Extraído de Dieta de Noticias de Rolf Dobelli
Las noticias no tienen poder explicativo. Los mensajes cortos son como burbujas de jabón pequeñas y relucientes que estallan en la superficie de un mundo complejo. Y aún es más absurdo que la industria mediática se imagine que informa de los hechos tal como son. Esos hechos de los que da cuenta no suelen ser más que efectos secundarios y consecuencias de causas más profundas. Aunque devores las últimas imágenes y noticias de Siria cada día, no entenderás mejor esta guerra. De hecho, sucede al revés: cuantas más imágenes de guerra y noticias del frente recibas, menos entenderás qué y por qué está sucediendo en la zona de guerra. Las empresas de la industria mediática y los consumidores de noticias sucumben al mismo error: la yuxtaposición de los hechos se confunde con la comprensión de los contextos funcionales del mundo. «Facts, facts and more facts» («Hechos, hechos y más hechos») es el credo que recitan casi todas las empresas del mundo de la información.
En realidad, lo que deberíamos entender son los «generadores» que subyacen a los acontecimientos visibles. De hecho, deberíamos explorar la «sala de máquinas» desde la que se originan las noticias. Por desgracia, hay muy pocos periodistas capaces de explicar las conexiones causales. Porque los procesos que determinan importantes transformaciones culturales, intelectuales, económicas, militares, políticas y ecológicas son, en su mayoría, invisibles. Son complejos, no lineales y difíciles de asimilar para nuestro cerebro. Por eso las empresas de la información se centran en cosas ligeras: anécdotas, escándalos, historias de famosos y fotos de desastres. Son baratas de producir y fáciles de asimilar.
Es más, los contados periodistas que podrían entender y escribir sobre la «sala de máquinas» no tienen espacio para ello. Por no hablar de tiempo para reflexionar. El motivo es que la masa de lectores prefiere consumir diez canapés de noticias telegráficas antes que un solo artículo de fondo. Diez escándalos crujientes uno detrás de otro captan más la atención —y, por lo tanto, automáticamente más ingresos publicitarios— que un texto inteligente de la misma longitud. Quizá recuerdes de tu infancia esas páginas en blanco en las que solo se veían unos puntos numerados. El pasatiempo consistía en unir con líneas los puntos por orden numérico. Una vez acabado, aparecía el dibujo. Las noticias no son más que puntos, pero el caso es que nadie se toma la molestia de conectarlos y resolver el pasatiempo. Y así, por más noticias que consumas, no aparece ningún dibujo.
Para trazar un panorama general, hay que establecer conexiones; en concreto, inserir los sucesos en la historia, establecer las interdependencias, la retroacción, los efectos inmediatos y, finalmente, las consecuencias secundarias que a su vez se desprenden de los mismos efectos. Pero a los periodistas informativos eso no les importa. Las noticias son lo contrario de la comprensión global, pues sugieren que solo existen sucesos, sucesos inconexos; en otras palabras, «hechos, hechos y más hechos».
En realidad, es al revés: casi todo lo que sucede en el mundo es complejo. De manera que pretender que cada uno de estos fenómenos es independiente equivale a una mentira, una mentira que los productores de noticias difunden y que nosotros, los consumidores de noticias, encontramos muy apetecible. Y eso es trágico, porque consumir noticias para «entender el mundo» es peor que no consumir ninguna noticia. Ya en el año 1800, Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores de Estados Unidos, reconoció que «quien no lee nada es más instruido que quien solo lee los periódicos». Los hechos te impiden pensar. Tu cerebro se ahoga en un mar de hechos. Cuando consumes noticias, sucumbes a la ilusión de que entiendes el mundo. Y esta ilusión conduce a un exceso de confianza (en argot profesional inglés, overconfidence).
En un estudio bien conocido, el profesor Paul Slovic, de la Universidad de Stanford, evaluó la calidad de las apuestas hípicas proporcionando a los participantes cada vez más datos sobre los caballos. Preguntó a los participantes no solo qué caballo ganaría la carrera, sino también hasta qué punto estaban convencidos de la calidad de su estimación. ¿El resultado? La cantidad de información sobre cada caballo en concreto (es decir, la información obvia) no influyó en la calidad de las apuestas, sino en la confianza de los participantes. La cautela, el escepticismo y la humildad necesarios quedaron sepultados por el alud de información. Las evaluaciones cautelosas cedieron su sitio a fracasos seguros.
Tú, querida lectora, querido lector, no quieres ser víctima de semejante alud de noticias. Tú eres consciente de que la calidad de tus decisiones disminuirá si se basa en «hechos, hechos y más hechos». Si, en cambio, renuncias a las noticias, en primer lugar debes aceptar que el mundo no es fácil de entender. Serás más humilde en tus conocimientos, más cauteloso, más reflexivo, y no serás víctima de un exceso de confianza.
