"... Venimos de Sintel, Campamento de Esperanza…”, Los Chikos Del Maiz.
Recuerdo que el 28 de Enero de 2001, al llegar a casa después de tomar unas cervezas y jugar al ajedrez en “El Grito”, en Usera, Madrid, mi padre me dijo que no me fuera a dormir porque tenia que ir a un sitio con él esa madrugada. No sabia dónde, ni en que tenia que ayudar.
Nos recogieron unos compañeros de mi padre con el camión, y ya de camino al Paseo De la Castellana, en Madrid, en el corazón económico de España, me dijeron que teníamos que empezar a instalar las tiendas de campaña que más tarde darían lugar al que se ha conocido como “Campamento de la Esperanza”. Era la respuesta organizada de los trabajadores ante la situación provocada por la venta-regalo producto de la privatización de empresas nacionales en los 90. En los días siguientes, más de 1800 trabajadores de Sintel vinieron de todos los puntos de España. En los meses siguientes vivieron también sus familias, enteras, hijos e hijas pequeñas incluidas, hasta su desmantelamiento el 4 de Agosto de 2001.
Ahí viví lo que realmente significaba organización, cooperación, solidaridad, ya no solo de entre los trabajadores, si no también por parte de los vecinos y comerciantes de Madrid, innumerables colectivos y plataformas, tanto nacionales como internacionales, el apoyo de figuras del mundo académico, de la política, el arte. Todo el mundo pareció entender el peligro del capitalismo liberal inhumano que muchos parecen ignorar 25 años después.
Tengo el inmenso orgullo de haber participado en lo que con el tiempo parece haberse convertido, tristemente, en una de las ultimas grandes batallas de la Lucha Obrera. También, que mis padres me hayan inculcado la conciencia de clase, y la universalidad de los valores humanos desde que tengo uso de razón. Que hay que plantarse ante la injusticia, organizarse y luchar sin rendirse jamás, porque la lucha nunca termina.
Así que hoy más que nunca, quiero gritar al mundo:
¡QUE VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA!