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Trump le dice al RU que le compre el petróleo y gas a ellos o que vaya tomar estrecho de Ormuz

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Cuenta oficial de Twitter de la Casa Blanca

x.com/WhiteHouse/status/2038939688946311321?s=20

La publicación original en la cuenta oficial de Trump de Truthsocial:

A todos esos países que no pueden conseguir combustible para aviones debido al Estrecho de Ormuz, como el Reino Unido, que se negó a involucrarse en la decapitación de Irán, tengo una sugerencia para ustedes:

Número 1, compren a EE. UU., tenemos de sobra, y Número 2, reúnan algo de valor, vayan al Estrecho y simplemente TÓMENLO.

Tendrán que empezar a aprender a luchar por sí mismos, EE. UU. ya no estará allí para ayudarlos, al igual que ustedes no estuvieron allí para nosotros. Irán ha sido, esencialmente, diezmado. Lo más difícil ya está hecho. ¡Vayan a conseguir su propio petróleo!

President DJT

truthsocial.com/@realDonaldTrump/116323481956698353

Resumen:

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El ejército tardorromano II

Introducción

Como ya hemos visto en la anterior parte, el ejército romano sufrió una serie de modificaciones tanto en su tamaño como en sus tácticas y armamento a lo largo de los últimos siglos del Imperio. Como ya adelantamos, hubo cambios no sólo de índole técnica, sino también en su composición. Señalamos, por ejemplo, que la clase social de los caballeros sustituirá a los patricios y senadores en los roles más importantes dentro del ejército romano, pero la composición del ejército llegará a niveles más profundos con el proceso de barbarización que explicaremos a continuación. 

Enlace a la primera parte: (www.meneame.net/story/ejercito-tardorromano-i)

Los soldados

Reclutamiento

Vegecio nos ha legado una sección dentro de su obra dedicada a fijar las normas para la correcta selección de reclutas. En ella se establecen cuatro prioridades: la procedencia geográfica, la edad, la ocupación y las características físicas. Para Vegecio, la leva debe reclutarse al inicio de la pubertad para que el recluta tuviera tiempo de adquirir una buena formación militar. El insiste en escoger a los mejores reclutas no sólo en el plano físico sino también en el plano moral. 

El reclutamiento se realizaba entre ciudadanos romanos y sólo excepcionalmente entre esclavos. Los funcionarios, los curiales, y ciertas profesiones consideradas deshonrosas por la legislación romana, como los venteros, taberneros, cocineros y panaderos, quedaban exentos. Vegecio considera que pescadores, pajareros, pasteleros o tejedores y todos los que tengan una ocupación propia de mujeres, debían mantenerse alejados de los campamentos. Es curioso que en otras épocas, algunas de estas profesiones habrían sido consideradas completamente masculinas. Pero para él, la pesca, por ejemplo, no era una profesión vigorosa y que requiera esfuerzo físico real como sí hacía la carpintería o la herrería. En el Codex Theodosianus del año 380 se establecen términos similares a los de Vegecio en cuanto a los oficios. 

Con respecto a los esclavos, Trajano, en el Alto Imperio, ya se había mostrado bastante intransigente respecto al reclutamiento de esclavos. Él, en una carta a Plinio el Joven, estableció la necesidad de averiguar si los esclavos reclutados habían sido llamados por los reclutadores, en cuyo caso estos eran culpables; si habían sido entregados en sustitución, en cuyo caso el culpable era su propietario o si habían acudido por propia voluntad, en cuyo caso debía, el esclavo, ser condenado a muerte. Sin embargo, Marco Aurelio, en época de las invasiones de cuados y marcomanos, recurrió a la práctica excepcional del reclutamiento de esclavos y gladiadores. También en el 397, para hacer frente a la rebelión de Gildón en África, se pidió a los senadores que proporcionasen esclavos para enrolarlos en el ejército. Unos pocos años más tarde, en el 406, a raíz de la invasión de Italia por el godo Radagaiso, también se incluyó a los esclavos en el llamamiento general para tomar las armas, con el aliciente de ganarse la libertad aparte de un salario. 

La leva debía llevarla a cabo un ciudadano de posición elevada, normalmente gobernador provincial o, en Italia, un dilectator o reclutador, elegido específicamente para esa labor. Cuando había necesidad, de forma extraordinaria, enviaban responsables missi ad dilectum para Italia, o legati ad dilectum en el caso de las provincias senatoriales o dilectatores para las imperiales. La duración del servicio seguía siendo de 20 años en el siglo IV, pero en algunos cuerpos limitanei de poco prestigio podía llegar a 24. Desde Diocleciano, el servicio militar obligatorio se tornó más común. 

Los legionarios tenían prohibido casarse, pero ya en época del Alto Imperio se ignoraba bastante esta norma, permitiendo que formasen familias y reclutando muchas veces a los nacidos en los campamentos (esto se llamaba leva de origo castris). Septimio Severo, en el 197, abolió la prohibición. Supongo que no tenía sentido mantener una ley que de facto se ignoraba. De aquí acabó saliendo una legislación de Constantino I que obligaba a alistar a los hijos de soldados nacidos durante o después del servicio, convirtiendo la milicia en una carrera hereditaria.

También se forzó la leva en las zonas rurales a través del indictio, un tipo de tributo basado en la propiedad de la tierra. Cada comunidad estaba obligada a enviar una cuota determinada de hombres. En época de Trajano, Italia dejó de ser cantera de legionarios y sólo se reclutaron en ella centuriones y cuadros militares medios y superiores, así que la tropa provenía fundamentalmente de las provincias, especialmente, de las occidentales. A veces, estas comunidades pagaban un aurum tironicum, un impuesto metálico en sustitución de los reclutas. Esto llevaba a ciertas corruptelas entre los oficiales encargados del reclutamiento. Esto nos puede recordar a muchas prácticas de épocas posteriores como las de pagar para evitar el servicio y que sólo se podían permitir las clases altas. 

