Ni una gota

—Si la reducción, digamos, de un cuarto de la producción nos lleva a este horizonte ¿qué haremos cuando no quede ni una gota, de facto o por estrangulamiento imperial de la oferta?

—Así que el anillo para controlarlos a todos era este, la energía y su escasez. ¡Qué faena!

—Pasa con todos los apocalipsis. Cuando llegan la gente dice que se sabía. Después ya no dicen nada. ¿Qué va a decir la ceniza?  

—Claro… a medida que la escasez se adueña de los balances, los dueños de la especia estrechan el círculo y elevan sus exigencias… 

—¿De verdad vamos a tener que pensar, con lo que consume eso?

—Pues sí. Hay que replantearse el sistema de producción, el modelo de civilización, los apetitos del mundo… Igual hasta hay que repensar la química… bueno, sobre todo, los apetitos. 

—Habrá que practicar el ayuno.

—Eso. Que no nos cojan desprevenidos.