El bacalao fue un recurso estratégico en la Europa católica. El calendario litúrgico imponía abstinencia de carne hasta 165 días al año. Había que alimentar a un continente casi la mitad del año sin carne. El bacalao seco, barato, duradero y fácil de transportar, resolvía ese problema. Bristol era en el siglo XV el principal puerto inglés para el comercio de bacalao islandés. Pero a partir de 1475, Noruega prohibió el acceso a barcos ingleses. Los mercaderes de Bristol empezaron a buscar alternativas en el Atlántico.
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