Manuel Azaña, a la sazón ministro de la guerra, pronunció las siguientes palabras en su discurso del 13 de octubre de 1931 a la cámara constituyente sobre la cuestión religiosa:“España ha dejado de ser católica. Hay que organizar el Estado en forma tal que quede adecuado a esta fase nueva e histórica”
Es evidente que Azaña se refería a la necesidad de implementar el laicismo de estado, tanto en la Constitución como en todas las leyes y estamentos del Estado. La unión del poder de la iglesia católica y el Estado español, presente en toda la historia anterior de España se presentaba por tanto como un hecho asociado al antiguo régimen monárquico que debía ser superado por una concepción democrática y aconfesional del estado.
España ha dejado de ser católica. Hay que organizar el Estado en forma tal que quede adecuado a esta fase nueva e histórica
Sin ninguna duda, ese laicismo de estado se vio reflejado claramente en la Constitución de la Segunda República que, en su artículo 3, proclamaba que “el Estado español no tiene religión oficial” y en el 27 que “la libertad de conciencia y el derecho a practicar y profesar libremente cualquier religión quedan garantizados en el territorio español, salvo el respeto debido a las exigencias de la moral pública”. Naturalmente, el concordato con la santa sede que mantenía el estado desde 80 años atrás, quedaba derogado.
La implementación efectiva de la laicidad del estado fue una de las prioridades de la Segunda República, se aprobó una ley de divorcio, se construyeron colegios públicos para absorber el alumnado de colegios religiosos, los cementerios fueron declarados municipales, etc.
La iglesia católica reaccionó apoyando movimientos golpistas desde los primeros días de la naciente república, culminando estas ideas antidemocráticas con el apoyo al golpe de estado militar de 1936 y posicionándose en el bando fascista y en contra del régimen republicano legítimo durante la posterior guerra civil promovida por las fuerzas reaccionarias ante el fracaso del golpe de estado.
La dictadura posteriormente instaurado por el bando franquista vencedor tuvo inicialmente una marcada influencia de las ideas nacionalsocialistas y fascistas, principalmente representadas por los fascistas de Falange, cuyo apoyo a los golpistas en la guerra fue decisivo para que la perdiera el bando republicano legítimo.
Tras la derrota de la Alemania nazi y la Italia fascista en la segunda guerra mundial, la dictadura fascista de Franco se vio huérfana de apoyos internacionales y solo pudo apoyarse en la iglesia católica que le proporcionó un primer reconocimiento internacional a cambio de la firma de un concordato que convirtió de facto a España en un país cuya religión oficial era la católica. La iglesia recibió todo tipo de prebendas y poderes para imponer sus creencias en un país destrozado y arruinado por la guerra civil.
Los cuarenta años de dictadura llevaron a construir un país en el que más del 90% de la población se declaraba católica y en el que las celebraciones religiosas se impusieron a la fuerza como motor de identidad de la población.
Así las cosas, llegó el fin de la dictadura y una transición a un régimen democrático, plasmado en la Constitución de 1978, que permitió que España ingresara en las instituciones de los países democráticos occidentales. Pero no todo fue una idílica vuelta a la democracia. El poder del estado no dejó de estar dominado por las instituciones del estado franquista y algunos pilares de la dictadura fueron considerados intocables por la fuerzas franquistas durante toda esa transición. Uno de ellos es la monarquía instaurada por Franco al nombrar a Juan Carlos Borbón como su sucesor en la jefatura del estado, y el otro fue el poder de la iglesia católica.
En un ridículo “tour de force” lingüístico, se redactó un artículo 16 de la constitución que, en su apartado 3 declara:“Ninguna confesión religiosa tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Es decir, se dice una cosa y, sin solución de continuidad, se declara la contraria. El objetivo es aparentar que se afirma el carácter aconfesional del estado, pero permitiendo que, nada más aprobada la constitución en un referendo, se aprobaran también los acuerdos con la santa sede que ya habían sido negociados en secreto entre las autoridades franquistas y la propia iglesia católica.