Muchos potenciales reclutas intentaron evitar el servicio. Una de las formas empleadas era la automutilación, por ejemplo, cortándose los pulgares. Constantino I estableció que los hijos de soldados mutilados de esta manera debían formar parte de las curias municipales. Como podéis imaginar, una norma así no evitó las mutilaciones. La cosa se fue radicalizando hasta que en 386 Valentiniano II estableció que los culpables de automutilación serían quemados vivos. Teodosio acabaría adoptando otra estrategia hacia finales de siglo estableciendo que dos mutilados equivaldrían a un recluta, y obligándolos a servir igual. El capítulo 18 del libro VII del Códex Theodosianus indica, en varias referencias, que existían oficiales encargados de capturar a los desertores. En el 403 se les da autoridad a los provinciales para no sólo capturarlos, también administrar justicia sobre ellos. Cabe señalar que muchas veces, incapaces de volver a su hogar, los desertores se convertían en saqueadores. Las penas aplicadas en tiempo de guerra eran, como era de esperar, más duras que en tiempo de paz.

Bárbaros

El concepto de barbarización del ejército romano es bastante famoso. Creo que todos tenemos bastante clara esta imagen de tropas germánicas incorporándose e incluso sustituyendo a las tropas romanas. Creo que es importante recalcar que en este contexto se debe interpretar la palabra bárbaro como sinónimo de extranjero. Y es que una buena parte de las tropas comenzaron a reclutar entre las tribus bárbaras a las que se había permitido asentarse en el interior del Imperio. Normalmente esto estaba incluído en el tratado por el cuál se les asignaba tierra, según el cuál debían proporcionar un número fijo de reclutas. A estos se les conocía como laeti o gentiles, pero servían en las mismas unidades y con un trato similar al de cualquier recluta romano. Esta práctica ya existía en tiempos de Augusto, simplemente se volvió más sistemática y habitual. 

El reclutamiento de Bárbaros, por tanto, no era una novedad. A veces, como parte de un tratado de paz, se obligaba a los vencidos a proporcionar tropas al Imperio; otras veces, se obligaba a los prisioneros de guerra a reclutarse destinándoseles lejos de su lugar de origen. No tenemos una estadística clara de la proporción de tropas extranjeras en el Bajo Imperio. Sí que la Notitia contiene un número elevado de unidades con nombres bárbaros como resultado de la regularización de unidades auxiliares o irregulares que actuaban bajo el liderazgo de sus jefes nativos ( socii  o foederati) a partir del siglo III, como es el caso del ala I Sarmatarum, Britania, una unidad de caballeros sármatas. 

La historiografía tradicional ha considerado esta abundante presencia de bárbaros como un signo desesperado ante la escasez de reclutas, y como un síntoma de mala calidad de los reclutas provinciales. Se da por hecho que el problema aumentó con el mayor uso de foederati, es decir, unidades dirigidas por sus propios jefes tribales. Esto se ha interpretado como una degeneración del ejército hasta convertirse en una banda de mercenarios dirigida por extranjeros. Sin embargo, las fuentes de la época no parecen haberlo contemplado como un problema y muestran unos reclutas tan leales y eficientes como los demás, incluso cuando luchan contra sus propios pueblos. A finales del IV, muchos cargos importantes eran ya de ascendencia bárbara, por lo que se habría asimilado culturalmente. En otras palabras: la barbarización del ejército no contribuyó a la caída de Roma, pero tampoco frenó las tendencias ya existentes dentro del Imperio. 

Civiles y cristianos

Los soldados del siglo IV recibían una paga muy modesta, mucho más que en siglos anteriores. Se debía a que el stipendium se pagaba en denarios de plata devaluados. Esta paga se completaba con pagos en especie como ropa y raciones de forraje para los animales. De vez en cuando, los emperadores hacían una donativa, una cantidad de dinero en efectivo. 

Las tropas comitanteses no tenían campamentos fijos, sino que vivían la mayor parte del tiempo acantonados en pueblos y ciudades, junto a la población, excepto durante las campañas que, entonces, establecían campamentos temporales. Esto llevaba a desórdenes y conflictos con los civiles que, frecuentemente, acusaban a los soldados de valerse de su fuerza para tomar más de los que les correspondía. Parece ser, según las evidencias jurídicas, que la tropa se hospedaba en casas particulares de forma obligatoria (hospitalitas). 

Los limitanei, no obstante, vivían en fuertes, algunos de ellos muy antiguos como los de Housesteads o Great Chester en el muro de Adriano. Los barracones se transformaron hacia finales del siglo III. En Housesteads, por ejemplo, un conjunto de habitaciones pareadas fue acondicionado para convertirse en seis estancias individuales con sus propios muros exteriores y separadas por estrechas callejuelas. No hay pruebas pero algunas teorías indican que podría haber hospedado a uno o dos soldados y sus familias; aunque otras señalan que el mantenimiento era más sencillo y menos costoso que reconstruir los viejos barracones siguiendo el diseño antiguo. 

A la nueva religión cristiana le costó un tiempo penetrar en las filas del ejército. Los soldados eran conservadores y mantenían las tradiciones del paganismo romano. Esta actitud plantea un problema para los historiadores dado que las fuentes cristianas insisten en la receptividad de los militares. Las fuentes cristianas hablan, por ejemplo, de que en 174 a la XII Legión Fulminata Dios les había proporcionado una lluvia milagrosa que salvó al ejército, el historiador pagano Dion Casio también creía esta historia. En la Apologética, Tertuliano afirma que los cristianos llenaban los campamentos. Encontramos menciones de cristianos sirviendo como soldados en la guardia pretoriana del siglo III. 

