En el sur de Gales de entreguerras, especialmente en los valles mineros del Rhondda, había una cultura obrera de corregir los agravios por cuenta propia, de actuar ante la injusticia aunque eso implicara saltarse las normas. Venía de atrás, de la experiencia colectiva de luchar contra patrones, contra el hambre e incluso contra el Estado. La disposición a pelear por un trato justo era un rasgo común de toda aquella gente y eso incluía increpar a un árbitro comprado o ir a por un jugador que hubiese cometido una falta escalofriante. De los esqui