Nanovida

Todavía recuerdo cuando apareció Evermore.

Una startup surgida de la nada comenzó a detener el envejecimiento mediante nanomáquinas inyectadas.

El fallo que descubrieron es que, en los mayores de cincuenta años, la piel seguía degradándose.

Musk y Bezos fueron de los primeros en sufrirlo, y ahora rara vez aparecen en público.

También se popularizaron los robots domésticos. Funcionaban bien, hasta que la gente empezó a modificarlos para tirárselos.

Las compañías acabaron sacando modelos sexuales, pero fue un fracaso que las arrastró a todas. A los jóvenes (los de verdad) ya no les interesaba el sexo.

Mi madre murió de cáncer en aquel momento, cuando yo tenía seis años.

Mi padre trabajó hasta romperse para pagarme el tratamiento.

Ahora no encuentro sentido a mi vida.

Cuento los días para que inventen el tratamiento que borre estas nanomáquinas de mi cuerpo, porque no tengo valor de deshonrar el legado de mi padre.