la calidad de la web, despertar conciencias o enriquecer la perspectiva de los usuarios. Sólo quieren su 0.2 de karma. Si miras en su historial, verás que la práctica totalidad de ellos no envían una noticia desde hace meses o incluso años. Sólo están en meneame para lograr karma mediante sus negativos y usarlo para seguir negativizando.

Resulta ciertamente patético que un adulto desperdicie su tiempo en algo así. Resulta desolador que alguien se inscriba en una web destinada a intercambiar noticias y opiniones no para debatir y aportar, sino para conseguir el "premio" del karma (que, como cualquier mente sana sabe, no sirve para nada). Pero ahí están. Dado lo tremendamente difícil que resulta reeducar a un niño rata (y mucho más a un adulto rata) deberían establecerse vías para que su lógica enfermiza deje de contaminar la web. Se me ocurren:

-Quitar el premio de 0.2 por noticia retirada de portada.

-Concentrar la ganancia de karma en el envío de noticias y artículos, es decir, en construir en vez de destruir.

-No permitir negativizar a quien no haya publicado noticias o artículos durante el último mes.

-Restar valor a los negativos (es demencial que 4 negativos valgan más que 30 positivos).

-Y la más inteligente de todas...suprimir los negativos.

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Hace tiempo, mucho tiempo...

Esto igual iría mejor en un sub llamado anécdotas viejunas, pero como no me consta que exista, lo mando aquí.

Esto sucedió allá por los años 80, una década que dicen que era mucho mejor que el tiempo vivimos en el presente. Yo allá por finales de los ochenta iba a un instituto público en un barrio obrero pobre de una gran ciudad (Zaragoza). En un tiempo sin internet, ni teléfonos móviles, con ropa heredada, y en unas familias sin demasiado medios, pero que trabajaban duramente para sacar adelante a sus hijos.

Pues resulta que yo tenía un amigo, llamemosle José. Y el sueño de José era tener una de esas cazadoras de cuero negro tan alucinantes como era la moda en los años 80. Mi amigo quería vestir y le gustaba el estilo rockero, con pelo largo, ropa negra, cadenas metálicas y actitud de tipo duro. Pero bueno, sin dinero ni trabajo y con malas notas, no se podía permitir su sueño. Una cazadora de marca de calidad, de las buenas, te podía costar 250.000 pesetas facilmente (unos 1500 euros)

Pero bueno, mi amigo se esforzó mucho en los estudios, porque su padre le había prometido que si se sacaba el bachillerato con buena nota, la tendría. Y lo consiguió. No creo que fuera de las caras, caras, pero seguro que sí le costó un buen montón de miles de pesetas, y tuvieron que esforzarse y recortar otros gastos para conseguirla.

Buah, y lo que ligaba con esa cazadora.

Pasan un par de años, y... resulta que se la roban. Estaba yendo a casa una noche, y se metió por donde no debería, o igual no, pero resulta que le salió un tipo con una navaja enorme y se llevó su cartera y la cazadora. Mi amigo imponía mucho físicamente, alto, fuerte, con su pinta de tipo duro, pero en realidad era completamente pacífico y un pedazo de pan, y ese otro tipo al parece asustaba bastante más.

Lógicamente fue con su familia a la policía, donde presentó una denuncia. Y cuando describió al sujeto, los policías inmediatamente dijeron: "ya, no digas mas". Dedujeron que era... llamemosle El Jony. El Jony era conocido de la policía, y cuando le enseñaron una foto suya a mi amigo inmediatamente lo reconoció. Dijo "sí, ese fue", así que lo detuvieron y lo enchironaron.

Creo recordar que luego todo se solucionó sin llegar a juicio, del estilo "yo retiro la denuncia y a cambio tu me devuelves lo mío y no te vuelvo a ver en toda la vida". Eran tiempos mucho mejores que hoy en día.

Hoy en día habría gente (alguna gente, no todos) que pensaría que mi amigo mentía. Que era una denuncia fake, un montaje, un Frank Cuesta. Que igual le regaló la cazadora a El Jony y cuando sus padres se enteraron se arrepintió y se inventó lo del robo. Hoy en día desgraciadamente hay mucha gente que cree que no basta con la palabra de la victima para poder detener a un presunto culpable. Incluso gente que cree que otros como mi amigo van por ahí inventando denuncias falsas solamente para arruinar la reputación de buenos tipos como El Jony. Gente a la que si les dices que a las víctimas siempre hay que creerlas, (y luego investigar el caso, obviamente, no hace falta decirlo ¿o si?) les da un ataque de estrés postraumatico. Gente que se ofende por todo, y encima exige que te calles para no ofender sus sentimientos.

