Hace 10 años | Por nom a politikon.es
Publicado hace 10 años por nom a politikon.es

Hace unos años, por el año 2006, los americanos se enfrentaban a los horrores de pagar la gasolina a unos aterradores 60 céntimos el litro (3,5 dólares el galón). La nación entera estaba aterrada ante la espantosa subida del precio del milagroso líquido que permite a los americanos a ir a cualquier parte en sus confortables maquina de dos toneladas. Los demócratas, indignados ante la incompetencia de la administración y su incapacidad para controlar el desastre, criticaban al presidente de forma incesante al presidente. Avancemos 6 años...

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chiptronic

Una cosa, lo que yo puedo observar es una clara distorsión del sentido de la palabra democracia.

Un Estado no es una empresa, el Gobierno del Estado no es similar al Consejo de Administración o la Gerencia de una empresa, la Gerencia de Administración de una empresa puede tomar medidas sin tener en cuenta la opinión de sus empleados, pero un político no, un político es un "representante" y por lo tanto tiene que escuchar la voz de sus "representados".

Sí el Gobierno de España envía un representante a otro país para negociar acuerdos comerciales, el representante no puede salirse de las condiciones exigidas por el Gobierno español y es este, el Gobierno, y no el representante, quien en última instancia aprobará, o no, el tratado.

El problema es que los políticos han dejado de lado la idea de ser representantes y se creen jefes y se comportan como tales. Toman medidas empresariales como si el Estado fuera una empresa pero NO es así, porque nadie puede quedar excluído de un Estado, quedar excluíco de una empresa tiene opcones (búsqueda de un nuevo trabajo, seguro de desempleo, crear un emprendimiento) pero si quedas excluído del Estado no tienes opción.

De allí la importancia de hacer vinculantes las promesas electorales y de cambiar la orientación que han tomado los Estados Democráticos. Debemos cambiar la percepción, el Presidente es el Primer Mandatario de un país, no es un Jefe de Estado, un Jefe de Estado es un reyezuelo, un dictador, un monarca absoluto, pero no un Presidente, el Presidente es un Servidor Público, como es un Servidor Público un policía o un barrendero.

De allí que si un Presidente no puede cumplir alguna de sus promesas electorales y necesita cambiar de planes debería recurrir a la aprobación de su Mandante, el Pueblo, debería hacer un referendum para poder legitimizar la acción en cuestión.

Pero lo que sucede, en realidad, es que mienten hasta meter y una vez metido adiós lo prometido, y el Pueblo no tiene ninguna potestad para reclamarles su traición.

Y eso degrada la democracia.

No necesitamos líderes, necesitamos estadistas, no necesitamos gente que se anime a ir contra el ánimo popular, que se anime a tomar medidas impopulares, necesitamos gente que respete la opinión popular y que si ha de tomar medidas traumáticas primero escuche la voz de quien le ha dado el poder de representarlos que es, en última instancia, su jefe.

Muchas medidas traumáticas se han tomado no porque sean acertadas, ni porque sean la solución, ni porque no haya otras opciones, se han tomado porque nadie tiene el poder de decir NO a esas medidas y porque no hay responsables que paguen el error.

El único castigo es no ser reelecto y el disfrutar de una cómoda pensión hasta el fin de sus días.