—Quillo, Gonzalo. ¿Qué te cuentas? El silencio en la estancia se hizo tan notorio que resultaba ensordecedor. Jamás hubiera imaginado que Gonzalo se hubiese ausentado de su sempiterna silla gamer auscultando las redes en busca de noticias con las que indignarse. Pero lo improbable había ocurrido, y allí estaba, visible por primera vez en mucho tiempo, el cojín naranja con forma de donut que utilizaba para mitigar el escozor de las hemorroides. Aún así, volví a llamarlo, elevando el tono con la esperanza de que …