El poder del estado no dejó de estar dominado por las instituciones del estado franquista y algunos pilares de la dictadura fueron considerados intocables por la fuerzas franquistas durante toda esa transición. Uno de ellos es la monarquía instaurada por Franco al nombrar a Juan Carlos Borbón como su sucesor en la jefatura del estado, y el otro fue el poder de la iglesia católica.
Se preservaron en ellos la práctica totalidad de los privilegios adquiridos durante la dictadura anterior, incluyendo la financiación del estado y la presencia de la iglesia en las principales instituciones del estado, entre ellas sanidad, educación y ejército. El apoyo del estado durante el régimen actual ha incluso superado en algunos aspectos al propio franquismo, como en la financiación generalizada de colegios de ideología religiosa católica, o en la entrega del patrimonio histórico artístico español a la iglesia a través de las llamadas inmatriculaciones.
El poder del estado no dejó de estar dominado por las instituciones del estado franquista y algunos pilares de la dictadura fueron considerados intocables por la fuerzas franquistas durante toda esa transición. Uno de ellos es la monarquía instaurada por Franco al nombrar a Juan Carlos Borbón como su sucesor en la jefatura del estado, y el otro fue el poder de la iglesia católica.
Sin embargo, ha habido una evolución de la sociedad española que la iglesia se ha visto incapaz de atajar. La fe de los españoles en la religión se diluye constantemente y de manera imparable, a un ritmo que solo puede ser visto por los obispos como una catástrofe inminente.
Existe un buen lugar para acudir en busca de esta información, las encuestas realizadas por el CIS. Estos sondeos preguntan a los españoles sobre creencias religiosas dividiendo los católicos en dos categorías: católico practicante y católico no practicante. Los límites entre estas dos categorías es difuso, y además un católico no practicante es un oxímoron en si mismo pero nos permite acotar por arriba el porcentaje de católicos con garantías de que lo más probable es que el porcentaje sea sobrevalorado. Este porcentaje ha bajado dramáticamente desde la llegada de la democracia, pero en todas las encuestas del CIS, al menos las que yo he podido estudiar hasta ahora, se había mantenido por encima del 50%.
En este trabajo se pregunta también sobre la religiosidad, resultando que el 15,8% se declara católico practicante y el 33,1% se declara católico no practicante, lo cual lleva a un 48,9% de católicos en España.
Pero hace unos días ha aparecido un sondeo del CIS en el que el objetivo principal es valorar la opinión de los españoles sobre los impuestos del estado. En este trabajo se pregunta también sobre la religiosidad, resultando que el 15,8% se declara católico practicante y el 33,1% se declara católico no practicante, lo cual lleva a un 48,9% de católicos en España. Podemos decir entonces que, por fin, España ( su población) ha dejado de ser católica. Es posible que, en algunos sondeos posteriores, puedan aparecer de nuevo porcentajes de católicos mayores del 50%, pero será solo anecdótico, la tendencia a la secularización es imparable.
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La iglesia católica suele justificar la existencia de la asignatura de religión mediante artificiosos juegos de palabras que tratan de diferenciarla de la catequesis que imparten en las parroquias para convencer a niños intelectualmente indefensos de que sus dogmas son verdaderos.
Claro que, si el objetivo de esta asignatura no es inculcar la fe en las creencias católicas, sino instruir en el significado cultural del hecho religioso, como conocimiento necesario para todos los alumnos, no se entiende que los profesores deban recibir del obispo correspondiente la 'Missio canonica', un documento donde el obispo de la diócesis expresa su confianza en ellos y les autoriza a impartir esa asignatura en colegios e institutos. Tampoco se entiende que sea la propia jerarquía eclesiástica la que elabore el temario. Algo claramente innecesario e imposible si, como es más natural, el hecho religioso se estudiara transversalmente en diversas disciplinas: Filosofía, Historia, Literatura, Arte…
Incluso considerando cierto el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos, otra cosa bien distinta es que esa tarea de inculcar creencias religiosas indemostrables en las moldeables mentes de los niños deba ser sufragada con el erario.
Pero, como bien sabe la sabiduría popular, quien tiene boca se equivoca, y la constante atención a los medios de comunicación de los obispos, necesaria para justificar sus privilegios ante la opinión pública, no hace más que aumentar la probabilidad de perder la ocasión de callar y así no meter la pata.
