Crawford cerró el pestillo del patio, y se dispuso a morir de inanición.
Recordó cómo había llegado hasta aquí. Cómo pensaba que la edad de cada gen podía ser muy distinta, uno podía datar del Pleistoceno, por ser muy efectivo o no haber sufrido mutaciones, y otro del Holoceno inferior, o incluso ser muy actual. Así, cada ser es una combinatoria de muchos genes, y algunos seres podían ser más arcaicos que otros.
Su hipótesis era cierta, y frente a la evidente decadencia de la especie, se imponía la eugenesia regenerativa.
El resultado fue una gente más robusta, más honesta, más creativa y más justa. Un humano más espiritual y menos violento. El ganado ideal para el sapiens astuto, sibilino y oportunista. No servían como soldados, pero sí para todo lo demás.
Incluso siendo más inteligentes, se les dominaba con violencia.
El resto es historia, que escribirán los vencedores.