Desde luego, los años 80, con todos sus defectos, eran mucho mejores.

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Sobre Hombres y Mujeres

Extracto de la novela "Plataforma" de Michel Houellebecq:

—Ven a mi lado... —Yo me senté en el sofá. Ella se acurrucó contra mí y apoyó la cabeza en mis muslos—. Cuando te pregunté qué tenían las tailandesas que no tuviéramos nosotras, no me contestaste de verdad; sólo me enseñaste una entrevista con el director de una agencia matrimonial.

—Tenía razón en lo que decía: hay muchos hombres que tienen miedo de las mujeres modernas, porque sólo quieren una dulce esposa que les lleve la casa y cuide a los niños. No es que eso haya desaparecido, pero en Occidente se ha vuelto imposible confesar esa clase de deseos, y por eso se casan con asiáticas.

—De acuerdo... —Pensó un instante—. Pero tú no eres así; es evidente que no te molesta lo más mínimo que yo tenga un puesto de responsabilidad, un salario elevado; no tengo la impresión de que eso te dé miedo. Y sin embargo fuiste a los salones de masaje y no intentaste nada conmigo. Eso es lo que no entiendo. ¿Qué tienen aquellas chicas? ¿De verdad hacen el amor mejor que nosotras?

Su voz se había alterado ligeramente durante las últimas palabras; yo estaba bastante conmovido, y tardé un poco antes de ser capaz de contestarle.

—Valérie, nunca he encontrado a nadie que me haga el amor mejor que tú; lo que he sentido desde ayer por la noche es casi increíble. —Me quedé callado un momento, y luego añadí—: Tú no puedes saberlo, pero eres una excepción.

Se ha vuelto muy raro encontrar mujeres que sientan placer y tengan ganas de darlo. Seducir a una mujer que uno no conoce y follar con ella se ha convertido, sobre todo, en una fuente de humillaciones y de problemas. Cuando uno considera las fastidiosas conversaciones que hay que soportar para llevarse a una tía a la cama, que en la mayoría de los casos resultará ser una amante decepcionante, que te joderá con sus problemas, que te hablará de los tíos con los que ha follado antes (dándote, de paso, la impresión de que tú no acabas de estar a la altura), y encima habrá que pasar con ella por cojones el resto de la noche, se entiende que los hombres quieran ahorrarse problemas a cambio de una pequeña suma. En cuanto tienen cierta edad y un poco de experiencia, prefieren evitar el amor; les parece más sencillo ir de putas. Bueno, no las putas de Occidente, no vale la pena, son verdaderos deshechos humanos, y de todas formas durante el año los hombres no tienen tiempo, trabajan demasiado. Así que la mayoría no hace nada; y algunos, de vez en cuando, se dan el lujo de un poco de turismo sexual. Y eso en el mejor de los casos: irse con una puta sigue siendo mantener un pequeño contacto humano. También están los que creen que es más sencillo masturbarse conectados a Internet, o viendo vídeos porno.

En cuanto la polla escupe su chorrito, nos quedamos muy tranquilos.

—Ya... —dijo ella, tras un largo silencio—. Entiendo lo que quieres decir. ¿Y no crees que los hombres o las mujeres puedan cambiar?

—No creo que las cosas puedan ir hacia atrás, no. Probablemente, lo que pasará es que las mujeres se parecerán cada vez más a los hombres; de momento siguen muy apegadas a la seducción; mientras que a los hombres, en el fondo, lo de seducir se la suda, lo que quieren sobre todo es follar. La seducción sólo les interesa a algunos tíos que no tienen ni una vida profesional excitante ni ninguna otra fuente de interés en la vida. A medida que las mujeres presten más atención a su vida profesional, a sus proyectos personales, a ellas también les parecerá más sencillo pagar por follar; y se dedicarán al turismo sexual. Las mujeres pueden adaptarse a los valores masculinos; a veces les cuesta, pero pueden hacerlo; la historia lo ha demostrado.

—Así que las cosas no van demasiado bien.

—Nada bien... —confirmé con una sombría satisfacción.

—Entonces hemos tenido suerte al encontrarnos.

—Yo he tenido suerte, sí.