Sin embargo, en el 295 un tal Maximiliano fue convocado al servicio militar por leva anual y declaró “Non possum militare, non possum malefacere. Christianus sum”, o en cristiano: “no puedo servir en el ejército, no puedo hacer el mal, soy cristiano”. Esto le llevó al martirio. Parece que los primeros cristianos tenían una actitud variable hacia el ejército. Cabe señalar que, frecuentemente, los soldados actuaban como agentes del estado en la persecución de la primitiva iglesia cristiana. Pero a partir de los siglos I y II la represión del culto comenzó a ser esporádica y no dirigida por una autoridad central, como pogromos. En 252 la situación cambió, Decio ordenó la persecución de todo el culto en el imperio. Y aquí sí vemos que, en Egipto, numerosos soldados sufrieron persecución a lo largo del siglo III, también con Galieno en Judea. Dioclecianoo y Maximino aplicaron esta política con mayor rigor hasta llegar a aniquilar la Legión Tebana. 

La guerra

Desde el principio hemos estado comentando que los cambios sufridos por el ejército no fueron en detrimento de su calidad, sino que se adaptaron a las nuevas formas de hacer la guerra. E. Luttwak relanzó una tesis de Thomas Mommsen que afirmaba que, en los siglos III y IV, se pasó de una “defensa avanzada” a una “defensa en profundidad”. La “defensa avanzada” se caracterizaba por establecer guarniciones en la frontera y más allá, con el fin de evitar las incursiones bárbaras antes de que se realizaran. Pero esta estrategia siempre fue vulnerable a concentraciones inusualmente grandes de tropas enemigas. 

Por contra, el sistema de defensa en profundidad, se caracteriza por aceptar que las provincias de frontera serán el escenario de combate contra las amenazas de los bárbaros. Las fuerzas limitanei no intentarían repeler una incursión de gran tamaño, sino que se retirarían a las plazas fortificadas en espera de los refuerzos comitatenses. Aunque el tamaño de los ejércitos disminuye, las nuevas fortificaciones son más resistentes y están mejor preparadas para la defensa, ganando mucho tiempo. 

Esta tesis, aunque plausible, ha sido cuestionada por otros estudiosos, como B. Isaac. Él defendía que el imperio no tenía la capacidad de inteligencia o un plan militar centralizado para una estrategia de éste nivel. Afirma, además, que la estrategia de defensa seguía siendo esencialmente agresiva. La teoría defensiva carece de evidencias que la corroboren, ni en la Notitia Dignitatum, ni en ningún otro registro. De hecho, las evidencias arqueológicas muestran que las fortalezas están en una disposición muy similar a la del siglo II. El ejército mantuvo, en gran medida, gran parte de la estrategia de la época alto imperial. 

Una de las estrategias que sí mantuvo el imperio en cuanto a defensa fue la de mantener tratados de asistencia mutua con las tribus que vivían en las fronteras. Se comprometían a defenderlas de los ataques de sus vecinos, a cambio de que se abstuvieran de hacer incursiones y evitaban que las tribus vecinas hiciesen lo propio. Oficialmente tenían el estatus de tributario, en la práctica la lealtad del aliado fue asegurada a menudo gracias a donaciones o subvenciones por parte de Roma. 

Cabe señalar que las amenazas a las que se enfrentaban eran distintas. En el Este se enfrentaban a los persas sasánidas, que a inicios del siglo III habían suplantado a los partos. Hablamos de un imperio grande y poderoso, que llegó a penetrar profundamente en las provincias romanas hasta llegar a amenazar a Antioquía. Roma también lanzó expediciones a Persia, siguiendo la ruta a lo largo del río Éufrates. Ambos bandos fueron incapaces de transformar sus éxitos temporales en permanentes. Las batallas campales perdieron frecuencia y se tiraba mucho de tropas reclutadas entre los pueblos locales. 

En las otras fronteras el enemigo eran pueblos tribales, como sucedía en la época alto imperial. Las prácticas militares de los germánicos no experimentaron cambios significativos. Los limitanei se enfrentaban con ataques a pequeña escala. En caso de grandes expediciones, se fortificaban en espera de refuerzos. Las batallas campales también escaseaban en esta frontera. Los romanos buscaban, sobre todo, moverse con rapidez y golpear por sorpresa. 

La defensa fronteriza seguía siendo en esencia la misma. Se basaba también en la disuasión, mediante aparentar una gran fuerza, con poderosas fortalezas. También las tácticas en batalla siguieron siendo en esencia las mismas. Es cierto que Amiano Marcelino nos habla de legionarios cargando sin orden para cubrir la distancia que les separa de los arqueros persas, pero lo habitual era que la infantería formase una línea muy densa y bombardear al enemigo con jabalinas, dardos y algunas lanza pesada. También incluyeron algunos gritos de guerra. Esto sí es ligeramente distinto al clásico avance lento y silencioso con lanzamiento de pilum y carga de las legiones romanas del alto imperio. 

Fortificaciones

Creo que no hace falta aclarar que todos estos cambios en la forma de luchar, en el armamento, en las unidades, y en las dimensiones de los ejércitos afectaron, de forma evidente, a la técnica poliorcética a partir del siglo III. Se invirtieron grandes esfuerzos en la construcción de fortalezas, incluyendo muchas nuevas, así como la fortificación de pueblos y ciudades, entre ellas Roma y Constantinopla. 