El obispo de Sigüenza-Guadalajara, el asturiano Atilano Rodríguez, ha dicho a los políticos que mantener la religión en las escuelas es necesario para el relevo generacional de los curas y religiosos que dirigen la iglesia católica. Algo que, para el obispo, es imprescindible para afrontar con éxito el reto de revertir la paulatina disminución de feligreses. Unas declaraciones que solo pueden deberse a un despiste mental o lapsus linguae al haber sido realizadas en un contexto diferente al de la educación
El obispo ha llegado incluso a exigir (sic) a los políticos que mantengan la enseñanza religiosa en los planes de estudios. Una postura que deja claro que la jerarquía católica tiene interiorizado que los privilegios heredados del franquismo a través de los preconstitucionales acuerdos con el estado Vaticano (un inacabable eufemismo para evitar la palabra concordato de indeseable recuerdo) son un derecho histórico y divino que no se les puede arrebatar.
Por tanto, la iglesia católica puede retorcer todo lo que quiera los argumentos, pero el objetivo de la enseñanza religiosa en la escuela es simplemente ganar ovejas para el rebaño, proselitismo puro y duro pagado con dinero público.
Es un caso más del famoso test: Si parece un pato, nada como un pato, y grazna como un pato, entonces probablemente sea un pato.
www.elcomercio.es/asturias/mantener-religion-escuelas-20211102000826-n
Causa indignación que el gobierno "progresista" de España se haya ido a negociar la resignificación democrática del mausoleo franquista de Cuelgamuros (enteramente de propiedad pública) al Vaticano, continuando su prevalencia en el lugar: la orden benedictina (como guardiana espiritual), la basílica consagrada y, presidiendo el conjunto, el logotipo de la secta católica, el de mayor tamaño del mundo. Seguirá siendo un referente para la peregrinación fascista. Los republicanos que dieron su vida por la democracia se retorcerían de vergüenza.
Marcelino Olaechea, obispo de Pamplona, fue el primero en usar el término «cruzada», en su carta pastoral del 23 de agosto de 1936: “No es una guerra la que se está librando; es una cruzada, y la Iglesia, no puede menos de poner cuanto tiene a favor de los cruzados”.
Pla y Deniel, El obispo de Salamanca, 30 de septiembre de 1936: “Ya no se trata de una guerra civil, sino de una cruzada por la religión, por la Patria y la civilización». Posteriormente, en su carta pastoral Las dos ciudades, decía: «La lucha actual reviste, sí, la forma externa de una guerra civil, pero en realidad es una cruzada. Fue una sublevación, pero no para perturbar, sino para restablecer el orden. Lucha a favor del orden contra la anarquía, a favor de la implantación de un gobierno jerárquico contra el disolvente comunismo, a favor de la defensa de la civilización cristiana y de sus fundamentos: religión, patria y familia contra los sin Dios y contra Dios, los sin patria”.
Cardenal Isidro Gomá, Toledo, 23 de noviembre de 1936: “Si la contienda actual parece como una guerra puramente civil, en el fondo debe reconocerse en ella un espíritu de verdadera cruzada en pro de la religión católica”.
Cardenal Plá y Deniel, Arzobispo de Toledo, Primado de España y presidente de la Conferencia de Metropolitanos, lo que equivaldría en nuestros días a la Conferencia Episcopal, 1958: “La Iglesia no hubiera bendecido un mero pronunciamiento militar, ni a un bando de una guerra civil. Bendijo, sí, una Cruzada”.
Extractos de la Carta Colectiva del episcopado español (firmada por 42 obispos) a los obispos de todo el mundo con motivo de la guerra, 1 julio 1937:
“que siendo la guerra uno de los azotes más tremendos de la humanidad, es a veces el remedio heroico, único, para centrar las cosas en el quicio de la justicia y volverlas al reinado de la paz. Por esto la Iglesia, aun siendo hija del Príncipe de la Paz, bendice los emblemas (pf) de la guerra, ha fundado las Órdenes Militares y ha organizado Cruzadas contra los enemigos de la fe”…
“agotados ya los medios legales, no había más recurso que el de la fuerza para sostener el orden y la paz; que poderes extraños a la autoridad tenida por legítima decidieron subvertir el orden constituido e implantar violentamente el comunismo; y, por fin, que por lógica fatal de los hechos no le quedaba a España mas que esta alternativa: o sucumbir en la embestida definitiva del comunismo destructor”…
“nótese, primero, que la sublevación militar no se produjo, ya desde sus comienzos, sin colaboración con el pueblo sano, que se incorporó en grandes masas al movimiento que, por ello, debe calificarse de cívico-militar”...