—Yo también... —dijo ella, mirándome a los ojos—. Yo también he tenido suerte. Los hombres que conozco son un desastre, no queda ninguno que crea en las relaciones amorosas; y se traen todo un teatro con la amistad, la complicidad, todas esas cosas que no comprometen a nada. He llegado a un punto en que ya ni siquiera soporto la palabra amistad, me pone directamente enferma. O bien tenemos a los que se casan, se colocan lo antes posible y ya sólo piensan en su carrera. Obviamente no era tu caso, pero también supe enseguida que no me hablarías nunca de amistad, que no serías vulgar hasta ese punto. Desde el primer momento tuve la esperanza de que nos acostáramos y que pasara algo fuerte; pero también podía no pasar nada, de hecho era lo más probable.

Michel Houellebecq —Plataforma—

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Los votos contra la fuerza. Hablemos claro

Escribo este artículo en respuesta al que publicó hace poco @Livingstone85, pero sin ánimo de polemizar con él, más que nada porque estamos de acuerdo en gran parte de las premisas.

Sin embargo, me gustaría dejar las cosas claras, abandonar la neolengua, o la paleolengua de la doblez, y enfrentarnos a lo que relmente decimos cuando decimos algunas cosas.

En primer lugar, derribar a un gobierno con movilizaciones en la calle, significa poner la fuerza por encima de los votos, lo que supone que hay dos maneras de medir el poder popular: contando votos en las urnas y contando bofetadas en la calle.

No lo pintemos de guay: decimos eso.

Decimos que en un geriátrico se pueden obtener doscientos votos de los internos, pero los doce celadores pueden, y deben, imponer su voluntad a los doscientos abuelos, porque pueden, y deben, hacer valer la opinión de los jóvenes sobre la de los viejos, la de los sanos sobre los enfermos y la de los que trabajan sobre los inactivos. Por vueltas que se le dé, el razonamiento revolucionario o de movilización es tan nietzschiano como eso.

Cuando el poder popular se ejercía contra dictaduras o monarquías absolutas, el tema estaba bastante más claro: era la fuerza del pueblo contra la fuerza del Gobierno. Ahora, cuando ese Gobierno se basa en una votación y en unas instituciones, el asunto no es tan sencillo de determinar quienes se enfrentan

De lo que se trata ahora, en Francia, por ejemplo, es de que los que cogen un coche para salir a trabajar a diario, se impongan a los que se quedan en casa o viven en una gran ciudad, con un transporte público eficiente, por más que estos sean muchos más.

De lo que se trata en una movilización como la de los chalecos amarillos, es de demostrar que la violencia sobre los espacios comunes es una variable que no se puede descartar, y que las opiniones no se cuentan simplemente, sino que todavía se pesan, por lo que no es igual una huelga de informáticos que una de mineros. Todos sabemos que es cierto, pero no nos gusta reconocerlo: la capacidad de ejercer violencia, de amenazar al otro, y de generar destrucción está en la base de este argumento, por más que se disfrace de derechos y no sé que, como en el artículo de @Livingstone85.

Al final, el debate sobre al lucha callejera y la presión popular se centra fundamentalmente en eso: en la legitimidad de los votos, y la legitimidad de la fuerza, y no reconocerlo es una acto de hipocresía.

Así que empecemos por hablar claro y luego se verá.

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Carmen Calvo, indignados e innombrables

Indignados

Ayer; un usuario, al que saludo desde aquí, compartió un tuit de la Ministra de Igualdad que categorizó como |Actualidad. Otro "usuario", al que ídem, no tardó en señalar que ese contenido debe(ría) ir a su sub específico: |Retuit. Vista la deriva de buena parte de los comentarios, creo que ni uno ni otro llevaban razón. El envío debió almacenarse en |BUAMBUSUB o, incluso, en |NaveMisterio. Esto, no os quepa duda, lo digo desde mi sesgo giliprogrebuenistamarxistacultural. Que quede claro.

Pero, ¿qué fue lo que dijo Calvo?

"Las mujeres tienen que ser creídas sí o sí, y siempre con las mismas categorías procesales que cualquier otro sujeto para cualquier otro tipo de controversia o de delito"

Esto es: no dudar de las palabras de la denunciante, como con "cualquier otro sujeto" para "cualquier tipo de controversia o delito". Nada más se puede, o debería, desprenderse de sus palabras. Pero parece que no ha sido el caso. En este sentido, apareció otro debate (por parte de los mismos usuarios) que se sumaba al de si la categoría era la correcta: ¿Se puede considerar microblogging el etiquetar como un ataque a la presunción de inocencia las declaraciones de Calvo?