Se incrementó el grosor de las murallas a unos tres metros, también la altura hasta los nueve metros. Se incluyeron, en algunos casos, plataformas para la artillería como balistas, onagros o escorpiones de un solo brazo para lanzar piedras. Las murallas presentan almenas para una mejor protección de los defensores. Las torres se redondean, aunque no se pierden las de base cuadrada, y se proyectan hacia el exterior de los muros, permitiendo arrojar elementos incendiarios sobre los atacantes y las fosas se hacen más anchas y profundas incluyendo un fondo plano, alejándolas un poco más de la muralla para crear una zona de muerte. Los accesos de la muralla se vuelven más estrechos y defendibles, flanqueando las puertas con torres, una a cada lado, proyectadas hacia el exterior permitiendo que los defensores lanzasen proyectiles al hueco disponible entre ambas. Esto lo podemos ver perfectamente en la plaza de la catedral de Barcelona, por ejemplo, dónde se conserva un fragmento de muralla romana con torres cuadradas y dos torres redondeadas flanqueando una de las puertas, pero quizá un ejemplo más claro es la muralla romana de Lugo, dónde la muralla está más conservada (y no integrada en edificios como en Barcelona). 

Las defensas de las bases militares se vuelven más formidables, sin embargo, los propios cuarteles se hacen más pequeños, a veces se abandonan, como sucedió con las de Chester o Caerleon, en Britania. En otras ocasiones, algunos fuertes existentes continuaron en uso pero su tamaño se vio reducido. Estas fortalezas, ubicadas en lo alto de cerros o colinas, resultaban difíciles de atacar, requiriendo un gran ejército con maquinaria de asedio para ello. Reflejan la importancia creciente de los asentamientos fortificados en el modo de guerra de la antigüedad tardía. No siempre era posible el ataque directo a una base militar, y las batallas en campo abierto ya no eran tan claramente favorables al ejército romano. La contención de las incursiones enemigas más allá de la frontera dependía, por tanto, de esta estrategia fortificadora. 

Como ya hemos mencionado, algunos autores ven en esta red de fortificaciones autónomas del Bajo Imperio un primer ejemplo de defensa en profundidad en occidente, al servicio de dos objetivos: primero, que cada fortaleza albergará fuerzas de campaña móviles capaces de amenazar los movimientos y las líneas de abastecimiento del invasor; segundo, que si un enemigo se disponía al asedio de una de las fortificaciones ésta se convirtiera en un bastión contra el que el ejército principal de campaña aplastará al invasor. Si bien, todo apunta a que no fue así, sin duda, sin esta evolución de las fortalezas no podemos entender lo que, más tarde, llamaremos castillos; y estos si que se utilizaron en lo que se ha venido a llamar “defensa en profundidad”. 

Conclusiones

Como decíamos al comienzo de esta revisión del ejército romano del Bajo Imperio, los cambios que se dieron en el ejército romano respondieron, fundamentalmente, a una adaptación a las nuevas formas de guerra. La forma de luchar de germanos y partos dieron mucho más protagonismo a la caballería, y requirieron de ejércitos más pequeños y móviles, con fortificaciones más sofisticadas y armamento adaptado. 

La guerra, como experiencia violenta y extenuante en la que jóvenes inocentes son enviados al matadero para satisfacer las necesidades de unas élites poderosas, no ha cambiado nada desde la aparición de los primeros estados. Pero las tácticas, la forma de explicarla, las armas… en definitiva, lo que se ha venido a llamar el arte de la guerra, sí ha vivido ajustes a lo largo de la historia. Hoy, nadie se plantearía que una muralla perimetral sirve para algo en un momento en que la aviación, los drones y los misiles balísticos marcan la norma. 

Es muy tentador buscar siempre las causas de las caídas de los imperios y naciones en la debilidad de sus fuerzas armadas, o de su población; como también lo es buscar las causas de su auge en una especie de superioridad genética, tecnológica o en un supuesto favor divino. Pero la realidad es que en la historia, todo responde a causas materiales. Si las fuerzas armadas fallan, se debe a que el sistema que las sostiene está fallando. Si la gente no quiere luchar por su, vamos a llamarlo, patria, se debe a que no se siente conectada a esta. Las causas últimas de la caída del Imperio Romano, como las de cualquier nación, hay que encontrarlas en las contradicciones internas que surgieron en el seno de la sociedad que conformó el Imperio. 

Bibliografía

  • M. P. Sancho Gómez - La infantería pesada y el ejército romano (Artículo).
  • Ángel Morrillo Cerdán: El ejército tardorromano en Hispania: de los textos a las evidencias arqueológicas (Artículo).
  • Ana de Francisco Heredero: El ejército romano del Bajo Imperio (Artículo).
  • Duncan Campbell: The later roman army (Artículo).
  • Ana María Suárez Piñeiro: Roma antigua, historia de un imperio global (Libro).
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El Ejército Tardorromano I

Introducción

Cuando hablamos de Roma, normalmente nuestra mente va a dos o tres épocas concretas de la larga y fascinante historia de esta civilización: las Guerras Púnicas, la transición entre República e Imperio (esas guerras civiles entre César y Pompeyo, y Augusto y Marco Antonio), y los dos o tres primeros siglos de la época imperial, conocidos como el Principado. Sin embargo, cuando hablamos del ejército romano, nos vamos directamente a la época de las grandes legiones, aquellas surgidas en las reformas de Mario, y que prolongaron su utilidad durante siglos. Pocos recordamos los ejércitos ciudadanos de la monarquía y de la primera época republicana, y mucho menos los ejércitos comitatenses y limitatenses del Imperio Tardío. 

