Un número creciente de jóvenes recurre a la IA para desenvolverse en situaciones sociales: redactan mensajes de rechazo, descifran señales contradictorias y preparan conversaciones difíciles. Este hábito puede estar frenando el desarrollo emocional, dejando a una generación ya aislada que alcanzó la mayoría de edad durante la pandemia aún menos preparada para la complejidad de las relaciones humanas. El uso de la IA en las interacciones sociales frena el desarrollo emocional y puede perpetuar sentimientos de soledad y aislamiento.