Me permito rizar el rizo, salvando las distancias y abandonando el terreno extrictamente legal: ¿no estaríamos cayendo en una "presunción de culpabilidad" de la denunciante por un posible fraude de ley?

El principio de presunción de inocencia se creó por la necesidad de proteger al débil frente al fuerte. Individuo frente a Estado. Pero, en casos de violencia, ¿quién ocupa, qué rol? No hablo desde una perspectiva fisiológica, o biológica como hace algún admirado magufo. Sencillamente, desde el propio derecho.

La denunciante debe decir toda la verdad bajo riesgo de condena por falsa acusación (la pena mímima/máxima, o las actuaciones de oficio por parte de la fiscalía, es otro debate que también se ha de tener). Por otra parte, el acusado puede mentir porque así lo reconoce el derecho a la defensa. ¿Cómo no creer a la denunciante? ¿Acaso, eso supone dejar de respetar, no ya la no culpabilidad, sino la inocencia del acusado?

¿No era eso mismo lo que muchos criticaban en el caso de los hombres que denunciaban maltrato y la policía "se reía en su puta cara por maricón y le mandaban para casa"?, ¿que no les creían? Eso es lo que pide Calvo. Nada más. Creer y proteger a la denunciante, siempre. Como a cualquier otro, sin distinción. La presunción de inocencia se mantiene hasta que se dicte la sentencia. Condenatoria o absolutoria. La Ministra (que me la trae al pairo) no ha dicho lo contrario. 

Innombrables

Más de 50 menciones (dejé de contar en la segunda página, serán el triple) al partido innombrable. Ya está bien de culpar a otros de lo que algunos estáis fomentando; en el caso de más de uno, se podría considerar directamente propaganda. Al resto: menos echarnos las manos a la cabeza. Es un debate que hay que tener. Sin manipulaciones interesadas. Y recordaros que es un "puto tuit". Y que es Carmen Calvo. Ya no sé muy bien de dónde vienen las hordas, ni quiénes son los ofendidos... Pero: puta mierda... Como este artículo.

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Asignatura de Religión: ¡qué fácil es disparar con pólvora del rey!

Comienzan los obispos españoles a mostrar sus cartas tras la reunión con la ministra Celaá. Al señor Luis Argüello, secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE), no le gusta la posibilidad de que la clase de religión se imparta a primera hora de la mañana o a última hora del viernes. Tampoco le gusta que la religión deje de ser computable para la nota media, y por tanto para pasar de curso o incluso para pedir becas o acceder a la universidad.

Para este obispo, y para los demás pues parece que habla por todos, hay dos razones de peso para oponerse a estos cambios propuestos por la ministra. La primera es que acudir a clase de religión en estas condiciones, cuando los alumnos preferirían estar en casa, y más aún si no computa, será tarea de héroes. La segunda es que los acuerdos con el Vaticano establecen que esta asignatura de religión debe ser equiparable a otras asignaturas fundamentales (léase Matemáticas, Lengua, etc.)

 Pues son pobres argumentos, señor obispo. En cuanto al primero, quisiera yo hablarle de otros héroes de la escuela, pero no futuros, sino actuales. Son esos niños y adolescentes que precisamente eligen no asistir a esa asignatura de religión que usted defiende. Una opción comprensible si pensamos que en ella no se enseña ningún conocimiento fundamental, aunque usted diga lo contrario. Actualmente, esa asignatura es simplemente una clase de catequesis cuyo único objetivo es aumentar el rebaño de su iglesia, o al menos frenar en todo lo posible su ya irremediable caída. Como prueba basta aducir que sus profesores son designados de manera completamente distinta a los de otras asignaturas cuya importancia nadie discute. Los nombra usted con el único argumento de su fidelidad a las creencias católicas y el buen ejemplo moral (la moral de usted, claro) que demuestran en público. Y el sueldo lo pagamos todos,naturalmente, ¡qué fácil es disparar con pólvora del rey!