Hay una imagen que diría que es general cuando alguien piensa en esos ejércitos tardorromanos y es la de pérdida de calidad y compromiso. Yo mismo, durante mucho tiempo, pensaba que su disminución en el número de efectivos, y los cambios en el armamento, responden a una mayor decadencia del ejército. Pero nada más lejos de la realidad. Si bien el imperio acabó cayendo, no fue por la menor calidad de sus tropas o armas, sino por sus propios conflictos internos, es decir, por ser incapaz de superar las contradicciones que se arraigaron en su seno. 

La realidad, lo que sabemos, es que los cambios que desde el siglo III d.C. sufre el ejército, responden a algo que en nuestros tiempos contemporáneos estamos viendo: la adaptabilidad. Se suele decir que la guerra nunca cambia, y en esencia, esta afirmación es cierta cuando hablamos de la experiencia humana. Sin embargo, cuando se trata de ir a un plano menos ético y moral, y más pragmático y estratégico, la guerra ha evolucionado mucho a lo largo de la historia. Y aunque las experiencias pasadas siempre sirven de base para trazar nuevas estrategias, las nuevas tácticas ofensivas, los nuevos tipos de armamento, y las nuevas estrategias, obligan a adaptarse. 

En pleno siglo XXI estamos asistiendo al fin del dominio de los portaaviones y los grandes ejércitos como reflejo del poder. Las guerras están evolucionando a un nivel en que una nación más pequeña y pobre, como Ucrania o Irán, puede aguantar el pulso a una gran potencia gracias al armamento barato, a los drones, a la organización descentralizada, a la geografía y, en fin, a la adaptabilidad. Y eso mismo es de lo que hablamos cuando analizamos el cambio  que en el Imperio Romano Tardío sucedió con el ejército, y vamos a desglosarlo a continuación.

Fuentes

Antes de adentrarnos en los pormenores del ejército tardorromano, conviene hacer una breve exploración de las fuentes. Hay cientos de artículos académicos sobre el tema, pero, ¿de dónde han obtenido la información sobre la evolución y forma del ejército tardorromano los historiadores que escribieron esos artículos? Pues bien, la principal fuente disponible es la Notitia Dignitatum, un documento oficial que enumera toda la jerarquía de cargos tanto políticos o civiles como militares. En ella se detalla el orden de batalla del ejército romano al final del siglo IV, se exponen las bases militares y guarniciones, las insignias de cada unidad. Este documento está redactado entre el 395 d.C. y el 427 d.C. Es posible que pasara por diferentes actualizaciones. De hecho, cabe señalar que el original ha desaparecido, pero hay cuatro manuscritos de los siglos XV y XVI en Oxford, París, Viena y Munich. 

A parte de esta fuente vital, disponemos de las Res Gestae de Amiano Marcelino, soldado veterano e historiador del siglo IV y considerado una de las fuentes más fiables y valiosas del período. Sus textos abarcan el período del 353 al 378. Otra de las fuentes importantes son los decretos imperiales publicados en el Imperio Romano de Oriente entre los siglos V y VI, básicamente el Código de Teodosio, del año 438d.C.; y el Corpus Iuris Civilis del 528-539 d.C. A esto tenemos que añadir la obra Epitoma Rei Militaris de Vegetius Renatus. Fue fechada a finales del siglo IV. Es un tratado en el que se describen los usos militares del ejército romano, y contiene bastante información sobre el ejército tardío, aunque realmente se centra en el ejército de la República y del Principado. Vegetius, por cierto, no se identificaba como militar, sino como vir illustris et comes, es decir, un personaje cercano al emperador. Sabemos poco de él, la verdad. 

Todas estas fuentes se contrastan y completan con otro tipo de fuentes documentales como la epigrafía, los diplomas militares, los epitafios y las consagraciones (honoríficas, religiosas o conmemorativas), así como fuentes numismáticas. Adicionalmente, la arqueología no proporciona solamente inscripciones y monedas, sino que el estudio de los monumentos funerarios y de las construcciones militares (fortalezas, murallas, etc.); así como el estudio comparativo de estas con las de otras épocas, nos proporcionan información importante para completar el puzle. 

¿Cuáles fueron los cambios del ejército tardorromano?

Dos tipos de ejército

Uno de los primeros cambios que vamos a ver en el ejército tiene que ver con la composición de su cadena de mando, es decir, quién va a dirigir las tropas. Aquí vemos una tendencia clave que se va a dar a partir del siglo II y es que los caballeros comenzarán a asumir las funciones de comandancia. Con caballeros me refiero a aquella clase social, conocida como eques, que se situaba entre los plebeyos y los patricios. Demasiado acomodados para los primeros, demasiado carentes de nobleza para los segundos. Esta clase irá ocupando cargos de poder y funcionariales a lo largo del Imperio, y eso incluirá roles de oficial en el ejército.

La dirección de los ejércitos siempre había recaído en los senadores, y es por eso que, normalmente, a los ecuestres se les incluía en el orden senatorial antes de obtener estos puestos. Sin embargo, a partir del siglo III dejó de hacerse. El prefecto ecuestre reemplazó al legatus senatorial al mando de una legión. A finales del siglo III hubo una fase dominada por un conjunto de oficiales ecuestres de las regiones danubianas que implantaron emperadores propios de su clase social. A veces ellos mismos acababan con los emperadores con la misma rapidez. 

En cualquier caso, otro de los grandes cambios que sufrirá el ejército tendrá que ver con la división territorial. En el siglo IV las grandes provincias fueron reducidas a numerosos mandos regionales, de menor entidad. Con ello, el ejército se dividió en dos tipos de fuerza: los comitatenses, unidades de campo móviles; y los limitanei (no se traduce por limitaditos, sino por fronterizos), fuerzas estáticas de frontera. 

