México se convierte en un decorado emocional donde la venganza es una forma de identidad y donde conviven sin complejos el western clásico, el cine de acción de Hong Kong, el videoclip y el cómic. En este universo aparecen figuras como Dani Trejo, rostro y cuerpo que parecen esculpidos por el propio cine, presencia breve pero contundente que basta para cargar de amenaza una escena entera, un actor que no necesita presentación porque su sola aparición ya anuncia violencia, frontera y fatalidad.