Un hombre sólo llega a lo más alto de la política mediante la corrupción o por la revolución (o por ambas). El caso que nos ocupa, a quien llamaremos "El Político", era un indiscutible ejemplo del segundo tipo. Había empezado levantando a los jóvenes de su sueño imbécil con palabras aladas que aseguraban un futuro brillante. La elegancia de sus discursos y la seriedad de sus ideas le elevaron aún más a manos de millones de desencantados de la política. Su honradez demostrada sin alardes preocupaba a ciertos grupos que acostumbraban a moldear el mundo con sus fortunas.
Se intentó derribarle con falsas acusaciones de corrupción, de conductas inapropiadas, de oscuros secretos. No funcionó.
Finalmente en un despacho alguien dio con la solución y unos meses después le concedieron el Premio Nobel de la Paz.