Los limitanei concentraban la mayor parte de efectivos asignados a la guarnición de un área determinada. En el caso de fronteras fluviales, nos referimos a ellos como ripenses. Eran tropas reclutadas localmente, bajo el mando de oficiales ecuestres, duces de cada región o praepositi limitis. Su mando no siempre coincidía con los límites territoriales de la provincia, es decir, que podían tener mando sobre territorios de varias provincias. Y sí, de ahí viene el concepto posterior y nobiliario de “duque”. 

Los comitatenses eran unidades de campo, o comitatus, sujetas a las órdenes inmediatas de uno de los emperadores o de sus directos subordinados. Eran tropas selectas, de élite, para la realización de ofensivas y campañas en el extranjero y dónde el principal protagonismo recaía en la caballería. Aquí con caballería nos referimos a soldados a caballo. La Notitia Dignitatum  nos informa de que en el Imperio Oriental se contaba con cinco ejércitos de campo, dos de ellos asociados a la corte imperial y siete scholae regimientos de caballería de la guardia imperial, cada uno bajo el mando de un Maestro de soldados, supeditado al emperador. 

Por su parte, el Imperio Occidental, contaba con siete, tres de los cuales eran relativamente pequeños. Estaban bajo el mando de un comes, que se traduciría como “amigo” o “compañero” y del que derivó la palabra “conde”. Estos comes respondían ante un Maestro de Infantería y un Maestro de Caballería, siempre bajo las órdenes del emperador. 

Las unidades comitatenses estaban establecidas bastante al interior de las provincias, y han sido consideradas reservas estratégicas móviles capaces de desplazarse a donde los problemas los requiriese. Esta estrategia resolvía dos problemas. El primero eran las dificultades y riesgos que suponía movilizar tropas de la frontera cuando un enemigo conseguía traspasarla. La segunda es que ya en época del Principado, en esos dos primeros siglos de Imperio, las legiones realizaban tal cantidad de funciones que resultaba difícil desplazarlas a otras áreas para el combate, por lo que se recurrió al uso de destacamentos de legionarios en lugar de legiones enteras. Es decir, que ya empieza a conformarse esta idea de ejércitos más pequeños y móviles, preparados para el desplazamiento. 

Muchas veces, la historiografía ha representado a los limitanei como milicias locales que desempeñaban un papel de soldados-campesinos de manera no continuada. Pero la realidad es que eran tropas regulares entrenadas cuya única diferencia con los comitatenteses era su estatuto. tenían la función de guardar las fronteras y ocasionalmente zonas con problemas de desórdenes internos. Los limitanei no tenían que enfrentarse a incursiones de importancia o invasiones, su número no era adecuado, sino que se enfrentaban a conflictos de menor escala dónde eran muy eficaces. 

Las unidades militares

La Notitia Dignitatum recoge una amplia gama de unidades diferentes según el tipo de ejército. Las tropas comitatenses se dividían en infantería y caballería. Dentro de la infantería tendríamos la infantería legionaria, que sería la infantería pesada, divididas a su vez en senior, es decir, veteranas; y iunior, es decir, noveles. Adicionalmente entre la infantería tenemos a la auxillia pallatina similares a las cohortes auxiliares del principado. No parece que hubiera demasiada diferencia entre la infantería legionaria y la auxiliar en lo que concierne al equipamiento y tácticas. Parece que fueron una creación de Constantino, y fueron una de las puertas de germanización del ejército romano. 

La caballería por su parte se dividiría entre las vexillationes comitatenses, que serían los regimientos regulares, y las pallatinas, que serían regimientos de élite de mayor sueldo y rango. Algunas unidades, pocas, reciben el título honorífico de comites (compañeros). Aparte de esto  encontramos unidades especializadas de caballería acorazada llamadas cataphractii (a los amantes del Age of Empires seguro que les suenan) y clibanarii (caballería acorazada). El resto de unidades de caballería se dividían entre scutari, llamadas así por su scuta, su escudo particular, eran tropas de élite, destinadas a la escolta de dignatarios o del emperador; stablesiani, cuyo nombre proviene de establo, sugiriendo que eran originalmente personal de establos o caballería de escolta; y promoti, originalmente formaban el equites legionis, pero fueron promovidas para separarlas de las legiones y poder formar unidades independientes durante el siglo III. 

Dentro de los ejércitos comitatenses, algunas unidades de infantería y caballería quedaban vinculadas para formar brigadas que, al parecer, no se separaban. Aparecen a veces como numeri, que es una etiqueta poco clara que en ocasiones se utilizaba también para nombrar unidades extranjeras o foederati (federadas). Se reclutaban dentro de un mismo grupo étnico y solían especializarse en una técnica de combate particular, pero con el tiempo comenzaron a reclutar sin distinción hasta no distinguirse del ejército regular. 

En cuanto a los limitanei, la infantería legionaria también se dividía en destacamentos: senior, unidades antiguas; y iunior, las más nuevas. A esto se sumaba el ala auxiliar. La caballería se dividía en escuadrones de 50 a 100 hombres contando con la cunei equitum, o caballería en cuña; y luego los equites también divididos entre seniores y iuniores, así como un caballería auxiliar, alae, dividida en primae y secundae. Se incluirían los numeri, sin demasiada especificación. 

Adicionalmente existían otro tipo de unidades, como las fuerzas de segunda línea (pseudocomitatenses), que eran antiguas tropas de frontera, ahora parte del ejército de campo. También los regimientos de la guardia imperial, o scholae, 12 en total de 500 hombres cada uno. En ciertos períodos eran también utilizados como ejércitos de campo. Aparecieron las primeras unidades especializadas de artillería, aunque seguramente la infantería seguía operando catapultas en muchas ocasiones, sobre todo en la defensa de fuertes y ciudades. Disponían de escuadrones navales tanto comitanteses como limitanei, cuando era necesario. Y finalmente los arqueros o sagittarii, unidades a pie o a caballo (mauri o dalmatae). Aunque son mencionados de forma especial en la Notitia Dignitatum, seguramente las unidades de infantería y caballería regulares tendrían hombres entrenados con este tipo de armamento y tácticas. 

