
Hace tiempo que los medios de comunicación dejaron de vender noticias para empezar a vender confirmación. Ya no entramos a un diario para enterarnos de qué pasa en el mundo, sino para que nos den la razón, nos acaricien el lomo ideológico o, mejor aún, nos digan a quién tenemos que odiar hoy antes de las diez de la mañana.
La dictadura del clic y el secuestro de la amígdala
El modelo de negocio actual es perverso. Un lector calmado que analiza matices no genera ingresos. El que genera dinero es el lector indignado que pincha compulsivamente en un titular diseñado para incendiarle la sangre. Las redacciones han sustituido a los editores por expertos en SEO y psicólogos de la atención que saben perfectamente qué resortes tocar para que compartas una noticia sin haber pasado de la entradilla.
Estamos en la era del "periodismo de trinchera". Los medios ya no fiscalizan al poder, fiscalizan al bando contrario. Si la noticia beneficia "a los míos", se magnifica; si los perjudica, se entierra o se contextualiza hasta que deja de ser noticia. Y mientras tanto, nosotros, los usuarios, nos convertimos en los peones gratuitos de su campaña de marketing, moviendo el contenido por redes sociales para alimentar a un algoritmo que solo quiere vernos pelear.
Algoritmos: La cámara de eco perfecta
Las redes sociales y sus algoritmos han terminado de apuntalar los muros de nuestra propia ignorancia. Solo vemos lo que nos gusta, solo leemos a los que piensan como nosotros y terminamos creyendo que el mundo es exactamente como lo pinta nuestro feed. Cualquier voz disonante no es vista como una opinión distinta, sino como una agresión o una "fake news".
La polarización no es un accidente; es un producto manufacturado. Una sociedad fragmentada es más fácil de monetizar y mucho más fácil de manipular. El pensamiento libre ha pasado a ser un acto de rebeldía que requiere:
- Dejar de leer en vertical y empezar a contrastar en horizontal.
- Desconfiar por defecto de cualquier titular que te genere una euforia o una rabia inmediata.
- Entender que la realidad siempre es más gris y aburrida de lo que nos intentan vender en redes sociales.
Si solo lees lo que te da la razón, no te estás informando, te estás programando. Quizá va siendo hora de que recuperemos el control de nuestra dieta informativa antes de que el ruido termine por dejarnos sordos a todos.