Hace un par de meses que quiero aprender a hacer pasta fresca y hoy, el día más inoportuno, me puse a ello.
La pasta:

300 gramos de harina y una cucharadina de sal.(Normalmente este paso se suele hacer directamente en la mesa directamente. Pero yo últimamente prefiero empezar en un bol grandote y ya luego sigo en la mesa)

Tres huevos.

Batir con un tenedor y cuando esté el huevo líquido mezclar con la harina.

Y cuando esté mezclado, pasar a la mesa y amasar unos 15 minutos (ánimo!)
Una cosa que suelo hacer con las recetas de masa y como truqui. Si queda muy pegajosa no hay problema, más harina. Pero si quedan muy quebradizas es más difícil. Yo no añado agua, tengo un bol con agua al lado y me mojo las manos y amaso. Así vas hidratando pero muchismo más controlado.

Cuando tenga esta pinta ya estaría. Tiene que quedar elástico, que aprietes con el dedo y vuelva a su forma.
Una vez esté, meterlo en bolsa zip o film y tiene que estar mínimo 30 mins en la nevera.
La salsa:

Poner a remojo las setas (en caso de que estén deshidratadas como es el caso)

Sofreír dos dientes de ajo.

Media cebolla.

Cuando esté un poco blandina la cebolla, una ramina de tomillo y orégano (preferiblemente ambas cosas frescas)

Añadir las setas, nueces y sal. Y dejar a fuego muy bajo y si consideráis que está apagar el fuego y reservar.
La pasta:
Que nervioooos mi primerita vez!

En las instrucciones del chismin dice:
Corta una porción de la masa y aplastala con las manos un poco. Y pasala por el chisme en el 7 (la posición más abierta)
Doblar y volver a pasar.
Y luego pasar 2 veces más sin doblar.
Poner la chisma en la abertura 4 y pasar dos veces más.

Una vez pasada y repasada lo pones en el chismin de cortar y haces la pasta que dejas colgadina hasta que la pongas a hervir.

Hervir 4 o 5 minutos (según gusto)

Yyyy olvidé sacar foto. Pero cuando esté acabando de hervir el agua, poner nata en la mezcla de setas y cebolla.
Añadir la pasta. En la foto anterior y por si no lo hacéis, reservé una tácita de agua de cocer la pasta. Voy añadiendo a poquitínos para que mezcle bien con la salsa.
Parmesano y a comer!
Las lentejas, pequeñas pero poderosas, son uno de los alimentos más antiguos cultivados por el ser humano. Más allá de su clásica preparación en guiso, existe un fascinante universo de variedades, cada una con su personalidad única en sabor, textura y usos culinarios. Conocer sus diferencias es la clave para transformar cualquier plato.
En resumen, las lentejas son un tesoro culinario. Desde la humilde y robusta Pardina hasta la exótica y cremosa Roja, elegir el tipo correcto abre un abanico de posibilidades que va mucho más allá del plato de cuchara tradicional. ¡Explora, experimenta y descubre tu favorita!

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