Jorge Luis Borges decía que los espejos eran aborrecibles, entre otras cosas, porque siempre devolvían una amenaza. La sospecha inquietante de que el reflejo en algún momento podía comenzar a independizarse del cuerpo. Algo de eso ocurre con el Gobierno de Javier Milei. Conserva la pose, los gestos, la narrativa exaltada con la que desembarcó en la Casa Rosada. Pero el doble ya no obedece. El relato avanza por un lado y la experiencia social por otro. En esa separación comienza el verdadero desgaste de un poder: formalmente no pierde el mando,
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Como muestra, un botón. Si viaje a Israel en el que está inmerso ahora mismo.
Entiendo que los argentinos después de un gobierno corrupto tras otro, igual que ellos, decidieron poner un payaso para divertirse. Pero no está haciendo mucha gracia en Argentina.