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Un asno que viene y va: el reiterado error de Cervantes en el ‘Quijote’

Un asno que viene y va: el reiterado error de Cervantes en el ‘Quijote’

El asno de Sancho desaparece en el capítulo 25 y reaparece ya en el 46, sin explicación ni motivo patente. La anomalía no podía ser sino un error del autor, y esto lleva a Cervantes a publicar, ese mismo año de 1605, una segunda edición. En ella interpola dos pasajes, uno en el capítulo 23, en el que se narra el robo del rucio a manos de uno de los galeotes liberados por don Quijote anteriormente, y otro en el capítulo 30, donde Sancho cuenta cómo recupera su burro.

| etiquetas: asno , error , cervantes , quijote
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Agujeros de guión
A ver, que escribió un tocharro a mano y con pluma en papel, cabreado como un mono porque alguien le había pisado la idea publicando una segunda parte, bastantes pocos despistes tuvo el hombre.
#2 Lo bueno es que en la segunda parte que escribe él, le dan al Quijote una copia de la segunda parte de Abellaneda y es el personaje el que se cabrea como un mono por las patrañas que cuenta, entre ellas que se desenamora de Dulcinea.
el editor seguro que es uno de los ascendentes de los actuales editores de Planeta, a los que les pasa lo mismo, no revisan nada y publican cualquier cosa, jejé
Leí hace unos meses el Quijote, y aún me duele el mosqueo que cogí porque de repente reaparecía el asno, así sin más. Y yo, convencido de que había tenido uno de mis despistes, estuve un día pasando páginas adelante y atrás buscando en qué momento había aparecido, sin encontrarlo, con lo que además del mosqueo por el despiste, se unía el cabreo porque estaba empezando a considerarme un perfecto inútil por no ser capaz de encontrarlo.
Seguí investigando y fue cuando me enteré de que en nuestros…   » ver todo el comentario
Lo que no sabe el articulista es que en la época era muy común hacer cambios de última hora en la misma imprenta, y que allí mismo se haya cambiado el orden de bloques de texto y ahí no caer en el tema del asno. No deja de ser gracioso, pero también es verdad que la primera vez que lo leí ni me di cuenta.

menéame