Pocas veces debió de experimentar Aristipo un placer tan intenso (él, para quien el placer era el bien supremo) como cuando, después del naufragio, encontró dibujadas en la playa de Rodas aquellas geometrica schemata, huellas inequívocas de los seres civilizados, emblemas de un espíritu superior capaz de trascender la tosquedad y la contingencia de las cosas materiales.
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