“Y porque Dios es el más profundo, cimiento de una sociedad bien ordenada- lo era de la nación española- la revolución comunista, aliada de los ejércitos del Gobierno, fue, sobre todo, antidivina. Se cerraba así el ciclo de la legislación laica de la Constitución de 1931 con la destrucción de cuanto era cosa de Dios”…
“la espiritual, del lado de los sublevados, que salió a la defensa del orden, la paz social, la civilización tradicional y la patria, y muy ostensiblemente, en un gran sector, para la defensa de la religión; y de la otra parte, la materialista, llámese marxista, comunista o anarquista, que quiso sustituir la vieja civilización de España, con todos sus factores, por la novísima "civilización" de los soviets rusos”...
“Por esto observadores perspicaces han podido escribir estas palabras sobre nuestra guerra: "Es una carrera de velocidad entre el bolchevismo y la civilización cristiana". "Una etapa nueva y tal vez decisiva en la lucha entablada entre la Revolución y el Orden"...
“El alzamiento cívico-militar fue en su origen un movimiento nacional de defensa de los principios fundamentales de toda sociedad civilizada; en su desarrollo, lo ha sido contra la anarquía coaligada con las fuerzas al servicio de un gobierno que no supo o no quiso titular aquellos principios”...
“Que la Iglesia, a pesar de su espíritu de paz, y de no haber querido la guerra ni haber colaborado en ella, no podía ser indiferente en la lucha: se lo impedía su doctrina y su espíritu el sentido de conservación y la experiencia de Rusia. De una parte se suprimía a Dios, cuya obra a de realizar la Iglesia en el mundo, y se causaba a la misma un daño inmenso, en personas, cosas y derechos, como tal vez no la haya sufrido institución alguna en la historia; de la otra, cualesquiera que fuesen los humanos defectos, estaba el esfuerzo por la conservación del viejo espíritu, español y cristiano”...
“Hoy, por hoy, no ha en España más esperanza para reconquistar la justicia y la paz y los bienes que de ellas deriva, que el triunfo del movimiento nacional”...
“En descargo de tantas víctimas, alucinadas por "doctrinas demonios", digamos que al morir, sancionados por la ley, nuestros comunistas se han reconciliado en su inmensa mayoría con el Dios de sus padres. En Mallorca han muerto impenitentes sólo un dos por ciento; en las regiones del sur no más de un veinte por ciento, y en las del norte no llegan tal vez al diez por ciento. Es prueba del engaño de que ha sido víctima nuestro pueblo”…
“el movimiento nacional ha determinado una corriente de amor que se ha concentrado alrededor del nombre y de la sustancia histórica de España, con aversión de los elementos forasteros que nos acarrearon la ruina. Y como el amor patrio, cuando se ha sobrenaturalizado por el amor de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, toca las cumbres de la caridad cristiana, hemos visto una explosión de verdadera caridad que ha tenido su expresión máxima en la sangre de millares de españoles que le han dado la grito de "¡Viva España!" "¡Viva Cristo Rey!"...
“sin sacerdotes, sin templos, sin culto, sin hambre y la miseria. En cambio, en medio del esfuerzo y del dolor terrible de la guerra, las otras regiones viven en la tranquilidad del orden interno, bajo la tutela de una verdadera autoridad, que es el principio de la justicia, de la paz y del progreso que prometen la fecundidad de la vida social. Mientras en la España marxista se vive sin Dios, en las regiones indemnes o reconquistadas se celebra profusamente el culto divino y pululan y florecen nuevas manifestaciones de la vida cristiana”…
“la guerra no se ha emprendido para levantar un Estado autócrata sobre una nación humillada, sino para que resurja el espíritu nacional con la pujanza y la libertad cristiana de los tiempos viejos”...
