Llegó sin voluntad de agradar ni de adaptarse al discurso local. Desde su primer contacto con la prensa fue directo al choque. “No entiendo cómo a los turistas les puede gustar un sitio que muy pronto será un desierto”. Para Fukuoka, Mallorca ya representaba a finales del siglo pasado un ejemplo temprano de lo que, aseveraba, ocurre cuando se rompe la relación entre bosque, suelo, agua y cultura. “El desierto avanza”, advertía, “y la causa principal es la desaparición de la cultura ligada al bosque”.