La verdad es que es escasa la documentación referida al tamaño de las unidades y a su organización interna. Se suele señalar que el tamaño de las unidades es rígido, pero la falta de evidencias quizá signifique que se trataba de algo más flexible. Sí sabemos, gracias a los testimonios, que la legión de unos 5 000 efectivos de épocas anteriores deja de existir. No sabemos con claridad cuándo, ni las causas. Tal vez la mayor movilidad o la necesidad de cubrir mejor el limes, pero parece que no hay una evidencia clara. Según Vegecio, en tiempos de Diocleciano algunas legiones mantenían hasta seis mil efectivos. 

En general, el consenso ronda en torno a 1 000 o 1 200  soldados durante el siglo IV para los ejércitos comitatenses. En cuanto a los auxilia pallatina, seguramente rondaban un tamaño entre 500 y 600 jinetes. Tenemos claro el tamaño de las scholae ya citado anteriormente de 500 soldados. Pero todas estas estimaciones son teóricas. En cuanto a las tropas limitanei no tenemos pista alguna. Las estimaciones que daban autores como Arnold Hugh Martin Jones, basándose en los datos de Agatías Scholasticus, un historiador bizantino del período de Justiniano I, han sido desechadas. Rondaría, según Agatías, 645 000 efectivos en total. Jones dedujo que Agatías incluía las fuerzas navales, y basándose en la Notitia Dignitatum estimó unos 600 000 efectivos. 

Richard Duncan-Jones calculó que Arnold Hugh Martin Jones (entre Jones quedaba la cosa), había sobreestimado entre dos y seis veces el tamaño de las unidades. Tras revisarlo, apoyándose en un gran corpus de pruebas arqueológicas de todas las fronteras imperiales, llegó a la conclusión de que estas habían sido diseñadas para acomodar guarniciones mucho más pequeñas. Cuando los lugares arqueológicos se logran vincular a los fuertes enumerados en la Notitia, el resultado es que los residentes que allí se reflejan suelen ser también pocos. Algunos ejemplos son la Legio II Herculia, creada por Diocleciano, que ocupaba la séptima parte de una base militar típica de la época del principado. En Abusina, otro ejemplo, la Cohors III Brittonum, ubicada en una fortaleza que constituía solo un 10% del antiguo fuerte de época de Trajano. Todo esto se tiene que analizar con cuidado, porque a veces las unidades reflejadas en la Notitia pueden ser sólo destacamentos (a veces se muestra la misma unidad en dos o tres sitios). 

Hoy se sugiere que el ejército regular del siglo II era mucho más grande que el total de 300 000 efectivos asumidos. Se calcula que teniendo en cuenta auxiliares, en ejército del Principado debió llegar a 450 000 (sin contar flotas y foederati). Por lo tanto, para el Bajo Imperio, hablamos de un ejército menor a los 450 000. 

Equipamiento

Analizando más en detalle el armamento vemos que corresponde a los cambios tácticos. El más famoso, o más visible cuando vemos una representación de un soldado romano del bajo imperio es el abandono del clásico escudo rectangular por uno redondo u ovalado. Adoptado desde el siglo III, es más plano y se adapta mejor a las tácticas de escudos entrelazados, así como a las tácticas de falange de estilo griego que se recuperan en esta época. 

En el siglo II vemos también cómo se produce una  fusión de las influencias galas e italianas en la fabricación de yelmos para las legiones, estandarizando y simplificando hasta llegar a un modelo caracterizado por la sencillez, la practicidad y el bajo coste, conocido como spangenhelm. El nombre es germánico, por cierto, dado que es un casco que se utilizó mucho durante la edad media. Se trata de un casco semi ovalado formado por tiras de metal que sujetan placas de acero y bronce y con carrilleras articuladas y en algunos casos con cubrenuca. 

Las nuevas corazas buscaban resistencia pero también movilidad, ya que debían favorecer el cuerpo a cuerpo de la infantería pesada. Se va abandonando la clásica lorica segmentata siendo sustituida cada vez más por la lorica hamata o cota de mallas; y por la lorica squamata, o coraza de escamas. Algunas unidades de caballería comenzaron a adoptar armaduras más pesadas que las de la infantería, como es el caso de cataphractii y clibanarii, unidades en las que tanto el jinete como el caballo iban acorazados. 

En la Lorica Hamata las mangas a veces llegan a las muñecas, y la extensión en su parte superior hasta la cabeza, cubriéndose con una especie de cofia. Era bastante pesada, de ocho a catorce kilos. Ofrecía una buena protección frente a estocadas y cortes de filo, aunque podían producir que las anillas se clavasen en la piel produciendo heridas. Por este motivo, solían añadir una vestimenta protectora debajo. Su mayor defecto es que eran lentas de producir, lo que no las hacía tampoco baratas. 

La lorica squamata se fabricaba aplicando pequeñas piezas de metal con forma de escama más o menos grande engarzadas entre sí a una pieza de lino o cuero que actúa como base. Ofrecía menos movilidad y resistencia que las de malla. Las escamas no eran suficientemente gruesas para evitar golpes de filo, y se podía atravesar relativamente fácil con una estocada de espada o de lanza. Pero era barata y fácil de fabricar y mantener, sin requerir artesanos especializados. 

