a decisión de dejar sin apertura sabatina a al menos una veintena de centros de salud no cae del cielo ni responde a una urgencia puntual. Es el resultado de una política sanitaria sostenida en el tiempo por el Partido Popular en la Xunta de Galicia. Una política que ha ido acostumbrando a la ciudadanía a perder servicios, recorrer más kilómetros, esperar más días y escuchar, cada vez que protesta, que todo forma parte de una supuesta modernización. No lo es. Es un repliegue.