«Nadie sabe lo que está pasando. Solo los periódicos, día tras día, actúan como si ellos sí lo supieran», escribió el clarividente Max Frisch hace más de cuarenta años. La actualidad eclipsa la comprensión. Lo mejor que puede hacerse es prescindir por completo del suministro diario de noticias. Lee libros y artículos largos que hagan justicia a la complejidad del mundo, y huye de los titulares brillantes. Nada de meras fuentes de hechos. Nada de puntos sin líneas que los relacionen. Al cabo de unos pocos meses, te verás recompensado con una comprensión más clara del mundo.
En resumen:
Las noticias proporcionan lo contrario de una comprensión global. Despídete de la llovizna de noticias. Lee buenos libros y artículos largos y de calidad que te darán una idea de la «sala de máquinas» del mundo.
Hace poco tiempo estuve en el funeral de una amiga. Una experiencia dolorosa. Hubo un momento en dónde algún miembro de la familia pronuncia un discurso, pero el dolor dificulta muchísimo esa tarea: se termina cayendo en clichés por lo que no se recuerda la persona como tal, sino que se convierte en un discurso nacido de una plantilla, para evitar el riesgo de hacer quedar mal al que se ha ido o decir una palabra o frase inapropiada. Pensé que uno debería ahorrarle ese trago muy amargo a los familiares y tener previamente escrito el discurso. Si algo sale mal, pueden culparme, nadie mirará mal a mis familiares. Así que empecé a escribirlo y joder, no es nada fácil, ¿pongo alguna broma para romper la tensión y el dolor? ¿Una frase elocuente? ¿Qué?
Hasta hora sólo tengo este inicio: "Si están escuchando este discurso es que estoy muerto, ¡mierda!". No creo que deba dejar la última palabra.
Sigo leyendo de vez en cuando la afiirmación de que dato mata a relato, y casi recuerdo con ternura los tiempos en que se discutía si esto era así o no.
Quien escribe semejante cosa suele ser una persona de entre cincuenta y sesenta años que quiere decir que la verdad se comprueba mediante fuentes, aportando datos, y dejando a un lado la palabrería, porque las palabras mienten pero los números no. Esta idea, de un infantilismo y una ingenuidad conmovedoras, se ha ido desechando progresivamente a medida que todos hemos aprendido, en nuestras carnes, que la única manera solvente de mentir es con datos, que debatir sobre las fuentes es tan inútil y sesgado como debatir sobre las consecuencias de algo, y que los números son tan venenosos o más que las palabras, y más fáciles de adulterar, además.
Y encima, para colmo, la era de la inteligencia artificial aporta un nuevo significado negativo a esa frase. Porque si para los viejos "dato mata relato" apuntaba a una tontería humanista, para los más jóvenes señala a una amenaza totalitaria.
Hoy, "dato mata relato" indica la evidencia de que ya no vale la pena debatir nada, porque el imperio del big data y la inteligencia artificial toma las decisiones, también las políticas, al margen del debate público. Hoy, el dato mata al relato cada vez que una gran compañía como Palantir reúne datos sobre nuestras vidas para abular nuestros relatos sobre ellas. Hoy dejan de importar los relatos en cuanto ineficientes, incapaces de moldear la realidad, para dejar este poder a los datos, los que reúnen sobre nosotros, los que sobre nosotros modelizan, en un acto de control y desocializacion.
El dato mató al relato, sí. Pero el relato era nuestro y el dato no lo es. Hemos pasado de granjeros a ganado. Un detalle insignificante, vaya.
Hola, █████████ :
Últimamente, los mercados han sido todo menos predecibles, y las fuertes oscilaciones son cada vez más frecuentes. Sin embargo, los recientes movimientos del S&P 500 apuntan a un patrón claro: algunas de las mayores ganancias en un solo día durante el segundo mandato de Trump se produjeron tras momentos de flexibilización o desescalada de sus políticas, siguiendo la llamada «estrategia TACO». Ni siquiera las grandes empresas son inmunes a la incertidumbre. Gigantes tecnológicos como Microsoft, tras años de crecimiento continuo, están empezando a mostrar signos de debilidad a medida que los inversores reevalúan el riesgo y se decantan por estrategias más defensivas.
¿Quieres saber más sobre el «TACO trade» y descubrir las empresas europeas más grandes? Echemos un vistazo más de cerca.
El «TACO trade» en el S&P 500
En los últimos meses, los mercados han reaccionado cada vez más a las señales políticas procedentes de Estados Unidos. Durante el segundo mandato de Donald Trump, el llamado «TACO trade» (Trump always chickens out en inglés) ha cobrado fuerza, especialmente tras el aplazamiento de 90 días de los aranceles anunciado el 9 de abril de 2025. Como muestra el gráfico, 9 de las 10 mejores ganancias en un solo día del S&P 500 durante este periodo estuvieron impulsadas por señales de desescalada, compromiso o reversión de políticas, según MarketWatch, con el 6 de febrero de 2026 como única excepción. ¿Nos esperan más operaciones TACO?

menéame