Hinault no tuvo piedad en el Mundial más duro de la historia

Cristóbal Cabezas Martín / El 31 de agosto fue la fecha elegida para la celebración en Sallanches (Francia) del Campeonato del Mundo de 1980 que concluyó con una auténtica exhibición de Bernard Hinault. Un Mundial duro y que será recordado como “El circuito de la muerte”. Los datos son concluyentes: se subió veinte veces la côte de Domancy, de 2’7 kilómetros al 8’6 % de media para completar un total de 268 kilómetros de recorrido. Los ciclistas temían, y con razón, a un Mundial de máxima exigencia.

La carrera deparó una auténtica exhibición del cinco veces ganador del Tour de Francia, que no dejó “títere con cabeza”. Nada más darse la salida, el francés se escapó con Johan de Muynck, aunque pronto fueron alcanzados por el pelotón. El galo esperó entonces a la segunda parte de carrera. Los kilómetros acumulados y los fuertes repechos iban a hacer mella en los ciclistas. “El Caimán” solamente tenía que dejarlos “madurar”. La selección natural estaba en curso.

Fue a partir del kilómetro 160 cuando Bernard Hinault tensó la carrera. Únicamente, Gianbattista Baronchelli aguantó los cambios de ritmo del francés que, finalmente, se marchó en solitario para conseguir la victoria. Un triunfo más para uno de los mejores corredores de la historia de este deporte. Por detrás, el italiano llegaba segundo a algo más de un minuto. A continuación, Juan Fernández fue el primero, y por tanto medalla de bronce, de un grupo de corredores que entraron en la línea de meta a casi cuatro minutos y medio del francés.

107 ciclistas tomaron la salida y quince llegaron a la meta. Con este dato está casi todo dicho. El poderoso comportamiento de Bernard Hinault fue para enmarcar. Sin duda alguna, un momento de la historia del ciclismo que perdurará para siempre en la memoria de los aficionados.

Precisamente, la historia de amor de Sallanches con el ciclismo continuará en el verano de 2027 con un nuevo Campeonato del Mundo. El circuito volverá a ser uno de los más exigentes jamás vistos en una competición internacional por lo que en menos de dos años volveremos a encontrarnos con un Mundial de los que hacen afición en el deporte, sin ningún género de dudas, más bello del mundo.