“El levantamiento cívico-militar ha tenido en el fondo de la conciencia popular un doble arraigo: el del sentido patriótico, que ha visto en él la única manera de levantar a España y evitar su ruina definitiva; y el sentido religioso, que lo consideró como la fuerza que debía reducir a la impotencia a los enemigos de Dios, y como la garantía de la continuidad de su fe y de la práctica de su religión.”…
“Enjuiciando globalmente los excesos de la revolución comunista española, afirmamos que en la historia de los pueblos occidentales no se conoce un fenómeno igual de vesania colectiva, ni un cúmulo semejante, producido en pocas semanas, de atentados cometidos contra los derechos fundamentales de Dios, de la sociedad y de la persona humana”»…
“La Constitución y las leyes laicas que desarrollaron su espíritu fueron un ataque violento y continuado a la conciencia nacional. Anulando los derechos de Dios y vejada la Iglesia, quedaba nuestra sociedad enervada, en el orden legal, en lo que tiene de más sustantivo la vida social, que es la religión.”.
Ley de Principios Fundamentales del Movimiento del 18 de mayo de 1958, n.2: “La nación española considera como timbre de honor el acatamiento de la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación». Concordato de 1953, art. 1 y 2: «La Religión Católica, Apostólica y Romana, sigue siendo la única de la nación española y gozará de los derechos y prerrogativas que le corresponden en conformidad con la Ley divina y el Derecho Canónico. El Estado Español reconoce a la Iglesia Católica el carácter de sociedad perfecta y le garantiza el libre y pleno ejercicio de su poder espiritual y de su jurisdicción, así como el libre y público ejercicio del culto”.
El Papa Pío XII otorgó la medalla de la Orden de Cristo, máxima distinción pontificia, a Franco en 1953.
Fuentes: infovaticana.com/2019/10/24/los-obispos-y-franco-oportunismo-traicion-
secviccentdocumentosoficiales.blogspot.com/2006/09/carta-colectiva-de-
Esta es la fachada del ayuntamiento con la bandera Arco Iris que no quieren poner:

Esta es la fachada del ayuntamiento en semana santa:

No puedes convencer a un creyente de nada porque sus creencias no están basadas en evidencias, están basadas en una enraizada necesidad de creer.
No hay ninguna absurdez tan obvia que no pueda ser firmemente plantada en la cabeza de un hombre si simplemente se comienza a imponérsela antes de los cinco años de edad, repitiéndola constantemente con un aire de gran solemnidad
Alguien dijo que la Guerra Civil la ganaron los curas y la perdieron los maestros. Acertaron plenamente con el aforismo
Hace pocos días, la Conferencia Episcopal Española (CEE) notificaba que los alumnos que optan por la asignatura de Religión (según sus propias estadísticas ya disponibles en [1]) aumentan levemente este curso escolar 2024-25, respecto del anterior. En datos totales de alumnos inscritos en la asignatura de Religión, el porcentaje aumenta alcanzando el 56,06% frente al 55,42% del curso anterior. Esta noticia ha sido presentada por algunos medios ultracatólicos como un revés a supuestas políticas secularizadoras e islamizadoras del actual gobierno; por ejemplo, El Debate titulaba recientemente: Aumentan los alumnos de Religión a pesar de los esfuerzos de Sánchez por desterrarla y fomentar lo islámico [2].
Este aumento en la inscripción de alumnos en Religión no deja de ser sorprendente ya que es conocido que la sociedad española es cada vez más secularizada y eso se ha traducido en una disminución casi constante de alumnos matriculados en Religión desde que se tienen datos al respecto. Con idea de encontrar una explicación razonable, descargué los datos de los cursos 2023-24 y 2024-25 [1]. Éstos vienen desglosados en centros públicos, centros concertados y centros privados. Se observa inmediatamente que el total de alumnos inscritos en Religión en centros públicos ha bajado del 43,16% al 42,85% y en los centros privados concertados ha bajado del 88,45% al 86,85%. El único incremento se observa en la educación privada, del 72,67% al 74,14%, pero esto es anecdótico pues los alumnos de esta modalidad representan únicamente el 1,5% del total.
