Mi plan improvisado en Marbella

Todo empezó como empiezan los planes buenos: con un “¿y si nos vamos a Marbella este finde?” soltado en un grupo de WhatsApp a las 23:47. Al principio era coña, pero en dos audios ya teníamos alojamiento, una lista de sitios “obligatorios” y el típico caos de siempre: uno llegaba en avión, otro en bus y yo en plan “ya veré”. Ahí nos dimos cuenta de que si queríamos movernos por Marbella sin depender de taxis, horarios raros y mil caminatas, lo mejor era alquilar un coche.

Buscando opciones di con esta web y me gustó porque la idea es muy directa: alquilar sin dramas. Lo que más me llamó la atención fue que lo enfocan a que no te lleves sorpresas de última hora, de esas que te rompen el presupuesto sin avisar. Hablan de alquiler sin fianza (o sea, sin que te bloqueen un pastizal en la tarjeta) y de opciones sin franquicia, que es justo lo que a mí me da paz mental cuando voy con prisas y no quiero estar pensando en “y si pasa algo”. Porque harto estoy de otras prefiero no decir cuales que no quiero problemas.

La web es bastante facil de entender: eliges fechas, miras coches y listo. No parece la típica pagina que te promete un precio y luego te lo sube con extras raros cuando ya estás al final. Además, para un viaje corto viene genial que todo sea rápido, porque en un finde quieres estar en la playa, no peleandote con formularios.

Otra cosa que nos encajó es que está pensado para moverte por Marbella y alrededores sin comerte la cabeza. En nuestro caso queríamos hacer plan de playa, algún mirador, Puerto Banús por las risas y alguna escapada improvisada a comer fuera. Con coche, eso es otro mundo: vas cuando quieres, paras donde te apetece y no dependes de nadie. Y si encima te lo ponen fácil con recogida y entrega en puntos convenientes, pues mejor.

Y bueno, al final lo mejor del finde no fue ni el sitio más “instagrameable” ni el plan que teníamos apuntado: fue el típico momento tonto que no esperas. Nosotros comiendo un helado a las tantas, debatiendo cosas importantisimas como si los gatos entienden el reggaeton, y acabando en un paseo medio perdido por la costa. De esos recuerdos que no salen en fotos pero luego son los que más te hacen reirte.

Y lo fuerte es que, después de todo el postureo de “finde tranquilo”, acabamos aprendiendo la lección de siempre: si no te organizas un mínimo, el dinero se te va en tonterías. Entre cafés caros “porque la terraza era bonita”, entradas improvisadas, dos cenas que podían haber sido una y la típica compra absurda (uvas, hummus y cero cenas en casa), el presupuesto se nos desintegró sin darnos cuenta. Lo bueno es que también te queda claro qué merece la pena y qué no: pagar por un plan que te deja un recuerdo de verdad sí, pero pagar por cosas solo “porque toca” es tirar billetes. Al final esa es la chicha del viaje: no lo perfecto, sino lo real y lo que te pasa entre medias.