Pero es que, además, es bien sabido que esa nota de la asignatura de religión no se consigue con el mismo esfuerzo que las demás en la inmensa mayoría de los casos. El catequista ( no es un profesor en sentido estricto) se encarga de organizar, asiduamente, excursiones, actividades lúdicas, sesiones de cine, etc. Y no parece que la evaluación sea posteriormente una prueba difícil, sino que las notas, desde aprobados a sobresalientes, se consiguen a veces con facilidad pasmosa.  Y mientras, observamos a estos otros héroes actuales que no asisten a esa catequesis, acudir a clases que sí son evaluables. Y son evaluados de conocimientos que, si son de verdad relevantes, deberían impartirse a todos los alumnos y no sólo a ellos. O bien, cuando no existe esa alternativa a la religión ( qué mal suena esto como nombre de asignatura), se les obliga a perder el tiempo en horario escolar, practicando actividades inútiles.  Se supone que estaría mal que hicieran algo útil pues ¡les daría ventaja frente a los que están perdiendo el tiempo en catequesis!

 

En cuanto al segundo argumento, basta recordar la génesis de esos acuerdos, a los que se quiere dar el rango de ¡tratado internacional!, como si el miniestado teocrático del Vaticano pudiera equipararse a un estado de verdad. Esos acuerdos son en esencia preconstitucionales; negociados y pactados con autoridades cuya presencia venía dada por sus orígenes en la dictadura nacionalcatólica franquista, y que pusieron por delante los intereses y prebendas de la iglesia católica en vez de un auténtico desarrollo de la democracia. Hasta la constitución fue redactada en términos que justificaban todo ese desaguisado. Y ya sabemos lo que pasó: son lentejas, si quieres las comes y si no las dejas. Y ahora pretenden que nos traguemos que esos nefandos acuerdos justifican que el Vaticano tenga autoridad en la elaboración de los planes de estudio de todos los cursos de la enseñanza en España.

La única solución razonable es denunciar esos acuerdos predemocráticos y eliminar la catequesis de la escuela española. Algo coherente con una enseñanza laica que no debe estar condicionada por ninguna ideología ni creencia y con la progresiva secularización de la sociedad española. Con esa promesa accedió  Pedro Sánchez al gobierno, aunque parece que ahora le tiembla la mano y no tiene intención de llegar tan lejos. Tampoco hay que sorprenderse. Seguiremos clamando las verdades.

 

Salud

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Algunas medidas rápidas contra el cambio climático

Siempre he pensado que hay algunas medidas de lucha contra el cambio climático que se podrían ejecutar en plazos cortísimos. Políticos mediante, por supuesto...

Sin ningún orden especial:

Sacar los camiones de las carreteras. Basta con tener trenes similares a los "shuttle" del tunel del Canal de la Mancha. Construir los trenes, y las estaciones intermodales necesarias, podría estar hecho en un puñado de años. De rebote las carreteras se deteriorarían menos y tendríamos algo menos de tráfico.

Trenes para mover coches (eléctricos). Siguiendo con la idea de los "shuttle", subes tu coche a un tren en tu ciudad, y viajas tranquilamente hasta la ciudad de destino. Si tu coche es convencional, hemos ahorrado emisiones. Si tu coche es eléctrico, se recarga durante el viaje, con lo cual llegas con la batería al máximo. Todo ventajas.

Prohibir los desechables. Pero no sólo los de plástico, todos. Sustituir los cubiertos desechables de plástico por otros de bambú es una medida sin apenas impacto, ya que seguimos cometiendo la barbaridad de realizar un costoso proceso de fabricación para algo que apenas se va a usar. Aquí, obviamente, no entrarían los desechables imprescindibles, como por ejemplo los sanitarios.

Obligar a que todos los envases sean retornables. Ahorro en materias primas y en emisiones asociadas al reciclaje, que siempre van a ser superiores a las emisiones asociadas a la reutilización. Además, el camión que reparte los envases llenos, en el viaje de vuelta se trae los vacíos, con lo que las emisiones asociadas a la distribución no se ven afectadas.

Aumentar el periodo de garantía obligatoria. Si en vez de 2 años, ponemos 4 o 6, los fabricantes se verán obligados a mejorar las calidades de sus productos. Si dura más, se sustituye menos y se contamina menos.

Garantizar el derecho a reparar. Idea hermana de la anterior. Que ningún fabricante pueda impedir que se hagan reparaciones de sus aparatos. También se podría obligar a que los fabricantes tuvieran repuestos disponibles en el mercado durante un número mínimo de años (según el sector, obviamente).

Bajar el límite de velocidad en las carreteras. Cuando hace unos años se bajó el límite en España, el consumo de petróleo, y por lo tanto las emisiones asociadas, descendió de forma sustancial. (www.ecologistasenaccion.org/?p=20931)

¿Qué otras ideas simples y rápidas se os ocurren?

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