el total de alumnos inscritos en Religión en centros públicos ha bajado del 43,16% al 42,85% y en los centros privados concertados ha bajado del 88,45% al 86,85%
No deja de ser extraño que bajen ambos porcentajes parciales y, sin embargo, suba el porcentaje total. Todos sabemos que los obispos predican la conveniencia de ser fieles a la verdad, aunque también es cierto que han demostrado sobradamente en otras ocasiones su maestría en decir medias verdades. Sin embargo, las matemáticas son exactas y no dejan margen a interpretaciones, salvo que se diera un caso de “malemáticas” de los analizados por nuestro amigo @juvenal.
Los propios datos de la CEE permiten también constatar que, en números totales, los alumnos inscritos en religión también han bajado, de 2 940 793 en el curso 2023-24 a 2 928 354 en el curso 2024-25. Un dato que de nuevo puede resultar desconcertante.
Pero la explicación emerge cuando comparamos la evolución del número de alumnos por tipo de educación. El número total de alumnos en la enseñanza pública ha bajado de 3 838 810 alumnos en el curso 2023-24 a 3 632 944 en el curso 2024-25, mientras que en la enseñanza concertada ha subido de 1 381 261 a 1 510 152 en el mismo periodo. Este aumento de alumnos de la educación concertada es aún más sintomático si observamos que el total de alumnos en la enseñanza ha disminuido.
El número total de alumnos en la enseñanza pública ha bajado de 3 838 810 alumnos en el curso 2023-24 a 3 632 944 en el curso 2024-25, mientras que en la enseñanza concertada ha subido de 1 381 261 a 1 510 152 en el mismo periodo
La explicación es entonces sencilla. La educación concertada está mayoritariamente en manos de la iglesia católica y sus centros tienen una ideología cristiana que favorece que tanto los alumnos como los padres se lo piensen dos veces antes de decidir no inscribirse en la clase de religión. Esto se refleja claramente en el porcentaje de alumnos que la eligen, mucho mayor en el caso de colegios concertados de ideología católica. Puesto que los alumnos de la educación concertada están aumentando y los de la pública están disminuyendo, el porcentaje total puede aumentar y de hecho es lo que ha ocurrido.
Evidentemente, el problema no se reduce a cifras y es mucho más profundo. El auge de la educación concertada es consecuencia de políticas educativas tendentes a favorecer esta opción frente a la educación pública. Sirvan ejemplos notorios y recientes como los siguientes: La quiebra de la educación pública en Andalucía: 2.400 aulas menos y 72 millones de euros a la concertada [3], La concertada, prioridad para Ayuso: es la segunda mayor partida del presupuesto de Educación tras aumentar en 267 millones [4] o Salvador Illa justifica en el descenso de alumnos que se cierren 111 líneas de la escuela pública y se abran 21 en la concertada [5].
La educación pública debe ser laica e inclusiva. De proseguir en la senda actual, nos encontraremos con que estamos financiando con el erario una educación segregadora (por clase social, ideología e incluso género en algunas ocasiones) o adoctrinadora en creencias religiosas (no sólo católica, sino también evangélica, judía o islámica). El sistema de conciertos educativos, pensado inicialmente como un remedio temporal a la falta de escuelas públicas, debe ser revertido urgentemente. Y la asignatura de Religión, heredada de la dictadura nacionalcatólica anterior gracias a un concordato pactado preconstitucionalmente entre la iglesia y las autoridades franquistas [6], debe ser eliminada del currículo escolar.
El sistema de conciertos educativos, pensado inicialmente como un remedio temporal a la falta de escuelas públicas, debe ser revertido urgentemente
La situación ya es grave y puede no tener vuelta atrás en poco tiempo. Ya hay casos conocidos de padres que no han podido escolarizar a sus hijos en colegios públicos y han tenido que hacerlo en colegios concertados de ideología católica. Graves también son los casos recientes de colegios que han sido invadidos por grupos católicos ultraconservadores que han orientado el ideario del centro a sus propias ideas ultracatólicas con medidas como incrementar las horas de religión o contratando profesores afines a sus ideas de extrema derecha [7].
