El funcionamiento de estos contenedores, sobre el papel, es muy sencillo. El usuario introduce la ropa usada en el contenedor y el sistema, gracias a su tecnología automatizada, evalúa aspectos como el estado de la prenda, su calidad o su composición. A partir de ahí, decide si ese textil puede tener una segunda vida en el mercado o si debe destinarse al reciclaje de fibras.