Las sociedades funcionan gracias a ficciones compartidas: naciones, religiones, dinero, leyes, ideologías. Quien domina estas ficciones puede influir en millones de personas, aunque no sea especialmente brillante. Los mitos colectivos son la base de la cooperación a gran escala. Las instituciones son más poderosas que los individuos: incluso un líder mediocre puede mantenerse si el sistema lo sostiene. La selección de líderes no premia la racionalidad, sino la capacidad de persuadir, movilizar emociones y construir identidades.