Las dos armas más famosas del legionario, el gladius y el pilum, tampoco se salvan y acaban siendo sustituidas por la spatha y la lancea. La lancea era una jabalina más ligera que el pilum, con una punta menor y una capacidad de penetración inferior. Se utilizaba con un propulsor de tiras de cuero para aumentar su alcance. Podía ser utilizada como arma arrojadiza o como una lanza. Se adoptó intentando paliar el alcance del pilum tradicional, así como buscando una reducción del coste de fabricación. 

La spatha, por su parte, había sido empleada durante el Principado por parte de las unidades de infantería pesada auxiliar como por la caballería. Desde el siglo II d.C., se extiende entre la infantería legionaria. Era más larga que el gladius, alcanzando entre 60 y 70 centímetros de hoja (añadiendo 15-20 centímetros más de empuñadura), con una anchura de entre cuatro a seis centímetros. Es de clara influencia bárbara. Ahora, el soldado la porta en el costado izquierdo sujeta a un tahalí, una banda de cuero que cruza desde el hombro derecho a la cintura izquierda, o se sujeta al cinturón. Está pensada para atacar con el filo, pero es útil como arma de estoque. No se sabe bien el motivo por el que se adoptó, pero según el historiador Adolfo Raúl Menéndez Argüín, seguramente se deba a que la lancea tiene menor poder de penetración, evitando que el enemigo se vea obligado a arrojar su escudo. Por tanto, la spatha responde a la necesidad de luchar contra un enemigo protegido con un escudo. 

A partir del siglo III encontramos también la plumbata, una flecha de un metro de longitud con punta de metal alargada, lastrada en su extremo inferior con un abultamiento de plomo que hace de contrapeso y aumenta la capacidad de penetración. Es un arma arrojadiza que puede alcanzar los 60 metros de distancia. Finalmente, la daga, o pugio, extendida entre los legionarios en el I d.C., experimenta un nuevo auge en el III d.C. 

La adopción de tácticas falangísticas (no confundir con falangistas…) en detrimento de la tradición táctica en cohortes se debe a cambios en el estilo de guerra. Cabe decir que las cohortes fueron desarrolladas a partir de la falange etrusca, en uno de los muchos ejemplos de la capacidad adaptativa romana, por tanto, no hablamos de dos sistemas de lucha tan alejados entre sí. La falange es más compacta, y Roma vuelve a eso cuando se ve necesitada. Hay que señalar, también, que hay claras diferencias entre la frontera oriental y la europea. Los partos y persas luchan esencialmente con caballería ligera (arqueros montados) y pesada. Ante estas tropas, la infantería pesada era poco eficaz. Por lo que la infantería ligera y la caballería se vuelven esenciales. Las legiones necesitan formar masas compactas capaces de resistir las embestidas de la caballería y proporcionar un punto de apoyo al resto de tropas durante la batalla. El terreno también era más apto para éste tipo de lucha. 

Segunda parte

Como el tema es largo y se me iba de madre, lo he dividido en dos. En la segunda parte expondré los cambios en materia de reclutamiento, la barbarización, las relaciones con el mundo civil y el cristianismo; así como la evolución de la guerra y de las estructuras defensivas (las fortalezas y el limes romano).

Bibliografía

  • M. P. Sancho Gómez - La infantería pesada y el ejército romano (Artículo).
  • Ángel Morrillo Cerdán: El ejército tardorromano en Hispania: de los textos a las evidencias arqueológicas (Artículo).
  • Ana de Francisco Heredero: El ejército romano del Bajo Imperio (Artículo).
  • Duncan Campbell: The later roman army (Artículo).
  • Ana María Suárez Piñeiro: Roma antigua, historia de un imperio global (Libro).

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PSOE en campaña electoral: ¿adelantarán las elecciones nacionales?

El PSOE está en plena campaña electoral; con el mismo descaro que en su día Gonzalez proclamaba "no a la OTAN," y luego nos metío en ella, Sanchez esgrime el "no a la guerra" pero "sí a la OTAN", financiando y alimentado la guerra de Ucrania, aprobó la ampliación de la base de Rota...

A niveles nacional, regionales, y locales YA están enviando propaganda electoral.

Hipótesis: Si al PSOE le va bien en las elecciones andaluzas, pueden adelantar las nacionales. Para aprovechar el slogan"no a la guerra", antes de que la población se sienta engañada; www.meneame.net/m/actualidad/no-tan-pacifista-sanchez-firma-convenio-p www.meneame.net/m/actualidad/gobierno-aprueba-otro-gasto-militar-29-6-

No olviden lo siguiente, para no sentirse engañados una vez más: "El Congreso ha rechazado oponerse al aumento del gasto militar y al plan de rearme de la Unión Europea (UE) con el voto de PP y PSOESumar ha votado en contra de eso y ha apoyado que España abandone la OTAN. " www.meneame.net/story/congreso-avala-aumentar-gasto-militar-planes-def

y sin dar tiempo a que las izquierdas se unan.

Compatriotas si no quieren votar a los grandes partidos corruptos españoles, que han destruído la sanidad andaluza, con graves consecuencias (cribado de cáncer); ellibre.es/la-indignante-politizacion-de-la-sanidad-publica-en-andaluc; causan accidentes por falta de mantenimiento de las infraestructuras,...

Y si no les convencerían los otros partidos: tienen la opción de votar al partido Escaños en Blanco, que dejan los escaños vacios, ahorrandonos sueldos, dietas, privilegios de politicos que ya han probado su ineficacia y corrupción. Votar al partido "Escaños en Blanco" no es votar en blanco sin más: hay que coger una papeleta que reza Escaños en Blanco, los escaños que logran los dejan vacíos. Como votar a Escaños en Blanco: www.meneame.net/story/como-vota-escanos-blanco

No votar, nulo, o votar en blanco sin más, equivale a votar a los grandes partidos (PPSOE), con corrupción e inoperancia demostradas

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