[1] www.conferenciaepiscopal.es/estadisticas-religion/
[2] www.eldebate.com/educacion/20250501/aumentan-alumnos-religion-pesar-es
[3] www.elsaltodiario.com/sevilla/quiebra-educacion-publica-andalucia-2400
[4] www.lamarea.com/2023/12/22/concertada-prioridad-ayuso-segunda-mayor-pa
[5] www.elperiodico.com/es/politica/20250326/salvador-illa-escuela-descens
[6] www.meneame.net/story/no-firma-acuerdo-sino-estafa-pueblo
[7] elpais.com/espana/catalunya/2025-03-27/educacion-investiga-el-giro-ult
Lo de convertir el agua en vino fue solo una prueba, el truco guapo fue el de convertir la fe en oro.
Oído a Nieves Concostrina en un podcast de"Acontece que no es poco".

Foto: recipiente para medir cuartales, principalmente de cereales.
Estamos aún en agosto y hace poco que la cosecha ha concluido. Aunque aún es una niña, JMB ha tenido una larga jornada de trabajo. Su ayuda es imprescindible para que su familia, de una pequeña aldea de León, salga adelante en esos terribles años que siguieron a la guerra civil. Pocas veces ha tenido más sentido ese conocido refrán de que los hijos viene con un pan debajo del brazo.
JMB realiza una última tarea antes de la cena, que será frugal y escasa. Está cargando en el burro el saco con el cuartal de grano de trigo que su padre acaba de separar del resto de la cosecha. Es el pago que todos los vecinos labradores del pueblo deben entregar al cura cada año después de la cosecha.
Se encamina entonces hacia la casa del cura para entregárselo. Mientras, realiza mentalmente un cálculo aproximado. Es evidente que el cura obtiene mucho más grano que el vecino del pueblo con la mayor de las sementeras. Y sin doblar el lomo ni aguantar el tórrido sol del verano. Y también es evidente que el cura, comparado con los que le rinden ese tributo anual, nada en la abundancia. Además, no es el único pago que recibe de sus parroquianos, destacando el pago de las bulas en la época de cuaresma. Estos pensamientos le hacen cerrar con rabia su pequeño puño y una pequeña lágrima le asoma en los ojos. Pero de nada le sirve, la figura del cura es intocable y el miedo es el sentimiento que genera en la mayoría de las personas. Nadie osa negarse al pago anual del cuartal.
Además, no es el único pago que recibe de sus parroquianos, destacando el pago de las bulas en la época de cuaresma
Años más tarde, tras el fallecimiento del cura, el ama que le había servido desde su llegada al pueblo se fue del pueblo en pocos días. Se corrió la voz de que el cura le había dejado en herencia un piso en Gijón. Un regalo caído del cielo por lo bien que le había cuidado en vida. Cuando se lo dijeron a JMB, ya adulta, sintió de nuevo esa rabia que te da la impotencia ante las injusticias.
Lo que no hizo fue llorar, sin duda la vida la había hecho más fuerte. Solo las desgracias de seres queridos le arrancaban ya las lágrimas.
Ni siquiera deberíamos necesitar la palabra ateísmo. Si la gente no se hubiera inventado ridículos dioses imaginarios, las personas racionales no necesitaríamos negarlos.
Observo que se están prodigando artículos sobre la evolución histórica de Menéame en los que se opina sobre cómo deben comportarse los usuarios. Se clasifican esos comportamientos en buenos y malos, en aceptables y no aceptables.
No deja de ser curioso esta especie de policía del pensamiento que vigila constantemente el comportamiento de los meneantes, expidiendo carnés de usuarios modelo.
Como creo que ya me conocen bien, no voy a aburrir a nadie con mi historia, no voy a pedir apoyo. Sólo voy a dejar el enlace a mis comentarios favoritos. Juzguen ustedes mismos.
Si probablemente no hay dios
Pero sí hay procesiones,
Si todo eso es mentira,
Bautizos, comuniones,
Bulas y penitencias,
Misas y extremaunciones,
¿Por qué lo pagamos todos?
Que sean las religiones
Asuntos de los creyentes,
Paguen ellos sus pendones
Y a los demás que dejen
De tocarnos los cojones.
menéame